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Mis queridos hermanos, les saludo con mucho afecto.

Mi querida Familia Salesiana, puesto que muchos de ustedes también verán este «Cari Confratelli».

Mis queridos jóvenes, en muchas presencias del mundo.

Les saludo de verdad con una gran cordialidad,
con una gran simpatía.

Les estoy hablando desde Ypacaraí, Paraguay, con este calor hermoso,
y en el marco también de la Visita de Conjunto que tenemos
con todas las Inspectorías de la Región del Cono Sur de América.

Por lo tanto, un marco hermoso de vivencia, de salesianidad.

Y añado más, cinco días atrás tuve el regalo de vivir unas celebraciones hermosas
del primer centenario de la muerte de nuestro misionero José Fañano,
enviado a las tierras australes por Don Bosco.

Y pude conocer gran parte de su realidad,
de la labor misionera de nuestro hermano y de otros hermanos,
y de la gran misionera, Hija de María Auxiliadora,
Sor Ángela Vallese y nuestras hermanas
que fueron realmente santos, héroes, apasionados en su labor misionera.

Y esto me hace pensar en el legado que ellos nos dejan, y nos dejan algo muy hermoso:
fueron unos auténticos apasionados de Dios y apasionados de aquellas gentes.

Y yo pienso, éste es también nuestro legado. Don Bosco nos lo dejó.

El de ser, en primer lugar, unos auténticos apasionados por Dios,
es decir, hombres y mujeres consagrados que hemos experimentado
la fascinación por seguir a Jesús, y este entusiasmo de ser ante todo
testimonios del Señor que nos llena en plenitud, y que luego,
nos envía al encuentro de nuestros muchachos, muchachas y jóvenes,
y en ellos encontramos realmente nuestra plenitud vocacional.

Mis queridos hermanos, no me canso de decirles,
todos tenemos la experiencia de que
en medio de los jóvenes hemos sido felices, y somos felices.

Por lo tanto, no permitamos que nada nos aleje de ellos.

No dejemos tampoco que nada nos despiste de esta centralizad de Dios
y de ir con ese fuego y calor al encuentro de los jóvenes
con una verdadera  pasión educativa y pastoral.

En este tiempo Pascual, les animo a que sigamos dando razón de nuestra fe,
y de esta alegría del Resucitado entre nosotros.

Hasta pronto mis queridos hermanos, que Dios les bendiga.

Hasta siempre. Chau.