ACTAS DEL CONSEJO GENERAL
DE LA SOCIEDAD SALESIANA DE SAN JUAN BOSCO
N.º  333 - año LXXI                 mayo 1990

XXIII CAPÍTULO GENERAL DE LA SOCIEDAD
DE SAN FRANCISCO DE SALES Roma, 9 de marzo - 5 de mayo de 1990

DOCUMENTO CAPITULAR: EDUCAR A LOS JÒVENES EN LA FE

DISPOSICIONES ORIENTACIONES ANEXOS

EDITORIAL CCS MADRID

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ÍNDICE GENERAL

Abreviaturas y siglas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . PRESENTACIÓN DEL RECTOR MAYOR....

núm.

pág.

8 9

. DOCUMENTO CAPITULAR

«EDUCAR A LOS JÓVENES EN LA FE, TAREA Y RETO PARA LA COMUNIDAD SALES lANA HOY»

Introducción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

1-14 21

Primera parte

LA REALIDAD JUVENIL,

RETO PARA LA COMUNIDAD SALES lANA

1. Contextos en que viven las comunidades

salesianas ............................ 2. Situación de la juventud. . . . . . . . . . . . . . . 3. Los jóvenes ante la fe ................. 4. Retos más urgentes. . . . . . . . . . . . . . . . . . .

15-44 31 45-63 46 64-74 56 75.88 61

Segunda parte

EL CAMINO DE FE

1. La comunidad ante los retos. . . . . . . . . . . 89-93 71

2. El camino de educación en la fe................... 94-157... 74

Al encuentro de Dios en el joven. .. . .. . 94-96 74 Punto de partida. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 97-100 75

r,.a propuesta de vida cristiana.. . . . . . .. 101-111 77

  Areas de atención. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 82

1. Meta global. . .. . . .. . . . . . . . .. . . . . ... 112.115 82

  2. Cuatro grandes áreas.............. ...,............ 116-119 ~83

- Hacia la madurez humana.................... 120-129 86

- Hacia un encuentro auténtico con

   Jesucristo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 130-139 92

  - Hacia una intensa pertenencia

   eclesial.............................................. 140-148 97

   - Hacia un compromiso por el Rei   no...................................................... 149-157 102

3. Espiritualidad juvenil salesiana...................... 158-180 108

  Preámbulo................................................... 158-160 108

  Presentación sintética. . . . . . . . . . . . . . . . .  161 111

  1. Espiritualidad de lo cotidiano........ 162-164 112

2. Espiritualidad de la alegría y el opti   mismo. . . .. .. . ... . .. . . ... . ... . . . ... 165.166 114

3. Espiritualidad de la amistad con Jesu   cristo el Señor... . .. . . ... ................ . . . .. 167.168 lIS

4. Espiritualidad de comunión eclesial. 169.177 117 5. Espiritualidad de servicio responsa   ble.......................................................... 178.180 122

4. Algunos núcleos más importantes de la

educación en la fe................... ,............. 181.214 125

1. Formación de la conciencia.................... 182.191  125

2. Educación en el amor.............................. 192.202 130

3. Dimensión social de la caridad................ 203.214 134

Tercera parte

COMPROMISOS OPERATIVOS

DE LA COMUNIDAD

Preámbulo... .. . . . . ... . . . . . . . . . . . .. .. 215.218 143

l. DISPOSICIONES CAPITULARES. . . . . .

146

1.1. Testimonio de una comunidad que

se renueva continuamente. . . . .. .. 219.224 146

1.2. La comunidad salesiana se inserta

en el contexto y en el mundo juve nil con nueva calidad pastoral. . .. 225.231 148

1.3. La comunidad salesiana, animado ra de la comunidad educativa y de

................................................. la familia salesiana....... 232.238 151

1.4. La comunidad desarrolla una pasto ral orgánica. : .. .. . .. . .. . . .. .. .. .. 239.246 153

1.5. La comunidad salesiana presta una

atención particular a la orientación

vocacional. .. .. . .. . .. .. . .. .. .. ... 247.253 156

1.6. La comunidad desarrolla una nueva

.......................................... forma de comunicación....... 254.260 158

2. ORIENTACIONES OPERATIVAS

PARA SITUACIONES

PARTICULARES....................................... 261.299  161

2.1. Ambientes de amplia acogida. .. .. 262.266 161

2.2. Ambientes de educación sistemática . . . . . . . . .. . . . . .. . .. . . .. .. . . ... 267.273 163

2.3. El grupo juvenil. . . . . .. . ................... 274.283 165

2.4. Trato personal con el joven. . ............. 284.289 167

2.5. Comunidades para jóvenes en difi   cultad................................................. 290.294 169

2.6. Grandes concentraciones juveniles 295.299 171


índice

Conclusión

   .,.,......

7

300 173

. DISPOSICIONES SOBRE TEXTOS

LEGISLATIVOS Y OTRAS ORIENTACIONES

   1. Modificaciones o añadiduras al texto de

  las Constituciones. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

  2. Una modificación en el texto de los Re  glamentos Generales. . . . . . . . . . . . . . . . . .

3. Interpretaciones prácticas de textos de

   las Constituciones o de los Reglamentos

4. Disposiciones sobre grupos de inspecto rías............................... .......................... .

  5. Orientación operativa para la presencia

salesiana en África. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. ANEXOS

1. Mensaje de S.S. Juan Pablo 11 en la inau   guración del XXIII Capítulo General. .

2. Saludo del cardenal Juan Jerónimo

   Hamer ...............................

3. Discurso del Rector Mayor al inaugurar

   el XXIII Capítulo General. . . . . . . . . . . . .

4. Palabras de homenaje del Rector Mayor

   al Santo Padre. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

5. Discurso de S.S. Juan Pablo 11 a los capi tulares en su visita del 1 de mayo. . . . . .

  6. Saludo a las Hijas de María Auxiliadora.

  miembros del XIX Capítulo General de

  su Instituto. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

7. El XXIII Capítulo General a los Coope  radores y Cooperadoras salesianos . . . . .

8. El XXIII Capítulo General a los Anti   guos Alumnos/as salesianos :..........

9. Discurso del Rector Mayor en la clausura del XXIII Capítulo General. . . . . . . . .

10. Carta a los jóvenes. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

11. Crónica del XXIII Capítulo General. . .

12. Relación de participantes en el XXIII

Capítulo General. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

  ÍNDICE DE MATERIAS....................

178 181

181

 182

183

187 190

195 209

211

215

217 220

224 242 251

275 281

ABREVIATURAS Y SIGLAS

Abreviaturas

arto can. cap. cf. núm. O.C. pág. V.

articulo

canon

capítulo confróntese número

obra citada página

véase

Siglas de documentos eclesiales

AA Apostolicam Actuositatem

ChL C hristifideles Laici

Ddb Documento de base (para un catecismo universal, edic. italiana)

DV Dei Verbum

EN Evangelii Nuntiandi

GS Gaudium et Spes

lP Juvenum Patris

LG Lumen Gentium

MC Marialis Cultus

RH Redemptor Hominis

Siglas de fuentes salesianas

ACG        Actas del Consejo General

ACS         Actas del Consejo Superior (hasta 1984)

CG           Capítulo General

CGE         Capítulo General Especial (ó XX)

Consto Constituciones

FSDB      Formación de los Salesianos de Don Bosco (Ratio)

MB          Memorie Biografiche di san Giovanni Bosco *

MBe         Memorias Biográficas de san Juan Bosco, versión

Española

Reglamento de Vida Apostólica

Reglamentos Generales

Salesianos de Don Bosco

Voluntarias de Don Bosco

RVA Reglam. SDB VDB

. La traducción está hecha directamente del Documento capitular italiano. Indicamos en cada caso la paginación de la versión española

PRESENTACIÓN

Queridos hermanos:

Comenzamos un nuevo sexenio. Lo hacemos llenos de confianza en el Señor, persuadidos de que el XXIII Capítulo General ha sido para nosotros una gracia de su Espíritu. Él nos guiará en el camino que vamos a recorrer. La actitud que debe cultivar todo hermano, y cada comunidad, será aquella de la que dio un testimonio eminente el nuevo beato, Felipe Rinaldi, según vimos en la circular de primeros de año (ACG 332, enero-marzo 1990).

1. Actas del XXIII Capítulo General

Os presento las 'actas' del XXIII Capítulo General. Contienen un material muy rico, que orientará nues­tra vida y actividad apostólica.

En ellas se ha recogido la documentación oficial del quehacer capitular, o sea: el documento acerca de la educación de los jóvenes en la fe, los cambios o añadiduras a las Constituciones y Reglamentos, algu­nas interpretaciones prácticas de textos de la Regla, disposiciones relativas a grupos de inspectorías. una orientación operativa para nuestra presencia en Áfri­ca, una breve crónica del acontecimiento capitular, y la 'Carta a los jóvenes', pedida al Rector Mayor por la Asamblea.

Encontraréis, asimismo, varios discursos y saludos iniciales, particularmente los tan ricos en sugeren­cias del Santo Padre y de S.. Em. el cardenal Prefecto de la Congregación de Institutos de Vida Consagrada.

Este valioso material representa también el fruto de un largo trabajo de preparación, empezado el mes

10

Educar a los jóvenes en la fe

de agosto de 1988 con la convocatoria del Capítulo (ACG 327) y realizado con un esfuerzo ampliamente comunitario, pues los capítulos inspectoriales produ­jeron interesantes aportaciones, de las que la Comi­sión precapitular hizo una radiografía fiel y orgánica, presentando una estimulante síntesis que pudiera ser­vir para redactar un posible texto capitular y abun­dancia de oportunas reflexiones. En el trabajo de los capitulares han influido también dos volúmenes con, respectivamente, el 'Informe del Rector Mayor' sobre el sexenio 1984-1990 y las 'Estadísticas' generales de la Congregación. Ambos ofrecen un panorama con­creto y razonado de nuestra realidad y de sus progre­so~, expectativas, problemas y posibilidades.

2. Documento capitular

La asamblea capitular, en dos meses de intenso in­tercambio, supo formular conclusiones válidas. Par­tió de la diversidad de contextos en que actúan nues­tras comunidades, analizando la complejidad de la condición juvenil, interpretando la actitud de los jó­venes ante la fe e individuando los retos universal­mente más significativos. A las múltiples interpelacio­nes respondió ofreciendo un camino de educación inspirado en la vivencia pedagógico-pastoral de san Juan Bosco. Para garantizar su actuación, individuó

asimismo algunas opciones concretas encaminadas a la práctica.

Creo que será útil subrayar algunos aspectos que son como el armazón de todo. Tomarlos en cuenta facilitará la recta interpretación del documento y promoverá la aplicación de sus disposiciones y orien­taciones.

2.1 Es importante, en primer lugar, tener presente que el camino para educar a los jóvenes en la fe se mueve en el ámbito de la nueva evangelización (d. ACG 331). Esto incluye varias exigencias. El re­

Presentación

11

quisito de fondo es poner, como objetivo, la autentici­dad de la fe, su interiorización y la credibilidad de quien la profesa, a fin de saber interpretar las noveda­des de los signos de los tiempos y afrontar los retos de la irrelevancia, de la lejanía y de la multiplicidad de mensajes y propuestas. El Santo Padre nos dijo que la educación de los jóvenes en la fe «es una de las gran­des cuestiones de la nueva evangelización; es justo que busquéis hoy caminos adecuados y lenguajes idó­neos, con plena fidelidad a vuestro carisma y a toda la enseñanza de la Iglesia» (Discurso al Capítulo Gene­ral, núm. 3).

El documento no se detiene a examinar cada una de nuestras instituciones, cosa ya hecha por capítulos anteriores; abriendo incluso camino a nuevas iniciati­vas. El aspecto prioritario que quiere evidenciar como urgencia más sentida es, propiamente, nuestra capacidad de adecuarnos, doquiera estemos ahora o después, a las interpelaciones de la cultura emergen­te y a los desafíos de los contextos reales. Urge encen­der en los jóvenes un vivo deseo de la fe cristiana y, una vez encendido, acompañarlos paso a paso hasta la plenitud de la vida en el Espíritu.

La nueva evangelización nos pide concretamente una nueva educación, sobre la que debemos reflexio­nar con fidelidad a los orígenes. Toda la preocupa­ción del texto se dirige a la calidad de nuestra acción educativa. Su clave de lectura es la propuesta de un camino pedagógico impregnado de Evangelio.

Lo cual significa dedicarse a un crecimiento pro­gresivo de la fe hasta su maduración, y no sólo una siembra, una propuesta ocasional o algún que otro gesto o rito tradicional. El camino señalado por el documento requiere no sólo trabajo de siembra, sino también constancia y pericia en el cultivo y serio es­fuerzo para llevarlo adelante; es decir, requiere una pedagogía de la santidad verdaderamente original.

12

Educar a los jóvenes en la fe

2.2 El sujeto responsable, para nosotros imprescindi­ble si queremos acompañar a los jóvenes en el cami­no de la fe, es la comunidad, inspectorial y local. El documento no se demora en la naturaleza y estructu­ra de la comunidad salesiana, ya afrontadas con pro­fundidad anteriormente, sino en su calidad y credibi­lidad. La comunidad debe ser visiblemente signo y escuela de fe viva. Si no responde a esta exigencia, el documento capitular se quedará en papel de bibliote­ca, pues el camino propuesto arranca de la fe explíci­ta de la comunidad, para propagarse y crecer en la fe de los jóvenes: «de la fe a la fe» (cf. Comentario del Rector Mayor al aguinaldo de 1990).

La comunidad salesiana es el primer sujeto de todo, el hilo conductor que une las diversas partes del tex­to: vive con intensidad gozosa el seguimiento de Cris­to, confiesa su misterio mediante el testimonio consa­grado, sintoniza y escruta atentamente el contexto donde actúa, descubre en él las semillas de Evange­lio, interpreta los deseos de fe, intuye los pasos que hay que dar en el camino, lo recorre y lo verifica continuamente a la luz de la palabra de Dios.

El primer destinatario del documento es, por tanto, la comunidad; a ella se dirige el XXIII Capítulo General para encomendarle su realización. 

2.3 EL XXIII Capítulo General fundamenta la credibilidad de la comunidad en su metodología salesiana para educar a los jóvenes en la fe sobre dos pilares característicos y complementarios: la espiritualidad y la pedagogía. Se trata de dos dinamismos en los que converge el sistema preventivo que nos transmitió san Juan Bosco «como modo de vivir y trabajar, para comunicar el Evangelio y salvar a los jóvenes con ellos y por medio de ellos. Este sistema informa nues­tras relaciones con Dios, el trato personal con los de­más y la vida de comunidad, en la práctica de una caridad que sabe hacerse amar» (Const. 20). Don Bos­co nos dejó un patrimonio rico y original donde ins­

Presentación

13

piramos. Pensemos en la descripción del espíritu salesiano hecha en el segundo capítulo de las Consti­tuciones. Dicho espíritu constituye el alma de nuestro estilo de convivencia con los jóvenes y de nuestro avanzar con ellos por el camino de fe. El Papa nos habló de espiritualidad en su mensaje inicial y en el discurso del uno de mayo. «Espiritualidad -decía en el último- significa participación viva en la potencia del Espíritu Santo ... Los jóvenes deben tener con­ciencia de la vida nueva recibida en el sacramento del Bautismo y llevada a plenitud en la Confirma­ción», y saber que de ella procede la fuerza de síntesis personal entre fe y vida que es posible a quien cultiva en sí mismo el don del Espíritu (núm. 5).

Nuestra espiritualidad se distingue por ser pedagó­gica. La calidad pastoral de la comunidad se mide por su evangelizar educando. Se trata de saber cultivar pacientemente la semilla depositada en el corazón de los jóvenes, incluso cuando la han sembrado otros. La comunidad entera está llamada a seguir con aten­ción a los jóvenes en diálogo de fe, más allá del sim­ple cumplimiento de obligaciones institucionales; aquí no hay cliché s que puedan repetirse; es preciso intensificar la capacidad de animar, implicar y co­rresponsabilizar, o sea, de educar.

2.4 Pero es imposible que la comunidad ofrezca y de­sarrolle la fe de los jóvenes si no vive, de forma activa y actualizada, la comunión de orientaciones e inicia­tivas propias de la Iglesia.

Entre las prioridades propuestas por el concilio Va­ticano 11 y varios sínodos posteriores, figura la anima­ción de los seglares. El documento capitular habla de ello con miras a la educación de los jóvenes en la fe. Lo subraya el Rector Mayor en el discurso final, di­ciendo qJ,le esa labor nos obliga a colocamos de he­cho en las fronteras de la nueva evangelización y de la nueva educación (d. Christifideles la,ici).

Las disposiciones del Capítulo nos indican dos es­

14

Educar a los jóvenes en la fe

pacios precisos en este tipo de animación e implica­ción: la comunidad educativo-pastoral y la familia sa­lesiana. En ambos actúan no pocos. seglares con quehaceres, formas y posibilidades distintas.

El XXIII Capítulo General pide a la comunidad, en cada uno de sus niveles -local, inspectorial y mun­dial-, que cultive durante los próximos seis años esta área de animación, en favor de los jóvenes. Con tal fin, indica tareas concretas a las casas y a las ins­pectorias, y sugiere al Rector Mayor con su Consejo que «ofrezca elementos y líneas para un 'proyecto se. glares' en nuestra Congregación».

2.5 El documento propone, asimismo, como medio imprescindible para crecer en la espiritualidad y competencia pedagógica y en la animación de los se­glares, la formación permanente.

La primera disposición capitular se refiere precisa­mente a la necesidad de saber progresar en esta tarea renovadora. «Durante el próximo sexenio -dispo­ne- la Congregación asumirá como compromiso prioritario la formación y cualificación continua de los salesianos. Cuidará especialmente la interioridad apostólica, que es a la vez caridad pastoral y capaci­dad pedagógica» (núm. 221).

La formación permanente está llamada a poner, una vez más, en el centro a la comunidad, pues se trata de obtener «el testimonio de una comunidad que se renueva continuamente». La comunidad es el sujeto privilegiado de nuestro crecimiento cualitativo gracias a su testimonio cotidiano, mediante la corres­ponsabilidad y el discernimiento, con la participa­ción activa en la comunión de la Iglesia local y con la fidelidad dinámica al Fundador, venciendo los diferentes peligros del sutil genericismo, individuado como peligro actual en la verificación sobre la vida de las comunidades (cf. Informe del Rector Mayor, 291-298) y que constituye un aspecto de nuestra su­perficialidad espiritual.

Presentación

15

3. El acontecimiento del

XXIII Capítulo General

Todo capítulo general debería ser, según las Consti­tuciones, «el principal signo de unidad de la Congre­gación dentro de su diversidad» (art. 146); es decir, debería tener un significado vital que fuera mucho más allá de sus documentos.

El XXIII Capítulo General lo ha sido indudable­mente, aun teniendo en cuenta que todo aconteci­miento humano lleva consigo aspectos menos positi­vos y deficiencias.

En este Capítulo hemos de subrayar dos signos ex­traordinarios de peculiar dimensión eclesial: la so­lemne beatificación del tercer sucesor de san Juan Bosco, Felipe Rinaldi, en la plaza de San Pedro aba­rrotada de fieles, y la intervención personal del Santo Padre Juan Pablo II con el mensaje inicial y con su histórica visita a la sede misma del Capítulo.

También ha habido otros muchos aspectos fuerte­mente positivos: la alegría en la vida de familia de todos los capitulares, los intercambios de las variadí­simas experiencias (¡las famosas 'buenas noches'!), la sintonía de todos con el espíritu del Fundador, la creciente conciencia de la importancia de nuestra co­munión mundial, la sensibilidad y respeto hacia las diversidades culturales, la sensación mutuamente confesada de vivir una hora especial de gracia, la al­tura de intenciones, promovida desde el principio por el retiro espiritual bajo la guía de nuestro bene­mérito obispo hondureño, monseñor Óscar Rodrí­guez, y el hecho de haber sido un capítulo ordinario de nueva factura.

El XXIII Capítulo General ha sido de verdad «signo de la unidad de la Congregación»; los capitulares han llevado su promesa de vitalidad a todas las inspecto­rías como peculiar don de esta visita del Espíritu San­

16

Educar a los jóvenes en la fe

to. Podemos afirmar que, por medio de este Capítulo, «toda la Sociedad, dejándose guiar por el Espíritu del Señor, [se ha esforzado] por conocer en [este] mo­mento de la historia, la voluntad de Dios, para servir mejor a la Iglesia» (Const. 146).

4. Labor del sexenio

Os invito, pues, queridos hermanos, a estudiar y po­ner en práctica cuanto nos propone el XXIII Capítulo General para ser misioneros de los jóvenes.

La aplicación de sus disposiciones y orientaciones nos llevará a primera fila entre los obreros de la viña: sea porque la Iglesia está buscando precisamente un método pastoral adecuado a los tiempos nuevos, sea porque mira con prioridad a la nueva evangelización de los jóvenes, como os decía al comentar el aguinal­do de este año. Habrá que ver después si somos capa­ces de ir tan adelante... Es lo que deseamos a jóvenes y ancianos, sanos y enfermos, a fin de que todos apor­temos tesoros de éxito según la medida de la gracia que el Señor da a cada uno de muchos modos dife­rentes.

El secreto para llegar está en el testimonio de la interioridad apostólica, que mediante su gracia de unidad nos hace pastores y pedagogos: pedagogos, por ser pastores de los jóvenes; y pastores, por ser educadores cristianos.

Terminaba yo el informe del sexenio 1984-1990 «subrayando cuál es la condición de fondo más ur­gente para nuestra actividad salesiana. Se formula -escribí- con una palabra que es para nosotros un reclamo: espiritualidad» (pág. 272). Efectivamente, dicen las Constituciones: «Como Don Bosco, estamos llamados, todos y en todas las ocasiones, a ser educa­dores de la fe. Nuestra ciencia más eminente es, por tanto, conocer a Jesucristo, y nuestra alegría más ínti­ma, revelar a todos las riquezas insondables de su misterio» (art. 34).

Presentación

17

Pidamos a María Auxiliadora, estrella de la evangelización, que nos ayude a sumergimos cada vez más en el misterio de Cristo, hermano y Señor, a fin de que, con él a nuestro lado, no caminemos en tinie­blas, sino que tengamos, para nosotros y para los jó­venes, la luz de la vida.

Roma,

fiesta de la Santísima Trinidad,

10 de junio de 1990

Egidio Viganó

       Rector Mayor

DOCUMENTO CAPITULAR

Educar a los jóvenes en la fe,  tarea y reto para la comunidad salesiana hoy

Introducción'

INTRODUCCIóN

21

La Congregación Salesiana

La Congregación Salesiana, guiada por el Espíritu 1

Santo y fiel al carisma de su Fundador, ha realizado

en estos años un proceso de renovación y definición de su propia identidad.

Ahora queremos repasar, a grandes rasgos, la histo­ria que nos ha llevado de la misión salesiana al cami­no de educación en la fe, pues la labor educativo­ pastoral de la Congregación no es una serie de acontecimientos Y acciones que se deslizan unos tras otros sin sentido ni conexión, sino que es el conjunto de vivencias que, animados por el Espíritu de Dios, hemos tenido en la historia de la salvación.

solidaria con el mundo y su historia

Nuestra misión de educadores nos hace íntimamente solidarios con el mundo y su historia (cf. Const 7), pues educar quiere decir participar con amor en el crecimiento de las personas Y en la cons­trucción de su futuro.

Afrontamos esta historia a la luz del plan de salva­ción, guiados por la sabiduría de la Iglesia, que es su signo e instrumento.

Las actuales tendencias del mundo subrayan la fun­ción central de la persona en todos los problemas que marcan las vicisitudes humanas. «Somos testigos del nacimiento de un nuevo humanismo, donde el hombre queda definido principalmente por la res­ponsabilidad para con sus hermanos Y ante la histo­ria» (GS 55). Por consiguiente, la educación de la per­sona es urgente y prioritaria en este contexto.

22

Educar a los jóvenes en la fe

3

en el corazón de la Iglesia

La Iglesia, guiada por el Espíritu, captó en el Conci­lio Vaticano 11, los signos de los tiempos; recuperó la conciencia de su ser misterio; renovó su comunión interna y planteó su presencia en el mundo de cara a la misión. Como experta en humanidad, .se sintió de nuevo llamada a educar y acompañar al hombre. Diversos documentos y asambleas autorizadas ofrecie­ron orientaciones prácticas para realizar todo esto.

Desde entonces han madurado muchas cosas en la conciencia y en la vida de los fieles.

4

al servicio de la nueva evangelización

En los últimos años se ha hecho urgente la necesi­dad de una nueva evangelización: «nueva en su ardor, en su método y en sus expresiones» (Juan Pablo 11, AAS 75, 1983, pág. 778). Ésta halla su razón en las iné­ditas situaciones eclesiales, sociales, económicas, políticas y culturales que se caracterizan por un cre­ciente y acelerado proceso de cambio y por el acumularse de cuestiones que interpelan la responsa­bilidad de todos.

Así pues, es nuevo el contexto; nuevos son también sus objetivos generales: se trata de renovar el entra­mado humano de la sociedad, aceptando dar nueva vida, ante todo, al espíritu evangélico en las comunidades eclesiales.

La nueva evangelización se dirige a la persona, «centro y cumbre de todo lo que existe en la tierra» (ChL 37). Es consciente, sin embargo, de que el res­peto a la persona exige solidaridad incluso en el ám­bito mundial. Alma y sustento de esta solidaridad es la caridad. Así, la persona y la sociedad se transfor­man gracias a una cultura nueva, más atenta a la tota­lidad de las necesidades del ser humano que a las exigencias de la moral individual.

Introducción

23

a partir de la misión (XX Capítulo General)

Nuestra Congregación se ha movido solidaria con 5

el mundo (cf. Const. 7) y en comunión con la Iglesia (cf. Const.6), llevando su pequeña historia al gran carril del camino de la humanidad.

El Capítulo General Especial centró su atención en nuestra misión específica, e indicó dos condiciones para realizarla: primera, dejarse guiar por el Espíritu para entender bien el carisma del Fundador, partici­par intensamente en la vida de la Iglesia y captar las señales emitidas por los jóvenes en la historia del mundo, cuya levadura escondida es el Espíritu Santo; segunda, estar dispuestos a realizar con confianza nuevos éxodos y opciones, ya que la juventud nunca aceptaría una actitud de miedo ante la vida, de sospe­cha frente a la nueva cultura o de escaso entusiasmo ante los grandes quehaceres que se perfilaban.

asumida por la comunidad con un proyecto

(XXI Capítulo General)

Seis años más tarde, los salesianos captaban todo 6

esto mucho mejor. El XXI Capítulo General se propu­so entonces ser más concreto y operativo indicando sus consecuencias. Descubría una feliz coincidencia entre las expectativas y nuestra misión, y, en la mi­sión evangelizadora, la característica fundamental de nuestra identidad.

Pero, ¿cómo evangelizar a los jóvenes?

    El XXI Capítulo General se apoyaba en dos priori­dades: la primera era la comunidad salesiana, sujeto de la misión y animadora de numerosas fuerzas apos­tólicas; y la segunda, un proyecto educativo-pastoral.

La comunidad se convertía en centro de comunión y participación; y el proyecto -es decir, el siste­ma preventivo bien entendido y actualizado- seria nuestro modo original de hacer real la evangelización de los jóvenes.

24

Educar a los jóvenes en la fe

como consagración apostólica (XXII Capítulo General)

7 El XXII Capítulo General llevó a término la elabo­ración de nuestra Regla de vida y reconoció definiti­vamente la indisoluble unidad que tienen para noso­tros la misión apostólica, la vida comunitaria y la profesión de los consejos evangélicos (cf. Const.3), haciendo de esta consagración apostólica una apasio­nada opción de Dios mediante el amor a los jóvenes, su hijos. Despertando en el corazón de éstos los senti­mientos de filiación y la convicción de la presencia del Padre, el salesiano realiza su vivencia radical del Evangelio.

8

Nuevos retos

Esta lectura de la historia salesiana, inspirada en una comunión profunda con la Iglesia y en la solida­ridad con el mundo de los jóvenes, especialmente de los más pobres, nos ha hecho mirar a éstos con con­creción y amor. Su modo de ser y de vivir nos ha planteado interrogantes urgentes e importantes:

  - ¿Qué es hoy Dios para ellos? ¿Cómo influye la fe

en su vida?

- ¿Cómo realizar nuestra misión de educadores en la fe en estos tiempos nuevos y en las nuevas situa­ciones?

Estos interrogantes han movido nuestra reflexión, enriquecida con los mensajes procedentes de los acontecimientos y celebraciones juveniles del año centenario. Los jóvenes se muestran sensibles a los valores de una nueva propuesta de vida, que en san Juan Bosco tiene un maestro capaz de ofrecerles «una educación nueva, simultáneamente creativa y fiel» (JP 13).

Nació entonces con naturalidad, y se difundió, el deseo de hacer un camino de fe con ellos, a la luz de la pedagogía de la santidad juvenil salesiana.

Introducción

25

captados en todas las inspectorías

Los capítulos inspectoriales, orientados y estimulados

por esta sensibilidad, se movieron en un ámbito prác­tico: verificar la eficacia de la educación salesiana con miras a la vida de fe de los jóvenes. Las inquietan­tes preguntas que mandaron eran las de siempre; no obstante, bajo el acoso de la nueva época, se mostra­ban nuevas en su tono y en la exigencia de concre­ción:

- ¿Cómo hay que entender la fe en los ambientes donde ésta debe ser luz y sal? ¿Cómo referir la vida de fe a la existencia personal? ¿Qué significa hoy educar

en la fe? ¿Cómo transmitir la fe y cómo acompañar a los jóvenes hacia ella?

y respondidos por el XXIII Capitulo General

Es preciso construir un camino a medida de los  jóvenes, pensando en un tipo de hombre que sea ca­paz de vivir las exigencias de la fe en la historia ac­tual. El proyecto alcanza así el punto deseado.

A partir de ahí se han individuado tres temas funda­mentales, que han ocupado largamente la atención de los capitulares y en los que se articula la reflexión del XXIII Capítulo General; la situación de los jóvenes en sus propios ambientes, el camino de fe, y la espiritualidad juvenil salesiana. 

inspirándose en la pedagogía del Padre

La educación de los jóvenes en la fe se inspira en la

acción de Dios. «Con próvida gradualidad fue descu­briendo el misterio de su amor, llevando a los hom­bres, por medio de la historia y de la antigua alianza, hacia el encuentro con Cristo. Acudió en ayuda de los hombres mediante hechos y palabras que les fueran familiares, hablando a su pueblo según el género de cultura propio de las diversas situaciones históricas y mostrando su condescendencia, de la forma más ele­vada, en el Hijo hecho carne» (Ddb 15; cf. DV 4.7. 13).

I

26

Educar a los jóvenes en la fe

testimoniada por el Hijo

La venida de Jesucristo, el Señor, recoge toda la obra educativa del Padre. Es el Emmanuel: Dios con nosotros, y es reconocido por los suyos como rabí y maestro (d. Jn 3, 2; 9, 2). Está dotado de una original autoridad de magisterio, es capaz de hacerlos refle­xionar acerca de los acontecimientos humanos li­brándolos de los prejuicios corrientes, está atento a su formación y no duda en utilizar las formas más apropiadas de comunicación.

Jesús manifiesta, de modo convincente, la pedago­gía del amor, tanto en la donación de sí mismo al otro, como sabiendo acoger y defender a los peque­ños y a los pecadores y proponiendo a los jóvenes que vayan más allá de ciertas metas, por buenas que sean, y avancen hacia el camino exigente y más elevado del reino de Dios.

Obviamente, Cristo es mucho más que un educador genial; es el Hijo de Dios hecho hombre, el que da sentido pleno a todo lo que tiene importancia y valor humanos. Desde entonces, hacia él se dirige, como a su verdadero y definitivo "proyecto de hombre», la labor fundamental de la educación, que para ser completamente humana deberá ser verdaderamente cristiana.

difundida por el Espíritu Santo

      El Espíritu Santo renueva y difunde en la Iglesia esta sabiduría pedagógica. Es él quien nos conduce al des­cubrimiento de Cristo y de su Evangelio, a encontrar en su originalidad el espíritu de nuestro Fundador, a captar los clamores del mundo y a participar activa­mente en la vida de la Iglesia.

La Iglesia, experta en humanidad, es por lo mismo experta en educación. En ella todo se ordena al creci­miento del hombre. En su interior siempre han naci­do y se han formado maestros, pastores y doctores, que encarnaron intensamente su amor al hombre y

Il1troducciól1

27

su capacidad educadora. Por su labor fecunda y me­diante instituciones de inestimable valor humano y cultural, la historia de la Iglesia se identifica en bue­na medida con la historia de la educación de muchos pueblos.

para que los jóvenes tengan vida

En este espacio de tan vasto aliento, en esta misión de posibilidades infinitas nos situamos los Salesia­nos tras las huellas de san Juan Bosco, convencidos de que lo que triunfa sobre el mundo (d. Un 5,4) es la fe y de que «la gloria de Dios es el hombre viviente»

(S. Ireneo). A la vida de los jóvenes queremos dedicar nuestras energías, acogiendo la palabra del Señor:

«He venido para tengan vida, y la tengan abundante» (Jn 10, 10).

Primera Parte

LA REALIDAD

JUVENIL,

RETO PARA

LA COMUNIDAD

SALESIANA

1

CONTEXTOS EN QUE VIVEN LAS COMUNIDADES SALESIANAS

La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn l. 14).

Mirada pastoral a los contextos

Nuestras comunidades, puestas por la voluntad de       15

Dios en un determinado ambiente humano, com­prenden que tal es el lugar concreto donde se les pide manifestar su fe como testimonio creíble y anuncio de vida.

Por ello procuran entender a fondo los contextos en que se hallan y compartir las esperanzas de la gen­te, leyéndolos atentamente a la luz de la palabra de Dios. Advierten así, con mayor claridad, los interro­gantes que hoy plantean a la fe la sociedad y la cultu­ra, y logran más fácilmente captar las condiciones en que se realiza el crecimiento humano y religioso de los jóvenes, así como las dificultades que hallan en su esfuerzo de madurar como cristianos.

Nuestra reflexión sobre la educación de los jóvenes     16

en la fe parte, pues, del ámbito de la cultura en que se vive, es decir, de los criterios de juicio, de los valores determinantes, de los puntos de interés, de las líneas de pensamiento y de los modelos de vida (cf. EN 19).

Nuestra reflexión es pastoral: quiere captar la rela­ción que tienen dichos elementos con el designio de salvación que Dios encomendó a su Iglesia (d. EN 19). Aprovecha con confianza la aportación de las ciencias competentes y se basa en análisis autoriza­

32

La realidad juvenil

dos; pero no se propone ser exhaustiva: sólo subraya los aspectos que, individuados por nuestras comunidades, favorecen más el crecimiento de los jóvenes en la fe.

    La presentación de los diversos contextos ayuda a entender la complejidad de las situaciones en que de­ben trabajar las comunidades, y les hace comprender que tienen que tomar en seria consideración el pro­pio contexto, si quieren hacer con los jóvenes un ca­mino de fe.

Por otra parte no debemos olvidar que el mundo, a pesar de las diferencias a que se ha aludido, es cada vez más una aldea, especialmente a causa de los me­dios de comunicación social y de la facilidad de trans­porte. Tendencias culturales, modas y formas de vida se difunden simultáneamente más o menos por todas partes. Se perfila, pues, una época en la que habrá que abrirse a los diferentes contextos, captando sus problemas y solidarizándose con ellos.

Los tipos de contextos que vamos a examinar ca­racterizan determinadas áreas geográficas, pero en ninguna de ellas se encuentran en estado puro; al contrario, es fácil que se entrecrucen en una misma zona de la tierra, condicionándose y modificándose recíprocamente.

Los describimos en tomo a cuatro puntos de refe­rencia entre los que hay interacción mutua: el siste­ma sociopolítico y económico, algunas tendencias culturales, la religiosidad, y la situación juvenil.

Será precisamente esta última la perspectiva desde la que se miran las otras tres.

Contextos donde abundan los bienes materiales

Muchas comunidades trabajan en contextos que se distinguen por la abundancia de bienes materiales. En ellos los problemas de la comida, de la vivienda, del trabajo, de la instrucción y de la seguridad social

parecen resueltos. Las personas, al tener garantizadas

17

18

J. Contextos en que viven las comunidades salesianas

33

sus exigencias humanas primarias y facilitada la adquisión y ampliación de la cultura, disponen de los instrumentos necesarios para su desarrollo completo.

El sistema político, por su parte, tiende a asegurar un amplio margen de libertad y de participación en la vida pública. Las clases menos acomodadas pueden crecer mejor económica y socialmente. También el papel de la mujer es más reconocido y mejor valoriza­do en los diversos ámbitos de la vida social.

La tecnología impulsa constantemente hacia un bienestar mayor y derriba algunos condicionamien­tos de la libertad. Sin embargo, cuando la mentalidad tecnológica se asume sin sentido crítico, condiciona el modo de pensar y cualquier otra forma de acerca­miento a la vida.

Lo privado parece dilatarse cada 'vez más, particu­larmente con referencia a la moral: se llega incluso a no aceptar ninguna injerencia de normas que vayan más allá de la simple reglamentación de la conviven­cia social.

Cuando la sociedad está fuertemente marcada por el afán de lucro, engendra pobrezas antiguas y nue­vas. Se afirman, entonces, dentro del mismo con­texto, .consistentes minorías insatisfechas, y las na­ciones más pobres sufren el peso de las consecuen­cias que producen las opciones señaladas por esta línea.

Todo ello no nos deja indiferentes, pues de hecho plasma un modo de ver la vida y la relación entre Individuos y sociedades, que influye en todos, particularmente en los más jóvenes.

La Iglesia es consciente de que cuantitativamente se       19 halla en minoría y de que es cada vez más irrelevante en

 el ámbito de la cultura, a veces no sin cierta res­ponsabilidad de los cristianos mismos.

Pero somos también testigos de que aumenta el número de personas capaces de vivir con intensidad y

34

La realidad juvenil

coherencia los valores evangélicos y de manifestar su pertenencia eclesial.

Están convencidas de que la Iglesia está llamada a

ser signo e instrumento del salvación del hombre (d. LG 1) Y se comprometen seria y concretamente en proyectos de animación, solidaridad y promoción social.

20 En tal contexto hallamos numerosas expresiones de religiosidad popular, que, consolidadas a lo largo de los siglos, han alcanzado niveles de piedad auténtica, están presentes en no pocas familias y pueden admi­rarse todavía en manifestaciones y lugares de culto característicos. Pero también se difunden fenómenos de nuevas formas de religiosidad y de sectas autó­nomas de inspiración teosófica neo oriental y neo­pagana.

21

Por otro lado, hay jóvenes que actúan de forma consistente en lo social. Se comprometen en movi­mientos ecológicos y pacifistas, en la defensa y pro­moción de los derechos humanos, a menudo pagando personalmente las consecuencias de luchar contra las diversas formas de injusticia.

Si bien algunos, por falta de formación en el queha­cer político, se distancian de los partidos, quizá los encontramos generosamente entregados a labores de voluntariado, capaces de comprometerse en la trans­formación de la sociedad.

Los jóvenes son, además, un componente importante y significativo de los movimientos eclesiales. Por otra parte, se les ofrecen amplias y hasta excesi­vas posibilidades de goce y de experiencias. Es fácil entonces caer en la tentación de buscar lo inmediato -acrecentando así la incapacidad de diferir la satis­facción de apetencias- y en una' visión utilitaria, que entorpece la comprensión de valores tales como la gratuidad y el sacrificio. Todo ello es amplificado por la presión de los medios de comunicación.

1. Contextos en que viven las comunidades salesianas

35

En este clima social, no pocos se sienten acuciados a buscar nuevas experiencias, a vivir la sexualidad como mero placer, a refugiarse en la droga y el alco­hol y a acudir a la violencia.

Contextos de empobrecimiento

Numerosas comunidades salesianas viven en sociedades estructuralmente precarias. Son sociedades en las que el empobrecimiento económico, político y cultural resulta incontenible debido a la convergen­cia de muchos factores, tales como la injusticia y la violencia institucionalizada, la dependencia econó­mica y la deuda exterior, que aumenta la distancia entre Norte y Sur.

Hay una masa de personas -con frecuencia, la mayor parte de la población- que aumenta cada vez más, cuando se produce cualquier crisis. Espera ac­ceder a los bienes indispensables para vivir humana­mente, como personas, pero nunca lo logra. Bienes esenciales son los mínimos para sobrevivir y para la salud, la suficiencia económica, el trabajo, la instruc­ción básica, la cualificación profesional, la retribu­ción justa del trabajo, el reconocimiento de los dere­chos elementales y la voz para defender las propias razones en la vida social.

Elemento determinante de una madura conciencia colectiva y de una conciencia cristiana formada" es la convicción de que tal estado de cosas no sólo es pro­vocado, sino que se mantiene y se agrava mediante factores estructurales, sobre todo de tipo económico, gestionados por fuerzas externas, con fuertes colabo­raciones dentro de la realidad de los distintos países.

El pueblo, en su dura vida diaria y en la sencillez de   23

sus expresiones, conserva todavía y manifiesta el pa­trimonio de su cultura. Son valores ricos de humani­dad, tales como la cordialidad, la acogida, la solidari­dad, el sentido de la comunión y de la fiesta. Vive una

36

La realidad juvenil

religiosidad popular de intensa referencia a Dios; mantiene gestos de devoción y concepciones religio­sas fundamentales, aunque no siempre éstas logren impregnar la vida personal e impulsar a un serio y determinante compromiso social.

    Especialmente en áreas donde la población católica es mayoría, la Iglesia ha sido con frecuencia voz de los pobres, asumiendo sus aspiraciones de libertad y de liberación, en tutela de los derechos humanos. Por esta decidida opción preferente, se ha hecho concien­cia crítica ante opciones políticas y económicas.

En estas difíciles situaciones, numerosas comunidades eclesiales son buena noticia vivida y expresión

de una Iglesia que se compromete en la evangelización y en la edificación del Reino.

    Pero también se multiplican y difunden sectas que

instrumentalizan el sentimiento religioso natural de la gente.

    En estas naciones, gran parte de la población está formada por jóvenes, que sufren dichas extremas diferencias socioeconómicas y educativas; y ante las cuales reaccionan con distintas actitudes: de esperan­za, de frustración o de rebelión, a veces violenta.

Impresiona profundamente comprobar el número de quienes no saben lo que es la juventud, porque pasan de una niñez de miseria a una vida prematura­mente adulta, marcada por la necesidad de trabajo, que de ordinario se vive con precariedad.

26    A pesar de todo, es evidente y significativo el     fenómeno de jóvenes que se comprometen y se asocian, tanto en el ámbito eclesial como en el social y polí­tico.

Contextos de otras religiones

         No son pocas las comunidades que actúan en am­bientes fuertemente caracterizados por la presencia

25

27

l. Contextos en que viven las comunidades salesianas

37

de antiguas y grandes religiones: hinduismo, budis­mo, taoísmo, confucianismo, Islam y otras religiones tradicionales. Aunque son mutuas y profundas sus di­vergencias, sin embargo, cabe agruparlas bajo un de­nominador común: el sentido religioso de la trans­cendencia.

Durante muchos siglos, y a veces milenios, estas religiones han sido fuente de energías espirituales.

Algunas de sus intuiciones y verdades fundamenta­les sobre la vida humana, el mundo y el misterio últi­mo que está en la raíz de cuanto existe, ejercen un influjo particular en muchos jóvenes. Algunas religio­nes ofrecen motivaciones válidas, a veces sorpren­dentes, para orientar y asumir las pruebas de la vida. Con la llegada de la tecnología y del secularismo, en vez de declinar o desintegrarse, han demostrado estar en recuperación, e incluso parece que se refuerzan y llevan su influjo más allá de sus ámbitos tradicio­nales.

Una de las características más evidentes de dichas       28

religiones es su profundo arraigo en la cultura; ello les permite amalgamarse bien con la vida del pueblo, Impregnar todo el entramado de la sociedad e inspi­rar comportamientos, apoyando así el logro de una Identidad precisa y de un rostro bien delineado.

Donde se hallan en la necesidad de convivir en el mismo contexto plurirreligioso, estas religiones in­culcan muchas veces un espíritu de tolerancia, de coexistencia pacífica y de acogida y hospitalidad, a pesar de ocasionales explosiones de violencia, fruto de corrientes de intransigencia.

Junto a los efectos positivos sobre las culturas, no puede ignorarse cierto peso negativo, a veces en los principios, a menudo en los modos con que, en la práctica, estas creencias en algunos ambientes han hecho de soporte, durante siglos y siglos, al inmovilis­1110 de sociedades fuertemente discriminatorias. En concreto, han evidenciado cierta tendencia a negar

38

La realidad;juvenil

algunos valores de la liberación, y han sancionado y agravado la división en castas o clases sociales. o la discriminación entre hombre y mujer entre adultos y jóvenes.

29     El cuadro socioeconómico de las sociedades en que están colocadas tales religiones es muy variado.

Hay países que han obtenido un alto nivel tecnoló­gico y económico. y otros caminan hacia significa­tivas metas de desarrollo, mientras que algunos presentan formas graves de pobreza colectiva y ca­rencias importantes en las estructuras políticas. En estos últimos se lucha para que la mayoría pueda go­zar de un digno nivel de vida.

30 En estos contextos. la Iglesia es. de hecho, minoría.

Su presencia pasa desapercibida. o incluso se obsta­culiza. Resulta entonces difícil, cuando no imposible, anunciar abiertamente el Evangelio y ofrecer la pro­puesta cristiana.

Las comunidades salesianas son aceptadas general­mente, gracias al servicio social y cultural que pres­tan. Situaciones como éstas pueden causar en los her­manos sufrimiento y desánimo. Pero no se cierra la puerta al diálogo. si bien hay que reconocer que no siempre resulta fácil dicha actitud. porque o no todos la comparten o cuesta encontrar su expresión justa.

31

    La juventud experimenta la complejidad de estas si­tuaciones.

La gran mayoría de la población tiene menos de veinticuatro años. Muchos jóvenes viven. a causa de la pobreza, en condiciones de grave precariedad y les resulta imposible acceder a los niveles mínimos de instrucción y de preparación para el trabajo.

La inseguridad ante el futuro, un presente que no llena y otras formas de presión, impulsan a algunos a refugiarse en la droga, en el alcohol, en la delincuencia, en el suicidio o en la emigración.

/. Contextos en que viven las comunidades salesianas

39

En cambio, los que viven en situaciones económi­cas de favor pueden disfrutar de los servicios sociales de educación y promoción. Pero, aunque se esfuer­zan por obtener mejoras en la vida, fácilmente se ha­llan expuestos a las tentaciones del consumism6.

Hay, sin embargo, un aspecto positivo que emerge      32 de la vida de estos jóvenes: en la lucha actual por la transformación social, muchos de ellos desempeñan un papel de empuje hacia el progreso. Se dedican a

despertar la conciencia del pueblo, organizando y movilizando grupos que trabajen por la justicia y la paz, y participando personalmente como agentes sociales y animadores de comunidad.

Nuevos países independientes

Dado el gran esfuerzo hecho en estos últimos años       33

por la Congregación para estar presente en África, han aumentado las comunidades salesianas que ac­túan en contextos donde está en marcha un proceso irreversible de descolonización. Es un movimiento Iniciado con las recientes independencias políticas pero requiere superar aún ciertas servidumbres cul­turales y económicas.

En tal contexto no es difícil hallar, en el desarrollo de la vida social, una serie de dificultades debidas a la Inestabilidad política, fruto de ineficiencia, corrup­ci6n de los dirigentes e injerencia de potencias ex­tranjeras.

En el intento de favorecer la unidad cultural nacio­nal, son evidentes los esfuerzos para integrar sensibi­lidades de grupos y tradiciones de tribu con distinto patrimonio cultural.

Se observan asimismo importantes intentos de amalgamar exigencias culturales locales con formas de vida importadas; pero el resultado no siempre es satisfactorio. Existe, además, una auténtica tensión,

que a veces se convierte en choque, entre fidelidad a

40

La realidad juvenil

las propias raíces y proceso de modernización, que avanza acompañado por el mito del consumismo. Este mito, al inducir a adecuarse a los comporta­mientos occidentales, hasta en las aldeas más apar­tadas causa la pérdida casi total de los valores tri­bales.

34

En general. la educación no ha logrado ofrecer mo­delos propios capaces de sintonizar con la situación I de las personas y de la sociedad local. Los modelos propuestos parecen transposiciones de tendencias y programas pensados para otros ambientes.

Todo ello ha sucedido cuando se presentaba impe­riosa la necesidad de servicios educativos; en el es­fuerzo de satisfacer tal demanda, no se ha prestado suficiente atención a la respectiva calidad cultural y pedagógica.

35

Las sociedades de estos nuevos países independien­tes se caracterizan por un clima general de religiosi­dad, que llega a todos los aspectos de la existencia y se expresa en la esfera de la vida personal y pública. Se manifiesta como actitud de admiración y de aper­tura al mundo religioso, mezclado con formas de miedo y sumisión a fuerzas desconocidas que incli­nan hacia la magia.

36

La fe cristiana -particularmente la Iglesia católi­ca- se ha extendido con rapidez en el corto espacio de un siglo de plantación y evangelización.

Las comunidades cristianas y la organización ecle­siástica caminan hacia una creciente consolidación e indigenización.

Lenta pero progresivamente la fe se ha encarnado en la cultura local. Abundan las vocaciones y son múltiples los carismas.

Pero donde la evangelización es demasiado recien­te, se han producido situaciones en que la fe es toda­vía superficial y fáciles los sincretismos en la vida.

l. Contextos en que viven las comunidades salesianas

41

práctica. En cuantos abrazan el cristianismo es toda­vía débil y ambivalente la unidad entre fe y vida, sobre todo en el ámbito de la moral familiar, en la economía y en la política. Para muchos el punto neu­rálgico es una sólida propuesta de catecumenado.

Son numerosas las Iglesias africanas cristianas in­dependientes y las sectas y movimientos basados en un fuerte sincretismo religioso.

El anuncio del Evangelio encuentra todavía un campo bien dispuesto, por lo que hoy son evidentes los progresos de la evangelización en las distintas na­ciones. La acompaña, por parte de las comunidades cristianas, la búsqueda de una expresión de fe propia.

Los jóvenes constituyen la gran mayoría de la población. Pero viven en estado de preocupante y radi­cal precariedad, que influye en su crecimiento, en la educación y en el trabajo, en la opción religiosa y en la vida moral. Determinante es su condición fuerte­mente subalterna con respecto a los adultos: el joven africano no cuenta en absoluto, y menos aún la chica, mientras que la presencia salesiana propone su valo­rización.

Determinante es también el éxodo masivo de la al­dea hacia el arrabal de la ciudad, la urbanización sal­vaje y no dirigida, la doble mentalidad -tradicional y moderna- que se manifiesta en la sociedad. Se quiere abandonar los modelos de vida propia de la cultura para seguir otros, dando a este tránsito el sig­nificado de promoción cultural.

Salida de regímenes autoritarios

Otras comunidades se están reconstruyendo o remodelando tras largos y difíciles años de trabajo apos­tólico en sociedades fuertemente controladas por regí­menes autoritarios. En este momento se disponen a acompañar el cambio, rápido e imprevisto, hacia otro sistema de vida social y política. La situación, llena de

42

La realidad juvenil

40

esperanza, se presenta aún fluida y en evolución.

El nuevo clima de libertad consiente participación política y expresiones culturales y religiosas múltiples. Se trabaja por construir la sociedad en esta dirección.

Al mismo tiempo emerge un fuerte deseo de bienes económicos, impedidos durante mucho tiempo, que impulsa a imitar el estilo de vida típico de los contex­tos del bienestar. No faltan voces que ponen en guardia contra el peligro de tomar sus aspectos peores.

El fenómeno religioso no es idéntico en todos los países. Se define por diversos elementos: la tradición, el papel de defensa de los derechos del hombre asu­mido por las Iglesias durante el período anterior, la integración entre práctica cristiana y cultura popular,

la adhesión a la fe por parte de la mayoría de la pobla­ción, la defensa de los valores cristianos, el esfuer­zo continuo y constante de la Iglesia por educar en la fe.

Aunque es cierto que el largo período de ateísmo oficial -impuesto mediante el sistema escolar y la presión cultural, y difundido por todos los medios de la comunicación social y con la discriminación políti­ca y social de los creyentes- no ha extinguido en la ­mayoría un fundamental sentido religioso, sin embargo ha dejado una huella profunda.

El respeto del patrimonio cultural se halla muy de­bilitado. Por este motivo las sectas religiosas encuen­tran terreno favorable en la juventud que busca valo­res permanentes.

Se reconoce hoy que las comunidades, signos y personalidades ligados al mundo religioso han sido válidos puntos de referencia y apoyo para las fuerzas que han acuciado y sostenido la salida de tal sistema.

Así, la fe cristiana se ha presentado como fuerza histórica, capaz de suscitar cohesión y resistencia,

1

,

39

/. Contextos en que viven las comunidades salesianas

43

empeñada en promover eficazmente la libertad y dig­nidad humana.


    El papel de los jóvenes ha sido importante.                   41

Se veían constreñidos a vivir encuadrados por el

poder político, expresado con estilos rígidos de edu­cación y en organizaciones del régimen desde su ado­lescencia. Sin embargo, muchos no sólo han resistido a opresiones de todo género, sino que han actuado como verdaderos apóstoles en medio de sus compa­ñeros. Han tomado parte como protagonistas y han estimulado el cambio social, especialmente en las universidades y en el mundo de la fábrica.

Hoy se abren también para ellos, aunque limitados por las dificultades económicas, múltiples posibilida­des culturales. No ha terminado para ellos la búsque­da de cómo orientar las opciones actuales y hacia qué salida caminar en el futuro. Es una búsqueda que compromete, sobre todo por el vacío de ideas y cultu­ra que ha dejado el hundimiento del sistema ideológi­co (marxista), pero que espera ser colmado rápida­mente.

Grupos autóctonos y minorías étnicas

Otro contexto, que destacamos como significativo 42

para la presencia salesiana entre los jóvenes, es aquel donde viven algunos hermanos que actúan en medio de grupos autóctonos. Similares a éstos cabría decir que son las situaciones de algunas minorías étnicas. Tales grupos pertenecen a contextos sociopolíticos más amplios que, de hecho, los tienen marginados, cuando no totalmente excluidos.

Estos grupos viven y se organizan socialmente de modo diverso del contexto en que se hallan. Su forma tradicional de vida no suele valorizarse, y frente a ellos se adopta una actitud de mera tolerancia. Se los considera una especie de reserva arqueológica, de presencia extraña: los ven como una realidad en vías

44

La realidad juvenil

de extinción, elementos que o se integran o se arro­jan fuera de la convivencia social.

Sin embargo, presentan valores dignos de nota y una visión peculiar del mundo que hoy interesa particularmente comprender y ahondar.

Entre las características de estos grupos, emerge su amor a la tierra, que consideran madre y espacio vital que garantiza su identidad como grupo humano, verdadero pueblo y auténtica nación.

La familia desempeña la función de unidad de tra­bajo, es centro de los valores comunitarios y defens8! contra la disgregación y el colonialismo.

Saben vivir profundos valores humanos y sociales; por ejemplo, un relevante sentido religioso. Les es natural una actitud contemplativa, un estilo de vida sencilla y la sensibilidad estética ante la hermosura de la naturaleza.

Su expresión asociativa encuentra la mejor forma en su constituirse en federaciones, capaces de crear fuerte solidaridad para defender sus derechos.

43

La Iglesia vive con ellos mediante la presencia de numerosas comunidades de religiosos y religiosas. En estos últimos tiempos se ha convertido en un valero­so signo y realidad de salvación contra los repetidos intentos de despojo y destrucción.

Los misioneros se han hecho activos promotores de su desarrollo, les ayudan a ser protagonistas de la historia, a tomar conciencia de su identidad cultural y a recuperar las raíces.

Los catequistas y demás ministerios son una válida ayuda para iniciar un camino catecumenal, que los lleve a la fe sin desarraigarlos de la cultura propia.

Muchos jóvenes, animados y sostenidos por la pre­sencia de misioneros y voluntarios, se han organizado en cooperativas, poseen una atenta conciencia crítica y preparación para incorporarse al contexto que los rodea.

l. Contextos en que viven las comunidades salesianas

45

Las generaciones más jóvenes han podido gozar de    44 mejor instrucción. Entre ellos ha surgido, a veces, la tendencia a abandonar los grupos de origen.

Algunos, atraídos por las mayores posibilidades de bienestar, emigran a la ciudad, comprometiendo su patrimonio de humanidad y de fe y exponiéndose al peligro de tomar del nuevo ambiente las actitudes más negativas.

2

SITUACIÓN DE LA JUVENTUD

Os escribo a vosotros, jóvenes. porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros (1 In 2, 14).

45

La comunidad salesiana se confronta con los diver­sos contextos porque le interesa entender la situación en que se hallan los jóvenes y cómo reaccionan ante ella. No siempre resulta fácil. Las competencias edu­cativo-pastorales parecen perderse frente a la vida de los jóvenes, que se presentan con diferencias conside­rables, aunque también con no pocas convergencias. Esta variedad de situaciones incluye aspectos positi­vos y negativos, que abren perspectivas o conllevan peligros para la educación en la fe.

ALGUNOS DATOS

DE LA SITUACIÓN JUVENIL

46

Diversas formas de pobreza

En todo contexto hay diversas formas de pobreza, que con frecuencia asumen dimensiones alarmantes por su extensión y efectos devastadores.

Para quien las sufre, representan una dificultad, y, de algún modo, un obstáculo para su desarrollo. En otros, por el contrario, pueden madurar sensibilida­des nuevas con respecto a las vividas por el mundo adulto que los rodea.

47

    La reacción de los jóvenes frente a tantas formas de pobreza no es idéntica en todas partes.

    Algunos se hacen adversarios, a veces violentos,

2. Situación de la juventud

47

contra los responsables de la organización social.

Tratan de salir de su situación de indigencia por todos los medios, y organizan formas de lucha. Dado su permanente conflicto con la sociedad, no encuen­tran tiempo para abrirse a otros credos distintos de la ideología que los domina.

Una parte considerable de la juventud, en cambio aguarda pasivamente la solución de sus problemas, pues no hallan dentro de sí energía ni voluntad sufi­ciente para proyectar un futuro diverso. Son jóvenes sin perspectivas, replegados sobre el presente y preo­cupados por la supervivencia.

Sin embargo, aumenta el número de jóvenes que se hacen conciencia crítica de la sociedad civil y religio­sa, y actúan de modo capilar para difundir la convic­ción de que realmente es posible cambiar. Captan los problemas más inmediatos de su sociedad y prestan atención a las exigencias mundiales en los puntos dramáticos de la distancia económica entre Norte y Sur, de los gastos militares, de la coexistencia pacífi­ca entre los pueblos y de la discriminación social. Buscan nuevos caminos de liberación, y piden apoyo a las comunidades civiles y eclesiales. Los vemos soli­darios y comprometidos en favor del prójimo y gene­rosos. Nacen y se desarrollan entre ellos muchas vo­caciones, y la Iglesia encuentra agentes de pastoral, catequistas, animadores de comunidad, voluntarios...


Deseo de realizarse

Un aspecto interesante que implica en buena medi-      48  da a la juventud de todos los contextos es el deseo de construirse hoy una personalidad humana válida.

Asistimos al desmoronamiento de muchos modelos tradicionales. Frente a la pluralidad de los nuevos, los jóvenes se hallan solos en la búsqueda de sentido. Se multiplican los lugares y grupos que ofrecen propues­tas de formación.

48

La realidad juvenil

49

Así, han aparecido influjos y dependencias difíciles de controlar.

    Los mensajes técnicamente cuidados y psicológica­mente atentos a las demandas juveniles rompen su mundo interior y determinan sujetos de identidad débil.

    Muchos jóvenes aparecen con frecuencia temero­sos, inciertos ante el futuro e incapaces de decisiones claras y de larga duración.

Búsqueda de nuevos valores

Por otra parte, muchos jóvenes no se rinden ni abandonan tan fácilmente el sueño de construir una sociedad diferente y nueva. Invocan nuevos valores, que sean capaces de regenerar las relaciones inter­personales y de ofrecer una estructura social más rica.

En la vida juvenil emergen algunas insistencias: la centralidad de la persona, principio, sujeto y fin de todas las instituciones sociales; el descubrimiento del valor de la igualdad de dignidad y de la reciprocidad entre el hombre y la mujer; un modo nuevo de enta­blar relaciones, basadas en la libertad y en la justicia; un conjunto de valores vinculados a la diversidad (por ejemplo: la tolerancia, el ecumenismo, el respe­to a lo diverso), y a la solidaridad (la nueva visión de la paz y del desarrollo, la totalidad y globalidad del crecimiento); una renovada atención a las realidades culturales y religiosas, más allá del progreso técnico; una fuerte sensibilidad hacia los grandes problemas del mundo, favorecida también por la notable posibi­lidad que tienen los jóvenes de encontrarse con otras realidades y con tradiciones culturales y religiosas distintas; un significativo descubrimiento del ambien­te y de la necesidad de salvaguardarlo.

50 Hay, por otro lado, dos actitudes que condicionan fuertemente la construcción de identidades nuevas: el conformismo, entendido como adaptación irres­-

2. Situación de la juventud

49

ponsable y acrítica, incapaz de verse a sí mismo en términos de originalidad y novedad; y el pragmatis­mo, que se presenta con la preocupación de buscar el presente inmediato.

Demanda de nuevas relaciones

Encontramos por doquier una fuerte demanda de         51 nuevas relaciones, que es, ante todo, búsqueda de co­municación para superar el aislamiento y establecer una confrontación. No se excluye el deseo de satisfa­cer necesidades y exigencias inmediatas: se espera re­solver más fácilmente las dificultades y los problemas de la vida cotidiana. Sin embargo, a menudo se tien­de a relaciones interpersonales estables y fecundas de compromisos operativos.

El vínculo con el mundo de los adultos, si bien con-    52

tinúa siendo problemático, hoy día está menos carga­do de tensión y agresividad, que a veces, por desgra­cia, se ven sustituidas por formas de apatía y desazón. De todas maneras, vivimos una época de mayor sere­nidad.

Con los demás jóvenes, la relación se expresa en formas y espacios espontáneos, donde la implicación resulta muy intensa.

El estar juntos chicos y chicas es actualmente un hecho que cada vez se universaliza más. Se vive con naturalidad. El compartir experiencias y procesos de formación favorece una complementariedad que en­riquece mutuamente. Sin embargo, no es raro que la promiscuidad conduzca a banalizar la relación. El vínculo afectivamente fuerte puede romperse cuando parece que otra relación responde mejor a lo que uno espera.

INSTITUCIONES EDUCA TIVAS

   En la situación juvenil merece una atención parti-         53

cular la relación que los jóvenes entablan con las

50

La realidad juvenil

instituciones que son agentes de educación.

Un factor común que se ha tener en cuenta es que los jóvenes se sienten simultáneamente dentro y fue­ra de dichas instituciones. Están dentro, y, a pesar de todas las apariencias contrarias, la relación es consis­tente: los jóvenes procuran servirse lo más posible de ellas con miras a su crecimiento personal. Están fuera, y las instituciones tienen una influencia relati­va en sus opciones de vida, determinadas por crite­rios que no coinciden con los de las institucio­nes.

La familia

54 La familia continúa siendo hoy, en la crisis de las instituciones, un remanso para los jóvenes. Represen­ta un refugio tranquilo y un sincero ambiente afecti­vo que, de ordinario, establece entre adultos y jóve­nes una relación positiva de respeto y de autonomía" recíproca. Sin embargo, el índice de su valencia edu­cativa y religiosa es bajo. Las nuevas pertenencias que el joven se construye fuera de la familia, la distancia cultural entre jóvenes y adultos, y la imposibilidad de tos padres para seguir a sus hijos después de la adoles­cencia, hacen que la familia quede más bien fuera del proceso de crecimiento. Aunque sigue siendo lugar de afecto y comprensión, ya no se vive como primer ambiente de maduración cultural.

55

No pocas familias, en los diferentes contextos, se sienten hoy afectadas por una crisis grave, que se ca­racteriza por la debilitación de los lazos internos y por una exagerada búsqueda de autonomía.

'Muchos jóvenes sufren las consecuencias de este desarreglo familiar causado por la infidelidad, por la superficialidad de relaciones, por el divorcio, por la miseria, por el alcoholismo, por la droga.

Aumenta el número de personas psicológicamente no preparadas para la paternidad o maternidad e in­capaces de dar afecto a los hijos o al cónyuge.

2. Situación de la juventud

51

Estas situaciones producen en muchos jóvenes, graves consecuencias que se manifiestan en vistosas carencias afectivas inseguridades, inadaptación y pe­ligro de desvío.

La institución escolar

En el sistema educativo de nuestras complejas             56

sociedades se nota un predominio de la instrucción y del dato científico sobre las metas educativas y la for­mación global de la persona. Este hecho crea una ruptura entre sistema educativo y vida, entre ense­ñanza y formación global de la persona, y hace difícil la elaboración de una cultura personal. Además, la interferencia de otros muchos agentes de educación limita el influjo de todas, y relativiza las propuestas y los contenidos que se ofrecen a los jóvenes.

Las instituciones religiosas

Las estructuras religiosas gozan hoy de un creciente       57 interés y una confianza renovada, si bien su influjo en las decisiones y opciones de vida de los jóvenes es sólo parcial y sectorial.

Por comodidad de análisis reducimos el desigual mundo religioso de los jóvenes a dos categorías fun­damentales. .

La mayoría de los jóvenes opina que su búsqueda        58

de un nuevo modo de vivir es incompatible eón la poca flexibilidad de la institución religiosa, que pare­cería no favorecer las novedades que continuamente pide la vida. Por ello, al alejarse de la institución, es­tos jóvenes se ven inducidos a considerar su vivencia religiosa como algo interior y privado, que no influye de manera significativa en su vida concreta.

Una minoría, en cambio, siente fuertemente la              59 comunión con las personas que tienen los mismos sen­timientos y orientaciones culturales y religiosas. Sabe

52

La realidad juvenil

expresar con fuerza y tenacidad un compromiso co­herente con su fe religiosa, la manifiesta públicamen­te y trata de elaborar sus gestos, símbolos y conteni­dos a fin de hacerla más expresiva en un mundo que está cambiando.

OTRAS SITUAOONES,

QUE INFLUYEN EN LOS JÓVENES

El trabajo

60 El puesto y la cualidad del trabajo influyen conside­rablemente en los jóvenes y en su identidad personal y social.

Para muchos de ellos es condición imprescindible de supervivencia personal y familiar; instaura una re­lación nueva con los adultos y procura un puesto en la vida social.

Para otros el trabajo determina la salida de la fami­lia, una gestión independiente de la vida personal y una confirmación social de las propias capacidades.

En ambos casos, el trabajo crea en el joven una mayor seguridad de sí mismo, nuevas actitudes: en el puesto de trabajo nacen solidaridades y amistades. se intercambian experiencias y se reciben influjos.

Muchas veces la entrada en el mundo del trabajo rompe la débil participación en la comunidad cristia­na, y la fe misma corre peligro de ser cada vez menos influyente, hasta el punto de resultar ajena a la vida.

Por otro lado, crece el número de jóvenes que en el puesto de trabajo logran traducir su fe a compromiso social.

No hay que olvidar dos aspectos.

   Los jóvenes, numerosos en algunos países, constre­ñidos a un prolongado estado de desempleo o de tra­bajo intermitente, sufren un sentimiento de fracaso personal y de inutilidad social, y viven en situación de dependencia económica y familiar.                   

Para muchos chicos, en cambio, la experiencia del trabajo es demasiado precoz. Es el fenómeno del tra- I

2. Situación de la juventud

53

bajo de menores, realizado con frecuencia en condi­ciones de precariedad, de explotación y sin garantías para la seguridad física y la salvaguardia de los dere­chos personales. A estos muchachos se les cierra el acceso a las instituciones educativas y a un mínimo de cultura. De ahí que puedan lanzarse a evasiones fáciles o, incluso, a situaciones que llevan al des­carrío.

El grupo juvenil '"

Importancia particular tiene el grupo juvenil en el       61 camino de formación. Es, sin duda, una realidad

            ex­tendida y rica en perspectivas.

En contacto con los de su edad, el joven halla crite­rios de vida y orientaciones prácticas, lee los hechos de la experiencia confrontándolos con el pasado, y se expresa con protagonismo gratificador.

Para muchos jóvenes el grupo es el único camino para hacer frente a la fragmentación que acecha con­tinuamente su vida. Así es más fácil superar la sole­dad, parte integrante del proceso de desarrollo per­sonal.

A veces la adhesión a los ideales del grupo es par­cial y éste se convierte en refugio o en evasión de las dificultades que presenta la vida.

La calle

La calle es siempre lugar de refugio para los                62

jóvenes pobres, separados de su familia o marginados por la sociedad, que deben echar mano de cualquier me­dio para sobrevivir. En los contextos de pobreza, para muchos es la única casa, el único puesto de trabajo y la única escuela de vida.

Pero hoy la calle ha tomado una dimensión nueva. La búsqueda de nuevas relaciones y el deseo de liber­tad llevan a los jóvenes a inventar lugares de reunión y encuentro simples y de acceso inmediato. En este sentido resulta indicador el fuerte influjo de la calle, de las salas de diversión o de agrupación, donde los

54

La realidad juvenil ¡

mensajes se construyen, se multiplican o se anulan: recíprocamente.

Los jóvenes buscan en ella el placer del encuentro y el gusto del estar unos con otros. No se juntan para hacer algo, sino para hablar, para compartir y, sobre todo, para divertirse.

Crece la fuerza y la incidencia del tiempo libre en la formación de la identidad personal de los jóvenes, hasta el punto de eclipsar la importancia de las insti­tuciones educativas clásicas.

La calle y demás espacios de agrupación ayudan a salir de la soledad, producto característico de la so­ciedad actual; suplen carencias afectivas y ofrecen posibilidades de encuentro y.de amistad.

Pero en la calle -y en los otros ambientes de reu­nión espontánea- es fácil ser presa de mensajes car­gados de solicitaciones ambiguas, que estimulan al goce de lo inmediato, a la masificación y a la evasión mediante el alcohol, la droga y otras formas de com­portamientos descarriados.

La comunicación social

63 Los jóvenes comunican con facilidad por medio de los lenguajes nuevos (música, televisión, videoclips) que crean una nueva cultura, a menudo desconocida por los adultos, para quienes resulta incomprensible, pero dentro de la que los jóvenes se mueven con na­turalidad. Estos lenguajes difunden modelos de vida (cf. Consto 43) y producen informaciones continuas y abundantes sobre el mundo y sus problemas.

Los jóvenes son, en general, sus grandes usuarios. Para algunos, los medios de comunicación social son ocasiones positivas de crecimiento. Empleándolos con inteligencia, adquieren una verdadera concien­cia crítica y una mentalidad más abierta. Logran ma­durar opciones más documentadas y de mayor compromiso, y cultivan la sensibilidad hacia los valores de la paz, de la justicia y de la tolerancia.

2. Situación de la juventud

55

En cambio, otros jóvenes se aproximan a los me­dios de comunicación social acríticamente, expo­niéndose al peligro de dependencias cada vez más fuertes. Para ellos son instrumentos de evasión, oca­sión de nuevos condicionamientos, de falsas necesi­dades y de modelos erróneos de vida.

3

LOS JÓVENES ANTE LA FE

Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, algo cayó al borde del camino... Otro poco cayó en terreno pedregoso... Otro poco cayó entre zarzas... El resto cayó en tierra buena (Me 4, 3-8).

En los contextos y situaciones que acabamos de describir, ¿cómo ven los jóvenes la fe?, ¿qué esperan de ella?, ¿qué le piden?

       Jóvenes que están lejos de la fe

64 Hay jóvenes que están lejos de la fe. Es la categoría más numerosa, aunque en ese conjunto son diversas las raíces de su lejanía y sus manifestaciones.

Algunos están lejos porque, aunque han vivido en familias sustancialmente sensibles al hecho religioso, poco a poco, debido a la influencia de ambientes que se hallan en progresiva descristianización, han perdi­do la fe sin haberla negado conscientemente. Es el alejamiento silencioso.

Hay otros que están lejos por la sencilla razón de que han nacido en familias y contextos culturales donde el sentido de la vida, sus criterios y las perte­nencias son autónomos y del todo ajenos a los valores religiosos.

Otros están lejos porque, faltos de las condiciones fundamentales para vivir, empobrecidos y margina­dos, ni siquiera saben que hay valores cristianos y religiosos; o, si lo saben, los ven sin peso ni significa­do para su vida, abrumada por la angustia del sobrevi­vir diario.

3. Los jóvenes ante la fe

57

A la categoría de lejanos pertenecen también los          65

jóvenes que excluyen de modo explícito toda referen­cia religiosa. Pueden haber pasado de una religiosi­dad intensa a su rechazo, por una educación equivo­cada.

Los motivos son muy variados: o por testimonios negativos; o porque no se ha cuidado pedagógica­mente la calidad, gradualidad y asimilación de tal re­ligiosidad; o porque ha sido reemplazada con la adhe­sión a sistemas de pensamiento o a movimientos políticos que no reconocen la capacidad humaniza­dora de la vivencia religiosa; o, porque llevados por el consumismo, han preferido el camino de acumu­lar bienestar, y la fe es para ellos irrelevante y obs­táculo...

Finalmente, tenemos los jóvenes que dicen que            66

están lejos de Dios porque prescinden de las prácticas religiosas y de las instituciones eclesiales o del magis­terio, pero no del compromiso ético. Éstos ofrecen buena base y suficiente disponibilidad para el diá­logo.

    Jóvenes abiertos al hecho religioso

Hay jóvenes abiertos a cierta participación. Sienten    67

la necesidad real, muchas veces confusa, de significa­do para su vida y de valores con que motivar sus op­ciones y actos.

Son los jóvenes denominados «del deseo», sensi­bles a los estímulos religiosos. Pero se detienen tam­bién fácilmente en el ámbito de una religiosidad de circunstancias, en las que viven ráfagas de emoción y de práctica religiosa al encontrarse con personas o acontecimientos excepcionales.

De hecho, no se preocupan de conocer orgánica­mente el misterio cristiano ni de practicar con cohe­rencia las enseñanzas de la Iglesia.

Sin embargo, ofrecen alguna buena disposición para el diálogo y la profundización.

58

La realidad juvenil

68

Jóvenes de simple práctica religiosa

Semejantes a éstos son de algún modo, aunque con acentuaciones diversas, los jóvenes de una práctica religiosa no motivada, los que cumplen con regulari­dad los actos religiosos de precepto, pero sin vivir su calidad y plenitud. Lo hacen más por hábito social que como expresión consciente de la búsqueda de Dios y de la llegada de su Reino. Por iniciativa propia, ni se deciden ni se disponen a darse a Cristo y al próji­mo, entre otras razones porque es insuficiente la ma­duración de su opción religiosa.

Por eso mismo, la fe no despliega en ellos todas sus posibilidades, no se capta la vida cristiana en sus as­pectos proféticos de aventura original, la caridad no se hace donación, testimonio, servicio eclesial, com­promiso sociopolítico.

Jóvenes comprometidos

El círculo de los jóvenes comprometidos es el más limitado; pero su presencia es verdadero signo de es­peranza.

Para ellos la fe es un don: es un descubrimiento, una sorpresa y siempre una alegría. Su reflexión acer­ca del misterio cristiano es continua; su esfuerzo de coherencia, permanente, y las diversas formas de compromiso apostólico y sociopolítico y las distintas vocaciones, vividas con generosidad, hacen que su pertenencia a la Iglesia sea profunda y manifiesta.

Entre éstos, hay jóvenes que han vivido sencilla­mente, en la bondad y en la entrega a los demás, hasta la santidad.

Los conoce nuestra tradición: Domingo Savio, Lau­ra Vicuña, Ceferino Namuncurá y otros.

Don Bosco los hizo protagonistas extraordinarios de la evangelización de los demás jóvenes. Nues­tros documentos los señalan como «meta de plenitud de la evangelización» (cf. XXI Capítulo General,núms. 27-28).

                                                                                                    

   

   

69


3. Los jóvenes ante la fe

59


Dios los toma para sí y los pone al servicio de sus compañeros y de la comunidad. Su existencia revela muchos aspectos de la fuerza operante del Espíritu, y es un estímulo para las comunidades salesianas.

El encuentro con jóvenes que pertenecen a las             71 distintas denominaciones cristianas ya no es hoy día para nosotros un hecho excepcional.

La Congregación Salesiana ha entrado en áreas geográficas tradicionalmente ligadas a tales confesio­nes. Es cada vez más frecuente que chicos y jóvenes de confesiones diversas acudan a nuestras obras.

Con el movimiento ecuménico se ha instaurado re­cientemente, más o menos en todas partes, un nuevo clima, la tolerancia religiosa y el deseo generalizado de unidad que distingue a nuestra época, por influjo del Vaticano II.

Estos jóvenes, por razón de su fe, reflejan y viven una tensión espiritual y exigencias morales que en muchos aspectos coinciden con las del mundo católi­co. Entre ellos hay quien está abierto al diálogo sobre los valores religiosos y dispuestos a trabajar con noso­tros por el Reino. Vienen a nuestras obras con simpa­tía, o por opción personal, o porque sus familias en­cuentran atractivo el clima de nuestros ambientes, o por razones de conveniencia.

Mediante el respeto mutuo y la valorización de su opción religiosa, pueden superarse el recelo y el con­traste. Hay más estima y solidaridad en la realización de proyectos comunes.

En cambio, no ocurre así con las sectas fundamen­talistas, propagadas en diversos contextos.

Jóvenes de otras religiones

También los jóvenes de las otras religiones se              72 presentan con las características de los tipos descritos: desde los lejanos hasta los comprometidos.

   Muchos de ellos admiran a Jesucristo, pero la

"

60

La realidad juvenil.

mayoría no optan por el cristianismo. Las razones so muchas: el miedo a que, si se hacen cristianos, tendrán que separarse de la cultura y tradición del propio grupo social; el arraigado sentimiento de que t cristianismo es depositario de una fe importada y extranjera; en algunos países, también la falta de libertad religiosa. Influye asimismo el hecho de que muchos cristianos no viven como tales, u ofrecen UI testimonio poco creíble luchando unos contra otro; aunque invocan al mismo Cristo.

    Todo ello pesa y condiciona los primeros pasos hacia la fe.

    Pesa igualmente la interpretación que se hace de la crisis moral y religiosa que sufren países tradicional. mente cristianos, como si se debiera a un fracaso co­losal del cristianismo, tanto más que algunos jóvenes de Occidente van a esos pueblos en busca de paz, armonía e iluminación. Parece que el cristianismo tiene poco o nada que ofrecer que no se halle ya en sus religiones.

La autosuficiencia, nacida de la interpretación de estos hechos -en parte verdadera, en parte discuti­ble-, es una dificultad para el diálogo e impedimen­to para acoger con corazón pobre el escándalo del Evangelio.

    A pesar de todo, estas religiones ofrecen, en con­junto, una buena base de confrontación con el cristia­nismo. Se tratará de ayudar a descubrir su capacidad de abrirse a Dios y a la propuesta de fe, de facilitar el discernimiento de lo verdadero y auténtico con res. pecto a lo falso e ilusorio, de acompañar a los jóvenes en el encuentro de comunión con Dios, aprovechan­do el bien que hay en su fe y en sus aspiraciones.

73

74


4

RETOS MÁS URGENTES

Cuando atardece, decís: «Hará buen tiempo, porque el cielo se pone rojo fuego», y al amanecer: «Hoy habrá tormenta, porque el cielo está de un rojo sombrío». Entonces, ¿sabéis interpretar la cara del cielo, pero no podéis interpretar los signos de los tiempos? (MI 16,2-3).

     

La lectura de los contextos, la situación juvenil y la   75   postura concreta de los jóvenes ante la fe hacen que In Congregación Salesiana sienta el reto de tomar po­blación

y comprometerse. Pero, ¿en qué dirección?

En su discernimiento, el XXIII Capítulo General

ha individuado, en los hechos, algunos retos que, a su Juicio, por gravedad, urgencia y amplitud, parecen in­terpelar más directamente y con mayor fuerza a las comunidades. Son retos que se presentan, por una parte, como desafíos a nuestra vocación de educado­res en la fe y, por otra, como oportunidades reales <largadas de posibilidades. Son nuevas ocasiones que solicitan creatividad y coraje.

Expresan de manera pormenorizada la doble vertien­te que la fe está llamada a iluminar y dar significado: la persona y la sociedad, la identidad personal y la .

solidaridad entre los hombres.

Indicamos cinco:

- reto de los lejanos y ajenos a la fe;

- reto de la pobreza;

- reto de la irrelevancia de la fe en la vida y en la

cultura; .

- reto de las otras religiones;

- reto de la vida.

62

La realidad juvenil

76

Lejos de la fe y ajenos a ella

El reto de los jóvenes que viven lejos del mundo de la fe o le son ajenos es el dato más universal que ofrecen los análisis realizados. Lo encontramos inclu­so en quienes han seguido las primeras etapas de la iniciación cristiana.

Muchos jóvenes, con posibilidad de elegir libre­mente, encierran su vida en una visión secularista que los atrae más, se limitan al presente y pierden la conciencia del propio destino.

Los jóvenes que viven lejos de la fe son numerosos; suponen un fuerte reto a la comunidad salesiana, que comprende que muchas veces está lejos de ellos por mentalidad y por falta de comunicación:

- ¿Cómo llegar a los jóvenes superando las barre­

ras físicas, psicológicas y culturales que nos separan

de su mundo?

- ¿Cómo ponerse en contacto con los que, aun frecuentando nuestros ambientes, se hallan lejos de

la fe y no se interesan por ella?

La manera misma de vivir y presentar la fe por par­te de la comunidad se ve sacudida y apremiada a interrogarse:

- ¿La comunidad vive verdaderamente la fe como dimensión que da sabor y orientación a la 'vida? ¿Cuá­les son, pues, los caminos que la muestran en su ver­dadero valor ante los jóvenes de hoy y les ayudan a se­guirla?

Pobreza

La condición social de pobreza interpela y reta a todo hombre de buena voluntad. La imposibilidad o gran dificultad práctica de realizarse como persona, por no poder disfrutar de las condiciones mínimas para un desarrollo adecuado, plantean interrogantes

serios.

Son preguntas que resultan todavía más angustio­

78

4. Retos más urgentes

63

sas cuando se capta que el empobrecimiento de mu­chos está en relación directa con el enriquecimiento de unos pocos.

Quien, como discípulo de Cristo, ve esta realidad y     79 la siente en su corazón, está llamado a conllevar con empatía estas situaciones y a hacerse solidario con quien las sufre.

El carácter profético de la vida religiosa nos pide encanar a la Iglesia, deseosa de abandonarse al radi­calismo de las bienaventuranzas y de dar testimonio de ella. Este don del Espíritu nos hace más sensibles 111 reto de la pobreza.

Dios, «rico en misericordia» (Ef 2, 4), nos envía a

ser voz de quien no la tiene, a hacemos pobres con los pobres. a tomar sobre nosotros su causa, a buscar justicia para los que padecen injusticia, a colaborar en la transformación de una realidad que se halla le­jos del reino de Dios.

Observando esta condición social de pobreza con 80

los ojos de san Juan Bosco y viendo cómo destruye a numerosos jóvenes cuyo horizonte de vida se limita a In búsqueda de lo inmediato para sobrevivir o a un Ideal vacío de significado, sentimos el reto de hacer más consistente y cualificada la presencia' salesiana en medio de los pobres.

Y nos preguntamos:

- ¿Cómo vive la comunidad salesiana el radicalis­mo de la bienaventuranza de la pobreza, cómo la tes­timonia? ¿Qué educación y qué vida cristiana presen­tamos a los jóvenes que viven en un mundo de pobreza, de injusticia, de miseria y de abandono, para

que sea significativa y liberadora?

- Especialmente en los países del bienestar, ¿cómo educamos a los jóvenes en darse cuenta de la Injusticia que engendra el mundo de la abundancia?

      

64

La realidad juvenil.

81

Uno de los aspectos del reto es que los jóvenes marginados y empobrecidos, en la medida en que se ha­cen transparentes al Evangelio, se convierten en nuestros evangelizadores:       

«Reconocemos los valores evangélicos de que son portadores», dicen las Constituciones (cf. arto 29).

82

Las comunidades salesianas están llamadas a ser signo de esperanza para estos jóvenes. Desde el mo­mento en que compartimos con ellos todo nuestro amor de educadores que viven de fe, nos sentimos obligados a salir de las situaciones de letargo e indife­rencia.

El encuentro cotidiano con estos jóvenes, enrique­cido por los signos de la presencia de Cristo, produce en las comunidades nuevos estímulos para una fe vi­vida con más verdad, ayuda a celebrar el Reino y la salvación, a buscar con realismo nuevos motivos de conversión y de solidaridad, y a hacer de la fe una realidad salvífica de la historia.

 

83

Irrelevancia de la fe

La irrelevancia de la fe en la vida y en la cultura es un axioma de la sociedad moderna, como si estuviera fuera de discusión y consolidado que ser religioso está en antagonismo con las leyes y dinamismos que mueven al hombre de hoy en la economía, en la polí­tica y en la gestión del poder.

En el mundo del bienestar, y de rechazo también en otros contextos, el valor religioso ha sido puesto al margen de los elementos de la nueva sociedad y de los aspectos que se consideran esenciales al vivir so­cial.

Para los jóvenes, especialmente para los que se mueven en este clima, la pregunta sobre Dios no es relevante y el lenguaje religioso (salvación, pecado,

fe, futuro) ha perdido significado. Carece, pues, de  sentido hablar de la relación fe-vida o fe-cultura. La

­

    4. Retos más urgentes


65

propuesta religiosa no encuentra ya espacio cultural para expresarse de forma comprensible. ¡Es el aspecto dramático del obviamente legítimo proceso de se­cularización!

¿Y los jóvenes creyentes? También ellos tienden a       84

vivir su fe como algo privado sin vinculación con la vida real, que la rechaza. Estas situaciones de aisla­miento, de privatización y de lejanía se viven y se ha­llan diseminadas en todas partes, especialmente por obra de los medios de comunicación social.

Los jóvenes muy pronto parecen encontrarse frente ti una alternativa sin salida:

- ¿Orientarse en lo social y abrirse a la vida adulta sin seguir criterios religiosos ni inspirarse en ellos? ¿O permanecer fieles al propio horizonte de ideas

-el de la fe- cultivando lo privado?

También los salesianos se preguntan:

- ¿Cómo educar a los jóvenes en la reconstruc­ción de una nueva identidad cristiana dentro de los procesos de desarrollo de los valores humanos?

De rechazo, la comunidad misma corre peligro de        85

I

no poder hacer creíble su fe ni poderla transmitir, si no encuentra el lugar adecuado, la duración suficien­te y el lenguaje necesario para educar en la fe a aque­llos a quienes es enviada.

El lugar sólo puede ser el de la vida y la historia: es la nueva realidad social; la duración es la de las diver­sas etapas o edades de la vida; el lenguaje, el que sea capaz de comunicar en la nueva cultura.

El reto es grande, y hasta inmenso. Aquí no se trata solo de dar una respuesta abstracta; se trata de todo el dinamismo de la vida y la civilización, se trata del significado de las diferentes iniciativas de la existencia diaria y, simultáneamente, de las premisas para cualquier proyecto de educación que quiera presentarse como posible. Se trata, en el fondo, de poder seguir esperando.

La realidad juvenil

66

86

Encuentro con las otras religiones

El encuentro con las otras religiones es un reto que

se halla en los diferentes contextos descritos. con características y modos diversos, aunque con algo común.

¿Cómo hacer presente a Jesucristo. «el que ha penetrado de modo único e irrepetible en el miste del hombre y ha entrado en su corazón?" (RH 8).

Tras dos mil años de cristianismo, en estos cante, tos aparece como una religión ajena a las propias sensibilidades culturales y extranjeras; a veces incluso la consideran peligrosa algunos grupos religiosos de tendencia fundamentalista: ¡quien se siente amenazado, se cierra y hace inútiles las posibilidades de conocimiento mutuo, de colaboración y de intercambio! El diálogo sincero y práctico, una atenta y profunda  encarnación de la fe cristiana y una valiente evangelización de la cultura (cf. Const. 7) y el testimonio de una comunidad que trabaja en la caridad y el servicio con entusiasmo y capacidad de sacrificio, son la mejor respuesta al reto del encuentro con los jóvenes de otras religiones.

- ¿Cómo puede realizar la comunidad un diálogo sincero y abierto con estas religiones, subrayando sus valores positivos aunque reconociendo sus límites? ¿Cómo vivir los valores salesianos del sistema preventivo, sobre todo, el amor y la bondad, como el primer testimonio cristiano y el mejor camino para hacer presente el Evangelio (cf. Reglam. 22)?

La vida                                                                                  

Los retos que hemos visto hasta aquí están individuados en los hechos y producen inquietudes y oportunidades reales.

Pero hay uno que es síntesis y origen de los demás  que pasa por todos ellos: el reto de la vida.

Muchos jóvenes la experimentan en sus manifesta

.

.

87

.

                                                                                                 

88

4. Retos más urgentes

67


ciones más dolorosas: en el hambre que busca pan, en la opresión que busca libertad, en la soledad que busca comunión, en la profanación que busca digni­dad, en la inestabilidad que busca seguridad, en el absurdo que busca sentido, en la violencia que busca la paz.

Hay jóvenes que son felices en sus estudios, en su familia, con los amigos, en el bienestar y en el tiempo libre. y acaban por no sentir necesidad de la fe ni de otra vida.

Hay, por último, quienes desean vivir en plenitud. Este anhelo de vida adquiere hoy características pro­pias: búsqueda de nueva calidad de vida. en la que, superadas las necesidades primarias, se ofrezcan res­puestas a otras necesidades más personales, relacio­nales y religiosas; sensibilidad hacia la dignidad de la persona humana y sus derechos; búsqueda de nuevas motivaciones-para vivir como verdadero hombre en e1 mundo de hoy.

* * *

La resonancia de estos cinco retos implica la existencia entera de la comunidad salesiana, afecta a to­dos los aspectos de su identidad y le obliga a verificar y evaluar su ser y su hacer. Si se mide con Jesús de Nazaret, comprobará si está al servicio de la vida destruida y amenazada por tantas muertes, y deberá revisar su concepto de salvación cristiana a la luz del artículo 31 de las Constituciones: «Educamos y evan­gelizamos siguiendo un proyecto de promoción integral del hombre, orientado a Cristo, hombre per­fecto».

Segunda parte

EL CAMINO

DE FE

1

LA COMUNIDAD ANTE LOS RETOS

Dos discípulos de Jesús iban andando... Jesús en persona se acercó y se puso a cami.nar con ellos... (Le 24, 13. 15).

La comunidad interpelada

La comunidad salesiana se siente interpelada por        89 los retos. Los capta con humildad y pasión pastoral, y se  deja retar. Está convencida de que no se trata sólo 01.' simples problemas juveniles, sino de signos de los tiempos. El Señor se manifiesta por medio de ellos y la  interpela.

La comunidad responde verificando su vida y las perspectivas y proyectos que han guiado hasta ahora su quehacer pastoral, convencido de que puede ir al encuentro de los jóvenes, pues en la tradición salesiana se manifiesta una coincidencia feliz entre lo que piden los jóvenes y lo que nuestra consagración apos­tólica se siente estimulada a darles.

reconsidera la misión recibida

En la raíz de esta esperanza hay algunas convicciones.90 La misión juvenil, donde todo hermano y comunidad experimentan la alegría del propio servicio, nos permite caminar al paso de los tiempos. Colabo­ramos en la obra de Dios, y para ello él nos da su gracia y su luz.

Mediante sus solicitaciones, los jóvenes nos impi­den quedamos en el pasado, nos educan y nos apre­mian a encontrar respuestas nuevas y valientes.

72

El camino de la fe

La aurora de una nueva evangelización (ChL 34)

nos convoca a trabajar en la edificación de una sociedad más humana, y nos pide, sobre todo, renovar en contextos nuevos, casi con un salto de calidad, nuestra fe en la Buena Noticia traída al hombre por Jesu­cristo, el Señor.

1:

91

se esfuerza por dar una respuesta

Estamos convencidos de que Dios actúa en la historia, de que el Espíritu del Señor resucitado está presente dondequiera se realiza el bien y llama a la! comunidad a confesar a Cristo y despertar su propia fe.

No tenemos respuestas puntuales ni de eficacia se­gura para el conjunto de los retos ni para algunos en particular. Estos retos no son dificultades pasajeras, sino indicaciones de un cambio de época que debe­mos aprender a discernir a la luz de la fe.

92

inspirándose en la experiencia de Don Bosco

A esta convicción nos lleva también nuestra experiencia espiritual vivida tras las huellas de Don Bosco.

El Espíritu, presente en su corazón, atraía a los jóvenes, más allá de su persona, hacia Dios. En la comple­jidad de las situaciones y con la precariedad de recur­sos, «vivía como si viera al Invisible» (Hb 11, 27; d. Consto 21). Sembraba con confianza estímulos de fe y gestos de bondad, y formaba personas que fueran sus portadores.

Es la experiencia que queremos comunicar hoya los jóvenes: por esta presencia misteriosa del Espíri­tu, la vida lleva consigo, incluso en la pobreza, la fuerza de la liberación y la semilla de la felicidad.

Esto es, en sustancia, educar en la fe.

    Nos proponemos, pues, dejamos convertir por sus desafíos, y les ayudamos a apostar por la fe. Confia­mos en poder ofrecerles un camino que del deseo de


1. La comunidad ante los retos

73


vida los lleve a su plenitud, es decir, a madurar un estilo de existencia que calque el de Jesús de Nazaret tal como lo vivió Don Bosco.

Esto es, en sustancia. la espiritualidad juvenil sale­siana.


siguiendo el ejemplo del Señor

Todo esto lo hacemos a ejemplo de Señor y siguien-    93

do el método de su caridad de Buen Pastor (cf. Consto 11) en el camino de Emaús (cf. Lc 24, 13-36). Repetimos sus actitudes: tomamos la iniciativa del encuentro y nos ponemos aliado de los jóvenes; con callos hacemos el camino escuchando y compartiendo sus inquietudes y anhelos; les explicamos con pacien­cia el exigente mensaje del Evangelio; y con ellos nos detenemos, para repetir el gesto de partir el pan y suscitar en ellos el ardor de la fe, que los transforma M testigos y anunciadores creíbles.

2


EL CAMINO

DE EDUCACIÓN EN LA FE

"

Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y  en gracia ante Dios v los hombres (Lc 2, 52).             

AL ENCUENTRO DE DIOS EN EL JOVEN

Obra de Dios

94      Educar a los jóvenes en la fe es, para el salesiano,

      trabajo y oración. Es consciente de que trabajando

      por la salvación de la juventud vive la experiencia de'

la paternidad de Dios (d. Consto 12), que «precede a

toda criatura con su providencia, la acompaña con su presencia y la salva dando su propia vida» (Const. 20).

Don Bosco nos enseñó a reconocer la presencia operante de Dios en nuestro quehacer educativo y a' sentirla como vida y amor.


95

reconocida

    Creemos que Dios ama a los jóvenes. Tal es la fe

que está en el origen de nuestra vocación y que motiva nuestra vida y todas nuestras actividades pastorales.

Creemos que Jesús quiere compartir su vida con, los jóvenes, que son la esperanza de un futuro nuevo, y llevan dentro de sí, ocultas en sus anhelos, las semi­llas del Reino.

    Creemos que el Espíritu se hace presente en los

jóvenes y que por su medio quiere edificar una comunidad humana y cristiana más auténtica. Él trabaja ya

2. El camino de educación en la fe

75

en cada uno y en los grupos: les ha confiado una tarea profética  para que la realicen en el mundo, que es también el mundo de todos nosotros.

Creemos que Dios nos está esperando en los jóvenes para ofrecemos la gracia del encuentro con él y disponemos a servirle en ellos, reconociendo su dignidad y educándoles en la plenitud de la vida. ,

La tarea educativa resulta ser, así, el lugar privilegiado de nuestro encuentro con él.


en  toda situación juvenil

En virtud de esta gracia, ningún joven puede quedar   96

excluido de nuestra esperanza y de nuestra acción, sobre todo si sufre pobreza, derrota y pecado. Tene­mos la certeza de que en cada uno de ellos Dios ha depositado el germen de su vida nueva.

Esto nos impulsa a procurar que sean conscientes de tal don y a trabajar con ellos para que desarrollen ha vida en plenitud. Cuando nuestra entrega parece 111) alcanzar su objetivo, seguimos creyendo que Dios procede nuestro sufrimiento como Dios de la espe­ranza y de la salvación.

PUNTO DE PARTIDA

Ir a los jóvenes

Nuestro compromiso de educar a los jóvenes en la      97

fe choca a menudo contra un obstáculo: a muchos jóvenes no les llega ni nuestro mensaje ni nuestro testimonio. Entre nosotros y la mayoría de ellos hay una distancia, que muchas veces es física, pero que es sobre todo psicológica y cultural.          

Eliminar distancias, hacemos cercanos, aproximarnos a ellos es, por consiguiente, el primer paso. También aquí Don Bosco es nuestro maestro. «Siento, queridos jóvenes -escribía desde Roma en 1884­- peso de estar lejos de vosotros: el no veros ni oíros 1111.': causa una pena que no podéis imaginar» (MB XVII, 107). Buscaba a los jóvenes: iba por calles y

76

El camino de la fe


98

plazas; entraba en obras y lugares de trabajo. Se acer­caba a ellos y los invitaba a ir a su oratorio.

Este amor y los gestos que lo acompañaban no per­tenecían sólo a un método pedagógico, sino que eran la expresión original de su fe en el Señor y de su voluntad de anunciar a Cristo a los jóvenes,

ir a donde se hallan

Ir y acercarse a los jóvenes donde se hallan, acogerlos desinteresadamente y con solicitud en nuestros ambientes y ponemos en atenta escucha de sus de­mandas y aspiraciones, son para nosotros opciones fundamentales que preceden a cualquier otro paso de educación en la fe.


valorizando cuanto ya tienen

99 El camino de la educación en la fe empieza con la valorización del patrimonio que todo joven lleva den­tro de sí, y que un verdadero educador sabe descubrir con inteligencia y paciencia. Utilizará oportunamente la razón y su sensibilidad pastoral para desenterrar el deseo de Dios, a veces sepultado, pero no del todo muerto en el corazón del joven. Pondrá en acción su carga de comprensión y afecto procurando hacerse querer.

La acogida crea una circulación de recíproca amis­tad" estima y responsabilidad, hasta el punto de susci- " tar en el joven la conciencia de que su persona tiene It un valor y un significado que supera cuanto él había' imaginado. Esto pone en movimiento sus mejores energías.

en un ambiente educativo

100     La acogida cala más hondo cuando lo que implica

al joven no es sólo una persona, sino todo un ambiente lleno de vida y de propuestas. El paradigma de to­dos nuestros ambientes es el oratorio: «casa que acoge, parroquia que evangeliza, escuela que encamina hacia la vida y patio donde se comparte la amistad y I la alegría» (Const. 40).

2 El camino de educación en la fe

77

El ambiente oratoriano no es fundamentalmente una estructura educativa específica, sino el clima que debe distinguir a cualquier obra salesiana. Las relaciones marcadas por la confianza y el espíritu de fa­milia, la alegría y la fiesta acompañadas por la labo­riosidad y el cumplimiento del deber, las expresiones libres y múltiples del protagonismo juvenil, así como presencia amiga de educadores que saben hacer propuestas que responden a los intereses de los jóve­nes y al mismo tiempo sugieren opciones de valores y de fe. constituyen sus principales características.

A este clima se refiere Don Bosco con nostalgia en la carta de Roma el año 1884, cuando pide que vuelvan «los días del afecto y de la confianza entre jóve­nes y [salesianos]... los días de los corazones abiertos con toda sencillez... de la caridad y de la verdadera alegría...» (MB XVII, 114; MBe XVII, 105).

Don Bosco supo crear ambientes donde aunaba educación y fe y donde los jóvenes se hacían misioneros de sus compañeros. Por esto, siempre fue exigen­te en la calidad educativa de sus ambientes: no vacila­nte en tomar decisiones por dolorosas que fueran con respecto a los chicos y colaboradores que -de algún modo rechazaran abiertamente o comprometieran el clima educativo.

Así, en la íntima relación entre el encuentro perso­nal con cada joven por parte del educador y el rico estímulo del ambiente, han fructificado en la historia salesiana  realidades ejemplares de santidad juvenil.

PROPUESTA DE VIDA CRISTIANA

Un encuentro significativo o la acogida cordial en un ambiente son la ocasión para comenzar un camino hacia la fe o para seguir adelante en su itinerario. Entonces se pone en marcha el corazón oratoriano ,del salesiano, su vivencia personal de fe en Jesucristo y su capacidad pedagógica. En su orientar hacia la fe, el estilo salesiano sigue algunos criterios.

El camino de la fe

78

102

Propuesta de fe dentro del proceso educativo

El proceso educativo, en el que se trabaja para la promoción total de la persona, es el espacio privilegiado en que se propone la fe a los jóvenes. Tal orientación es decisiva para definir características y contenidos del camino. En él se valorizan no sólo los

aspectos religiosos, sino también cuanto se refiere al crecimiento de la persona, hasta llegar a su madurez.

Los jóvenes y Cristo

Hay que trazar, pues, el camino teniendo en cuenta dos referencias: el trabajo que los jóvenes deben hacer para formar su personalidad, por una parte; y, por otra, el llamamiento preciso de Cristo, que los invita a construirla según la revelación que se manifestó en él.

La vida de los jóvenes es, a la vez, punto obligado donde partir para un camino de fe, referencia continua en su desarrollo y punto de llegada, cuando ha transformado y encauzado hacia la plenitud en Jesucristo.

El anuncio de Jesucristo, renovado continuamente es el aspecto fundamental de todo el camino; no es algo ajeno o yuxtapuesto a la vivencia del joven. En dicha vivencia se hace camino, verdad y plenitud de vida.

Tenemos, así, un verdadero camino hacia la fe y un  camino preciso de fe, que parte de esta convicción: Jesucristo se manifestó como el verdadero hombre, y  sólo por él entra plenamente en la vida todo ser humano. El camino tiende definitivamente a asegurar consolidar el encuentro con él, realizado en la comunidad eclesial y en una intensa vida cristiana

Un camino educativo

Hay que tener en cuenta que se trata de un camino educativo, que toma a los jóvenes en la situación en que se hallan y se compromete a sostenerlos y orien-

103

.

104

2. El camino de educación en la fe

79

tarlos en sus pasos hacia la plenitud de humanidad que les es posible.

   Cabe, por tanto, recorrerlo también en situaciones donde el anuncio explícito de Cristo resulta difícil, irrealizable, o donde todavía hay que crear las condi­ciones mínimas para que pueda ser escuchado. En semejante situación de precariedad, la referencia al Evangelio hace de inspiradora, indicando valores hu­manos auténticos y dando confianza al paciente y si­lencioso testimonio de los educadores.

     Precisamente en virtud de esta lógica, el camino         105

pone en el centro de la atención algunos aspectos.

a) Un camino que privilegia a los últimos y a los más pobres

El camino se adapta a los que tienen que comenzar: la opción salesiana de privilegiar a los más pobres es condición previa para dialogar con todos, incluso con quienes están menos informados acerca del acontecimiento cristiano.

El lenguaje fácil e inmediato, un ambiente acoge­dor y el estilo de trato familiar hacen accesible el misterio salvífico, y resultan buena noticia e invitación para quienes están lejos.

El colocarse al lado de los últimos y de los más pobres no determinará sólo el comienzo del camino, Mino también cualquier etapa posterior, incluidas las finales.

A quien ya ha recorrido un tramo de camino no se le, puede pedir que comience de nuevo; pero cabe invitarle a volver siempre a las realidades, palabras y signos más sencillos y fundamentales, a fin de soste­ner con su testimonio y acción el caminar de quienes están comenzando.

h) que no acaba nunca

    El camino no acaba nunca, avanza siempre hacia 106

'''levas metas. Sigue hasta los horizontes de donación

80

El camino de la fe

y de santidad que el Espíritu sabe mostrar a los jóvenes. La ejemplar historia de Domingo Savio y Laura Vicuña es paradigma de nuestra vivencia educativa, nos hace reconocer los frutos extraordinarios que la vida de fe produce en los jóvenes.

Nuestra misión educativo pastoral tendrá, pues, carencias cuando no seamos capaces de descubrir e nuestros ambientes este don de Dios, o no estemos preparados para sostener una respuesta generosa.

e) que se acomoda al paso de cada joven

Además de privilegiar a los pobres, últimos y lejanos y ofrecer propuestas para los más adelantados, el camino requiere una tercera sensibilidad: reconocer

que cada joven tiene un paso distinto de los demás

que los resultados de las etapas no son iguales para todos, y que, por consiguiente, el recorrido hay que adecuarlo a cada caso. Si la fe es diálogo de amor de

Dios y con Dios, si es alianza propuesta por Dios en la

vida concreta, quiere decir que no existen clichés que puedan repetirse.

Nosotros, constituidos por iniciativa del Espíritu en amigos de Dios y de los jóvenes, procuramos prevenir, favorecer y seguir sus palabras y sus gestos.

Los mismos fracasos educativos pueden ser un componente de todo camino. No los vemos como algo accidental o dimensión ajena al proceso educativo. Son parte integrante, y han de asumirse con actitud  de comprensión. En algunos casos son fruto de las graves condiciones en que viven ciertos jóvenes.

Resulta, pues, evidente que el camino se ha de pensar como único, porque única es la meta hacia la que avanza, únicas las indicaciones ligadas a la naturaleza de la fe y constantes algunas características de la vivencia  juvenil.

Pero no es difícil comprender que hay que determi-

107

108

,,

109

2. El camino de educación en la fe

81

nar progresivamente itinerarios particulares, propor­cionados a los jóvenes que los recorren.

Los itinerarios se presentan precisamente como determinaciones más detalladas de experiencias, conte­nidos y metas, según los jóvenes y las situaciones par­ticulares.

d) que se realiza en comunidad

Hay un aspecto que no podemos descuidar: la co-        110

munidad educativa, formada en su conjunto por jóve­nes y adultos. Es el sujeto que hace el camino hacia la fe y de fe. No caben distinciones como la siguiente: los jóvenes son únicamente destinatarios de la pro­puesta, mientras que los adultos sólo han de ser con­siderados sus autorizados elaboradores técnicos. Se­mejante perspectiva llevaría todo esto al ámbito de unos servicios profesionales desconectados de la vida. ¡Es san Pablo en persona quien nos recuerda cómo se nos engendra a la fe!

El camino es único e implica a todos y siempre. Aunque interpela a cada persona de cara a sus responsabilidades específicas ante Dios, sin embargo la propuesta es apoyada por todos los que reconocen en Jesucristo el fundamento y el sentido de la vida.

En la comunidad educativo-pastoral son educadores    111 de los jóvenes en la fe todas las personas, tanto las que desempeñan tareas de educación y desarrollo hu­mano como las que trabajan más explícitamente en la vertiente de la fe.

Su mayor alegría es comunicarles las insondables, riquezas de Cristo (d. Consto 34). Todos los medios y actividades deben confluir en servir a la misma persona, a fin de ayudarle a crecer en la vida y en el en­cuentro con el Señor resucitado.

82

El camino de la fe

ÁREAS DE ATENCIÓN

1. Meta global

Para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y, para los que creyendo, tengáis vida en su nombre (Jn 20, 21).

Un hombre orientado hacia Cristo

Todo trazado de camino queda definido siempre por el punto al que se quiere llegar: la meta. Debemos tener claro cuál es el tipo de hombre y creyente que hay que promover en las circunstancias concre­tas de nuestra vida y sociedad, convencidos de que también el Espíritu de Jesucristo lo va plasmando a partir de una nueva creación.

 Es la dirección que señalan nuestras Constituciones: «Educamos y evangelizamos siguiendo un proyecto de promoción integral del hombre, orientado a Cristo, el hombre perfecto. Fieles a la idea.de nuestro Fundador, nuestro objetivo es formar honrados ciu­dadanos y buenos cristianos» (Const. 31).        

La primera idea de este texto subraya la configuración sustancial a Cristo, Hijo y hermano que da su vida por todos y es resucitado por el Padre. La segun­da -«honrados ciudadanos y buenos cristianos»­ se orienta hacia la realización histórica del tipo de cristiano llamado a vivir en la Iglesia y en la sociedad en un tiempo preciso y en un espacio determinado.

que sabe integrar fe y vida

Para decir esto, en muchos contextos se prefiere utilizar una fórmula densa y expresiva: se habla de integración entre fe y vida. Es la respuesta al reto más dramático y provocador de que hemos hablado en

113

'

114

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2. El camino de educación en la fe

83

otras páginas: la irrelevancia y la separación entre fe, vida y cultura, que se manifiestan simultáneamente en la sociedad y en las personas.

La meta que propone el camino al joven es cons­truir su personalidad teniendo a Cristo como referen­cia en el plano de la mentalidad y de la vida. Tal re­ferencia, al hacerse progresivamente explícita e inte­riorizada, le ayudará a ver la historia como Cristo, a juzgar la vida como él, a elegir y amar como él, a esperar como él enseña y a vivir en él la comunión con el Padre y el Espíritu Santo.

Por la fecundidad misteriosa de esta referencia, la persona se construye en unidad existencial: asume sus responsabilidades y busca el significado último de su vida.

Situada en un pueblo de creyentes, logra con liber­tad vivir intensamente la fe, anunciarla y celebrarla con alegría en la realidad de cada día.

Como consecuencia, maduran y resultan connatu-          115

rales las actitudes humanas que llevan a abrirse sin­ceramente a la verdad, a respetar y amar a las perso­nas, a expresar su propia libertad en la donación y en servicio. Es el ejercicio de la fe, la esperanza y la caridad como estilo de vida. Mentalidad, vida cotidia­na y presencia en la comunidad: he ahí los tres cam­pos en que se mide la verdad del buen cristiano y del honrado ciudadano.

El binomio salesiano subraya el valor de la dimensión comunitaria, social y política de la fe y de la cari­dad, que lleva a asumir responsabilidades precisas en la construcción de una sociedad renovada.

2. Cuatro grandes áreas

Cuatro grandes aspectos de la maduración cristiana

     El camino se ve como crecimiento progresivo ha-       116

da esa meta.

84

El camino de la fe

Por lo tanto, nos comprometemos en cuatro gran­des aspectos de la maduración cristiana, que vamos a llamar áreas.

Las podemos indicar esquemáticamente como crecimiento humano hacia una vida que se de­berá asumir como vivencia religiosa;

- encuentro con Jesucristo, el hombre perfecto, que llevará a descubrir en él el sentido de la existencia humana individual y social: el Salva­dor del hombre;

- inserción progresiva en la comunidad de los creyentes, captada como signo e instrumento de la salvación de la humanidad;

- compromiso y vocación en la línea de la trans­formación del mundo.

Dentro de estas áreas, tendremos que:

- cultivar algunas actitudes, que habrán de revisarse con frecuencia;

    - individuar algunos núcleos de conocimientos imprescindibles para comprender adecuadamente la vida cristiana;     

 - elegir experiencias capaces de favorecer el resultado, y proponer actitudes y conocimientos.

                                                                     

117

que responden a los retos

Estos cuatro grandes aspectos parten de los retos planteados a la fe de los jóvenes y a nuestra misión de educadores por parte de la actual situación cultural y juvenil. En efecto, de los retos emerge la petición de vida y el significado de la fe en la maduración de la propia identidad y en la historia humana. El peligro que corre la fe es el de ser irrelevante para la existen­cia y para el proceso histórico.

Las áreas pretenden asumir cuanto el hombre estima como verdadero valor y depositar ahí la semilla i de la fe como su perfección y sentido último. Preten­den, en conjunto, presentar el Reino, injertado en el corazón de la historia (la gran historia del mundo o la

.

/

1

2. El camino de educación en la fe

85

pequeña historia personal),y  al mismo tiempo presentar a los verdaderos creyentes como llamados por el amor de Dios a trabajar en la fermentación de la historia humana.

Así la fe no queda separada ni yuxtapuesta a lo que es humano, histórico, temporal, secular; sino que, al terminar dentro, le da significado, lo ilumina e inclu­so lo transciende llevando nuestros horizontes más allá, de la historia.

cuyo significado hay que comprender bien

~ ,¡

        Las áreas no se ven ni deben ser vistas, ni en la            118

persona ni en la acción educativa, como sectores se­parados. Están presentes a la vez y se reclaman conti­nuamente unas a otras.

No cabe considerar primero sólo la vertiente del crecimiento humano y después el de la fe. Hay que reconocer a la fe una energía peculiar en todo el crecimiento de la persona. La referencia a Jesucristo y a la  Iglesia es constante y cruza todas las áreas, aun sabiendo que se explicita y se concentra en determinados momentos. Cuando la palabra de Dios ha llena­do la vida, el crecimiento humano no se detiene: con­tinúa y se manifiesta con nuevas expresiones.

Aquí necesitamos presentar estos contenidos en progresión lógica; pero no significa que queramos In­troducir a considerados sucesivos en el tiempo.

Sin embargo, es imposible pensar en ningún ade-            119

lanto si el sujeto no asume la propuesta. Los conteni­dos que deseamos acentuar en cada área no son lec­ciones ofrecidas desde fuera o materiales que hay que trabajar, sino maduraciones que se dan en la persona  en virtud de sus opciones. Hay que prestar, pues, mu­cha. atención a que se interiorice como es debido a cada una de las propuestas.

La educación en la fe, pues; se ve como humaniza­ción,  sentido de la vida, elección de valores y com­promiso eclesial y social.

86

El camino de la fe

Primera área

HACIA LA MADUREZ HUMANA

Todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable; todo lo que es virtud o mérito tenedlo en cuenta (Flp 4,8)

Vida y fe se reclaman mutuamente

    Nos referimos ante todo a los jóvenes pobres. Su

pobreza se presenta en formas diversas: pobreza de condiciones de vida, de sentido, de perspectivas, de posibilidades, de conciencia, de recursos. Es la vida misma la que se encuentra  depauperada al faltarle sus principales recursos. No aflorará ninguna vivencia religiosa mientras no se descubra la vida en su verdadero significado. Y, viceversa, toda experiencia de vida verdadera despierta una tensión religiosa.

    A partir de la admirable armonía de gracia y naturaleza, tan significamente manifestada en la persona de Don Bosco educador, el salesiano comprende fá­cilmente que la fe reclama la vida, y la vida, recono­cida en su valor, siente -de algún modo- necesi­dad de la fe. En virtud de la gracia, non hay ruptura, sino continuidad, entre creación y redención.               

     El camino de fe comienza en el «hazte humilde, fuerte y robusto» (MB 1, 125; MBe 1, 116) bajo la guía, materna de María y el apoyo de los educadores.

    La primera indicación para sostener el desarrollo de esta área es prestar atención a las exigencias características de cada etapa del crecimiento:

  - la infancia descubre con maravilla el mundo circundante;

  - la niñez se abre a cuanto existe en su derredor y a la relación positiva con las demás personas;

~

120

121


2. El camino de educación en la fe

87


- la búsqueda de orientación, e! esfuerzo por lo­grar una síntesis satisfactoria y el deseo, propio del joven, de participar y ofrecer aportaciones a la vida social.

Los primeros pasos hacia los jóvenes

Por esto no podemos descuidar, sino que debemos      122 tomar en serio, fa situación particular en que se ha­llan muchos jóvenes.

La praxis salesiana quiere ayudar a superar las ca­rencias radicales, económicas o afectivas que de he­cho condicionan la posterior apertura a lo valores.

En esta labor, la fe se proclama ya en el testimonio de la caridad. Al mismo tiempo, la persona supera fuertes condicionamientos y se hace libre. Por esta línea se mueve toda la iniciativa que quiera ofrecer a los jóvenes condiciones dignas de vida, lugares de disten­sión, o medios con que prepararse para el mundo de! trabajo y adquirir una cultura suficiente. Así se crean las condiciones favorables para que los jóvenes se abran a buscar y aceptar la verdad y el gusto por los valores auténticos que los conducen a la plena madu­rez humana y los hacen protagonistas de su vida (cf. Const.32).

requieren, en el educador, ciencia y sabiduria

Para descifrar mejor los problemas y elaborar las            123

propuestas más convenientes en esta primera área, el educador en la fe se sirve también de las ciencias de la educación, utilizándolas con la sabiduría que le su­giere la mirada de la fe.

El panorama de los modelos educativos se presenta confuso. El educador en la fe elige y organiza sus ac­tuaciones con la mirada puesta en la imagen del hom­bre cuyo reflejo percibe contemplando el misterio de Dios presente en Jesús de Nazaret.

El hombre maduro es aquel que escucha con aten­ción los interrogantes que plantean la vida y el mun-

88

El camino de la fe

do, capta el misterio que los envuelve y busca su significado mediante la ,reflexión y el trabajo.

Es el modelo que nos ofrece la sólida tradición salesiana cuando hace de la religión el punto de referencia para la educación. Lo subraya bien la carta Juvenum Patris al decir que «el término religión indi­ca que la pedagogía de Don Bosco es, por naturaleza, trascendente» (núm. 11).

124

   Desde esta perspectiva, presentamos algunas metas que alcanzar y diversas experiencias que proponer.

 

a) llevan a aceptar la vida

En primer lugar el joven debe aceptar la vida. Lo cual significa, ante todo, que debe aceptarse a sí mismo.

Para algunos jóvenes esto ocurre de manera espon­tánea. El hallarse en un mundo de personas que los quieren, dialogan con ellos y trabajan por construir la historia, pequeña o grande, les sirve de gran ayuda.

En cambio, otros encuentran aquí la primera y gran apuesta. Piensan -y lo sufren en su interior- que su vida 'no merece la pena de ser vivida. Viven­cias negativas o carencias fundamentales los llevan a dejar que corra o a cederla a bajo precio. El educador de la fe debe acompañarlos con inteligencia y cora­zón, a fin de que reconozcan el valor inestimable de la vida.

Así descubren su doble carácter de don y tarea. Es un paso imprescindible para hacerse sujeto de la pro­pia historia y responsable del crecimiento personal. Si se ofrecen experiencias positivas, si se les ayuda a descifrar los condicionamientos culturales y estructu­rales, personales y colectivos en que ha discurrido hasta ahora su historia, comprenden que es posible el cambio, que hay futuro, que vale la pena esperar.

Cuando se superan estos primeros cierres a la vida, es posible hacer aflorar otros interrogantes, suscitar otras actitudes y poner en movimiento otras energías.

2. El camino de educación en la fe

89

a abrirse a los demás

La idea positiva de sí mismo lleva a una progresiva     125

apertura a las relaciones interpersonales y capacita para comunicar con los demás, reconociendo su va­lor y aceptando su diversidad y limitaciones. Dispone también a entrar en relación positiva con el ambien­te, con la realidad y con el mundo.

La pedagogía salesiana asigna el desarrollo de esta dimensión a las actividades que los jóvenes realizan juntos en clima de alegría y colaboración. En ellas encuentran adultos capaces de amar las causas más nobles y de transmitir su entusiasmo.

b) a hacer que emerjan las aspiraciones profundas

La acogida de la vida, su exploración y el anhelo de    126

gustarla hasta el fondo descubren y hacen palpar la profundidad de las aspiraciones humanas y sus límites. Aquí tenemos otro paso que dar y una serie de experiencias que proponer, en línea con el encuentro entre vida y fe. El adulto es capaz de expresar con propiedad esta percepción, mientras que el adoles­cente y el joven todavía la viven confusamente y la sufren en su carne.

El educador debe ponerse a su lado y ayudarlos a darse cuenta de ella con vivencias enriquecedoras.

Tales son las denominadas experiencias de pleni­tud, es decir, la realización de ideales soñados inten­samente; por ejemplo, la donación, el protagonismo, la renuncia de la propia comodidad para servir a los más necesitados, la contemplación de la naturaleza o de la verdad, los momentos de realización.

También las vivencias de limitación y miseria son capaces de ayudar acrecer y madurar interiormente; por ejemplo, la insatisfacción personal, la conciencia de la propia pobreza, y las situaciones humanas de dolor y de miseria.

Pero, ¿cómo puede comprender todo esto un ­

90

El camino de la

jóven? Escuchando su voz interior y aprendiendo a Id los fenómenos de la convivencia humana. Seguid por el educador, se abre a la dimensión ética y madura en dos direcciones: capta la influencia de sus actitudes y obras en la vida personal, y comprende su responsabilidad para aquellos con quienes comparte de hecho los principales bienes. Separar ambo aspectos o subordinarlos entre sí es provocar el nacimiento y fortalecimiento de la raíz del individualismo. Son dos vertientes por donde corre la maduración de la persona.

 c) a descubrir el sentido de la vida

Toma así cuerpo la pregunta sobre el sentido de la vida y la búsqueda de su último significado. No se trata de un problema intelectual. Más allá del cómo logran expresarlo, muchos jóvenes se interesan por su sentido particularmente cuando sienten en su vida una insatisfacción profunda, a veces radical, y piensan en el futuro. La insatisfacción puede tener orígenes y motivaciones diversas: frustración ante la imposibilidad de alcanzar un modelo de felicidad anhelada, o sentimiento de vado después de vivir propuestas que prometían colmar las propias necesidades.

En este proceso de maduración, los educadores desempeñan un papel insustituible. Están llamados a ofrecer ayuda en la reflexión, haciendo accesible a los jóvenes la riqueza de la propia experiencia de adultos.

Existen algunos ambientes que, por su naturaleza, ofrecen una reflexión sistemática sobre los problemas del hombre. La praxis salesiana dispone también: de modalidades menos formales, tales como valoraciones rápidas, aunque no superficiales, de aconteci­mientos y situaciones, o conversaciones espontáneas en contexto de distensión y juego, o confrontaciones personales convenientemente preparadas.

.

2. El camino de educación en la fe

91


       d) a anhelar lo transcendente                                                      .

            En el joven, la pregunta y búsqueda de sentido se         128

hace invocación, o sea, deseo de una respuesta, hori­zonte o perspectiva que facilite la solución del inte­rrogante planteado por la vida acerca de su origen y termino, acerca de la tarea propia de la persona para llegar a su plenitud.

            Todo proceso de educación debería tener .ahí su

meta. Se realiza una vivencia que es también religiosa, porque la persona llega a entrar en el proyecto de Dios.

         Respuesta a los retos

Los pasos que acabamos de indicar tratan de salir        129

ni encuentro de los retos lanzados por la cultura ac­tual, pues, frente a la lógica de la autosuficiencia y el 8ccularismo, propone un modo alternativo de ser ple­namente hombre.

En muchos contextos se afirma que el primer paso que deben dar los jóvenes es percibir el vacío de los ídolos que amenazan su vida y captar la manifesta­ción de Dios en la creación y en la persona humana. Nace entonces la propuesta de reconstruir una identi­dad personal en una época en que a menudo parece

         en crisis o rota.                                                                                   .

La praxis salesiana no sólo sostiene idealmente el valor fundamental de la vivencia religiosa en la for­mación de la personalidad, sino que privilegia de for­ma concreta algunas modalidades para ayudada a

madurar. Son: valorización de la vitalidad y expresión.

Juvenil, participación en actividades donde pueda experimentarse el propio valer y la alegría de compar­tir, implicación en situaciones de necesidad, y tiem­pos de reflexión.

Cuando el joven ha llegado a niveles más profundos y ha elegido la fe como clave para interpretar su exis­tencia personal, se le acompaña y estimula a elaborar una visión cristiana orgánica de la vida y de la histo­ria.

92

El camino de la fe

Segunda área

HACIA UN ENCUENTRO AUTÉNTICO CON JESUCRISTO

Yo soy la luz del mundo: el que me sigue I camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Jn 8. 12).

         Plenitud de vida en Cristo

130          Nuestro servicio de educadores en la fe no puede

         detenerse en el nivel de conocimiento humano, aunque       su inspiración sea cristiana.

La educación en la fe pide seguir hacia la confrontación y aceptación de un hecho revelado: la vida del hombre sólo alcanza su plenitud en Jesucristo

«Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante» (Jn 10, 10): he ahí la respuesta definitiva a clamor que surge de la existencia en forma de invocación.

131

Encuentro con Cristo

Pero el encuentro con Jesucristo no es un hecho

cualquiera. La educación en la fe tiende a prepararlo

ofrecerlo y ahondarlo, para que sea encuentro personal en la fe.

Es muy frecuente hallar entre los jóvenes una simpatía vaga por Jesucristo. Abundan los mensajes e

imágenes suyas lanzados al mercado por los medios

de comunicación social, y numerosos son los jóvenes

que conservan huellas de una vivencia religiosa infantil, con impresiones externas y genéricas sobre la vida de la comunidad cristiana: su encuentro con Cristo es a menudo superficial y fugaz. Por otra parte, una exposición sistemática de la fe puede resultar" para estos jóvenes, sólo una teoría hermosa o la ideo-

2. El camino de la educación en la fe

93

logia articulada de un grupo religioso, pero no un anuncio y promesa de salvación.

¿Qué camino seguir para poner al joven en contac­to profundo con Cristo? ¿Qué aspectos de su misterio conviene subrayar?

mediante el testimonio

Esta área se centra con fuerza en el testimonio de         132

los cristianos. Para estimular y sostener el encuentro de fe con Jesucristo se requiere la vida de una comunidad creyente y su interpretación mediante la pala­bra de la fe.

En las estructuras donde actuamos, se dan a veces fracasos porque transmitimos de manera impersonal fórmulas de fe que, desconectadas de su eficacia para In vida, resultan totalmente incomprensibles.

La fe es buscada y anhelada cuando los jóvenes se encuentran con una vivencia evangélica auténtica.

He aquí algunas metas a que tender progresiva-           133 mente, a fin de que el encuentro con Jesucristo supe­

re la mera curiosidad y se transforme en encuentro

de fe.

u) De los signos

Una meta, que requiere su correspondiente núcleo       134 de contenidos y experiencias, es percibir los signos de   Cristo el Salvador, su presencia en la comunidad y su Influjo en la historia humana.

Estos signos se hallan:

- en las personas que pertenecen a la comunidad,

- en las actitudes que suscita en ellas la memoria

      de Cristo,

- en el culto cristiano celebrado dignamente.

Es una meta al alcance de todos, incluso de quien

está menos cerca del acontecimiento cristiano.

    Los signos poseen lenguaje y transmiten mensajes.

La pedagogía los selecciona, prepara y presenta de

94

El camino de la fe

modo que hablen con fuerza a la sensibilidad de los jóvenes.

Pero hay signos y mensajes que se le escapan a! nuestra voluntad. Los producen el estilo de la institución educativa o pastoral. la relación de las personas

entre sí, el buen gusto y el sentido religioso que aparece en los signos de la fe: objetos, lugares, gestos.

al testimonio

 La     La percepción de los signos puede disponer a en­tender el testimonio de los discípulos de Cristo. Los gestos humanos y de fe de las personas que están cer­ca de los jóvenes constituyen la primera invitación a. la fe. No nos referimos sólo a los gestos religiosos~ sino también a la disponibilidad para un diálogo con: los jóvenes y a la capacidad de comprometerse en la salvación de los pobres.         

El testimonio revela a los jóvenes el valor universal de la fe, cuando llegan a conocer modelos eminentes: de caridad o compromiso cuya motivación y fuerza proceden del amor a Cristo.

b) Del testimonio al anuncio,

El testimonio se explicita mediante el anuncio de Jesucristo, de su historia humano-divina y de las enseñanzas que proclamó. Un anuncio que, por parte de los educadores, es una clara confesión de fe.             .

Las circunstancias aconsejarán el camino preferi­ble: la conversación personal, la catequesis, un diálogo interreligioso sereno. De todos modos, hay que garantizar el carácter de Buena Noticia. Hay que presentar a Jesucristo como verdad que ilumina la búsqueda del joven, como vida que estimula las energías de bien y como camino que lleva a la plenitud.

En esta óptica, la palabra de Dios debe aparecer a: cada uno como apertura a los problemas personales, respuesta a las preguntas que uno se plantea, extensión a los valores propios y, a la vez, satisfacción de los anhelos personales.

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135

                                           

2. El camino de educación en la fe

95

e) Del anuncio al descubrimiento

     de la persona de Cristo

El anuncio lleva a descubrir la presencia de Cristo     137 en la propia vida como clave de felicidad y de sen­tido.

Empieza entonces el proceso de conversión que, al transformar la existencia, conduce a su edad adulta la forma de Cristo que el Bautismo imprimió en noso­tros.

El anuncio y el descubrimiento exigen posterior­mente la adhesión a la persona de Cristo. Del Cristo anunciado, el camino de fe procede hacia el Cristo limado, contemplado y, finalmente, seguido en acti­tud de discípulo.

No todo es igual. El Maestro propone recorridos nuevos, pide ciertas rupturas, indica éxodos y relanza en la dirección de las fuertes exigencias evangélicas.

En este punto del camino es posible que se produzca la primera gran cesión en cuantos lo han empeza­do, no sólo por las dificultades que plantea la fe, sino también por la falta de atención de los educadores, mas preocupados de las cosas que de acompañar fraternamente el diálogo entre el joven y Dios.

Transformación de la vida

La perseverancia en la conversión y en el segui-         138

miento de Cristo lleva, como consecuencia, a elabo­rar la propia visión de la vida, a vivirla de modo nue­vo,

a romper con la alienante actitud de pecado y con los modelos de vida que de ahí se derivan.

Se exige una nueva comprensión de la realidad y compartir lo que fue amor apasionado de Jesucristo: el reino de Dios.

Pura los que continúan, tras la catequesis debe realizarse la confrontación de la fe con los grandes pro­blemas culturales. Son problemas que se sienten intensamente, fundamentales para una verdadera ma­ duración de la mentalidad de fe. Ésta requiere una

96

El camino de la fe

coherencia precisa de pensamiento y vida. Olvidar tal, aspecto significa preparar la tantas veces lamentada ruptura entre fe y cultura personal, entre práctica religiosa individual y ética social. Hay que esforzarse, por tanto, en acompañar a quienes toman en serio la confrontación de su vida con la fe.

139

e) Fe robusta y dinámica

La práctica de la fe, por último, implica el arraigo de actitudes y comportamientos, sostenidos por las relativas convicciones. La educación en la fe capacita al' creyente para dar razón de su esperanza (cf. 1 Pe 3'11 15). "

La fe que reconoce la presencia y el amor del Padre desemboca en actitud filial para con él: la piedad. La oración es el lenguaje que nos da el Espíritu para dirigimos al Padre; hay que desarrollarla según las diver­sas formas que han ido madurando en la tradición cristiana.

El cultivo de la piedad tuvo, en épocas pasadas, for­mas pedagógicas adecuadas a la condición de los jó­venes de entonces. Para nosotros es hoy urgente estu­diar momentos y formas convenientes de iniciación, comenzando por la familia.

2. El camino de educación en la fe

97

Tercera área

HACIA UNA INTENSA PERTENENCIA ECLESIAL

Eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones (Hch 2, 42).

Encuentro con Cristo en la Iglesia

El encuentro con Jesucristo en la fe tiene su lugar       140

de privilegio en la Iglesia. Movido por el testimonio

vivo de la comunidad cristiana o de algún creyente, el jóven madura por medio de una comunión plena en

el pueblo de Dios.                              .

Sin la fe de la Iglesia, la nuestra y la de los jóvenes sería muy pobre. Faltaría la referencia imprescindi­ble  para vivir como creyentes. Si no se participa en la vida de la Iglesia. se está lejos de donde tiene lugar, de modo privilegiado, el don de la salvación.

El objetivo final de este recorrido es ayudar a los jóvenes a vivir como Iglesia, madurando así en el sentido de pertenencia a la comunidad cristiana.

Pertenencia que madura progresivamente

             La pertenencia de los jóvenes a la Iglesia no alcanza     141 la  madurez inmediatamente.

Si los educadores-pastores no la entienden bien y no la cuidan con sabiduría. se quedará en simpatía genérica,  adhesión externa y prudente distancia y au­tonomía.

             I.os jóvenes se mueven hoy con realismo entre pertenencias múltiples y limitadas. La pertenencia eclesial sólo puede madurar como adhesión del corazón y

98

El camino de la fe

de la mente, si la Iglesia es percibida como comunión con Dios y con los hombres en la fe y en la caridad como signo e instrumento del Reino, pues las instituciones, sean civiles o religiosas, únicamente logra un consenso parcial y externo. Se ha entendido que persona es superior a ellas como valor y como finalidad. Sólo si se ve una Iglesia más centrada en la personas la de Jesucristo, las de los creyentes y la de los hombres que ha de salvar que en la organización o en la legislación, podrá estimular una decisión de fe.

Tam

TamTambién en este aspecto hay actitudes, contenido y vivencias que definen un camino. Cabe describir, las partiendo siempre de los más pobres respecto la fe.

a) Necesidad de amistad y de relaciones

interpersonales

El primer aspecto es darse cuenta de las necesidades

que tienen los jóvenes de amistad y de relaciones interpersonales profundas, de participación y de solidaridad; hacer que emerja su sentido de fiesta, el gusto¡ de estar unos con otros.

Los educadores aceptan estos valores, los ahondan

                y los comparten en los momentos en que los jóvenes los expresan, procurando darles mayor profundidad.

En pleno acuerdo con la tradición salesiana, todo

esto se carga ya de significado eclesial, si se realiza en, un ambiente de amplia acogida donde sea posible en­trar en contacto con los creyentes, con los signos eclesiales y con las comunidades cristianas.

b) Anhelo de grupo

Otro conjunto de actitudes y contenidos eclesiales maduran dentro del grupo juvenil, donde el joven se

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143

144

 

2.  El camino de educación en la fe

99

siente personalmente aceptado y valorizado. Él mis­mo experimenta la alegría de compartir, se abre a la comunicación y a la responsabilidad en clima de con­fianza mutua. Así aprende también a comprender y a perdonar.

c)  El grupo como lugar de descubrimiento

      de la Iglesia

Cuando estos grupos se hallan dentro de amplias         145

comunidades educativas o cristianas que trabajan en un proyecto común, constituyen ya una vivencia concreta de Iglesia. Así se adquiere una mayor con­ciencia y se llega al descubrimiento de la Iglesia en cuanto comunión más profunda y como servicio uni­versal.

Sin embargo, esto sólo ocurre cuando en la comunidad están vivos los signos de la realidad eclesial: el esfuerzo de comunión entre personas, la presencia complementaria de vocaciones diversas, el juicio Evangélico sobre los acontecimientos, la celebración de la fe.

Es útil también el encuentro con otros creyentes, el contacto con otros grupos y comunidades cristianas Ion las que sea posible comunicar experiencias y Impartir proyectos comunes de trabajo social y Apostólico.

Es provechoso igualmente un conocimiento suficiente de la historia de la Iglesia, que ayude a descu­brir la presencia y acción de Jesucristo, que siempre sucita en ella nuevas energías de renovación y santidad.

b) Acto de fe en la Iglesia

Tendremos una etapa importante en el desarrollo del sentido eclesial cuando éste se haga acto de fe en la Iglesia.

    Acompañamos a personas y grupos hacia esta meta, ayudándoles a poner la palabra de Dios en el centro

100

El camino de la fe!

de la propia existencia. A su luz ésta se lee de nuevo y se aprende a compartirla y celebrarla con otros creyentes.

Se participa en la pastoral orgánica de la Iglesia local, se valorizan las enseñanzas del Papa y de los obispos, reconociendo su misión de unidad y de guía.

e) Experiencias de participación en la comunidad '

      cristiana

La experiencia positiva de participación juvenil en la vida de la comunidad cristiana hace crecer el sentido de pertenencia a la Iglesia. Cuando las comunidades cristianas acogen y valorizan su aportación de vitalidad, los jóvenes asumen sus propias responsabilidades, asimilan los valores y exigencias de la comunidad y se sienten estimulados a la creatividad y al compromiso.

f) Celebrar la salvación                                                      .

La participación más intensa en el misterio de la Iglesia se realiza en la oración, la escucha de la Palabra y la celebración de la salvación. En la fe se com­prende que la Iglesia es mediación del encuentro con Dios. Se vive esta mediación con gratitud, para configurarse a Cristo en el pensamiento y en la vida.

Siguiendo una tradición que viene de Don Bosco, proponemos este encuentro sobre todo, aunque no sólo, en los sacramentos de la Eucaristía y de la Re­conciliación. En ellos vivimos, junto a los jóvenes, la relación personal con Cristo que reconcilia y perdona, que se entrega y crea comunión, que llama y en­vía y estimula a ser artífices de una sociedad nueva.

La participación frecuente en estos sacramentos parece pasar por momentos de estancamiento. El secreto para superarla es educar en las actitudes que: están en la base de la celebración cristiana: el silen­cio, la escucha, la alabanza, la adoración; es formar

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'

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2. El camino de educación en la fe

101

en el lenguaje simbólico, concretamente en los sím­bolos fundamentales de los sacramentos; es ofrecer experiencias de celebraciones graduales y bien cuida­das acompañar todo ello con una catequesis sacra­mental con tal progresiva que haga ver la relación que hay entre la celebración y la vida juvenil iluminada por la lux de Jesucristo.

En todo esto hay que captar la profundidad del mis­terio y  la sensibilidad juvenil, pues son necesarias la educación en la celebración y la educación dentro de la celebración.

I.a catequesis de la Confirmación adquiere una función  importante como medio privilegiado para suscitar en  el chico y en el joven el sentido de la presencia del Espíritu y la voluntad de comprometerse por el Reino.

La catequesis del Matrimonio dispone para vivir el amor como persona madura, abrirse generosamente a la  vida y expresar la Iglesia en la propia familia.

102

El camino de la fe

Cuarta área

HACIA UN COMPROMISO POR EL REINO

Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu… En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común (Cor 12,4.7).

149

La vida como vocación

En la pedagogía salesiana de la fe la opción vocacional es el fruto maduro e imprescindible de todo crecimiento humano y cristiano. «Educamos a los jóvenes para que desarrollen su propia vocación humana y bautismal, mediante una vida diaria progresivamente inspirada y unificada por el Evangelio»

(Const. 37).                                                                         

La fe no puede reducirse a mero asenso intelectual. El creyente confiesa la verdad comprometiendo propia vida por la causa de Dios, salvador del hombre.

La vocación cristiana sólo se comprende haciendo

referencia al Reino, que es a la vez don de Dios y obra del hombre.

Dios es el protagonista, que desea la vida y la felicidad del hombre y realiza esta voluntad de muchos modos diferentes; el hombre es invitado a acoger este don con disponibilidad total y a jugarse la vida por el proyecto de Dios.

El cristiano, por tanto, vive su vocación reconociendo el señorío y el amor de Dios y comprometiendo sus propias fuerzas hasta la radicalidad. Aceptando que todo es don de Dios y que nosotros únicamente somos siervos; pero comprueba también la necesidad del duro esfuerzo cotidiano para vencer la potencia de la muerte y consolidar la vida. Somos, pues, verdaderos discípulos y amigos de Jesucristo porque esta-

103

mos dispuestos con él a cumplir la voluntad del Padre  sirviendo al hombre hasta la cruz.

El compromiso vocacional será en toda responsabilidad familiar, profesional, social y política; para  algunos florecerá en consagración de significado par­ticular: ministerio sacerdotal, vida religiosa, compro­miso, secular.

Descubrir el propio lugar en la construcción del  Reino.

El objetivo de esta área es ayudar a los jóvenes a                     150 descubrir su puesto en la construcción del Reino y a            asumirlo con alegría y decisión.

 Para llegar a esta meta, cabe imaginar algunos pa­sos, a  modo de etapas de un camino.

a)       Hacer aflorar lo positivo de todo joven

Todo joven tiene en sí cosas positivas; apoyándose               151

en ellas, pueden lograrse grandes resultados. «Todo joven... tiene un punto sensible al bien. La primera obligación del educador es descubrir ese punto, esa cuerda sensible del corazón, y sacar provecho de ella» (MB V, 367; MBe V, 266).

En primer lugar es preciso hacer aflorar estas cosas positivas  mediante un paciente trabajo de atención sobre sí mismo, de confrontación con los demás, de escucha y de reflexión.

De este descubrimiento gozoso de las propias posi­bilidades, a pesar de los límites y obstáculos, nace el deseo de hacer fructificar los dones recibidos.

Éstos son: primeramente la vida, hilo conductor de todo el camino de fe, que hay que aprender a administrar la salud; la inteligencia y el corazón; el patrimonio  humano y religioso de la familia; la amistad, los bienes materiales, las dificultades que ayudan a superarse...

El joven se mira a sí mismo y en su derredor, y descubre el lazo de solidaridad que une a las perso­nas entre sí.       

104

El camino de fe

b) Alegría de comunicar los propios dones

                                                                                                     

   No basta tener dones y posibilidades. Es preciso ser verdaderamente feliz con ellos. Aquí entran las primeras y diversas experiencias de compartir. El joven se entrena a la generosidad y disponibilidad. Son actitudes que producen alegría: para tener más vi hay que darla.

Se colocan, mientras, las bases de una vivencia cristiana sólida, tal como se ha descrito en las áreas anteriores, basada en un encuentro con Cristo que sea capaz de hacer resonar una invitación y una llamada, y en la percepción de la Iglesia como misión en el mundo, realizada de múltiples maneras y con variedad de medios.

Todo ello es imprescindible para referirse de algún modo a la vocación.

e) Propuesta vocacional explícita

Estamos en el momento del anuncio vocación. Hay una catequesis que encauza a los jóvenes, mediante la palabra y el contacto con modelos, hacia la reflexión vocacional. Les hace ver cuál es la vocación

de todos y cuáles son las diversas formas de servicio al Reino.

   A este anuncio el joven responde con la atención y la escucha: «¿Qué debo hacer, Señor?» (Hch 22, lO) se pregunta qué sendas seguir para atender la llamada a ofrecer su vida. Así se encamina a un diálogo interior donde cada uno debe escuchar y responder personalmente.

   La propuesta explicita de quien acompaña al joven le ayudará a vislumbrar posibilidades nuevas para su existencia. Para algunos la llamada procede de la presencia de modelos ricos en significado y cualidades evangélicas. En cambio, otros aseguran que nunca

habrían sabido interpretar la llamada, de no haberles

.

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153

2. El camino de educación en la fe

105


hecho invitación explícita a comprometerse en un género de vida como cristianos seglares, religiosos o presbíteros.

La propuesta llega a veces de una comunidad que, a la vez  implica y testimonia, es capaz de animar y de narrar su historia. La presentación del Fundador y la referencia afectuosa a los orígenes son determinantes para el nacimiento de algunas decisiones. Lo mismo cabe afirmar del conocimiento de los compro­misos actuales de la comunidad, particularmente de los más difíciles y significativos.


d) Discernimiento vocacional

El anuncio vocacional acogido estimula el discerni-    155

miento. El joven se valora a sí mismo y los dones recibidos a la luz de las invitaciones que se le han hecho y a los servicios y ministerios que fundamentalmente ya conoce. No lo hace sólo mediante un análisis racional, sino que se  abre a la generosidad y vive la llamada como iniciativa del Señor, procurando dar su sí  desde  lo íntimo de su conciencia. Sabe que la vocación va  a implicar toda su persona: preferencias, relaciones, energías y dinamismos.

Es un proceso delicado. Se trata de todo el univer­so personal en movimiento, que va organizándose en torno a una opción, que no depende sólo de intereses y cualidades naturales, sino de la disponibilidad a re­conocer la presencia de Dios en la propia vida y de en la propia vida y de una libertad capaz de aceptar la invitación de la gracia.

        Todos los elementos de la vida espiritual colaboran al buen resultado del discernimiento. Sin embargo, algunos merecen mayor atención:

- la oración-meditación, que hace pasar de la su­perficie de la vida a su interior: la persona se encuentra a sí misma y oye con mayor facilidad la llamada que le hace Dios;

la orientación personal o dirección espiritual, ca-­

106

 El camino de la fe

paz de ofrecer contenidos motivantes, de capacitar al joven para leer los signos en su vida personal, de iluminar los momentos de articulación vocacional, de verificar el camino de conocimiento, y de ayudar a superar la dependencia de estímulos externos e incluso del educador;

- el compromiso apostólico, que ayuda a madurar un amor que se hace donación en la comunidad cristiana y en la sociedad.

156

e) Opción vocacional

El discernimiento orienta hacia una primera opción vocacional.

Son muchos los factores que ayudan a individuarla: desde las inclinaciones espontáneas hasta la imagen que la comunidad cristiana ofrece como lugar donde comprometerse. El punto determinante, sin embargo, es que el joven logre ver todo esto como llamarada personal y esté dispuesto a responder como María:

Heme aquí, Señor.                                                            

Más que sobre un trabajo que hacer, sea religioso o profano, se concentrará en el sentido singular que debe dar a su existencia: hacer de ella una confesión del valor absoluto de Dios y respuesta a su amor.

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Presencia de María en el camino

La presencia materna de María inspira intensamente todo el recorrido en su conjunto y en cada área. Para todo joven se podrá repetir: «Todo lo ha hecho ella» (cf. SANTIAGO COSTAMAGNA, Conferencias a los hijos de Don Bosco, Santiago de Chile 1900, pág. 165).

María es la primera entre los creyentes y la discípula más perfecta de Cristo (d. MC 35). La palabra de Dios se hizo carne e historia en su alma y en su persona antes de hacerlo en su seno. Por ello, representa al vivo el camino fatigoso pero feliz de cada individuo de la humanidad hacia su plenitud. En María los caminos del hombre se cruzan con los de Dios. Es, ppr

 2. El camino de la educación en la fe

107

tanto, clave de interpretación, modelo, tipo y camino.

    María se sintió y fue proclamada dichosa, feliz en la pobreza, por el don de Dios, por su disponibilidad.

María acompañó a la Iglesia naciente; hoy participa con  la riqueza de su maternidad en la maduración histórica de la comunidad cristiana, y en su misión en el mundo.

3


ESPIRITUALIDAD JUVENIL SALESIANA


Lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis y vivisteis en mi, ponedlo por obra (Flp 4, 9).

PREÁMBULO

158

La espiritualidad salesiana

El camino de educación en la fe revela progresivamente a los jóvenes un proyecto original de vida cristiana y les ayuda a tomar conciencia de él.

El joven aprende a expresar un modo nuevo de ser creyente en el mundo, y organiza la vida en torno a algunas percepciones de fe, opciones de valores y actitudes evangélicas: vive una espiritualidad.     

La investigación sobre una espiritualidad juvenil salesiana, idónea para los tiempos nuevos, tuvo, en los capítulos generales especial y veintiuno, momentos históricos de profundización. Ahora el XXIII Capítulo General la re lanza a las comunidades y entre los  jóvenes. La búsqueda sigue; pero la realidad viene de  lejos.

La primera formulación aparece en el sueño de los

nueve años: «Hazte humilde, fuerte y robusto» (MB 1 125; MBe 1,116). Para ello, Juanito Bosco recibirá en María una madre y maestra que le ac6mpañará en misión juvenil.

Más tarde, en el ámbito de Valdocco, inspirado por Don Bosco, florecen expresiones diversas de santidad y de vida en el Espíritu. Las biografías de Do-

t Espiritualidad juvenil salesiana

109

mingo Savio, Francisco Besucco y Miguel Magone describen la santidad juvenil del primer oratorio, que, reconocida oficialmente por la Iglesia, será ofre­cida a toda la juventud mediante la canonización de Domingo Savio y la beatificación de Laura Vicuña.

Por otra parte, nuestra tradición siempre ha presentado el sistema preventivo como proyecto de espi­ritualidad. En el trinomio 'razón, religión, y amor', fundidos en una sola vivencia por la gracia de unidad, se hallan el contenido y el método del acompaña­miento espiritual.

El Joven Cristiano [Juventud Instruida] y los Reglamentos escritos para los alumnos de las casas salesia­nas transmiten, en el contexto sencillo de la vida or­dinaria, las líneas de la espiritualidad salesiana.

Salesiana no es, por tanto, el distintivo particular de un grupo; señala la fuente carismática unida a la corriente espiritual del humanismo de san Francisco de Sales, aplicado por Don Bosco en el oratorio.

es espiritualidad juvenil

El protagonismo juvenil halló en Valdocco un espa-    159

cio amplio en todos los sectores de la vida, hasta el punto de que los jóvenes fueron llamados por Don Bosco a ser cofundadores, con él, de una nueva Congregación.

Por su parte, los jóvenes le ayudaron a iniciar, en la vida, de cada día, un estilo de santidad nueva, acomo­dada, a las exigencias típicas del desarrollo del chico. Fueron así, de algún modo simultáneamente discípu­los y maestros.

En  todas las comunidades salesianas hoy, igual que ayer en el oratorio de Don Bosco, el compromiso es­piritual nace de un encuentro que hace brotar la amistad, de la que manan la referencia continua y la

compañía buscada para ahondar en la vocación bau­tismal, y el camino hacia la madurez de fe.

El dicho «quiero estar siempre con Don Bosco» (cf.

110

El camino de la fe

MB V, 526; MBe V, 375; cf. también MB VI, 334-335; MBe VI, 257) indica la opción de un modo particular de crecer en la vida del Espíritu: la experiencia de vida cristiana es anterior a la reflexión sistemática.

es, por lo tanto, una espiritualidad educativa

160  Poner al joven, con sus dinamismos interiores, en el centro de la atención del educador y como criterio práctico para establecer los itinerarios que hay que seguir, es la característica fundamental de la espiritualidad juvenil: es una espiritualidad educativa. '

Se dirige a todos los jóvenes indistintamente, pero: da la preferencia a los más pobres. Asumir los retos de quienes están lejos o son ajenos a la fe y la irrelevancia de ésta en la vida, pide que los educadores acompañen y compartan la vida de los jóvenes:, «Amad lo que agrada a los jóvenes -repite Don Bosco  a los salesianos en la situación actual-, y los jóvenes amarán lo que es del gusto de los superiores» (cf. MB XVII, 111; MBe XVII, 102).

La meta del trabajo del salesiano es hacer que los jóvenes crezcan en plenitud, hasta «la medida de Cristo, el hombre perfecto» (d. Ef 4, 13. 15). 

3. Espiritualidad juvenil salesiana

PRESENTACIÓN SINTÉTICA

Núcleos fundamentales

Con objeto de ayudar a las comunidades en una           161 lectura rápida de la propuesta y estimuladas a una profundización posterior, se ofrece una descripción de los núcleos de la espiritualidad juvenil salesiana.

1.       Espiritualidad de lo cotidiano

Lo cotidiano inspirado en Jesús de Nazaret (cf. Consto 12) es el lugar donde el joven reconoce la presencia activa de Dios y vive su realización per­sonal.

2.        Espiritualidad de la alegría y el optimismo

      Lo cotidiano se vive con alegría y optimismo, sin por ello renunciar al esfuerzo ni a la responsa­bilidad (cf. Consto 17 y 18).

3.        Espiritualidad de la amistad con Jesucristo, el

Señor

       Lo cotidiano es recreado por el Cristo de la Pas­cua (cf. Const. 34), que da las razones de la espe­ranza e introduce en una vida que halla en él la plenitud de sentido.

4.        Espiritualidad de comunión eclesial

       Lo cotidiano se experimenta en la Iglesia (cf. Const. 13 y 35), ambiente natural para crecer en la fe por medio de los sacramentos.

En la Iglesia encontramos a María Santísima (cf. Const.20 y 34), primera creyente, que precede, acompaña e inspira.

5.       Espiritualidad de servicio responsable

Lo cotidiano se les entrega a los jóvenes en un servicio (cf. Const. 31) generoso, ordinario y ex­traordinario.

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1

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El camino de la fe

 

      1. Espiritualidad de lo cotidiano                                    

        Es síntesis entre fe y vida

     El reto fundamental para un creyente y para una comunidad es transformar, en virtud de la fe, la vida ordinaria en vivencia evangélica Es fácil proclamarse cristiano de modo genérico; pero es difícil vivir como cristiano, cortando los nudos que hacen problemática la existencia y abriéndose a las exigencias prácticas de las bienaventuranzas. La armonía interior de un joven y su alegría de vivir requieren la gracia de unidad.

En la vivencia salesiana esto es una intuición, gozosa y fundamental a la vez: no es necesario alejarse de la vida ordinaria para buscar al Señor.

Las primeras páginas del 'Joven Cristiano' ('Juventud Instruida') proclaman esta necesidad juvenil: "Quiero que seáis felices» (cf. MB III, 9; MBe III, 20: "Voy a indicaros un plan de vida que pueda manteneros alegres y contentos»). Cuando los salesianos, prolongando al Don Bosco de Valdocco, viven la caridad pastoral y crean un ambiente de familia donde «se' siente la necesidad y la alegría de compartirlo todo» (Const. 16), facilitan la armonía y suscitan en los jóve­nes la pregunta sobre la felicidad.

es descubrimiento de la Encarnación

En la base de la valoración positiva de la vida coti­diana se halla el descubrimiento continuo del hecho de la Encarnación. La condición humana de Jesucris­to revela que Dios está presente en la vida y afirma la trascendencia divina. Jesús hombre es el sacramento, del Padre, la gran mediación definitiva que hace cercano y presente a Dios.

Nos enseña que el lugar para encontrar a Dios es la realidad humana: la nuestra y la ajena, la actual y la histórica. «Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis» (Mt 25, 40). Por consiguiente, es la vida hu-­ 

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3. Espiritualidad juvenil salesiana

113

mana  la que nos introduce en el acontecimiento de la

  Encarnación.

    La vida es, por tanto y primeramente, don ofrecido a todos; don misterioso, por las expectativas que sus­cita  a manera de cofre que encierra significados y horizontes imprevistos.

 es amor a la vida

Asumir con coherencia lo ordinario de la existencia; aceptar los retos, interrogantes y tensiones del crecimiento; procurar recomponer los fragmentos en la unidad realizada por el Espíritu en el bautismo; trabajar en superar las ambigüedades que hay en la vida de cada día; fermentar con el amor cualquier opción: tal es el paso obligado para descubrir y amar lo cotidiano como realidad nueva donde Dios actúa como padre.

    En el afecto del salesiano que «con bondad, respeto y paciencia» (Const. 15) acompaña la realización de su personalidad y en la acogida incondicional de la comunidad que muestra su predilección por ellos (cf. Cont. 14), los jóvenes descubren un signo de Dios que ama y previene.

    A pesar de las experiencias negativas de la paterni­dad o de las relaciones familiares que puedan haber vivido el corazón nuevo que se están construyendo les ayuda a mirar el mundo de manera distinta.

    Esta mirada ayudará a percibir que en el origen de nuestra vida, tal como es, con sus impulsos y aspira­ciones, hay una llamada de Dios.

«Amar la vida no fragmentada, sino proyectada como vocación, quiere decir aceptar la llamada a tra­bajar como constructores de humanidad, de justicia y de paz […] Amar la vida en toda su profundidad,  abierta a la cultura y a los ideales, a compartir y a ser solidario, siendo capaz de la valentía de soñar como Don Bosco mundos nuevos, hombres nuevos» (REC­TOR MAYOR en Confrontación DB 88).

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114

                2. Espiritualidad de la alegría y el optimismo

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La alegría de la bondad                                               

    Lo que aparece evidente en Valdocco es la alegría, el optimismo, la esperanza.                                               

Don Bosco es el santo de la alegría de vivir. Sus chicos aprendieron tan bien la lección, que afirmaban, con lenguaje típicamente oratoriano, que «la  santidad consiste en estar muy alegres»  (cf. MB V, 356; MBe V, 256).

    Don Bosco ofreció a los jóvenes marginados de su tiempo la posibilidad de experimentar la vida como  fiesta y la fe como felicidad.

    La música, el teatro, las excursiones, el deporte y la alegría cotidiana de un patio siempre han sido valorizados por la pedagogía salesiana como elementos

Educativos de  importancia capital.  Suscitan numerosas energías de bien, que se orientarán hacia un compromiso de servicio y de caridad.                             

    La fiesta salesiana nunca es manifestación de un vacío interior que busca compensaciones; ni ocasión  para distraer de una realidad que muchas veces es dura y que, por tanto, se desea esquivar; es ocasión para construir amistad y desarrollar cuánto hay de positivo en los jóvenes.                                                                    

    Este estilo de santidad podría maravillar a ciertos expertos de espiritualidad y pedagogía, temerosos de que disminuyan las exigencias evangélicas y los compromisos educativos. Sin embargo, para Don Bosco la fuente de la alegría es la vida de gracia, que impone al joven un difícil tirocinio de ascesis y de bondad.

y el esfuerzo del crecimiento

Don Bosco, durante toda su vida, encaminó a los jóvenes por la senda de la santidad sencilla, serena y alegre, uniendo en una sola experiencia vital el patio,

3. Espiritualidad juvenil salesiana

115

 el estudio, serio y un constante sentido del deber.

    Hoy ofrece, como respuesta fiel al amor gratuito de

Dios, una valiosa lectura del Evangelio con el espíritu de  las bienaventuranzas, la cuales proclaman, ante todo, quién es Dios para nosotros y cuál debe ser nuestro compromiso de creyentes para edificar su  Reino. Al estimular a vivir en unidad la alegría y el deber nos enseñan también a asumir, en el seguimiento  de Cristo, la cruz en cuanto dimensión pascual de la opción evangélica y, por consiguiente, del desa­rrollo en humanidad según la talla de Cristo, muerto y resucitado.

    Fuera  de un camino seriamente comprometido resulta cada vez más difícil. El salesiano lo recordará con frecuencia a sus jóvenes, cuando tengan la impresión de que reestructurar la propia vida a la luz del Evangelio requiere el alejamiento de bienes irrenunciables.

    La libertad, la justicia, la solidaridad y la corporeidad  pondrán muchas veces al joven creyente ante una alternativa: o estar con Jesucristo el Señor aceptando la tribulación de la fe, u optar por realizar la vida fuera de su zona de influencia.

    Es un momento crucial, un paso arduo pero necesario, para llegar a la síntesis donde se experimenta la dicha de: contemplar simultáneamente al Señor de la de la vida y de  la historia.

    Juan Pablo II, con intuición feliz, definió el lugar de la infancia y adolescencia de Juanito Bosco como colina de las bienaventuranzas juveniles, porque de ella parte un mensaje de alegría y responsabilidad para los jóvenes que miran a Don Bosco como a padre y maestro.

3. Espiritualidad de la amistad

    con Jesucristo  el Señor

Encuentro con Jesucristo resusitado

    Vivir el espíritu de las bienaventuranzas con el estilo de Val-

/

167

116

El camino de la

168

docco es hacer surgir una amistad íntima entre Jesucristo y el joven. Ya no se contenta con primer encuentro ni con la simpatía hacia el Señor; se quiere ahondar su conocimiento y la adhesión a persona y a su causa. Se busca un respuesta concreta a su amor, correspondiendo mediante el compromiso y la generosidad. Cuando los jóvenes llegan a esta relación con Jesucristo el Señor, se abren a la radicalidad evangélica.

La experiencia del oratorio con la historia personal y comunitaria de Domingo Savio, Francisco Besuco y Miguel Magone dice que todos los jóvenes pueden recorrer la senda de esta amistad con Cristo.

Amigo, maestro y salvador son términos que describen la centralidad de la persona de Jesucristo en la vida espiritual de los jóvenes con estilo salesiano.

    La dimensión personal de la relación -«Jesús es mi amigo y compañero», afirma Francisco Besuco- El Pastorcillo de los Alpes, JUAN BOSCO, Obras fundamentales, BAC, Madrid 1987, estimula a conocer la totalidad del misterio de Cristo, muerto y resucitado.            , ,

para adquirir un corazón nuevo

Era preocupación constante de Don Bosco el edificar en la fe caminando «con los jóvenes para llevarlos a la persona del Señor resucitado, de modo que [...crecieran] como hombres nuevos» (cf. Consto 34)

    Le gustaba repetir que «la educación es cosa de corazón». También el camino de la espiritualidad requiere un corazón nuevo. Si no se llega a ese centro que mueve la vida humana, no se logrará ninguna conversión profunda y duradera.    

En contacto con el Señor resucitado, los jóvenes adquieren un amor más intenso a la vida. En amistad con el Señor resucitado se forja un corazón oratoriano que vibra con la alborozada sensibilidad juvenil y con la fuerza silenciosa pero eficaz del Espíritu Santo.

3. Espiritualidad juvenil salesiana

117

1

4. Espiritualidad de comunión eclesial

Deseo de vivir en compañía

    Sostenidos por una espiritualidad que nace de la             169

I relación entre personas que tienen en Cristo un ami­go común, los jóvenes de los ambientes salesianos sienten una necesidad grande de estar juntos. Como amigos comparten y celebran la alegría de vivir, para ayudarse unos a otros. Así son levadura en medio de los demás chicos y jóvenes.

    Por exigencia natural, además, organizan, y de algún modo institucionalizan, la amistad creando gru­pos  de acuerdo con los intereses más variados de su existencia: desde el juego hasta la cultura y el com­promiso religioso.

    A menudo, entre los grupos se desarrolla una conexión, porque ven que participan en los mismos ideales y valores.

    Así  se orientan hacia un movimiento juvenil inspirado  en los rasgos espirituales de Don Bosco.

para una comunión en la responsabilidad

La relación personal con Cristo resucitado y la ex-          170 periencia de grupo desembocan en una relación filial con la Iglesia.

Don Bosco fue un hombre de comunión. Enseñó a los jóvenes a vivir el misterio de la Iglesia, que contiene, en la debilidad de lo humano, la gracia invisible de la presencia de Dios.

Su  testimonio personal de cada día y el ambiente de familia creado en el oratorio suscitaron en los jóvenes  el sentido de la colaboración y corresponsabilidad.

También hoy la diversidad de intereses, dones y valores que conviven en la comunidad educativa son un testimonio de la presencia del Señor, que une a todos en un solo corazón y en un alma sola. Tal espíritu de familia es signo eficaz de la Iglesia que se desea cons-

I

118

El camino de la fe

truir juntos, para un servicio fraterno al más necesitado.

hacia la Iglesia particular         i'

    La historia de los jóvenes del oratorio, mientras vivía Don Bosco, abunda en expresiones concretas de amor a la Iglesia.

La comunión busca continuamente el modo unirse a todas las fuerzas que trabajan por la salvación y por la edificación del reino de Dios.

Esta comunión se manifiesta en la estima y fraternidad activa hacia los pastores y cuantos cooperan para el bien de todos, particularmente de los jóvenes.

Busca, además, el diálogo y entendimiento con los responsables de la pastoral local, dejándose guiar por una visión madura de fe, capaz de comprender y aceptar los aspectos humanos de la Iglesia, sus limitaciones y sus carencias.

Se abre, por último, a los problemas humanos y juveniles que surgen en los diversos contextos.

    La espiritualidad se mide y crece en la confrontación con la historia de las personas.

hacia la Iglesia universal

 Sentir como propios los grandes intereses de la Iglesia universal, interviniendo de manera proporcionada a la capacidad de cada uno, es algo constante en la .historia salesiana.

    La preparación de la primera expedición misionera de nuestra Congregación, por ejemplo, tiene el sabor de una gran aventura religiosa: todo el oratorio se veía involucrado, y cada uno se sentía parte activo. Fue una experiencia que desarrolló entre los jóvenes una viva sensibilidad hacia el carácter  mundial del trabajo apostólico.           

Uno de los elementos que forman la espiritualidad juvenil salesiana es el amor explícito al Papa y la adhesión convencida a su magisterio. La persona del

171

172

                          

3. Espiritualidad juvenil salesiana

119

Sumo Pontífice es signo visible de unidad para toda la Iglesia. Es una presencia providencial para el servicio que realiza en el nombre de Cristo Señor a favor de toda la humanidad.

Cristo encontrado en los sacramentos

       El encuentro y la relación con Cristo resucitado se          173

viven de manera particular en la celebración de los sacramentos.  La tradición salesiana reconoce y afirma su impor­tancia  en el crecimiento cristiano de los jóvenes.

       Actualmente, siguiendo la renovación conciliar, las comunidades revalorizan los sacramentos de la iniciación.

Así, el Bautismo, inicio del camino de educación en la fe, compromete a los jóvenes en una catequesis renovada y en un testimonio de vida coherente con su configuración a Cristo, el Señor.

Así, la Confirmación, sacramento que lleva a realizar la madurez de la fe mediante los dones del Espíri­tu, asume importancia particular en la edad juvenil.

Sin embargo, la pedagogía de santidad en Don Bosco evidenció, de modo privilegiado, el valor educati­vo de la Reconciliación y de la Eucaristía.

un el sacramento del perdón .¡,

El sacramento de la Reconciliación, que celebra el             174 de Dios más fuerte que el pecado, Don Bosco lo presentaba a sus jóvenes como uno de los pilares fun­damentales del edificio educativo.

Por ello, en Valdocco se celebraba con frecuencia y se  le prestaban atenciones particulares.

Se cuidaban, ante todo, su preparación en un am­biente acogedor, rico de amistad y fraternidad. Así se ayudaba a los jóvenes a superar la natural renuencia a manifestar los secretos del propio corazón.

Se procuraba orientarlo hacia la vida, es decir, tenía que mejorar las relaciones interpersonales; crear

"

120

las condiciones para un esfuerzo más evidente en el cumplimiento de los deberes personales; sostener la conversión y renovación del corazón, para que el joven pudiera darse a Dios con un propósito eficaz.

Por último, se prolongaba en la dirección espiritual para reforzar la adhesión al Señor, y en el encuentro fraterno con el educador compartiendo gozosamente la vida.  

    Los frutos educativos del sacramento de la Reconciliación son muchos:

                     - Los jóvenes, sostenidos por un amor que comprende y perdona, encuentran la fuerza para reconocer su pecado y su debilidad, necesitada de apoyo y acompañamiento o;                                          I

   - aprenden a resistir la tentación de la autosuficiencia;

    - ofrecen el perdón, para intercambiar la reconciliación recibida;

    - se educan en el respeto a las personas;

    - se forman una conciencia recta y coherente          

Acudir con regularidad al sacramento de la Reconciliación da eficacia al proceso de conversión y renovación

en el sacramento de la Eucaristía

La celebración de la Eucaristía, preparada en clima de solidaridad y amistad, se vive como encuentro festivo, lleno de símbolos y expresiones juveniles. Es celebración gozosa de la vida.   I

Resulta, así, para los jóvenes un momento significativo de crecimiento religioso.

En el sistema salesiano se dice que es el segundo pilar del edificio educativo. En la Eucaristía aprende el joven a organizar su vida a la luz del misterio de

Cristo que se da por amor.                                                   

    Aprende a supeditada, ante todo, a las exigencias de la comunión, superando egoísmos e inhibiciones.

    Es llevado a buscar la donación generosa de sí mis-

175

3. Espiritualidad juvenil salesiana

121

mo, abriéndose a las necesidades de sus compañeros y comprometiéndose en actividades apostólicas adecuadas a su edad y maduración cristiana.

   La Eucaristía es, así, para él fuente de nuevas energías

 de crecimiento en la gracia. «La educación en el

verdadero amor pasa necesariamente por la Eucaristía» (RECTOR MAYOR, ACG núm. 327, pág. 13).

    La tradición salesiana recuerda otra expresión típi­ca

 de relación con la persona de Jesucristo el Señor:

la visita y oración ante el Santísimo Sacramento. Don

Bosco insiste en la visita como medio para agradecer

a Dios los dones de la existencia.

    en la oración

       La oración, hecha con estilo salesiano, posee algu-     176

    nas características particulares.

Es la oración del buen cristiano, sencilla y popular: ahonda sus raíces en la vida. Le gusta el clima festivo de los encuentros de jóvenes, pero sabe encontrar también el momento para un diálogo personal con el Señor. Se expresa con fórmulas breves y espontáneas, tomadas de la palabra de Dios y de la liturgia.

Cada generación está llamada a inventar su oración, con fidelidad a la tradición y en confrontación valiente con la cultura y sus problemas.

Por ello, la oración salesiana sabe aceptar las nue­vas modalidades que ayudan a los jóvenes a encontrar al Señor en la vida cotidiana. O sea, es flexible y crea­tiva siempre atenta a las orientaciones renovadoras. Ir la Iglesia.

Don Bosco empleaba con más frecuencia el término piedad que el de oración. La piedad expresa la cociencia de estar inmersos en la paternidad de Dios y mira, más que a las palabras, a los gestos del amor de quien desea agradar en todo al Señor.

María, Madre y Auxiliadora de la Iglesia

La espiritualidad juvenil salesiana da un puesto de   177

privilegio a la persona de María.

122

El camino de la

Don Bosco, desde el principio de su vocación en el sueño de los nueve años, la recibió como guía y apoyo (cf. Consto 8). Con su ayuda materna cumplió el

plan que el Señor tenía sobre su vida. Al final, pudo decir con verdad: «Todo lo ha hecho María» (cf. SAN

TIAGO COSTAMAGNA, O.C. pág. 165).                       .

    Los jóvenes, en contacto con la comunidad salesiana, aprenden a mirar a María como a la que «infunde  esperanza» (cf. Consto 34) y les sugiere algunas actitudes típicamente evangélicas: la escucha, la fidelidad, la pureza, la donación, el servicio. I

Todos los jóvenes tienen algunas épocas difíciles de transformación, pero también de entusiasmo, por la novedad que los espera y que desean con. toda su

alma. María, invocada y honrada bajo el título de Auxiliadora, es para ellos «signo de esperanza cierta y de consuelo» (LG 68).

Cuando los jóvenes que viven en el ambiente salesiano llegan a una devoción mariana motivada, descubren los horizontes hacia donde los impulsa María

Auxiliadora: un ardiente celo apostólico en la lucha contra el pecado y contra una visión del mundo y del hombre contraria a las bienaventuranzas y al mandamiento nuevo.

5. Espiritualidad de servicio responsable

Hacerse ciudadanos honrados

y buenos cristianos

El joven creyente, impulsado por el Espíritu, está al servicio del hombre, como hace la Iglesia, experta en humanidad. El servicio mide el camino de la espiritualidad.

Don Bosco, padre y maestro de la juventud, instaba a sus jóvenes a ser «ciudadanos honrados y bueno cristianos». La síntesis de ambos elementos es el fruto más maduro de la espiritualidad juvenil. La simplicidad de la fórmula esconde la labor que debe hacerse: y el compromiso nunca realizado del todo.          

178

3. Espiritualidad juvenil salesiana


123

    Ser ciudadano honrado supone hoy, para un joven, promover la dignidad de la persona y sus derechos, en todos los contextos; vivir con generosidad en la familia y prepararse para formarla sobre bases de la donación recíproca; favorecer la solidaridad, espe­cialmente para con los más pobres; realizar el propio trabajo con honradez y competencia profesional; promover la justicia, la paz y el bien común en la políti­ca, respetar la creación; favorecer la cultura (cf. ChL  17 Y 44).

con  la creatividad del amor

La historia de los jóvenes en el oratorio, cuando      179  aún vivía Don Bosco, es rica en este aprendizaje de la vida cristiana: estar al servicio de los demás, de ma­nera ordinaria y a veces con formas extraordinarias.

 Hoy día se abren ante el joven nuevos campos de servicio. Por ejemplo, la animación educativa y cultu­ral en el territorio para vencer la marginación y defender una cultura de participación, y el voluntariado civil y misionero para colaborar con otros organismos en la promoción humana y en la evangelización.

El amor a la vida, en el signo del Espíritu y con el estilo de Don Bosco, sabe encontrar cauces adecuados para dar salida a las mejores energías del mundo juvenil.

hasta comprometer toda la vida

como y con Don Bosco

Muchos jóvenes son ricos en recursos espirituales,      180

Presentan gérmenes de vocación apostólica y llegan hasta hacer madurar el encuentro y simpatía inicial por Don Bosco en voluntad de darse a él para continuar  su misión.

El conocimiento de los problemas que viven a diario sus compañeros encuentra en muchos jóvenes la primera respuesta de actuación educativa.

Muchas vocaciones nacen, de hecho, de una expe-­

124

El camino de la fe

riencia de servicio en un barrio, en arrabales pobres,

en una catequesis del oratorio, en la visita a los enfermos, en tareas de voluntariado y de educación. Los jóvenes se preguntan: ¿A qué espacios sociales y eclesiales puedo ir para demostrar mi amor a la vida y al Señor de la vida? Para algunos es cierta la llamada a formar una familia y a ejercer una profesión, como servicio responsable a la Iglesia y a los hombres. Otros tienen cada vez más clara su opción por el sacerdocio y la vida religiosa.                .

Todos, en uno y otro caso, guiados por el Espíritu del Señor y animados por los valores de la espiritualidad salesiana, acogen y viven la propia existencia como vocación.

ALGUNOS NÚCLEOS

MÁS IMPORTANTES'

DE LA EDUCACIÓN EN LA FE

Hermanos, vuestra vocación es la libertad: no una libertad para que se aproveche el egoísmo; al contrarío, sed esclavos unos  de otros por amor (Gal 5, 15).

    El camino de fe y la espiritualidad juvenil salesiana asumen con seriedad el compromiso del joven que trabaja por construirse una identidad conciliando dinámicamente los impulsos de sus energías internas, los numerosos y variados mensajes o propuestas que surgen del contexto y los horizontes que le permite vislumbrar la hora actual.

La fe en Cristo se sitúa en el centro de esta tarea como fuente de sentido, esperanza de vida futura, don de Dios y energía que transforma la historia.

    El influjo de la fe en la vida, o su irrelevancia prác­tica se manifiestan hoy en algunos aspectos de la existencia individual y de la cultura, que por ello re­sultan  su banco de pruebas,

No se trata de puntos particulares, sino de espacios donde se concentran el significado, la fuerza y los aspectos conflictivos de la fe.

Vamos a ver tres de ellos,

1.        FORMACIÓN DE LA CONCIENCIA

Fuerte sentido de la libertad

   Una  mirada al mundo moderno hace ver inmedia-

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182

                            

126

El camino de I!

                                                                       '1

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tamente algunos criterios de conducta que para nosotros son ocasión o dificultad en la labor de educar a los jóvenes en la fe.

Fuerte es el sentido, ante todo, de la libertad individual. En el campo político como en el religioso, en la mentalidad y en los modos de vivir, la libertad es para todos un bien inviolable. Se está dispuesto a renunciar a muchas cosas, pero no a la autonomía de determinación.

Norma que no se interioriza, no sólo pierde significado en el cuadro orgánico de los valores personales sino que es ignorada formalmente. Se llega incluso a actitudes de relativismo que cierran a la verdad moral objetiva.

Su reflejo en los jóvenes

En los jóvenes se refleja esta situación general, cuando ya se hallan bajo el influjo de otros elementos característicos de su edad que hacen más difíciles las intervenciones para formar su conciencia.

    La fuerte carga emotiva, ligada al desarrollo de la persona y a la fragilidad volitiva, los pone, respecto a  las normas de la conciencia, en condición de debilidad: oyen su voz, pero de manera apenas perceptible; entrevén la orientación que deben seguir, pero sin la lucidez necesaria.             I

A menudo corren peligro de adoptar actitudes ambiguas, acosados por las solicitaciones que reciben de los medios de comunicación social y por efecto de lo que comúnmente llamamos moda.

    Las posibilidades de acceso y opción que se les ofrecen por todas partes, son excesivas e impiden una selección coherente de valores armonizados entre sí, pues se ven más llevados a superponer criterios y referencias llegados de fuentes diversas, que a elaborar un código coherente de vida.

Pero, por encima de sus limitaciones, la conciencia juvenil acoge de forma espontánea el nuevo humanis-­

                                                                                              

1

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4. Algunos núcleos de la educación

127

mo (cf. GS 55) y sus valores: sentido de la libertad, dignidad absoluta de la persona, sentido del propio  de vida, necesidad de autenticidad y autono­mía. Son  aspectos que se abren al Evangelio.

185

    Es una situación como la que acabamos de insinuar ¿Será posible formar la conciencia moral? El educador comprende que el camino de educación en la fe tiene un punto de paso obligado en la formación de la conciencia. Sabe que la conciencia es el lugar de encuentro personalizado entre el hombre y Dios; el sagrario de Dios, en cuya inviolable interioridad el hom­bre oye la palabra-llamada de Dios y le da respuesta.

    Una conciencia distorsionada es simultáneamente causa y efecto de una visión falseada de Dios, de su palabra y de la salvación. Impide, por tanto, cual­quier proyecto de fe que quiera plantearse sobre Dios Padre,, sobre Cristo Salvador, sobre la construcción de su Reino y sobre espiritualidad.

Intervención educativa

186

Desde un punto de vista global, hay que educar en una mentalidad de fe que no tema confrontarse con los valores, sino que los dirija hacia contextos regidos por la ley humana y por el Evangelio.

Para lograrlo, convendrá tener en cuenta algunas indicaciones.

La primera es ayudar al joven a adquirir la suficiente capacidad de juicio y de discernimiento ético. Debe estar en condiciones de distinguir el bien del mal, el pecado y las estructuras de pecado, la acción de Dios en su persona y en la historia. Tender a un discerni­miento de este género, como eje de formación de la conciencia, significa también aclarar el objetivo de toda la formación moral: hacerse capaz de ejercer moralmente la propia autonomía y responsabilidad.

Pero conviene no olvidar que sólo se logra una conciencia cristiana cuando se ayuda al joven a con­

128

frontar su vida con el Evangelio y con el magisterio

eclesial.

    En el proceso educativo.la apertura a la verdad

objetiva es condición previa para aceptar la palabra de Dios.

    Es un reto que obliga al educador a ser fiel en sentar de manera íntegra los principios morales, comprendiendo la situación concreta de los jóvenes.

    Se necesita igualmente una seria formación Critica acerca de los modelos culturales y ciertas normas de convivencia social que contrastan con valores fundamentales. Hay que saber tomar posición frente a ellos, provocando una situación de objeción sobre la base de la propia conciencia, inspirada en Cristo y su Evangelio. Esto defiende de ambigüedades justificadas racionalmente, de ideologías recurrentes y de  superficialidad de juicio acerca de los acontecimientos, cuya naturaleza más profunda delata.

    Muchos abandonos del compromiso religioso se han debido a una fe no injertada en la cultura, o a un malogrado crecimiento cultural en el campo religioso, que .no ha acompañado adecuadamente al progreso técnico.

Lectura evangélica de la realidad

    Por otra parte, para poder formular juicios acerca de los movimientos culturales del propio tiempo y sobre los valores que continuamente emergen de la historia, es imprescindible saberlos leer evangélicamente. La palabra del Señor tiene dentro de sí criterios insustituibles que permiten dar un juicio de valores sobre los actos del hombre.

    Cuando el Evangelio anuncia la Buena Noticia quiere calar en la vida de las personas y ofrecerles una visión de la realidad en cuyo centro está la relación con Dios Padre y con su Hijo Salvador. Para intervenir educativamente, por tanto, no basta expresar

188

 

.

187

4. Algunos núcleos de la educación

129

una condena rápida de cuanto sabe a lluevo y no corresponde a lo que se ha hecho siempre.

    De cara a la educación en y de la fe es in dispensa­ble situarse positivamente en los espacios Significa­tivos de la vida moderna y afrontaros con compe­tencia.

Catequesis específica

189

    No siempre es fácil, sobre todo a los jóvenes, pasar de los principios evangélicos a la concreción de la  vida cotidiana.

    Se necesita una catequesis que ayude a valorar la moralidad de los gestos y comportamientos, para mo­tivar la conciencia -último criterio subjetivo del ac­tuar- y para captar la relación entre norma y fe, entre cultura y fe.

El ambiente y el testimonio son sus elementos deter­minantes.

Sentido del misterio, del pecado,

de la limitación

190

Existe por último, otro aspecto importante que recordar: el sentido del misterio que envuelve la vida de ludo hombre.

Al  lado del misterio luminoso que nos vincula al Señor y que se realizó en la encarnación del Hijo de Dios y con el don del Espíritu que mora en nuestros corazones, existe también, y constatamos que actúa en todos nosotros, el misterio de la iniquidad y del pecado. Ninguna conquista podrá ocultar la debilidad que llevamos dentro desde que comenzamos a vivir que  con gestos, palabras, intenciones y durezas de co­razón crece cada vez más, cegando nuestros ojos ante , el bien y haciendo vacilantes nuestros Pasos en el camino de la santidad.

Somos criaturas; somos, por ello, limitados y frági­les. Es la base constitutiva de nuestra identidad personal y de la moral natural. Somos pecadores y, por

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191

tanto, necesitados de luz y de fuerza. Educar en el misterio del hombre es educar en el sentido de la medid de sí mismo y de las propias posibilidades reales.

Necesidad de confrontarse con una norma

De esta situación nace la necesidad de confrontarnos con la norma, cuya función es iluminar y sostén  del desarrollo de la vivencia.

   Existe, ante todo, una norma que se ha de tener en cuenta en las orientaciones y decisiones personales.

   Contamos también con la experiencia de la Iglesia que recoge de la vida de los creyentes iluminado por la palabra de Dios, de la atención inteligente a los signos de los tiempos y de la historia de la santidad reconocida y oculta, las líneas fundamentales de una existencia cristiana.

El camino no es fácil. Requiere contacto diario con la vida del joven, amplia disponibilidad para el diálogo y la dirección espiritual. y gran estima y experiencia vital del sacramento de la Reconciliación.

2. EDUCACIÓN EN EL AMOR

Situación

   Nuestro contexto sociocultural estimula y facilita la comunicación y el intercambio afectivo.      

   Por su parte, los jóvenes apuestan por el amor con gran resolución, desafiando prejuicios y censuras culturales, estimuladas por la edad, deseosas de colmar carencias afectivo-familiares y sensibles al valor del, encuentro-intercambio como expresión de donación y confianza.

Anhelan vivir este don. Sin embargo, por una serie de condicionamientos internos y externos, sólo lo­gran hacer de él un uso consumista.

El amor es, ciertamente, una dimensión fundamen­tal de la persona. Es el resorte que hace saltar la vida.

192

4. Algunos núcleos de la educación

131

     Es lo que da sentido a la existencia, abriéndola a la comprensión y a la oblatividad.

     I.os jóvenes lo viven con totalidad y exclusividad, hasta el punto de posponerle cualquier otro valor y compromiso,

La radicalidad con que se entregan no corresponde, sin embargo, a la duración del ofrecimiento, Lo viven en su fugacidad. Y, si bien el encuentro tendería a realizar un deseo de autenticidad, a menudo la fuerza del sentimiento se ve arrollada por la carga sexual.

    La búsqueda de la persona a quien amar aísla necesariamente de los demás y del grupo, y pronto lo abandonan.

Consecuencias para el camino de fe

    Todo esto se refleja en el plano de la construcción de la personalidad y en el más específico de la madu­ración de la vida cristiana.

    Cuando el amor se vive de manera conflictiva y su contenido sexual llega a ocupar el puesto preeminen­te, frena el crecimiento global. Realizado de forma egoísta, el gesto del amor no abre al futuro, porque se concentra sólo en el sentimiento presente y tiende a prescindir de la evolución de las personas.

    Efectos similares produce, en algunos contextos, la situación de muchos jóvenes que acusan la ausencia de la figura paterna o incluso la falta de progenitores. No tienen ninguna experiencia de una relación equi­librada con padres y hermanos. Llevan en sí caren­cias difícilmente colmables, y no tienen defensas ante las provocaciones de la sociedad.

    En su proceso de desarrollo, sustituyen valores por gustos, ya que confunden felicidad y placer. Les falta un proyecto que defina el sentido de su realización personal.

    También el ambiente, formado por personas que viven una experiencia análoga, constituye una forma

 

193

132

El camino

de cultura generalizada que, en vez de corre chas tendencias, de hecho las estabiliza y sanciona.

194

En tales situaciones, la comprensión auténtica del amor, para el cristiano, sólo puede darse en el  horizonte de Dios. Es Dios quien ha querido la persona en la reciprocidad hombre-mujer, llamándolos a una comunión profunda, capaz de significar la realidad, misma de Dios.

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Intervención educativa

El salesiano, atento en su labor educativa a favorecer y promover la maduración de los jóvenes, siente hoy un compromiso especial para educar en el amor. Está convencido de que el misterio de Cristo, su vida y sus hechos, son propiamente la revelación plena y  normativa del amor auténtico.

La típica vivencia de Don Bosco y el contenido educativo espiritual del sistema preventivo le orientan hacia algunas opciones sencillas pero eficaces.


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196

Como primera cosa, es fundamental crear alrededor de los jóvenes, en todos los ambientes, un clima  educativo rico en intercambios comunicativo -afectivo. El sentirse acogido, reconocido, estimado y querido es la mejor lección sobre el amor. Cuando debilitan los signos y gestos de familia, los jóvenes fácilmente se alejan, no sólo de forma material, también y sobre todo afectivamente.

La educación completa de la persona y el apoyo de  la gracia llevarán a chicos y chicas a apreciar los valores auténticos de la pureza (respeto de sí mismo y de los otros, dignidad de la persona, transparencia en las relaciones...) como anuncio del Reino y como denuncia de cualquier forma de instrumentalización y esclavitud.

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Cuando la comunicación entre chicos y chicas se

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vive como momento de enriquecimiento mutuo, abre al dialogo y a la atención hacia el otro. Hace descu­brir la riqueza de la reciprocidad, que llega hasta el nivel del sentimiento y de la inteligencia, del pensa­miento y de la acción. Nace, así, el descubrimiento  del otro, acogido en su ser y respetado en su dignidad de persona.

    Una educación adecuada, por tanto, hace captar la sexualidad como valor que madura a la persona y como don que se ha de intercambiar en una relación definitiva, exclusiva, total y abierta a la procreación responsable.

    El trato con personas que viven este amor tiene la fuerza del testimonio. Ciertas actitudes nacidas de la comunión y gratuidad se intuyen y se asimilan con fuerza. El gozo de una vocación vivida con convic­ción repercute en los jóvenes, y les facilita una aper­tura seria y serena al amor que sabe aceptar las exigencias­ que implica.

    El testimonio del salesiano que vive de manera límpida y gozosa su donación en la castidad hace com­prender al joven la posibilidad de vivir así el amor. El joven que camina a su lado se preguntará por el        Señor de la vida, que llena el corazón de una criatura de modo tan total. Comprenderá que el amor resulta, a título pleno, proyecto de vida que puede expresarse de mil formas diversas.

   El mismo servicio fraterno a los pequeños y a los pobres, así como el contacto gradual y guiado con situaciones de sufrimiento, educan para vivir un amor desinteresado.

    Una catequesis cuidadosa hará comprender al joven la realidad y las dimensiones de este amor; lo guiará hacia la aceptación del proyecto de Dios, amor fuente de todo amor, y lo preparará para vivirlo en el matrimonio cristiano.

134

o ap',la

3. DIMENSIÓN SOOAL

    DE LA CARIDAD

203

Situación

    El XXIII Capítulo General ha vivido el significado

mundial de la vocación salesiana. Lo que más llegaba la mente y al corazón era la narración viva y cotidiana de la historia de miles de salesianos que día a día se ven solicitados por la tragedia de los pobres, la afrontan y dan la vida por ellos. El desafio es continuo, tanto porque la pobreza material parece dilatarse sin medida en muchos países, como porque en los contextos de bienestar económico nacen y estallan nuevas y trágicas formas de pobreza: desvío, marginación, explotación de personas y droga.

Elemento esencial de la ética cristiana

    Pero la pobreza es sólo la luz roja de un desequilibrio social en un momento de transformación global. Otros motivos de preocupación se condensan en horizonte, si bien aparecen asimismo evidentes nos de esperanza. Afloran nuevos problemas que quieren la participación activa de todos: la paz, el ambiente y el uso de los bienes, la cuestión moral en cada país, las relaciones internacionales, los derechos de los indefensos.               

El reto va entonces mucho más allá. Se trata.de preparar una generación capaz de construir un orden social más humano para todos. La dimensión social de la caridad se presenta, pues, como «manifestad de una fe creíble» (JUAN PABLO 11), ya que es «dimensión constitutiva de la predicación del Evangelio (SÍNODO de 1971, De iustitia in mundo). En otras palabras, es un aspecto fundamental en la acción de Iglesia «para la redención de la estirpe humana y liberación de cualquier forma de opresión,) (cf. EN 29-39). De ahí que la dimensión social de la caridad sea un elemento esencial de la ética cristiana.

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135

205

Necesidad de formar una mentalidad

    Se trata por tanto, de superar un género de indiferencia generalizada, de ir contra corriente y educar en el valor de la solidaridad, contra la praxis de la competencia exacerbada y del provecho individual.

    Para los jóvenes es muy fuerte la tentación de refugiarse en lo privado y en una gestión consumista de la vida. La mayor parte no confía en la posibilidad de hacer algo válido y duradero. Hay que añadir el recelo­ que nace de la grave ruptura entre ética y política, cuya señal más frecuente se nos da en las noticias de corrupción, puntualmente referidas y mañosamente amplificadas por los medios de comunicación social.

206

                 El reto afecta a todos los educadores de los jóvenes, especialmente de los que viven en situación de pobre­za y subdesarrollo. Aquí la esperanza se hunde día a día, porque se tiene la convicción de que hay meca­nismos  perversos de explotación. La corrupción en todos los niveles engendra nuevas y trágicas situacio­nes de pobreza. Algunos jóvenes querrían cambiar, transformar…; pero la impaciencia típicamente juve­nil y la imposibilidad experimentada de hacerlo les lleva de hecho a actitudes de violencia y a estados de sentimiento de frustración permanente.

    No obstante, muchos de ellos se sienten responsables del futuro de su país. ¿Cómo ayudarles a que sea proyecto concreto este noble sentimiento sin caer en la tentación de la violencia, de lo utópico, o bien en las formas de religiosidad intimista que las sectas ofrecen con abundancia y a buen precio? ¿Qué hacer sobre todo, para que no sucumban a las tentaciones del consumismo o a la explotación de sus hermanos?

Respuesta histórica de Don Bosco

    Para responder a este desafío, nos sale al encuentro la

actuación ejemplar de Don Bosco.

    Aunque en situaciones sociales y políticas distintas,

136

El camino de la fe

la realidad que impresionó al joven sacerdote Juan Bosco en su primer impacto con el Turín de la  inmigración y de la explotación juvenil era parecida, en ciertos aspectos, a la de ahora. Para afrontarla eligió el camino de una educación completa que respondiera a las necesidades de los jóvenes de entonces. Su escuela de santidad se hacía proyecto de vida' quehaceres concretos: una espiritualidad no intimista, sino comprometida en la acción.

La comunidad salesiana tiene, pues, conciencia que la lucha contra la pobreza, la injusticia y el desarrollo forma parte de su misión (cf. Consto 33) y  se siente profundamente implicada en ella según su carisma peculiar y el estilo de Don Bosco: con inteligencia y realismo y, siempre, con caridad (cf. CGE núm. 72).

Convencida igualmente de que una educación eficaz en la dimensión social de la caridad constituye la verificación de su capacidad de comunicar la fe, la comunidad salesiana procura, ante todo, testimoniar la justicia y la paz ante los jóvenes y promoverlas en todas partes. Por consiguiente, vive en profunda sintonía con los grandes problemas del mundo y está atenta a los sufrimientos del ambiente donde se halla.

En contextos de bienestar económico, sabrá orientar a los jóvenes para que se sitúen frente a la sociedad, ayudándoles sobre todo a descubrir el mundo oculto, pero no por ello menos trágico, de las nuevas pobrezas y de sus causas estructurales.

Pero quienes más intensamente sienten este reto son las comunidades que actúan en contextos de pobreza. Aquí les corresponde motivar, mediante, educación, a los jóvenes y a la gente del pueblo, para que sean protagonistas de su propia liberación.

Educar en el valor de la persona

    En este punto, nace la necesidad urgente de individuar actitudes y proyectar iniciativas que ayuden a

                                                                                                                                                                                                                                                                                11

208

                                                                                              

209,

3.        Dimensión social de la caridad


137

los jóvenes de hoy a expresar con la vida la verdadera dimensión social de la caridad.

    La indicación más general es trabajar, en el camino de la fe, para hacer resaltar el valor absoluto de la persona  y su inviolabilidad, que está por encima de los bienes materiales y de toda organización. Aquí tenemos la clave crítica para evaluar situaciones éti­camente anormales (corrupción, privilegio, irrespon­sabilidad, explotación, engaño) y hacer opciones per­sonales frente a los despiadados mecanismos de la manipulación.

    Cuando haya madurado esta personalización, será posible  jugarse la vida en lo social. Hay que apoyarla valorizando  la originalidad de cada joven y su dimensión  interpersonal. Debe comprender realmente que, en la vida, su destino se realiza junto a otras personas y  en la capacidad de darse a ellas. Cuando esta perspecti­va queda interiorizada mediante motivaciones cristia­nas profundas, se hace criterio de las relaciones con los demás y fuente de tenaz compromiso histórico.

a)       Entender la compleja realidad socio política

    La primera atención que hay que tener es acompañar a los jóvenes en el conocimiento adecuado de la compleja realidad sociopolítica. Nos referimos a un estudio serio, sistemático y documentado. En dos niveles. Ante todo, en el de la realidad del propio barrio, ciudad y nación: situaciones de necesidad, instituciones, modalidades de ejercer el poder político y económico, modelos culturales que influyen en el bien común.

Simultáneamente, hay que mirar al mundo, a sus problemas y dramas y a los mecanismos perversos que en muchos países agigantan las situaciones de sufrimiento e injusticia. Esta seriedad de acercamiento  debe ayudar a los jóvenes a evaluar crítica y serenamente los diversos sistemas y los múltiples hechos sociopolíticos.

138

Obviamente, la información no basta. Hay orientar todos los conocimientos parciales hacia la unidad de una síntesis operativa: una fe-pasión que aliente con eficacia, en la verdad y en la paz, a construir la civilización del amor. La enseñanza socia la Iglesia se ofrece aquí como clave de lectura de la realidad e indicación de las metas ideales a tender.

b) Introducir a los jóvenes en situaciones

que piden solidaridad

    Es posible y deseable ir más allá. Ayuda poco el mero análisis de la realidad.

Las comunidades que actúan en contextos de, pobreza y miseria trabajarán para que los jóvenes y el pueblo se hagan responsables de su desarrollo, superando la resignación con conciencia viva de la propia dignidad y haciéndose cargo no sólo de su miseria, sino también de la de quienes están a su lado.

En cambio, para las comunidades que actúan contextos de bienestar, se tratará de introducir  físicamente a los jóvenes en el mundo de aquellos hombres y mujeres que reclaman solidaridad y ayuda. Es momento más delicado. El impacto con este mundo debe purificarse de falsas curiosidades y emotividades. No se trata sólo de hacer experiencia de un contexto, situación o mundo problemático. El objetivo es llegar a las personas, hacerse cargo de su drama, humano. Así se ayudará a superar cierta mentalidad quien está dispuesto a servir a los pobres, pero no a compartir su vida. La actitud espiritual se define, entonces, por la estima y búsqueda de los valores que cada uno lleva dentro de sí incluso en situaciones de  degradación personal. Es la etapa de escuchar, convertirse y compartir

'

211

4.        Algunos núcleos de la educación

139

c) Responder con proyectos concretos de solidaridad

212

    El impacto personal con los problemas y clamores mundo exige aprender, desde joven, a elaborar proyectos de solidaridad precisos y concretos y a ma­durar formas de actuación social.

    La educación sociopolítica no admite ingenuidad­es, sino que requiere algunas atenciones de fondo:

   -la superación, en los jóvenes, de actitudes su­perficiales, faltas de aquella conciencia social en la que tanto insiste la enseñanza de la Igle­sia;

   -la debida relación entre obras de caridad y obligaciones de justicia (cf. AA 8);

   -el análisis paciente para transformar las estruc­turas que tienen y mantienen su peso en las si­tuaciones;

   -la elaboración de proyectos no hechos sólo para los pobres, sino con ellos, de forma que, asu­miéndolos, sean capaces de administrar su pro­pia vida.

Siempre y en todas partes -a ejemplo de Don Bos­co, que reivindicaba con fuerza el alcance social de su obra- es necesario educar a los jóvenes para que se esfuercen por implicar a los responsables en los niveles social, político y religioso. Sólo así los proyec­tos podrán ser ejemplares y, ocasionalmente, imitados y multiplicados.

   Solidaridad cimentada en el Evangelio y en la fe

213

Cada una de las etapas descritas nos pide que ayu­demos a los jóvenes a reforzar las motivaciones en la fe..

   Educar en la solidaridad es hacer comprender que la solidaridad debe ser expresión de un encuentro con Cristo. De ahí la importancia de la escucha y adhesión profunda a la palabra de Dios y de la oración, median­te las cuales los jóvenes se encaminan hacia la cons-­

140

El camino de la fe

'

trucción de sí mismos antes que hacia la de los demás, y evitan el peligro del activismo y eficientismo.

El sólido arraigo en la enseñanza de la Iglesia les dará luz para orientar su acción hacia metas y modalidades inspiradas por el amor cristiano.

Sin eludir las exigencias de participación política

    Las iniciativas con que madurar esta sensibilidad y formación de los jóvenes pueden referirse a diversos espacios: al territorio en que se vive, a los países en vías de desarrollo donde sea posible emplear energías y tiempo, y a la animación de ambientes juveniles.

    Pero hay un aspecto en el que los salesianos estamos llamados a actuar con convicción: el de encaminar a los jóvenes hacia el compromiso y la participación en la política, es decir, hacia la «compleja variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común» (ChL 42).

    Este ámbito lo tenemos un poco descuidado y olvidado. Quizá se teme tropezar con formas de colaboración o caer en los complejos mecanismos de la competencia electoral, o ser infieles a nuestro modo de participar en el compromiso de la Iglesia por la justicia y la paz (cf. Const. 33). No por ello deja de ser un reto que hemos de aceptar y un riesgo que tenemos que correr. Las comunidades juveniles más vivas sabrán pedir a sus mejores miembros también este servicio, en nombre de la dimensión social de la caridad. Al principio será un compromiso limitado, restringido al propio barrio y ciudad; sucesivamente irán descubriéndose otros cauces. Este objetivo servi­rá asimismo para favorecer en los jóvenes una actitud positiva hacia la realidad política y para abrirse a la confianza de que, también en este nivel, es posible cambiar cosas y situaciones.            

La caridad evangélica, hecha proyecto concreto, seguirá así trazando en la historia nuevos caminos de  justicia.

214

Tercera parte

 

COMPROMISOS

OPERATIVOS

DE LA COMUNIDAD

 

COMPROMISO

OPERATIVOS

    DE LA COMUNIDAD

Vosotros sois la sal de la tierra... Vosotros sois la luz del mundo... Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo (Mt S, 13-14. 16).

 

PREÁMBULO

La comunidad

215

La tarea de educar a los jóvenes en la fe dentro del  contexto de la nueva evangelización lleva a la comunidad a revisarse y renovarse a la luz del Evangelio y

de nuestra Regla de vida.

Los precedentes capítulos generales ofrecieron re­flexiones estimulantes acerca de la comunidad sale­siana evangelizada y evangelizadora. Ahora, más que repetir su síntesis doctrinal. es oportuno evidenciar algunos temas íntimamente vinculados al quehacer de educar en la fe.

signo de fe

216

La comunidad sabe que está constituida, por voca-

ción, en signo de la fe. Se alegra de ello y da gracias al Señor, aun reconociendo su propia debilidad. Procu­ra dar transparencia y autenticidad evangélica a su vida, pues sabe que no es posible comunicar la fe si no la vive como la gran riqueza de su propia existen­cia.

144

Compromisos operativos de la comunidad

    Se repite a sí misma que «para hacer el discernimiento y la renovación necesarios, no bastan los historiadores, ni los teólogos ni los políticos ni los organizadores; hacen falta los hombres llamados 'es­pirituales', hombres de fe, sensibles a las cosas de' Dios y dispuestos a una obediencia valiente: como fue nuestro Fundador» (CGE 18).

    Así encuentra el camino concreto para robustecer su testimonio en la oración, mediante la que diaria­mente «reaviva la conciencia de su relación íntima y vital con Dios y de su misión de salvación» (Const. 85), y en la comunión fraterna, mediante la cual «los hermanos viven con sencillez su entrega personal y la capacidad de compartir en la acogida y la hospitalidad» (Const. 56)

    Es signo eficaz, cuando acoge y valoriza la generosidad y el dinamismo de los salesianos jóvenes, la aportación original de los diversos carismas, el sufrimiento de los salesianos enfermos y la presencia serena y paterna de los ancianos.

    Da transparencia a su seguimiento de Cristo, convencida de que «en un mundo tentado por el ateísmo y por la idolatría del placer, de la posesión y del poder, [su] modo de vivir testimonia, especialmente a los jóvenes, que Dios existe y [que] su amor puede llenar una vida» (Const. 62).

escuela de fe

217

    Pero la comunidad, precisamente porque es signo, está llamada, en cuanto salesiana, a ser escuela de fe para los jóvenes. Es, sobre todo, misionera, o sea, hace de la misión su razón de ser y de actuar. Esto pide atención y discernimiento, para confrontar la fe con la realidad circundante. La evolución continua del mundo y de la sociedad afecta a los jóvenes y, en consecuencia, interpela a sus educadores.

La renovación espiritual y pastoral son dos aspec­tos que se compenetran y son interdependientes. Esto

145

requiere actitudes de confianza, encuentro, compren­sión y diálogo con el mundo; creatividad pastoral, para responder a los retos con criterio oratoriano; discernimiento y fidelidad al estilo pedagógico sale­siano, que se hace proyecto educativo concreto, pen­sado y actuado corresponsablemente.

centro de comunión

218

    La comunidad no es sólo signo y escuela de fe, sino que además, en virtud de su vida consagrada, se hace centro de comunión y participación, capaz de reunir y estimular a cuantos llama el Espíritu a trabajar por los jóvenes. «Actúa en comunión con la Iglesia particular» (Const. 57), de la que recibe orientación y apo­yo a la que ofrece su peculiar aportación carismáti­ca (d. Const. 48).

* * *

De esta visión de la comunidad -signo, escuela y centro de comunión y participación- y de la confrontación con los retos, con el camino de fe y con la espiritualidad juvenil salesiana, arrancan algunas dis­posiciones que parecen más urgentes y algunas orien­taciones operativas para educar a los jóvenes en la fe.

1

DISPOSICIONES CAPITULARES

1.1 EL C REQUIERE EL TESTIMONIO        

DE UNA COMUNIDAD                                         

QUE SE RENUEVA CONTINUAMENTE;

AMINO DE FE DE LOS JÓVENES  

 Testimonio

El testimonio es el único lenguaje capaz de convencer a los jóvenes de que «Dios existe y [que] su ame puede llenar una vida» (Const. 62). Es, por tanto, ir prescindible que la comunidad viva y haga transparente su fe en Jesucristo, a cuyo encuentro quiere acompañar a los jóvenes.

Los salesianos, llamados por el Señor a ser «signos y portadores del amor de Dios a los jóvenes, especialmente a los más pobres» (Const. 2), necesitamos centrar nuestra atención y ardor en tres grandes aspectos que dan fuerza al testimonio.

El primero es la unidad de la comunidad, signo evangélico que Jesús pide a sus discípulos, enviado~

por él al mundo a llevar la Buena Noticia.                                                                                           \1

El segundo es la proclamación del mensaje que, al principio, puede incluso limitarse al don de la acogida o a un gesto de confianza, como sucedió con Bartolomé Garelli.      

E    El tercero es el servicio al mundo, en particular al los jóvenes, y especialmente a los más pobres.

219

147

Forrnación permanente

    Estos  tres aspectos nos exigen robustecer la vida religiosa y poner al día nuestras competencias. La cultura en evolución continua exige una renovación constante, si queremos llevar a la historia la novedad de Cristo. Por tanto, no se puede hablar de educación en la fe sin implicar la vida del salesiano, que es, por vocación, un enviado a los jóvenes y, por profesión, su educador.

   Debe dar a Dios y a los jóvenes lo mejor de su tiem­po  y de sus posibilidades. La formación religiosa y la formación profesional se basan, a pesar de su diversi­dad, en la misma gracia de unidad.

         La formación permanente, que capacita al salesiano para  su misión de educador y apóstol, debe ser una constante irrenunciable en su vida. El lugar donde realizarla es la comunidad local e inspectorial.

EN CONSECUENCIA:

Durante el próximo sexenio, la Congregación asumirá como compromiso prioritario la formación y cualificación continua de los salesianos.

Cuidará, especialmente, la interioridad apostólica, que es a la vez caridad pastoral y capacidad pedagó­gica.

PARA ELLO:

Toda comunidad local, animada por su director, tenga un programa anual de formación permanente, preferiblemente con ritmo semanal ('día de la comunidad') o quincenal. Participen los salesianos en las reuniones comunitarias, que son «ocasiones para re­novar el sentido religioso pastoral de su vida y capaci­tarse para hacer su trabajo con más competencia» (Const. 119).

148

Compromisos operativos de la comunidad,

223

    Cada Inspectoría prepare un plan orgánico de formación permanente de los salesianos con miras a su renovación espiritual, a su cualificación pastoral y a su competencia educativa y profesional.   

    Prepare a los salesianos, sobre todo, para las tareas de educadores en la fe, de animadores de las comunidades pastorales, de formadores de seglares.

    Prevea iniciativas particulares que formen a los directores en el campo de la dirección espiritual, comunitaria y personal.

    El Rector Mayor con su Consejo asista y siga los planes inspectoriales mediante oportunas indicaciones. Verifíquelos en las visitas de conjunto que se hagan durante el sexenio.

1.2 EL CAMINO DE FE

DE LOS JÓVENES REQUIERE QUE LA COMUNIDAD SALESIANA SE INSERTE EN EL CONTEXTO

Y EN EL MUNDO JUVENIL

CON NUEVA CALIDAD PASTORAL

Inserción más viva en el mundo de los jóvenes

    El alejamiento de los jóvenes respecto a la fe, y a menudo también nuestra lejanía de ellos, nos pide la valentía de una inserción más viva en su mundo y en el contexto social donde viven.

    Todo salesiano está, pues, llamado a ser personalmente compañero de viaje de los jóvenes. Lo cual lleva consigo experiencia directa de su  mundo, escucha de sus demandas y aspiraciones, adquisición de su cultura y lenguaje, y disponibilidad para compartir experiencias y proyectos, pensado no sólo para ellos, sino también, y sobre todo, con ellos.

    Se trata de dar un verdadero salto de calidad, una

224

!

225

                                                 

1.  Disposiciones capitulares

149

vuelta a los jóvenes con renovada sensibilidad pasto­ral y con mayor competencia educativa.

Ser comunidad significativa en el territorio

y en la Iglesia

226

    Esta empresa no corresponde sólo a cada salesiano en particular. Toca a la comunidad y, de modo muy especial, a su proyecto educativo y pastoral. Debe ad­quirir la aptitud de revisarse y de proyectar continua­mente el significado juvenil de la obra y su capacidad de dialogar con la realidad circundante y con las ins­tituciones sociales y educativas del barrio y de la ciu­dad; la capacidad de irradiar su pasión educadora mediante planes que respondan a las expectativas de los jóvenes, de actuar en interacción continua con la realidad que la rodea y en que está integrada vitalmente.

    En cuanto experiencia viva de Iglesia, la comunidad salesiana debe participar con claridad en los proyectos y propuestas de pastoral juvenil en la Iglesia local. Debe aprender a recibir de ella estímulos, pero también a comunicarle experiencias y a ofrecerle proyectos de educación en la fe de todos los jóvenes, especialmente de los más pobres y lejanos.

Responsabilidad de la inspectoría

227

    Pero la necesidad de crear una relación viva entre obra salesiana, territorio e Iglesia no afecta sólo a la responsabilidad de la comunidad local; toca a la comunidad inspectorial revisar continuamente y proyectar de nuevo cada obra de la Inspectoría con mi­ras a su significación eclesial y social. Tal reflexión continua llevará consigo también el deber de tomar algunas decisiones difíciles, pero importantes. A ve­ces habrá que tener el valor de trasladar una obra a contextos sociales y eclesiales más acordes con la mi­sión salesiana o de abrir obras nuevas para responder a nuevas urgencias y a nuevos frentes de trabajo sale­siano.

­

150

Compromisos operativos de la comunidad,

Al tomar estas decisiones, el inspector con su Consejo hallará en el Consejo General orientaciones y apoyo.

EN CONSECUENCIA

     La Congregación se compromete, en el próximo sexenio, a cualificar sus presencias desde el punto d vista de la educación en la fe y, si es necesario, replantearlas para un mayor contacto con los jóvenes, especialmente, los más pobres.

PARA ELLO

    La comunidad local buscará caminos concretos para dar nueva vitalidad a su presencia entre los jóvenes, y valorizará toda forma de comunicación y solidaridad con el territorio, mediante la participación y la conexión con las instituciones que trabajan por la promoción de la educación y de la cultura del pueblo.

    Verificará anualmente, en un escrutinio, la eficacia de su labor evangelizadora; reorganizará, en con secuencia, las actividades y reajustará las tareas y compromisos de cada salesiano, para concentrar sus recursos en los objetivos de la educación en la fe.

    Antes de concluir el próximo capítulo inspectorial, toda inspectoría revisará su proyecto educativo-pastoral salesiano (PEPS). En él:

- prestará atención particular a la inserción viva de cada obra dentro de la Iglesia local y en el te­rritorio;

- revisará la calidad educativa de las obras y su alcance y significado desde el punto de vista ju­venil, abriendo, si fuera necesario, una reflexión para un posible cambio de lugar;

- individuará también frentes de trabajo nuevos y

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230

Disposiciones capitulares

151

urgentes, principalmente entre los jóvenes que tienen mayores dificultades, organizando para ellos alguna presencia, como signo de nuestro ir a los jóvenes que están más lejos de la fe;

- traducirá el camino de fe propuesto por el XXIII Capítulo General a itinerarios concretos, adecuados a sus destinatarios y a los contextos en que actúa.

231

El Rector Mayor con su Consejo, al estudiar la situación particular de cada inspectoría, oriente sus refle­xiones, y decisiones para adecuar los quehaceres pas­torales a las nuevas situaciones.

1.3 EL CAMINO DE FE DE LOS JÓVENES REQUIERE QUE LA COMUNIDAD SALESIANA SE HAGA ANIMADORA DE LA COMUNIDAD EDUCATIVO-PASTORAL

Y DE LA FAMILIA SALESIANA

La comunidad educativa

232

Donde quiera que trabajemos, realizamos la comunidad educativo-pastoral. «Ésta, en clima de familia, integra a jóvenes y adultos, padres y educadores, de modo que pueda convertirse en una experiencia de Iglesia, reveladora del plan de Dios» (Const. 47). Aun siendo cierto que es una forma apta para mejorar la organización educativa y para utilizar mejor las dife­rentes competencias de los seglares, no obstante es, sobre todo, una experiencia de comunión y corres­ponsabilidad.

Construir la comunidad educativo-pastoral signifi­ca lograr envolver directamente a todos los miem­bros y hacerlos corresponsables de la experiencia educativa y de la formación cristiana.

    No resulta fácil. Es, por tanto, urgente un cambio

152                  Compromisos operativos de la comunidad

de mentalidad en cuantos la componen; ante todo, los salesianos.

Corresponsabilidad de los seglares              

    Tal cambio se refiere, sobre todo, a la valorización de los seglares. Numéricamente son la parte más consistente de las comunidades educativo-pastorales. Es necesario crear con ellos relaciones de corresponsabilidad madura. Es urgente, sobre todo, emprende un camino de formación. Las experiencias hechas hasta ahora garantizan, a pesar de ciertas dificultades resultados satisfactorios. Por lo demás, en esta dirección nos impulsan sin descanso las orientaciones de la Iglesia, que ha tenido una expresión reciente en la exhortación apostólica Christifideles laici.            

La familia salesiana         !

    Particulares incumbencias de animación tenemos respecto a los grupos de la familia salesiana, que vive la misma espiritualidad y participa en idéntica misión juvenil, actuando corresponsablemente con nosotros en las obras, o trabajando con el estilo de Don Bosco en variados campos de actividad. Su presencia en el territorio es un elemento nada indiferente para la educación de los jóvenes. Nos proponemos, pues, extenderla y reforzarla. Sentimos la responsabilidad de su formación espiritual, educativa y pastoral, y la apoyamos en sus iniciativas a favor de la juventud o del ambiente.

EN CONSECUENCIA

    La Congregación se compromete, en el próximo sexenio, a realizar en todas sus presencias la comunidad educativo-pastoral. En ella cuidará, sobre todo, la cualificación de los seglares, de modo particular de los miembros de la familia salesiana, desde el punto de vida cristiano, pedagógico y salesiano.

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234

1.         Disposiciones capitulares

153

 

PARA ELLO:

236

Antes de concluir el próximo capítulo inspectorial, cada comunidad local perfeccione y realice en su obra la comunidad educativo-pastoral. Traduzca a Iniciativas locales concretas el programa inspectorial de formación de los seglares, de que se habla en el número siguiente, prestando un cuidado particular a la formación de los miembros de la familia salesiana. Ésta sea siempre implicada y comprometida en los programas de educación en la fe.

El inspector verifique, durante la visita inspectorial, el camino hecho por la comunidad en este campo.

237

La Inspectoría prepare un programa de formación de seglares que promueva su profesionalidad, capaci­dad educativa y testimonio con miras a la educación en la fe. Ofrezca iniciativas de conexión, establezca criterios de corresponsabilidad y participación para todas las obras, y experimente formas particulares de gestión de la obra mediante la colaboración de los se­glares.

238

El Rector Mayor, por medio de los dicasterios competentes, ofrezca elementos y líneas para un proyecto seglares en nuestra Congregación.

1.4 EL CAMINO DE FE DE LOS JÓVENES REQUIERE QUE LA COMUNIDAD DESARROLLE

UNA PASTORAL ORGÁNICA

Comunión operativa

239

La comunión eclesial tiene su fuente en el Espíritu Santo. Se expresa en la fe, en la esperanza y en la caridad, y se manifiesta de modo eminente en la co­munión operativa.

154

La Iglesia desarrollando actividades diferencia, por medio de sus miembros, tiende a una sola finalidad: la salvación del hombre en Cristo. Los servicios y ministerios están para esta unidad, y así contribuyen a desarrollar y cualificar la acción pastoral.

Estructuras de unidad

    También en nuestra Congregación hay servicios y estructuras de animación pastoral. El Capítulo General Especial pedía estructuras de unidad y orientación, más que de división y de mera organización de iniciativas sectoriales. Las estructuras deben favorecer la integración de la fe en la vida, deben ayudar a comprender mejor y expresar la complementariedad de todos los valores en Cristo (cf. CGE 712).

    Para superar una pastoral de muchas iniciativas no conectadas entre sí y para crear la comunión operada va en torno a las grandes finalidades y al estilo de nuestro hacer, hay que lograr que las actuaciones y las personas converjan en determinados objetivos.

    Tal convergencia la requiere el sujeto de la educación, el joven, a quien se dirigen las diversas propuestas, que se han de armonizar y adecuar a todas sus exigencias auténticas.

    La requiere el sujeto que actúa, es decir, la comunidad educativo-pastoral, pues, si no comparte las fina­lidades y las líneas que se han de seguir, el camino de fe quedaría comprometido.

    La requiere asimismo la necesidad de hacer posible  la circulación de experiencias y modelos pastorales de ámbito regional, continental y mundial, de acuer­do con la orientación actual de la Iglesia.

EN CONSECUENCIA:                                                                   

    En sintonía con la pastoral de la Iglesia y la sensibi­lidad del XXIII Capítulo General, la Congregación

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1. Disposiciones capitulares

155

Salesiana, por medio de sus organismos de anima­ción mundial. inspectorial y local, promueva la co­municación y coordinación, y concuerde líneas ope­rativas y actuaciones diferenciadas.

PARA ELLO:

    En toda comunidad local y demás formas de presencia salesiana establézcanse los cargos de modo que  la educación en la fe resulte un compromiso co­rresponsable de todos los salesianos, mientras que las incumbencias particulares de animación (catequesis, liturgia, dirección espiritual, trabajo apostólico) se encomendarán a cada uno de ellos de acuerdo con sus normas del directorio inspectorial

El inspector con su Consejo es el responsable de  la pastoral de la Inspectoría. Nombrará un delegado suyo de pastoral juvenil, que coordinará a un equipo que asegure la convergencia de todas las iniciativas en el objetivo de la educación en la fe y haga posible comunicación operativa entre las inspectorías.

Los centros nacionales o regionales de pastoral juvenil serán seguidos por los inspectores responsables, se organizarán según el criterio de la centralidad de la educación en la fe, y estarán formados por perso­nal preparado y suficiente, y dotados de medios ade­cuados.

Los servicios, actividades, iniciativas y obras orientadas a educar a los jóvenes en la fe tendrán una refe­rencia unificadora en el dicasterio de pastoral juvenil.

156

  Compromisos operativos de la comunidad

1.5 EL CAMINO DE FE DE LOS JÓVENES

REQUIERE QUE LA COMUNIDAD  SALESIANA PRESTE

UNA ATENCIÓN PARTICULAR

A LA ORIENTACIÓN VOCACIONAL

Dimensión que cualifica                                                   i

    La orientación vocacional constituye el vértice y  «coronamiento de nuestra labor educativo-pastoral (Const. 37).

    Sin embargo, no hay que verlo como momento final del camino de fe, sino como dimensión que debe estar presente siempre cualificando todas las áreas de actuación y todas las etapas.

    Lo cual vale todavía más para los salesianos, porque el cuidado de las vocaciones apostólicas es una característica de nuestra misión, hasta el punto de ser uno de los fines de nuestra Congregación (cf. Const. 6).

    Luminoso resulta también aquí el ejemplo de Don Bosco. En una época de profundas transformaciones sociales y de grave crisis para la Iglesia, supo abrir nuevos cauces de promoción vocacional para la Iglesia y para su naciente Congregación (cf. Memorias Biográficas V, cap. 33, págs. 388-412; MBe V, 281-1 296).

Nuevas experiencias                                                                                                I

En los últimos años nuestra Congregación ha hecho una larga reflexión para afrontar la nueva situación, caracterizada, por una parte, por la prolongación de la edad juvenil con el consiguiente retraso de las decisiones y, por otra, por el fenómeno de la secularización, que ha afectado a las instituciones educativas y, en particular, a la familia.

La disminución de vocaciones para la vida sacerdo­tal y religiosa ha estimulado aún más a la Congrega­-

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247

1.        Disposiciones capitulares

157

ción a revisar la calidad de su vida religiosa y la fuer­za de nuestra propuesta educativa.

    Además de renovar las formas tradicionales de orientación y acompañamiento vocacional, ha sabido dar a nuevas y variadas experiencias, tales como grupos de referencia vocacional, comunidad pro­puesta, escuelas de oración, retiros, campamentos y semanas vocacionales. Sobre todo, ha visto, en la experiencia de grupo, un esperanzador lugar de promoción vocacional. En fin, el renovado entusiasmo mi­sionero ha abierto a muchos jóvenes nuevos horizontes­ vocacionales.

    La reflexión de la Congregación se ha centrado particularmente en la comunidad local como lugar deci­sivo para cualquier proyecto serio de pastoral voca­cional.

    En realidad, es en la casa salesiana donde los jóvenes se ponen en contacto con nuestra vocación. La comunidad local es la que tiene capacidad para individuar los signos de la llamada, realizar una orienta­ción seria, hacer una propuesta vocacional explícita y acompañar al joven en un camino de discernimiento de la voluntad de Dios hacia la decisión vocacional.

EN CONSECUENCIA:

    La orientación, la propuesta y el acompañamiento vocacional sean partes cualificantes de los itinerarios

de fe a lo largo de todas sus etapas.

PARA ELLO

Cada comunidad local exprese, en su proyecto educativo-pastoral, las modalidades con que proveer a orientar a todos los jóvenes hacia el descubrimiento de su vocación en la Iglesia y acompañar a quienes muestren signos de vocación para una consagración especial.

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158

Compromisos operativos de la comu~

    Ofrezca a los jóvenes experiencias concretas de trabajo y de servicio gratuito a los más pobres: el voluntariado, por ejemplo. Cree experiencias de grupo con clara mira vocacional.

    Recupere el director su papel de orientador de los jóvenes mediante el encuentro personal y de grupo, invite a los más dispuestos a compartir los momentos más significativos de nuestra vida, y enrólelos en nuestra labor apostólica.            

    Cada comunidad haga conocer y amar la historia y la vida de la Congregación.          

 

    El inspector verifique si la dimensión vocacional tiene el espacio que le corresponde en el proyecto de toda obra y grupo juvenil; cuide la preparación de los salesianos, tanto en lo que se refiere a la orientación vocacional como a la dirección espiritual.                                                                                             : i

    Nombre, dentro del equipo inspectorial de pastoral juvenil, un animador que oriente y coordine la dimensión vocacional y tenga las conexiones necesarias con la pastoral vocacional de la Iglesia local.

1.6 EL CAMINO DE FE DE LOS JÓVENES

REQUIERE QUE LA COMUNIDAD

DESARROLLE UNA NUEVA FORMA

DE COMUNICACIÓN

Importancia de la comunicación

    La capacidad de comunicar y sintonizar con personas y acontecimientos distingue el desarrollo del ser humano y, sobre todo, el crecimiento del joven.

    La comunicación es a menudo un factor determinante de supervivencia y desarrollo, pues abarca todos los ámbitos de la vida social y todas las dimensiones de la vida personal.

    No sólo proporciona información, sino que comunica ideas, crea fácilmente consensos y propone modelos de vida y de conducta.

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Disposiciones capitulares

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para el joven

    El Joven vive en esta sociedad de comunicación-relación. Está abierto a recibir cualquier mensaje y forma de comunicación, y personalmente es capaz de producir y suministrar nuevos mensajes.

    Aprende a mantenerse informado, y siente la necesidad de saber controlar, seleccionar y valorar los mensajes que recibe.

    No le basta la información verbal y cultural: busca también la simbólica, gestual y corporal. Ante el bombardeo de los medios de comunicación de ma­sas, se ve obligado a hacer frente a su poder nive­lador.

reto para los educadores

    Todo ello es un reto para los educadores: por una parte, en su capacidad de hablar en un mundo que usa habitualmente lenguajes múltiples; por otra, por­que el uso de los medios de comunicación social es imprescindible para anunciar la Palabra de salvación.

    La Congregación se siente implicada en esta dimensión, tanto más que una de sus finalidades es ser educadora «de la fe en los ambientes populares, so­bre todo con la comunicación social» (Const. 6).

    Don Bosco había intuido su importancia y aceptado su reto. De ahí que «para defender y sostener la fe del pueblo, [acometiera] empresas apostólicas originales»  (Const.43).

EN CONSECUENCIA

    El próximo sexenio, la Congregación se compromete a adecuada utilización de la comunicación so­cial, para transmitir el mensaje cristiano y para educar a los jóvenes en la fe.

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PARA ELLO:

    La comunidad local cuide su capacidad comunicativa:

- ayudando a cada salesiano a ser buen comunicador, capaz de emplear un lenguaje idóneo para los jóvenes y el pueblo, especialmente en la liturgia y en la catequesis;

- aprovechando todos los medios (relaciones, ambientación de la casa, teatro, vídeos, música, salas...) con que se emiten mensajes, para disponer a la fe y difundir el mensaje de la salvación;

- cuidando, en particular, la educación de los jóvenes en las diversas formas de comunicación y en la lectura crítica de los mensajes.

    El inspector nombre un encargado inspectorial de la  comunicación social. El cual:

- asistirá a cada comunidad en la promoción de las distintas realidades comunicadoras;

- prestará su servicio a los diversos sectores  de actividad y se relacionará con los organismos locales, eclesiásticos y civiles.

    En lo que se refiere a la educación de los jóvenes actúa dentro del equipo de pastoral juvenil.

- estimule la formación del salesiano en cuanto comunicador;

- asista a las comunidades en el uso de los diversos medios de comunicación;

- oriente, sobre todo en las nuevas sociedades, la puesta en marcha de proyectos concretos que respondan a las necesidades de los distintos países en el campo de la comunicación social (editoriales, centros de producción de audiovisuales y vídeos para la educación en la fe, radios populares, etcétera).

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,

'

.

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ORIENTACIONES OPERATIVAS

PARA SITUACIONES

PARTICULARES

    Las comunidades y los salesianos que actúan en situaciones particulares y orientan experiencias juveni­les específicas han de tomar muy en serio el camino hacia la fe y de fe y ofrecerlo a través de itinerarios adecuados.

     El XXIII Capítulo General, remitiendo a las ideas propuestas por el XXI Capítulo General y otros docu­mentos de la Congregación, se limita a algunas indi­caciones fundamentales, íntimamente unidas a la propuesta que se hace en este documento. Somos conscientes de que dicha propuesta debe formar par­te de un proyecto educativo más amplio. Sin embar­go, ahora interesa sobre todo evidenciar en las distin­tas iniciativas el género de relación que se entablaron el joven y las posibilidades que ofrece para educar en la fe.

2.1 AMBIENTES DE AMPLIA ACOGIDA

     Los ambientes de amplia acogida -oratorios, centros juveniles y otros- realizan una labor progresiva de educación y crecimiento en la fe. Están al servicio de una amplia zona o del territorio de una parroquia. Se presentan como obra de frontera entre lo religioso y lo civil, entre lo secular y lo eclesial: en esa coloca­ción están toda su originalidad y también su riesgo

162

Compromisos operativos de la comunidad

Que puedan perder calidad educativa y pastoral es un peligro imaginario. La amplia acogida, la diversidad de jóvenes que acuden, el clima de libertad en  que se hacen las propuestas y la escasez de personal pueden comprometer el programa de educación la fe, que por necesidad debe ser muy diversifica .

Para el próximo sexenio, se pide un esfuerzo particular:

   -En cualificar el ambiente. La acogida de todos exige que estos ambientes se caractericen por principios y modalidades evangélicas, evidenciadas en los objetivos generales, en la organización, en las relaciones personales, en los comportamientos concretos en el clima de familia.

    -En reafirmar que el alma del oratorio-centro juvenil es la evangelización; por lo cual, hay que cuidar la formación religiosa y la catequesis de los jóvenes evitando cualquier forma de improvisación. La demanda de vida y compañía se ha de cultivar tanto las reuniones de masa como en los grupos y en los contactos personales.

    - En distribuir el tiempo y los medios para aplicar las indicaciones precedentes. Todo oratorio-centro juvenil, además del aspecto educativo-pastoral, deberá preparar, con propuestas precisas de tiempo y agentes, iniciativas:

·         para ponerse en contacto con los jóvenes para anunciar la fe,

·         para la catequesis,

·         para formar a quienes estén dispuestos a un camino de fe maduro y a la búsqueda de su vocación.

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.

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266

    -En promover, de manera muy especial, la formación pedagógica, cultural y -religiosa de los animado­res, que son la expresión más lograda del trabajo oratoriano, uno de sus fines buscados con mayor  atención.

2.2 AMBIENTES DE EDUCACIÓN

       SISTEMÁTICA

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    La actuación en ambientes preparados para un programa de educación sistemática (colegios, centros de preparación para el trabajo, internados, residencias de estudiantes y de trabajadores, y otros) puede favo­recer un trabajo sistemático de educación en la fe. Ésta se sitúa dentro de una visión del mundo y de la vida que el joven logra estudiando las asignaturas proyectando su futuro personal.

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     En estos ambientes han aumentado las exigencias de los programas culturales.

     El tiempo de permanencia de los jóvenes con noso­tros para actividades recreativas, culturales y formativas ha disminuido sensiblemente.

    Se nota, además, una especie de ruptura entre la institución y la vida. La enseñanza no toca los proble­mas de vida de los jóvenes. Se produce una separa­ción entre la institución y la educación, entre la educación y la educación en la fe.

    En la raíz no está únicamente el programa cultural, con escasas posibilidades de disponer de tiempo y de contactos, sino también la concepción que sostiene la separación de ambos aspectos, cuando no su total equiparación.

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    Hay salesianos y colaboradores seglares que trabajan y prodigan energías en estas estructuras para el crecimiento educativo y cultural de los jóvenes.

 

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Compromisos operativos de la comunidad

EN CONSECUENCIA

    Deberán fomentar de manera más orgánica sus situaciones siguiendo estas líneas:

- Reflexionar, con miras a la educación en la fe, tanto sobre el sentido global de la cultura y el trabajo, como sobre la enseñanza de cada asignatura. a fin de evidenciar su dimensión religiosa como aspecto profundo de la realidad.

- Considerar la enseñanza de la religión como aspecto importante de formación cultural y de anuncio de la fe. Para ello, hay que garantizar la orientación correcta del contenido, el tiempo necesario en el horario, la puesta al día de los profesores y cuantos elementos puedan favorecer la mejor realización de esta enseñanza.

Durante todo el proceso de formación en la fe, téngase en cuenta la diversidad de los jóvenes con  relación a ella.     I

    A los organismos inspectoriales les corresponde promover iniciativas con que cualificar a salesianos y a colaboradores seglares para esta labor. Dichos organismos deberán verificar los programas y su calidad.

    - Prever en el horario celebraciones de fe para toda la comunidad escolar y/o para grupos particulares. Así se ofrecerán experiencias concretas de lo que se ha comunicado mediante la palabra.

- Seguir personalmente y en grupo a todos los jóvenes, particularmente a los que muestran mayor sensibilidad hacia propuestas culturales y de fe. Los salesianos dedíquense a estos jóvenes directamente compartiendo con los colaboradores seglares los aspectos de tipo organizativo y administrativo.

 

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2.        EL GRUPO JUVENIL

 

    La vida de grupo es un elemento fundamental de la tradición pedagógica salesiana.

El grupo juvenil forma parte de organizaciones más amplias (asociaciones, ambientes educativos, parro­quias); es sujeto de iniciativas especiales de apostola­do (voluntariado, actividades expresivas, turismo, de­porte...). En todos estos aspectos no miramos a su organización particular ni a su finalidad inmediata, sino al objetivo último de la formación en la fe de los jóvenes que participan en ellos.

    El grupo es el lugar donde se personalizan las propuestas educativas y religiosas; es el espacio de la expresión y de la responsabilidad; es el lugar de la co­municación interpersonal y donde se proyectan las Iniciativas. Con frecuencia es el único elemento­ estructural que ofrece a los jóvenes ocasión para que acce­dan a los valores humanos y a la educación en la fe.

En nuestros ambientes se da acogida y vida a gran de grupos, para responder adecuadamente a un verdadero interés juvenil.

Los grupos y asociaciones juveniles que, aun manteniendo su autonomía organizativa, se reconocen en la espiritualidad y pedagogía salesiana, forman de modo implícito o explícito el Movimiento Juvenil Sa­lesiano (MJS).

Es un don original del Espíritu a la comunidad de los creyentes, una riqueza que pertenece a la Iglesia y de los jóvenes.

Durante el año centenario se manifestó con vigor y creció en conciencia.

En el Movimiento Juvenil Salesiano todos los grupos viven, aunque en niveles distintos, los valores d la espiritualidad juvenil salesiana.

    El Movimiento Juvenil Salesiano es una realidad abierta de círculos concéntricos, que une a muchos

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Compromisos operativos de la comunid¡

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jóvenes: desde los más lejanos, para quienes la espiritualidad es una referencia que sólo entrevén por el ambiente en que se sienten acogidos, hasta los que de modo consciente y explícito hacen propia la propuesta salesiana. Estos últimos constituyen el núcleo animador de todo el Movimiento.

Es, por tanto, un movimiento educativo original.

    La circulación de mensajes y valores de la espiritualidad en el Movimiento Juvenil Salesiano no requiere una organización rígida y centralizada. Se basa en la comunicación libre entre grupos. Sólo considera necesaria una estructura mínima para organizar la coordinación de iniciativas comunes.

    Sobre esta base, se favorecen los encuentros que sean ocasiones significativas de diálogo, confrontación, formación cristiana y expresión juvenil.

    Los grupos actúan y se unen entre sí en la comunidad educativa local, donde viven en interacción, para enriquecerse y crear un clima cultural mente vivaz cristianamente comprometido.

Este primer ámbito tendrá una expresión más amplia en el nivel inspectorial e interinspectorial, donde se favorecen el intercambio y la comunicación entre grupos, para verificar su influjo en el territorio y su colocación y labor en la Iglesia local

Acerca de la educación en la fe, no siempre los grupos logran promover con eficacia la propuesta cristiana que figura en sus proyectos.              I

La atención predominante a los intereses inmediatos de los jóvenes, los animadores -con frecuencia poco motivados en relación con la propuesta de fe­ y las preocupaciones más de organización que de for­mación pueden determinar un prejuicio al trabajo de la educación en la fe.

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EN CONSECUENCIA:

Se pide a los animadores de grupos, a los responsa­bles de asociaciones, al director y a los consejos loca­les, al inspector y a los responsables inspectoriales:

    - que promuevan la actividad de los grupos en nuestras obras, incluso como medio privilegiado para llegar a los lejanos y favorecer el proceso de una educación auténtica en la fe;

    - que expliciten, para cada grupo o constelación de grupos, la propuesta del itinerario hacia la fe y de fe, inspirada en los elementos fundamentales de la espiritualidad juvenil salesiana a partir de los intere­ses inmediatos de los jóvenes;

    - que programen anualmente un camino de formación pedagógica y salesiana para los animadores de grupo, y prevean su verificación;

    - que cuiden la comunicación entre grupos, creando puntos de referencia y coordinación, aunque respetando siempre la autonomía organizativa;

    - que profundicen continuamente en la espiritualidad juvenil salesiana, valorizando también los luga­res de los orígenes históricos salesianos.

2.4 RELACIÓN PERSONAL

CON EL JOVEN

    La educación en la fe tiene un espacio de privilegio en el trato personal. Don Bosco fue, en esto, un maestro incomparable.

    Sus principales expresiones son la búsqueda de cada joven en su ambiente, el coloquio educativo, la dirección espiritual y el encuentro sacramental.

    En los últimos tiempos, se ha hecho sentir mucho

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Compromisos operativos de la comunidad

su necesidad, por la complejidad de los problemas , que afrontan los jóvenes y por la atención persona: que requieren. Sin embargo, no siempre la nueva de manda ha visto preparados a los salesianos. Por otra parte, quienes han asumido esta labor se preguntan cómo realizarla con estilo salesiano y con el mayor provecho posible.

EN CONSECUENCIA

Partiendo de la validez indiscutible del acompañamiento personal, se quiere alentar a los salesianos a la disponibilidad, ofreciéndoles algunas indicaciones:

    - Profundícese en las inspectorías el estilo típicamente salesiano de acompañamiento personal. Es un conjunto convergente de elementos que sostienen la maduración cristiana, tales como el clima, la asistencia-compañía, las actividades participadas, la palabra personal, las exhortaciones breves a los grupos, las celebraciones.

    - Anímese a los salesianos, y prepárense ellos, para ofrecer, en el trato personal con los jóvenes, el testimonio de su propia fe y las orientaciones que necesitan.

 

    - El director tome muy en serio el encuentro personal con los jóvenes, particularmente con aquellos cuyo camino está llegando a una opción importante de vida.

- En las casas de retiro para jóvenes, y en momen­tos de importancia particular (ejercicios espirituales, por ejemplo), sepan los jóvenes que pueden gozar, con plena libertad, de esta forma de orientación.

- Un momento privilegiado del encuentro perso­nal con el joven se vive en el sacramento de la Reconciliación.

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I

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 2. Orientaciones operativas

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Cuide el inspector la preparación de los salesianos  para este ministerio, tan importante en la pedagogía salesiana.

2.5 COMUNIDADES PARA JÓVENES

       EN DIFICULTAD

    Estos años han nacido y se han consolidado comunidades de acogida para chicos y jóvenes en dificul­tad.

    Son testimonio del arrojo nunca extinguido en nuestra Congregación y del valor del sistema preven­tivo. Son puntos de referencia y de promoción de la solidaridad: reciben la aprobación general, logran aunar múltiples colaboraciones, crean mentalidad so­lidaria en la gente y obtienen apoyo de la sociedad.

    La educación en la fe tiene, en estas comunidades, aspectos típicos.

EN CONSECUENCIA:

    Indicamos algunas orientaciones operativas.

    - Es fundamental el signo del acercamiento a estos jóvenes y a su mundo.

    El salesiano vive así, con el estilo de Don Bosco, el encuentro con Bartolomé Garelli. Echado fuera y marginado, halla en él un corazón que lo acoge, unos ojos que le sonríen, una mano que le ayuda siendo capaz de compartir su dolor y esperanza y de sostener su voluntad para comenzar o seguir. Empieza a caer la barrera de la desconfianza, y quizá hasta de la hostilidad o el prejuicio que, de hecho, habían alejado a estos jóvenes de la Iglesia y de Dios. Es el primer paso.

- Para estos chicos, el contacto diario con hom-

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Compromisos operativos de la comunidad,

bres nuevos, capaces de suscitar admiración y despertar en ellos lo mejor que llevan dentro de recursos intensamente humanos y que, por tanto coinciden con valores evangélicos-, es una experiencia verdaderamente original.

La amistad solícita, el clima de familia, la sencillez y bondad y la promoción de la dignidad personal constituyen un testimonio que hace surgir en los jóvenes las preguntas: ¿quiénes sois?, ¿por qué actuáis así?

La respuesta, dada de muchos modos y en tiempos diversos según las circunstancias de cada chico, se hace anuncio de Cristo compañero de camino y de amor del Padre, de su proyecto de salvación y de felicidad; es ofrecimiento de liberación de la esclavitud de plenitud de vida,

- El camino de educación en la fe, comenzado así es un proceso delicado, difícil y a menudo expuesto al fracaso, Aquí demostramos nuestra fe en la educación, nuestra seguridad en la fuerza de la oración, de la gracia y de la paciencia de Cristo, Recordamos con admiración el procedimiento seguido por Don Bosco con Miguel Magone.

- El educador aprovecha con entusiasmo los aspectos positivos que hay en el joven, Toda la comunidad lo alienta, comprende y perdona, pronta a arreglar cualquier rotura, a comenzar de nuevo y dispuesta a probar una vez más, para que no pierda nunca la esperanza.

Sostenido y acompañado de esta manera, el joven se abrirá no sólo a una crítica madura del sistema, sino también a una revisión profunda de su vida y a la autocrítica, que en el sacramento de la Reconciliación se hará gracia de perdón y fuerza de recuperación.

El ambiente, la solidaridad comunitaria y la disponibilidad para superar el egocentrismo y

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 Orientaciones operativas

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darse a los hermanos crecerá hasta convertirse en experiencia de comunión eucarística.

    Así, educaremos evangelizando y evangelizaremos educando.

2.6 GRANDES CONCENTRACIONES

      JUVENILES

    Últimamente se están multiplicando los momentos de grandes concentraciones juveniles. Responden a la necesidad que sienten los jóvenes de expresarse colectivamente en el plano humano y religioso. Las propuestas nacen a menudo de los grupos comprometidos, pero implican también a otros jóvenes bien dispuestos o interesados de algún modo. El día de la Juventud instituido por Juan Pablo II responde a esta necesidad, sentida también en ámbitos más restringi­dos. A lo largo del año, diversas inspectorías viven jornadas en las que se intensifica el diálogo entre to­dos los componentes juveniles.

También la peregrinación es una forma cultural presente en muchos pueblos, signo de la Iglesia peregrina. Une a la gente en los sentimientos, gestos y recuerdos al ponerla en contacto con lugares significativos para la religiosidad popular y para la memoria de los santos que actuaron allí. Los jóvenes viven esta experiencia con deseo de crecer y, a veces, como una manifestación de fe mediante el sacrificio de un largo caminar. Necesitan ambientes donde reflexionar y personas que los acojan.

Sin embargo, en cuanto a la maduración en la fe, el resultado no es siempre seguro. El clima de fiesta, con sus valores innegables, es la connotación inme­diata que todos captan. El educador de la fe debe ayu­dar a no enfatizar este clima en detrimento de los contenidos.

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Compromisos operativos de la comunidades

Toda concentración debe resultar, en su conjunto un verdadero anuncio.

EN CONSECUENCIA:

    - Su realización, dentro de la variedad de los momentos y expresiones, prevea una convergencia cuidada de contenidos en lo que se refiere a la fe una buena calidad en la comunicación: oración y celebración, música, entretenimientos, juego, convivencia, actividades escénicas, encuentro con testigo. Debates…

    -Se necesita un periodo conveniente de preparación; hay que pensar igualmente en el después de la fiesta.

    Ambos períodos requieren la participación activa de un número proporcionado de animadores/as, especialmente jóvenes.

    - La revisión debe tener en cuenta dos datos que definen el sentido de la concentración: los jóvenes que de participantes ocasionales se deciden a empezar un camino de fe, y los que maduran compromisos concretos, sociales o apostólicos en su ambiente.

 

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173

CONCLUSIÓN

Hemos hecho idealmente con nuestros jóvenes un viaje hacia la fe.

Lo hemos realizado a la luz del Espíritu Santo, que nos ha ayudado a comprender y escuchar su voz en ellos.

La fatiga del recorrido

se ha visto compensada

por  la alegría del descubrimiento.

 

Si, después de leer estas páginas,

alguien dice que en conjunto

no hay ninguna novedad.

bajos  ciertos aspectos tiene razón,

porque sólo hablan de nuestra misión de salesianos.

dedicados a educar a los jóvenes en la fe:

nuestra misión de ayer, pues,

y de hoy y de siempre,

mientras haya chicos y juventud.

Son las cosas esenciales,

que continuamente han de ser meditadas,

conservadas en el corazón

y, sobre todo practicadas.

Si al leer estas páginas,

alguien se siente «hombre de poca fe».

atcmorizado por lo que se le pide.

sepa

que también nosotros nos hemos visto

lomo hombres de fe diminuta

cual una semilla.

Es el grano de mostaza,

300

174

Compromisos operativos de la Comunidad.

                                                           

depositado en la tierra de Dios

para que crezca.

Semilla

que ni el roce de las jornadas de trabajo

podrá destruir                                       

ni llevársela el viento,

porque la caridad no fallará

mientras Dios Trinidad sea amor.

Nos encomendamos, pues, a la caridad pastoral, don y energía del amor del Padre,

de la que nos es signo Cristo,

derramada en nosotros por el Espíritu Santo.

El amor es la única fuerza a la que nadie se resiente

Don Bosco nos alienta diciéndonos:                            

«Si no es posible alcanzar la última letra del alfabeto

pero se puede llegar al abecedé,                                     .

¿por qué dejar de hacer ese poco?»

(MB XII, 207; MBe XII, 183).

En fin,

si al leer estas páginas

alguien ha vuelto a escuchar hoy la voz de Don Bosco

y ha sentido alegría y contento

ante esta energía de Espíritu Santo                                 

que, gracias a la intervención de María Auxiliadora

se va difundiendo en la Iglesia;                                        

si, tras algún momento de cansancio,

quiere seguir el camino hacia la misión,

alegrémonos todos,

porque el Señor está con nosotros:

«¿No ardía nuestro corazón

mientras nos hablaba

por el camino...?» (Le 24, 32).

      DISPOSICIONES

SOBRE TEXTOS LEGISLATIVOS

Y OTRAS ORIENTACIONES

. Cambios e interpretaciones

                    de textos legislativos

     . Grupos de inspectorías

. Presencia salesiana en África

DISPOSICIONES Y ORIENTACIONES SOBRE CONSTITUCIONES

Y REGLAMENTOS

El XXIII Capítulo General estudió con atención las propuestas llegadas de los capítulos inspectoriales o de algunos hermanos acerca de ciertos puntos del derecho propio o de las estructuras operativas de la Congregación, y aprobó varias modificaciones o aña­diduras a los textos legislativos, así como algunas disposiciones y orientaciones para la interpretación práctica de dichos textos o para la animación de las estructuras de la Congregación.

1. MODIFICACIONES O AÑADIDURAS

     AL TEXTO DE LAS CONSTITUCIONES

El XXIII Capítulo General, con una mayoría superior a los dos tercios de los presentes, a tenor del artículo 152 de las Constituciones, acordó las siguien­tes modificaciones o añadiduras al texto de las Consti­tuciones de la Sociedad de san Francisco de Sales.

Dichas modificaciones y añadiduras, transmitidas a la Congregación de institutos de vida consagrada y de sociedades de vida apostólica, fueron aprobadas y confirmadas el 25 de mayo de 1990 (prot. n. T. 9-1/ 90). Por tanto, entran en el texto de las Constitucio­nes.

Se indican, a continuación, las pequeñas modifica­ciones y añadiduras, cuyo carácter es práctico y de precisión jurídica.

178

Educar a los jóvenes en la  fe

1.1. Supresión del núm. 14 del § 1 del art. 132 de las Constituciones                                                                              

    Con relación al § 1 del arto 132 de las Constituciones, que enumera los casos en que el Rector Mayor debe tener el consentimiento de su Consejo, se acuerda suprimir el núm. 14, que dice: los demás casos previstos por el derecho universal.

Las motivaciones para dicha supresión son principalmente éstas:

    - el mencionado núm. 14 del citado artículo es superfluo, pues está claro que el Rector Mayor debe tener el consentimiento de su Consejo de los casos prescritos por el derecho común;

    - además, el hecho de que el núm. 14 aparezca final del § 1 del arto 132 representa una limitación genérica (no delimitada con exactitud) del poder del Consejo de dar el consentimiento, incluso para los casos en que no se requiere estrictamente la totalidad de los consejeros.

    Al evitar la especificación de esta norma general en el texto de las Constituciones, bastará seguir las indicaciones dadas por el Código de derecho canónico.

1.2. Modificación del § 2 del arto 132

de las Constituciones

En cuanto al art. 132 de las Constituciones, se acuerda modificar el § 2 del modo siguiente:

«El Rector Mayor debe tener el consentimiento de los consejeros presentes en la sede, reunidos en número no inferior a tres, en los casos siguientes:

    1. dispensa de la profesión religiosa temporal;

     2. nombramiento de consejeros inspectoriales

(167C);

    3. concesión de autorización para las' operaciones financieras enumeradas en el artículo 188 de las Constituciones, salvo lo que prevé el artículo

 132, § 1, 12".

1


179

Explicaciones y motivos:

    Con esta modificación se rebaja de cinco a tres el  número mínimo de consejeros necesarios para dar el consentimiento en algunas materias consideradas de particular urgencia (para las que, por tanto, no se puede esperar a la próxima sesión plenaria del Con­sejo).

    Así, el Capítulo General acoge y sanciona una modificación al texto de las Constituciones ya pedida a la

Sede Apostólica por el Consejo General, como dero­gación a las Constituciones, y que la Congregación de religiosos e institutos seculares había concedido el 16 de marzo de 1985, «hasta el próximo capítulo ge­neral».

    El motivo de la modificación es de carácter prácti­co. Teniendo en cuenta que los consejeros regiona­les, por su labor de conexión con las inspectorias de su Región, deben estar fuera de la sede durante un tiempo considerable, y que también otros consejeros, en ciertos periodos, deben dedicarse a la animación de las inspectorias se experimentó una no pequeña dificultad de tener en la sede al menos cinco conseje­ros (además del Rector Mayor o el Vicario), para re­solver casos urgentes. De ahí la decisión de rebajar de cinco a tres el número mínimo de consejeros necesa­rios para atender los casos aludidos sin tener que es­perar demasiado tiempo.

 

1.3. Modificación del arto 151,8

         de las Constituciones

    Con relación al arto 151 de las Constituciones, que  enumera los miembros del capítulo general de nues­tra Sociedad, se acuerdan las siguientes integraciones (en bastardilla) en el núm. 8:

«8. los delegados de las circunscripciones jurídicas de que habla el arto 156 de las Constituciones, profe­sos de votos perpetuos, elegidos a tenor del arto 171, 5

de las Constituciones y a tenor de los Reglamentos Generales».

Explicación:

    Como se ve, son precisiones jurídicas necesarias:

    -se alude al art. 156 de las Constituciones, donde se describen las «circunscripciones jurídicas en que se divide nuestra Sociedad, y que envía delegados al capítulo general; 

- s    -se cita asimismo explícitamente el arto 171, 5 de las Constituciones, donde se establece que los delegados (uno o dos) para el capítulo general y sus suplentes son elegidos por el capítulo inspectorial; las modalidades se especifican en los Reglamentos Generales.

,

.

.

Disposiciones y orientaciones

181

2. MODIFICACIÓN EN LOS REGLAMENTOS

GEENERALES

Modificación al art. 76,4

de  los Reglamentos Generales

305

   Con relación al art. 76 de los Reglamentos Generales, se acuerda que el núm. 4 se modifique así:

«4. por los bienhechores y miembros de la familia salesiana difuntos, se celebrará una misa en cada comunidad el primer día litúrgicamente libre del mes de  noviembre, que es el 5».

    Motivo. Esta modificación se debe a que el día 13 de noviembre, que los Reglamentos Generales indica­ban para el sufragio de los bienhechores y los miem­bros de la familia salesiana difuntos, ahora está asig­nado, en nuestro misal propio, a la memoria anual de los beatos mártires Luis Versiglia y Calixto Caravario. Para dicho sufragio se eligió el primer día litúrgica­mente libre del mes de noviembre, el 5.

3. INTERPRETAQONES PRÁCTICAS

DE TEXTOS DE LAS CONSTITUCIONES Y DE LOS REGLAMENTOS

    Las siguientes interpretaciones prácticas, a tenor del art. 192 de las Constituciones, fueron acordadas por el XXIII Capítulo General para responder a exi­gencias surgidas en la definición de algunos proble­mas concretos, especialmente en ocasión de las elec­ciones para el capítulo inspectorial o general.

3.1. Interpretación práctica del arto 151, 7 y 8

306

«El XXIII Capítulo General dispone que el inspector o el superior de Visitaduría que preside el capítulo inspectorial, pero que cesará antes de celebrarse el

182

Educar a los jóvenes eni

capítulo general, pueda tener voz pasiva en la elección del delegado para el capítulo general».

    Motivación: Esta disposición fue aprobada para resolver una duda y sancionar el pleno derecho de voz activa y pasiva que tiene, en la elección del delegado para el capítulo general, el inspector (o el superior de visitaduría) que, en el momento de la elección, empeña todavía el cargo, pero que ya habrá cesado al celebrarse el capítulo general.

3.2. Con relación al art. 164

de los Reglamentos Generales

    «El XXIII Capítulo General declara que, tanto el teléfono como el telefax se equiparan, en caso de necesidad, a la carta de que habla el art. 164 de los

Reglamentos Generales, con tal de que las indicaciones transmitidas sean recibidas por los escrutadores que quedan obligados al secreto».

4. DISPOSICIONES SOBRE GRUPOS

DE INSPECTORÌAS

    Con respecto a los grupos de inspectorías, el XXIII Capítulo General aprobó dos disposiciones: una para determinar la Región a que pertenecen las inspectorías de Checoslovaquia y de Hungría; con la otra se prorroga por un sexenio más la delegación especial para las inspectorías de Polonia.      

He aquí el texto de dichas disposiciones:                                                                                             i

4.1 «El XXIII Capítulo General dispone que las inspectorías de Checoslovaquia y de Hungría pertenez­can a la Región Norte de Europa y África Central».

4.2 «El XXIII Capítulo General, aunque desea un progresivo camino hacia una integración más plena de las inspectorías de Polonia en la Europa salesiana, sin embargo juzgando que aún tienen suficiente validez

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Disposiciones y orientaciones

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las motivaciones aducidas por el Capítulo General Especial (1971), establece que se confíen una vez más por un sexenio las inspectorías de Polonia a un dele­gado personal del Rector Mayor».

    5. ORIENTACIÓN OPERATIVA PARA LA

            PRESENCIA SALESIANA EN ÁFRICA

    En el ámbito de la verificación de la presencia salesiana en África, y con referencia a la estructura de conexión, para una mayor eficacia de animación, el XXIII Capítulo General aprobó la siguiente orienta­ción operativa:

«El XXIII Capítulo General encomienda al Rector Mayor con su Consejo el cuidado de ejercer, median­te las formas que parezcan más idóneas, un papel es­pecial de coordinación, a fin de ayudar a los salesia­nos que trabajan en África a tomar conciencia de la cultura africana, de modo que se orienten de modo dicaz el crecimiento de las presencias salesianas, la Actividad pastoral y, en particular, el proceso de for­mación».

...

ANEXOS

1.       Mensaje de Pablo II

en la inauguración del Capitulo General

2. Saludo del cardenal Juan Jerónimo Hamer

3. Discurso del Rector Mayor al inaugurar el Capítulo General

4. Palabras de homenaje del Rector Mayor al Santo Padre

5. Discurso de Juan Pablo II a los capitulares el 1 de mayo

6. Saludo a las Hijas de María Auxiliadora del XIX Capitulo General

7. El XXIII Capitulo General a los Cooperadores y Cooperadoras

8. El XXIII Capítulo Generala los Antiguos Alumnos

9. Discurso del Rector Mayor al clausurar el XXIII Capítulo General

10. Carta a los jóvenes

11. Crónica del XXIII Capítulo General

12. Relación de participantes en el XXIII Capítulo General

MENSAJE

DE S.S. JUAN PABLO II

AL INAUGURARSE

EL XXIII CAPÍTULO GENERAL

Al amado hijo Egidio VIGANÓ,

Rector Mayor

de la Sociedad de san Francisco de Sales.

Llegue mi saludo, con los mejores deseos de buen trabajo, a usted y a todos los salesianos que participan

en el XXIII Capítulo General de esa Congregación.

La asamblea capitular es, para todo instituto religioso, un punto firme de donde partir para una nueva profundización del propio carisma. La que estáis para por empezar, debe constituir, pues, para vosotros una ocasión de privilegio no sólo para ahondar en la mi­sión que os confió san Juan Bosco, sino también para seguir mejorando la calidad de la labor pastoral que realizáis los Salesianos en muchas Iglesias particula­res con especial atención a la juventud.

Vuestro trabajo institucional, en efecto, se encamina, sobre todo, a educar a los jóvenes, de cuya res­puesta depende el porvenir de la fe, pues la esperanza de un mundo más cristiano renace con cada nueva generación, siempre que ésta pueda gozar de una educación conveniente, inspirada en el Evangelio. También hoy, por tanto, es preciso trabajar para que madure en los jóvenes una convencida síntesis entre fe y vida, de modo que puedan ser en la sociedad testigos valientes y creíbles del gran misterio de Cris­to, principio y coronamiento de toda la esperanza cristiana.

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   Tengo la certeza de que, siguiendo la reconocida tradición pedagógica de vuestra Congregación, no dejaréis de trazar, para lograr este fin, proyectos concretos y actualizados. San Juan Bosco os invita no sólo a dedicaros a los jóvenes, sino a educar mediante un proyecto. Como os decía con motivo de la clausura del centenario de la muerte de vuestro Fundador, éste os dejó «una síntesis vital entre saber pedagógico y praxis educativa». Debéis, pues, procurar aplicar al desarrollo del tema, «unificando en síntesis los complejos elementos destinados a promover el desarrollo total del muchacho y del joven». 

Con esta perspectiva, quiero recordaros, capitulares, dos aspectos que debéis profundizar con esmero: la espiritualidad juvenil y la dimensión social de caridad. Son dos grandes preocupaciones pastorales de la Iglesia.

Ante todo, en la educación de los jóvenes no basta apoyarse en la simple racionalidad de una ética humana, ni es suficiente una instrucción religiosa meramente académica; hay que suscitar convicciones personales profundas que conduzcan a una vida inspirada en los valores perennes del Evangelio. Es preciso tender a formar santos. «En la Iglesia y en el mundo -escribí en la carta Júvenum Patris- la., visión de una educación completa, según aparece encarnada en san Juan Bosco, es una pedagogía realista de santidad. Urge recuperar el verdadero concepto de santidad, en cuanto elemento de la vida de todo creyente. La originalidad y audacia de la propuesta de una santidad juvenil es intrínseca al arte educativo de este gran Santo, que con razón puede definirse maestro de espiritualidad juvenil» (núm. 16).

En segundo lugar, en vuestra actividad de educado­res y pastores debe tomar consistencia la dimensión  social de la caridad, pues los signos de los tiempos le señalan nuevos espacios, a la luz de una renovada

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Mensaje de S.S. Juan Pablo II

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conciencia del bien común. Se abren hoy ante la cari­dad de los cristianos, con perspectivas cada vez más amplias, los múltiples campos de la vida ciudadana y política, San Juan Bosco os enseñó a formar ciudada­nos responsables mediante la maduración de convic­ciones concretas de fe que se traduzcan a opciones operativas que respondan a las necesidades que van surgiendo poco a poco. Tarea vuestra es individuar los objetivos actualmente prioritarios, hacia los que hacer confluir el trabajo de la juventud que se os ha confiado.

¡Que María Auxiliadora os guíe como madre! Su sincera y filial devoción os estimulará a afrontar con generosidad y a superar victoriosamente las numerosas­  dificultades que podáis encontrar en vuestro ca­mino.

    Deseando un éxito feliz. a la actividad del Capítulo General, invoco sobre usted y sobre los capitulares la efusión de los dones del Espíritu Santo. Como prenda de los cuales, imparto a todos la implorada bendición apostólica, que gustosamente extiendo a vuestra Congregación y a toda la familia salesiana.

           Vaticano, 22 de febrero de 1990, festividad de la

Cátedra de san Pedro apóstol.

JUAN PABLO II

ANEXO 2

SALUDO DEL CARDENAL

JUAN-JERÓNIMO HAMER

prefecto de la congregación

de institutos de vida consagrada

y de sociedades de vida apostólica

Estoy aquí para saludaros en mi condición de prefecto de la Congregación de institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica. Al hacerlo, quiero señalaros la importancia de una reunión como la vuestra y la confianza que tenemos en vosotros, e invitaros a asumir vuestra tarea con lucidez y valentía.

Sois un capítulo general, representáis a toda la Sociedad Salesiana de san Juan Bosco, sois el signo de su unidad en la diversidad.

Estáis aquí para hacer una reflexión fraterna y comunitaria que os ayude a ser más fieles al Evangelio y  al carisma de vuestro santo Fundador, dispuestos a  responder a las necesidades de nuestro tiempo y de  los diversos lugares.

Todos juntos, dejándoos guiar por el Espíritu del Señor, os vais a esforzar por conocer la voluntad de Dios para servir mejor a la Iglesia en el mundo de hoy.

Sin embargo, no sois únicamente un grupo de hermanos y amigos que se reúnen para tener intercam­bios interesantes y quizá hasta fructuosos, pero sin compromiso personal; de ningún modo. Vuestra reflexión debe ser comunitaria y comprometerse: tiene que llegar a decisiones, pues sois un capítulo general: poseéis la autoridad suprema en la Sociedad Salesia­na; debéis ejercerla según vuestras Constituciones.

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Saludo del cardenal Juan-Jerónimo Hamer

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    Estáis reunidos aquí en asamblea de gobierno. Lo que se espera de vosotros son reflexiones y disposi­ciones que, bien profundizadas, desemboquen en orientaciones precisas y en tomas de posición neta y claras.

    Entre las decisiones que vais a tomar, figura, en su puesto, la elección del Rector Mayor y los miembros del Consejo General. Os corresponde también dar le­yes para toda vuestra Sociedad y tratar, de modo res­ponsable, los asuntos más importantes.

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   Ahora bien, esto se ha de hacer con una óptica muy  precisa: la fidelidad a vuestro patrimonio y al servicio específico que la Iglesia espera de vosotros.

    Sois religiosos, sois apóstoles, y estáis al servicio de los jóvenes. Lo sois de forma inseparable en la indiso­luble unidad de vida.

    Vuestras Constituciones (art. 2) lo dicen claramen­te: «Los Salesianos de Don Bosco formamos una comunidad de bautizados que, dóciles a la voz del Espíritu, nos proponemos realizar, en una forma específica de vida religiosa, el proyecto apostólico del Fundador: ser en la Iglesia signos y portadores del amor de Dios a los jóvenes, especialmente a lo más pobres. En el cumplimiento de esta misión encontra­mos el camino de nuestra santificación».

    Os habéis preparado bien para vuestro trabajo de capitulares. Sé que una comisión precapitular ha rea­lizado una labor preparatoria considerable, que tenéis a vuestra disposición. Este documento de trabajo se orienta plenamente al tema del capítulo: 'educar a los jóvenes en la fe' dando la preferencia al aspecto operativo, aunque sin descuidar los elementos de análisis y reflexión.

    No me corresponde a mí entrar en el tema; lo ha­réis vosotros, capitulares. Sin embargo, he visto con satisfacción que la mencionada comisión ha procura­do respetar, desde su mismo punto de partida, el

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equilibrio que tiene que caracterizar a todo capítulo general en cuanto órgano de gobierno pastoral.

Vuestra misión en la Iglesia es un servicio. Esforzaos por estar espiritual y humanamente preparados y cualificados para dar vuestra aportación a la evangelización de los jóvenes, especialmente a la de los más necesitados, de los más pobres. Y así os ponéis a disposición de quienes, en las distintas diócesis, tienen la responsabilidad de la evangelización como sucesores de los apóstoles.

Vuestras Constituciones (art. 48) lo dicen de forma muy acertada: «La Iglesia particular es el lugar donde la comunidad vive y realiza su compromiso apostólico. Nos incorporamos a su pastoral, que tiene en el obispo su primer responsable y, en las directrices de las conferencias episcopales, un principio de acción: de mayor alcance. Le ofrecemos la aportación de la obra y la pedagogía salesiana, y de ella recibimos orientaciones y apoyo».

Comentando esta última frase, cabe afirmar: «El primer punto subraya la riqueza que los Salesianos deben llevar a la Iglesia particular: la acción pastoral típica de Don Bosco y su sistema preventivo. En cambio, el segundo [os] estimula a acoger las orientacio­nes de los pastores, a fin de poder: caminar con cohesión en una pastoral de conjunto y recibir apoyo de toda la Iglesia en [vuestro] trabajo» (El Proyecto de vida de los Salesianos de Don Bosco, Madrid, 1987, pág. 481).

  Permitidme aún que, en este saludo antes de inau­gurar formalmente vuestro capítulo, subraye otro punto: un capítulo general es un acto de comunión eclesial.

  Ciertamente un capítulo es una asamblea como cualquier otra, en cuanto que responde a determina­das leyes de la psicología social: están las reglas para un debate organizado; tenéis la traducción simultá­nea y, probablemente, el apoyo de ordenadores y una

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317

Saludo del cardenal Juan-Jerónimo Hamer

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secretaría bien provista. Todo ello es útil y hasta imprescindible, como ocurre en las asambleas modernas algo numerosas, particularmente si son interna­cionales.

    Sin embargo, un capítulo tiene una nota específica:

es un hecho de comunión eclesial. No es un acto de la sociedad civil, cuyo objeto es organizar el orden temporal; es un hecho de Iglesia. Nos hallamos en el orden espiritual. La vida religiosa no tiene más objetivo que el de la Iglesia: la salvación de los hombres.

Por tanto, nuestras fuentes serán espirituales: el Evangelio, ya que ignorarlo es ignorar a Cristo; la tradición espiritual de la Iglesia y su magisterio; la tradición de vuestro instituto desde la época del Funda­dor, el Derecho Canónico, y toda una riqueza que vuestras Constituciones deben traer hoy hasta voso­tros.

Por ello, acudimos con frecuencia a la oración. A vuestro capítulo le ha precedido Una tanda de ejerci­cios espirituales: iniciativa excelente. Ahora no duda­réis en dar a la celebración eucarística y a la oración amplio espacio en el desarrollo de vuestro capítulo. Para esto cabe inspirarse en el concilio ecuménico Vaticano II, que fue una celebración. No tendría yo dificultad en hablar de celebración de un capítulo ge­neral. Lo que cuenta, ante todo, es una atmósfera de oración y recogimiento que ponga la reflexión y el debate en su nivel justo.

A menudo en los capítulos generales de hoy se usa la hermosísima oración al Espíritu Santo Ádsumus, que rezaban los padres del Vaticano II antes de cada sesión durante los cuatro años del Concilio. Permitid que cite sus primeras frases, porque están llenas de enseñanza para vosotros. Adsumus, Domine Sancte Spiritus; adsumus, peccati quidem immanitate detenti, sed in nomine tuo specialiter congregati. Veni ad nos et esto nobiscum.

En versión [española]: Henos aquí, Señor, Espíritu Santo; henos en tu presencia, temerosos sí por la

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enormidad de nuestros pecados, pero congregado especialmente en tu nombre. Ven y quédate con nosotros».

Nadie puede participar en un capítulo con la seguridad y presunción del fariseo, nadie puede tomar la responsabilidad de los otros en nombre de su propia virtud; asumimos el trabajo capitular con la humildad del publicano. Pero lo hacemos sin pusilanimidad con determinación y valentía, porque es el Espíritu Santo quien nos ha convocado y confiamos en que va a realizar su obra en nosotros, en nuestra persona, en nuestra acción.

La oración Ádsumus no hace más que parafrasear el dicho de Cristo: «Donde dos o tres se hallan reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». Que Jesucristo, pues, esté con vosotros y os asista su Espíritu. Os lo deseo a cuantos estáis hoy reunidos aquí para el XXIII Capítulo General de la Sociedad Salesiana.

9 de marzo de 1990

ANEXO 3

DISCURSO DEL RECTOR MAYOR don Egidio VIGANÓ, al inaugurar

el XXIII Capítulo General

Eminentísimo cardenal Hamer,

Eminencias,

madres, hermanas y hermanos responsables de gru­pos de la familia salesiana,

capitulares:

    Un saludo agradecido a S. Em.a el prefecto de la Congregación de institutos de vida consagrada y a los eminentísimos señores cardenales que con su presen­cia ponen de relieve el sentido eclesial de nuestro Capítulo General.

    Un gracias cordial a la madre general de las Hijas de María Auxiliadora, a los presidentes de los Cooperadores, Antiguos Alumnos y Exalumnas, a la respon­sable mayor de las Voluntarias de Don Bosco y a la superiora general de las Oblatas Salesianas, que representan la adhesión de incontables hermanos y her­manas de la familia salesiana en el mundo.

    Y un cálido saludo de bienvenida a todos los capitulares, llegados aquí desde ochenta y cinco circuns­cripciones jurídicas de nuestra Sociedad.

1. El XXIII Capítulo General

Estamos inaugurando oficialmente el XXIII Ca­pítulo General de la Sociedad de san Francisco de Sales.

       Cuando Don Bosco convocó el primero, en 1877,

196

Anexo

los participantes eran veintitrés, y su duración fue de trece días completos.

    Cuando, casi un siglo más tarde, se celebró, en, 1971, el XX Capítulo General, sus miembros eran doscientos dos, y la duración fue de seis meses y veintiséis días: se trataba de un capítulo especial, o sea, excepcional.

    Los que le siguieron -el veintiuno y el veintidós- estuvieron también implicados, de algún modo, en la necesidad de ser especiales, y duraron alrededor de cuatro meses cada uno.

    Hoy, en este veintitrés Capítulo General, sus miembros deberían ser doscientos siete, pues uno -el dos., cientos ocho- recibió no hace mucho la consagración episcopal, y nos preguntamos cuánto tiempo va a durar.

    Creo que es útil empezado proponiendo al respecto un plan de principio. En el Consejo General, teniendo en cuenta que se trata de un capítulo ordinario, se pensó sugerir a los colegas de asamblea, es decir, a vosotros, queridos capitulares, que tengáis a bien tomar desde el principio la decisión de no superar los dos meses. A nosotros nos pareció razonable poner como fecha tope el próximo 12 de mayo.

2. Un Capítulo General ordinario

    ¿Por qué consideramos ordinario este Capítulo?

    En realidad, el carácter de ordinario es inherente a la naturaleza de un capítulo general normal. Su expli­cación, pues, se halla en el texto constitucional. Lo que, en cambio, habría que explicar es la calificación de especial o extraordinario. Aquí nos interesa subra­yar el aspecto de ordinario, con el fin de señalar que para nosotros está, de hecho, concluida la vasta, deli­cada e imprescindible labor de revisión global de los documentos de nuestra identidad en la Iglesia. Así pues, hemos terminado la tarea especial, pedida por el Vaticano II, y surge de nuevo la necesidad ordina­

Discurso del Rector Mayor

197

ria de afrontar sólo algún aspecto vital, en cuyo estu­dio se verán proyectar también, en la práctica, las grandes conquistas de los capítulos anteriores.

En la Regla hallamos indicadas las incumbencias que han de afrontarse. Las conocemos. Sin embargo, ahora debemos consideradas a partir de la situación nueva en que cada uno de nosotros se halla como capitular, es decir, miembro de una asamblea que re­presenta a todo el Instituto y que, según nuestro dere­cho, posee colegialmente «la autoridad suprema en la Sociedad» (Const. 147). Esta óptica de conciencia ca­pitular despertará la convicción personal de la grave responsabilidad que tiene cada uno de nosotros.'

¿Cuáles son los principales deberes que nos aguar­dan?

2.1 Ante todo la tarea de cuidar y animar

un carisma suscitado por el Espíritu

para bien de la Iglesia

Es un quehacer que se deduce del artículo 6 de las

Constituciones, que afirma: «La vocación salesiana nos sitúa en el corazón de la Iglesia y nos pone plena­mente al servicio de su misión». Lo especifica el 146, diciendo que los trabajos de un capítulo general de­ben ordenarse a buscar la «voluntad de Dios, para servir mejor a la Iglesia».

Empezamos hoy un acontecimiento que, como he­mos visto, tiene una dimensión netamente eclesial. La autoridad suprema de la asamblea capitular es sólo para dentro de la Congregación, pues hay otras autoridades superiores a las que debemos hacer refe­rencia constante. «La Sociedad Salesiana -recuer­dan las Constituciones- tiene como superior supre­mo al Sumo Pontífice, a cuya autoridad los socios se someten filialmente aun en virtud del voto de obe­diencia, estando a su disposición para bien de la Igle­sia universal. Acogen con docilidad su magisterio y ayudan a los fieles, especialmente si son jóvenes, a aceptar sus enseñanzas» (art. 125).

­

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    El Derecho Canónico precisa: que a un capítulo general «le compete, sobre todo, defender el patrimonio del instituto... y procurar la acomodación y renovación de acuerdo con el mismo» (canon 631), o sea, que estamos investidos de autoridad, para custodiar fielmente la intención y proyectos del Fundador «acerca de la naturaleza, fin, espíritu y carácter de cada instituto, así como también sus sanas tradiciones, todo lo cual constituye el patrimonio del instituto» (canon 578).

2.2 Otra tarea es el cuidado de la unidad

        de vida en la Congregación

    Nuestra Asamblea debe constituir su «principal si no» (Const. 146). A pesar de la diversidad de situaciones y culturas, estamos llamados a testimoniar y robustecer aquí los vínculos de comunión plena en el mismo espíritu y misión, con convencida y realmente vivida adhesión a una misma profesión religiosa.

    La dinámica de un capítulo no se inspira en las prácticas democráticas de un parlamento, sino en la originalidad del misterio de la Iglesia; en consecuencia, se esfuerza por afianzar, con sinceridad fraterna, las motivaciones de comunión, a fin de lograr unanimidad en la asamblea, ya que uno es efectivamente el carisma, uno su Fundador y una su Regla de vida.

    En el primer Capítulo General, este aspecto era más fácil. «Nos hallamos todavía en nuestros principios -afirmaba Don Bosco-; nuestro número no es aún extraordinariamente grande. Hasta ahora: el Oratorio ha sido el centro para todos... Más adelante, si no se ponen todos los medios para soldar bien este vínculo, pronto llegaremos a un estadio heterogéneo donde ya no será absoluta, entre nosotros, la unidad, Es preciso hacer todo lo posible para mantenemos en un solo espíritu» (MB XIII, 286; MBe XIII, 251).              

    En este sentido el capítulo general es una especie  de alto y especializado cursillo de formación perma-

                                                                                                

321

Discurso del Rector Mayor

199

nente sobre los valores de la unidad en el espíritu salesiano, organizado para multiplicadores cualificados al servicio de todas las inspectorías.

2.3 Otra labor es el esfuerzo comunitario

para dar dinamismo al carisma

    Los Reglamentos Generales afirman que, al convocar el capítulo, el Rector Mayor indique su principal objetivo (d. arto 111). El tema propuesto para nuestra asamblea es la educación de los jóvenes en la fe. Que­remos dar dinamismo a la calidad pastoral de nues­tras obras. Por tanto, debemos orientar nuestro traba­jo hacia un crecimiento, con fidelidad dinámica a san Juan Bosco, en dos sentidos: una adhesión más genui­na a las misión evangelizadora, y mejor sensibilidad y capacidad pedagógica de respuesta a las interpelacio­nes de los tiempos y lugares (cf. Consto 146).

    Las sugerencias de los capítulos inspectoriales y el documento de trabajo que tenemos en los Esquemas precapitulares ofrecen una plataforma de lanzamien­to para trazar orientaciones operativas.

    Todos estamos convencidos de que nuestra labor apostólica pasa por la educación; pero la prioridad que hay que esclarecer es la de asegurar, en la prácti­ca, cómo y mediante qué pasos impregnada y guiada por el aliento pastoral.

    He ahí un discernimiento de peculiar urgencia, a fin de garantizar la identidad salesiana en la praxis.

 

2.4 Es también incumbencia del capítulo general el considerar las propuestas de cambio de. algunas leyes internas

    Nuestra asamblea tiene la potestad de «legislar para toda la Sociedad» (Const. 147).

    Los tres últimos capítulos generales elaboraron el texto de nuestras leyes (año 1984).

    Según propuestas llegadas, sugeridas por la expe­riencia, habría que examinar aún de nuevo este

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Anex

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Capítulo varios artículos, que oportunamente indicará el regulador.

3. Delicada responsabilidad de las elecciones:

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 Algo que incidirá mucho en la vida de la Congregación es la elección del Rector Mayor y los miembros del Consejo General (cf. Consto 147).

    Aquí es donde se ve quizá más claramente en qué consiste la autoridad suprema del capítulo general

(Const.147; cf.120).

    Vale la pena reflexionar sobre ello un momento.

    Ante todo, querría hacer notar que el calificativo de suprema subraya, para nuestra conciencia capitular, una responsabilidad verdaderamente extraordinaria altísima, aun cuando en la Iglesia -ya hemos aludido a ello- no tenga un sentido absoluto e ilimitado. Es interesante observar que no todos los capítulos generales de los institutos de vida consagrada tienen las mismas competencias. Hay diferencias considerables la fisonomía de cada uno depende de la naturaleza de su carisma y de las indicaciones del derecho propio.

    La autoridad de nuestra asamblea es suprema, sobre todo, en el sentido de que es la fuente de toda autoridad en la Congregación. «Hay que recordar -dijo el Capítulo General Especial- que, entre no­sotros, la autoridad de los diversos superiores no deriva inmediatamente de una posible voluntad de designación por parte de la base, sino que tiene su origen en el acto de la erección canónica de la Sociedad. Existe, pues, en toda la Congregación un solo núcleo y una sola fuente de autoridad. Y esta autoridad, recibida de la Iglesia, pasa por la voluntad electiva del capítulo general, para concentrarse, según las Constituciones, en el ministerio del Rector Mayor y del Consejo General» (núm. 721).

    La experiencia nos enseña que este ministerio resulta fuertemente vital. Es verdad que la autoridad del capítulo general es suprema, en cuanto que tiene

Discurso del Rector Mayor

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la potestad legislativa y la facultad de dar directrices auténticas y orientaciones universales de animación y gobierno; sin embargo, no le corresponde la potestad judicial normal ni la ejecutiva. El capítulo general no es un organismo permanente de gobierno; es una rea­lidad discontinua, que tiene lugar cada seis años.

Durante su misma celebración, el Rector Mayor con el Consejo General sigue ejerciendo las funciones necesarias -más urgentes- para la buena marcha de la vida en la Congregación, igual que hacen en sus relativas circunscripciones los capitulares que son inspectores. En las Constituciones escritas por Don Bosco, al tratar del gobierno interno de la Sociedad ni siquiera se habla de la autoridad suprema del capí­tulo general.

Lo digo para subrayar la importancia suprema de las elecciones.

El papel del Rector Mayor y de los miembros del Consejo General tiene, por constitución y de hecho, una incidencia decisiva, permanente, práctica e in­mediata en toda la vida del Instituto.

Hay que prepararse, por tanto, a este acto electivo con atenta conciencia, madurada en la oración y en un discernimiento objetivo de los posibles candida­tos, plenamente dirigido a dar vitalidad al carisma de san Juan Bosco, sin acentuar motivaciones no esen­ciales, que podrían ser nocivas.

En este momento, en nombre propio y en nombre de los miembros del actual Consejo General -al concluir el mandato de seis años recibido, en obe­diencia, del XXII Capítulo General-, puedo decir que se ha procurado trabajar intensamente y con leal­tad por el bien de la Congregación. Personalmente, siento el deber de pedir perdón por las deficiencias que han acompañado mi servicio.

En el Consejo General, con sus múltiples tareas, se adquieren conocimientos, sensibilidades, visiones de conjunto, sentido de Iglesia, criterios de prioridad y equilibrio de identidad, que no afloran en los otros

202

cargos de la vida salesiana. Puede afirmarse que, el Consejo General resulta verdadera escuela de alta especialización para servir a la Congregación. Pero en él pasan los años y se envejece. Convendrá, pues, pensar también en nuevos candidatos más jóvenes y muy capaces.

Esta responsabilidad de las elecciones es, asimismo, una de las más delicadas, si pensamos en la incidencia vital que el Rector Mayor y el Consejo Genera ejercen, por su función, en toda la familia salesiana.

4. Tema del XXIII Capítulo General

    En l En la circular de convocación de este XXIII Capítulo General (ACG núm. 327, octubre-diciembre de 1988), al explicar el carácter ordinario de este capítulo, afirmaba yo que en él «se quiere centrar la atención de los salesianos en un argumento específico de orden operativo, considerado de particular urgencia para toda la Congregación, aunque de algún modo sea sectorial, en el sentido de que no se refiere a la totalidad de la vida salesiana».            I

La expresión «aunque de algún modo sea sectorial» es verdadera en cuanto que propiamente sólo se refiere al aspecto operativo de nuestras actividades concretas, dando ya por adquiridos los grandes fundamentos espirituales y doctrinal es. Si, en cambio, se interpreta el vocablo 'sectorial' como algo secundario que no implica, de forma prioritaria, a toda nuestra renovación, se le daría una interpretación errónea.

En efecto, la labor de educar a los jóvenes en la fe pone en el centro del trabajo capitular el sistema preventivo de San Juan Bosco como ortopraxis (cf. circu­lar publicada en Actas del Consejo Superior, núm. 290: julio-diciembre de 1978) de la vida salesiana en I toda comunidad local; es decir, como lugar de verificación y medida de fidelidad.

325

Discurso del Rector Mayor

203

No quiero decir que este Capítulo va a estudiar el sistema preventivo, sino que debe tener continua­mente en cuenta su verdadera finalidad, su naturale­za carismática y su original metodología.

S. El sistema preventivo, fruto y fuente

de espiritualidad salesiana

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Es sugestivo observar que en las Constituciones se habla del sistema preventivo de dos maneras diferen­tes y complementarias: una, en el artículo 20, cuando se trata del espíritu salesiano y donde figura como uno de sus elementos; la otra, en el 38 y el 39, que hablan de nuestro servicio educativo-pastoral.

    Pienso que, para nuestra asamblea, es fundamental considerar el sistema preventivo desde la óptica del espíritu salesiano. En tal sentido, se describe en cuan­to «modo de vivir y trabajar, para comunicar el Evan­gelio y salvar a los jóvenes con ellos y por medio de ellos. Este sistema informa nuestras relaciones con Dios, el trato personal con los demás y la vida de comunidad en la práctica de una caridad que sabe hacerse amar» (Const. 20).

    Cabe hablar del sistema preventivo simplemente como de un método educativo que consiste en la bon­dad, la racionabilidad y la promoción cultural. Esto es verdad. No obstante, si pensamos en la distinción -que a menudo es también, por desgracia, separa­ción- que se hace entre educar -como acción hu­mana de cultura- y educar en la fe -como acción eclesial de evangelización-, y si recordamos igual­mente que para san Juan Bosco ambos aspectos de­ben intercambiar mutuamente sus valores de modo que en la praxis salesiana no se separe nunca el hom­bre del cristiano -«ser honrado ciudadano porque se es buen cristiano» (MB IV, 19; MBe IV, 25)-, de­bemos concluir que la educación en la fe está llama­da, en nuestro sistema, a impregnar todo el quehacer educativo.

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De ahí que el gran reto que nos lanza el tema del Capítulo sea la espiritualidad evangelizadora y misionera en nuestras comunidades. Somos educadores porque somos pastores en la Iglesia de Cristo. El carácter pastoral es el alma de nuestra competencia pedagógica, igual que el 'da mihi ánimas' es el secreto que vivifica todo nuestro espíritu.

    Las actuales exigencias de renovación pastoral llevan consigo, para nosotros, el que lo que suele llamarse 'nueva evangelización' se traduzca a 'nueva educación'. Pero esto requiere densidad espiritual.

    En los diferentes aspectos de novedad que acompañan a la educación, según las interpelaciones socio­culturales de las distintas situaciones, hemos de lograr que emerja la intrínseca inseparabilidad del 'evangelizar educando'; estamos llamados a mejorar nuestra calidad de educadores, pero porque somos misioneros de los jóvenes.

«En cuanto a san Juan Bosco -nos escribió el Papa-, puede decirse que el rasgo peculiar de su genio está vinculado la praxis educativa que llamó 'sistema preventivo'. Este representa, en cierto modo la síntesis de su sabiduría pedagógica, y constituye el mensaje profético que legó a los suyos y a toda  Iglesia» (JP 8), Más adelante, exhortándonos a descubrir en su herencia las premisas para responder también hoy a las dificultades y expectativas de los jóvenes, nos recuerda que el primer secreto del buen resultado de esta pedagogía se halla en el corazón de Don Bosco educador: en su intensa caridad pastoral es decir, en educar «en virtud de una energía interior que une, de forma inseparable, amor a Dios y amor al prójimo. De esa manera logra una síntesis entre actividad evangelizadora y quehacer educativo. Su labor de evangelizar a los jóvenes… se coloca en el proceso de formación humana, consciente de las deficiencias, pero también optimista en cuanto a la maduración progresiva, de modo que la fe se convierta en ele-

fIIscurso de! Rector Mayor

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mento unificador e iluminante de su personalidad» (JP 15).

Por ello -añade-, será criterio fundamental, para el educador, «tener percepción clara del fin últi­mo, que es precisamente la educación en la fe, ya que en el arte de educar, los objetivos desempeñan un papel determinante. Su visión incompleta o erró­nea, o su olvido, es causa de unilateralidad o desvío, además de ser señal de incompetencia» (JP 16).

Así pues, el espíritu salesiano exige, en la concien­cia de todo hermano en su trabajo, la percepción cla­ra del fin pastoral, que ha de tener en cuenta constan­temente al trazar y realizar proyectos e itinerarios.

6. Un deseo y una esperanza

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La preparación de nuestro capítulo ha sido seria en las inspectorías y en la comisión precapitular. Prueba de ello es el grueso volumen -¡de quinientas cinco páginas!- que tenemos entre manos: Schemi preca­pitolari.

No obstante, el valor del trabajo de esta asamblea no se va a juzgar por el número de páginas, sino por la calidad y concreción de las directrices y orienta­ciones que dé.

Quiero subrayar dos aspectos que sugiere el docu­mento de trabajo: el primero es la necesidad de perfec­cionar el proyecto educativo-pastoral con criterios sale­sianos, a fin de obtener itinerarios específicamente idóneos para los diferentes grupos de jóvenes; el segundo es la espiritualidad juvenil. Me parece iluminador dar relieve, aunque sea brevemente, a este segundo.

Creo que, al respecto, conviene empezar recordan­do una estimulante afirmación del mártir san Ignacio en su carta a los romanos. «Lo único que para mí habéis de pedir -escribe- es que tenga fortaleza interior y exterior, para que no sólo hable, sino que esté también interiormente convencido, de forma que sea cristiano no sólo de nombre, sino también de

206

Hecho… Porque cuando arrecia la adversidad del mundo, la fe cristiana no es simplemente fruto de persuasión, sino de potencia» (Rom IlI); o sea, es un participar del poder de Dios, en cuanto que la presencia del Espíritu Santo infunde en el corazón una espiritualidad que es fuerza vital.

    Lo dije al comentar el aguinaldo de este año: Tengo la convicción de que la síntesis orgánica entre fe y vida que hemos de ayudar a que madure hoy en los jóvenes -en un mundo tan ajeno y adverso- se ob. tiene sólo mediante la fuerza de una espiritualidad' concreta. De ello nos da testimonio san Juan Bosco, I que del arte de educar hizo una verdadera pedagogía I de santidad.

La espiritualidad es una energía interior, formada conjuntamente por convicciones y por entusiasmo  evangélico, y dotada de potencia unificadora que hace que crezcan armónicamente, en el joven, los diversos aspectos de su maduración humana y cris­tiana.

Nuestra praxis educadora debería brotar de una espiritualidad pujante -la de la comunidad-, que suscite en torno a sí una espiritualidad juvenil dinámica y contagiosa; debería, por tanto, promover y fo­mentar el asociacionismo, no para vaciar de calidad educativo-pastoral nuestras obras, sino para ser su levadura mediante el protagonismo de los jóvenes, con­vertidos en sujetos portadores de una síntesis vital en­tre Evangelio y cultura. Este aspecto, tan querido de san Juan Bosco, hay que relanzarlo por todos los me­dios, particularmente en una sociedad pluralista que fácilmente conduce al relativismo y a la indiferencia.

No hay duda que de esta necesidad de potencia espiritual surge el gran reto a nuestras comunidades: la espiritualidad juvenil tiene como fuente ambiental e inicio pedagógico la espiritualidad de los salesianos. Es aquí donde se mide su verdadera paternidad: ¡de la fe de los educadores a la fe de los jóvenes! Pensemos en lo que dicen las Constituciones: «Esta Sociedad

1

Discurso del Rector Mayor

207

comenzó siendo una simple catequesis… Como Don Bosco, estamos llamados todos, y en toda ocasión, a ser educadores de la fe… Caminamos con los jóvenes para llevados a la persona del Señor resucitado, de modo que, descubriendo en él y en su Evangelio el sentido supremo de su propia existencia, crezcan como hombres nuevos» (art. 34).

7. Nuestra confianza en el auxilio de María

328

    Para concluir, elevemos nuestro pensamiento a la Santísima Virgen.

    Sabemos que María es «la que creyó». Consiguientemente, es modelo de todos por la plenitud de su fe. El día de Pentecostés quedó, con los apóstoles, inun­dada de la potencia del Espíritu Santo, que perfeccio­nó en su corazón una fuerte espiritualidad, manifesta­da en la gratitud victoriosa del Magníficat.

    «Guiado por María, que fue su maestra -afirman las Constituciones-, Don Bosco vivió, en el trato con los jóvenes del primer oratorio, una experiencia espiritual y educativa que llamó 'sistema preventivo', o sea, un amor que se dona gratuitamente, inspirándose en la caridad de Dios, que precede a toda criatu­ra con su providencia, la acompaña con su presencia y la salva dando su propia vida. Don Bosco nos la transmite como modo de vivir y trabajar, para comu­nicar el Evangelio» (art. 20). Tal es el motivo por el que la aplicación fiel del sistema preventivo, ortopra­xis de nuestra consagración religiosa, resulta el lugar teológico de nuestra espiritualidad apostólica.

    Que María Auxiliadora nos ilumine y guíe en nues­tro camino hacia el tercer milenio, a fin de que, como Kan Juan Bosco, vivamos arraigados en la potencia del Espíritu y seamos, así, válidos educadores de los jóvenes en la fe.

208

Anexos

    ¡Que María, estrella de la evangelización, de robustez a nuestra espiritualidad!

    Gracias.

Roma, 9 de marzo de 1990.

PALABRAS DE HOMENAJE DEL RECTOR MAYOR

AL SANTO PADRE

Santo Padre:

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    Nos admira y llena de gratitud este su gesto paterno de querer venir a visitamos en la sede de nuestro Ca­pítulo General.

    Se hallan aquí reunidos más de doscientos capitulares, llegados de los cinco continentes; sólo faltan, por dificultades políticas, los representantes de Vietnam.

Estamos concluyendo nuestro trabajo sobre el te­ma de la educación de los jóvenes en la fe. Hemos pasado revista a muchos contextos juveniles muy di­versos entre si; hemos examinado los principales re­tos que de ahí brotan para la Iglesia; hemos realizado; en diálogo la búsqueda de criterios válidos inspira­dos en la praxis educativa de san Juan Bosco, para poder dar algunas orientaciones operativas que gl1íen a nuestras comunidades en el arduo quehacer de la nueva evangelización.

Escuchamos las apremiantes interpelaciones en una hora de cambió de época, que requiere mayor capacidad profética, enraizada en la lectura fiel e ilu­minada del carisma del Fundador y que camine hacia el tercer milenio con un discernimiento atento y pas­toral de los signos de los tiempos.

En tan atrayente labor nos ha estimulado también el reciente viaje ministerial de Vuestra Santidad a Checoslovaquia. En él admiramos el amor a la verdad que hace libres. la valentía y la claridad pedagógica en proclamarla, la magnanimidad en proyectar sus horizontes sociales, la actualidad histórica al paso

210

con el acelerado devenir de los acontecimientos y testimonio de bondad por encima de partes, a fin de promover la comunión de los pueblos, de modo que ha hecho hablar de 'milagro' nada menos que en ciertos ambientes profanos.

    Creemos que la, nueva evangelización tiene verdadera necesidad de un clima propiamente milagroso en el sentido de una sintonía más fuerte con el Espíritu Santo, de manera que los agentes de pastoral) actúen sumergidos con convicción personal en su poder, unidos místicamente a Cristo resucitado -supremo pastor vivo y activo- y puestos filialmente en I manos de María -madre de la Iglesia y su auxilio permanente-. La novedad milagrosa será así fruto del Espíritu que enciende en los corazones el ardor y la audacia de la fe auténtica.

    Este clima de ardor pastoral deberá apoyarse en la, interioridad apostólica que Vuestra Santidad puso del relieve el último domingo al declarar beato al sacer­dote Felipe Rinaldi, que para nosotros, en este Capítulo General, ha sido modelo e intercesor. Con él el igual que él, comprendemos que la actividad evange­lizadora requiere intensa robustez interior, soporte de una espiritualidad peculiar.

    Pedimos a Vuestra Santidad que bendiga nuestros I propósitos y nos alcance, para ello, la abundancia de los dones del Espíritu del Señor.

    Procuraremos corresponder a su exquisita bondad y a la extraordinaria delicadeza de esta visita con nuestra redoblada adhesión a la cátedra de Pedro y con un infatigable compromiso operativo de ser en la Iglesia, como Vuestra Santidad, solícitos misioneros de los jóvenes.

Gracias.

.

ANEXO 5

DISCURSO DE S.S. JUAN PABLO

a los capitulares salesianos

I en su visita del 1 de mayo de 1990

   Queridos capitulares de la Sociedad Salesiana de san  Juan Bosco:

1.       Tengo la alegría de estar aquí con vosotros en

una circunstancia tan significativa, en la luz jubilosa de la elevación al honor de los altares de vuestro her­mano don Felipe Rinaldi, al que precisamente ante­ayer tuve la dicha de proclamar beato.

    Os saludo afectuosamente y agradezco tan cordial acogida a cada uno de vosotros, que representáis a toda la Familia salesiana. Dirijo en primer lugar un pensamiento particular al queridísimo don Egidio Viganó, confirmado una vez más como Rector Mayor; en su persona quiero saludar a todo vuestro instituto religioso. A la confianza que le habéis demostrado encomendándole de nuevo la guía de vuestra Congrega­ción, uno de corazón mis mejores deseos de que, jun­to con sus colaboradores del nuevo Consejo General, elegidos también por esta asamblea capitular, pueda proseguir eficazmente la labor tan valiosa realizada hasta ahora.

2.                 He tenido interés particular en venir a vuestra casa para manifestaros de forma concreta mi aliento personal y la gratitud de la Iglesia, a cuyo servicio trabajáis tan activamente.

    Todos conocen las múltiples actividades salesianas, que ya han llegado a todos los rincones del mundo. Las obras son variadas, y modernas las estructuras

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que hacen de soporte a vuestro apostolado; pero es siempre idéntico el espíritu que las anima: el carisma particular que os distingue, heredado de don Juan Bosco, santo de la juventud.

    Que en el centro de vuestras atenciones figuren pues, siempre los jóvenes, esperanza de la Iglesia y del mundo, hacia los que todos miran con confianza, trepidación. En las naciones más ricas, igual que en los países más pobres, estad siempre a su servicial atentos particularmente a los más débiles y marginados. Llevad a cada uno de ellos la esperanza del Evangelio, que los ayude a afrontar con valentía la vida, resistiendo a las tentaciones del egoísmo y del desaliento. Sed para ellos padres y hermanos, como os, enseñó san Juan Bosco.

Procurad que todo el proceso educativo se ordene al fin religioso de la salvación. Esta pedagogía realista, de la santidad, típica de vuestro Fundador, maestro de espiritualidad juvenil, lleva consigo el esfuerzo constante de ayudar a los chicos que tenéis encomendados a que abran el corazón a los valores absolutos interpretando su existencia y los acontecimientos de la historia «desde la profundidad y las riquezas del misterio» (Juvenum Patris, núm. 15).

Vasta es la misión y ardua la tarea; pero la Iglesia

mira con confianza a vuestro instituto y os alienta a seguir por este camino. Sed educadores de la fe y, llenos de confianza en la ayuda de Dios, escrutad con vigilante atención los signos de los tiempos en el particular período histórico que estamos viviendo.

3.                    Me alegra y doy gracias al Señor porque en vues­tro Capítulo General estáis reflexionando precisamente sobre temas tan complejos y delicados, bus. cando los oportunos criterios de iluminación y las necesarias orientaciones prácticas. Habéis elegido bien: la educación de los jóvenes es una de las grandes cuestiones de la nueva evangelización; es justo que busquéis hoy caminos adecuados y lenguajes idó-

Discurso S.S. Juan Pablo II

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neos, con plena fidelidad a vuestro carisma y a toda la enseñanza de la Iglesia.

Deseo aprovechar este grato encuentro para poner de relieve algunos valores fundamentales que consi­dero de actualidad especial para quien, como voso­tros, realiza la misión educadora de la Iglesia con los jóvenes.

Quiero subrayar ante todo, como elemento funda­mental, la fuerza de síntesis unitiva que brota de la caridad pastoral. Es fruto del poder del Espíritu San­to, que garantiza la inseparabilidad vital entre unión con Dios y entrega al prójimo, entre interioridad evangélica y acción apostólica, entre corazón orante y manos activas. Los dos grandes santos Francisco de Sales y Juan Bosco dieron testimonio e hicieron fruc­tificar en la Iglesia esta espléndida gracia de unidad. Si ésta se resquebraja, queda abierto el espacio para los activismos o los intimismos, que constituyen una tentación insidiosa para los institutos de vida apostó­lica. En cambio, las secretas riquezas que encierra esta gracia de unidad son la confirmación explícita, demostrada mediante toda la vida de ambos santos, de que la unión con Dios es la verdadera fuente del amor activo al prójimo. Cuanto más contemple un salesiano el misterio del Padre infinitamente miseri­cordioso, del Hijo generosamente hermano y del Es­píritu Santo poderosamente presente en el mundo como renovador, tanto más se sentirá apremiado, por este insondable misterio, a darse a los jóvenes para que maduren humanamente y se salven.

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4. Otro aspecto importante es la original opción pedagógica de vuestro Fundador, que consiste en la educación evangelizadora de los jóvenes. En este sen­tido fue un verdadero genio del corazón, pues no es fácil saber centrar las iniciativas de la caridad pasto­ral en el área cultural de la educación: supone actitu­des y competencias propias y con exigencias concre­tas, incluso de profesionalidad pedagógica.

214

334

 

335

Se trata de una misión atrayente que de modo con­tinuo debe revisarse y confrontarse con Cristo, el hombre nuevo, mediante una fe límpida y profunda que se nutra a diario de Eucaristía y se manifieste en la sencillez y el sacrificio del vivir cotidiano.

5. Surge inmediatamente otro valor inestimable, al que ya hemos aludido: suscitar entre los jóvenes una auténtica espiritualidad.

    Espiritualidad significa participación viva en la potencia del Espíritu Santo, recibida en el sacramento; del Bautismo y llevada a plenitud en la Confirmación. Los jóvenes deben tener conciencia de la vida nueva que se les dio en estos sacramentos y saber que de ella procede la fuerza de síntesis personal entre fe y vida, que es posible a quien cultiva en sí mismo el  don del Espíritu.

   ¡Cuánta necesidad tenemos hoy en la Iglesia de que

los jóvenes se eduquen en la amistad con Cristo y con María, en el entusiasmo por la vida, en una generosi­dad de compromiso, en el servicio a los demás, o sea, en una espiritualidad concreta que los haga protago­nistas de la evangelización y artífices de la renova­ción social!

6. Queridos Salesianos de Don Bosco, mirad siem­pre a vuestro santo Fundador y a la genialidad evan­gélica de su método pedagógico, y relanzaréis entre los jóvenes su valiosa herencia. Su mensaje educativo «requiere aún ser profundizado, adaptado y renovado con inteligencia y valentía, precisamente porque han cambiado los contextos socioculturales, eclesiales y pastorales» (Juvenum Patris, núm. 13).

    Invoco sobre todos vosotros la protección continua de María Auxiliadora, Madre de la Iglesia. Que ella os sea, como lo fue para san Juan Bosco, maestra y guía, la estrella de la nueva evangelización.

    A vosotros, a vuestros hermanos en religión y a todos los miembros de la numerosa familia salesiana imparto de corazón la bendición apostólica.

ANEXO 6

SALUDO A LAS HIJAS

DE MARÍA AUXILIADORA

que participan en el

XIX Capítulo General de su Instituto

336

    A la reverendísima madre Marinela Castagno y a las reverendas Hijas de María Auxiliadora miembros del XIX Capítulo General de su Instituto.

  Al clausurar nuestro XXIII Capítulo General, deseamos dirigirnos como capitulares a vosotras, queri­das Hijas de María Auxiliadora, que vais a comenzar este mismo trabajo capitular al servicio del Instituto y

de la Iglesia.

Durante los dos meses de nuestra reflexión en que nos hemos confrontado con la educación de los jóve­nes en la fe, al comprobar la amplitud de los retos que interpelan a la juventud y esperan respuesta de la iniciativa y capacidad de todos nosotros, educadores y educadoras formados en la escuela de san Juan Bos­co, hemos sentido a menudo la necesidad de crecer en la unidad de familia, para servir a la misión que tenemos en común. Esta necesidad la ha subrayado también usted, reverendísima madre Marinela, que, en dos ocasiones a lo largo de nuestro Capítulo Gene­ral, nos ha hecho una fraterna invitación de fidelidad al patrimonio carismático del Fundador, que juntos estamos llamados a conservar, desarrollar y transmi­tir.

La reciente glorificación de don Felipe Rinaldi, ver­dadero regalo de la bondad del Padre, la hemos visto y vivido también como nueva señal y estímulo para la comunión y colaboración recíproca en relanzar la es­piritualidad salesiana.

216

   Somos conscientes de que vivimos un tiempo de Espíritu Santo. A la puerta del tercer milenio, ante lo angustiosos llamamientos de la juventud y de los pobres y ante los retos de la nueva evangelización, nuestra vocación de misioneros y misioneras de la juventud está llamada a renovarse, iluminarse y extenderse con dinamismo y creatividad. 

    Nos gustaría poder comunicaros y compartir con vosotras el entusiasmo que el Señor ha suscitado nuestros corazones durante estos días de gracia. Ojalá

podáis vivir también vosotras una experiencia de luz, y de fuerza en el Señor Resucitado y con la presencia entre vosotras de la energía transformadora del Espíritu que hace nuevas todas las cosas.

    Invoquemos conjuntamente a Maria Auxiliadora, inspiradora y madre de nuestra vocación, para pedirle que nos haga sentir hermanos y hermanas cada vez más auténticos, herederos de una riqueza de gracia y espiritualidad para la salvación de la juventud, sobre todo de la más pobre y necesitada.

    Contad con nuestra oración y con nuestro recuerdo afectuoso. Que os siga asistiendo con predilección el beato Felipe Rinaldi, especialmente para que vuestro Capítulo General tenga un resultado feliz.     I

    Que San Juan Bosco y santa María Mazzarello, desde el cielo, guíen vuestro trabajo e intercedan por toda nuestra familia.

    Los salesianos miembros del XXIII Capítulo General

Roma, 5 de mayo de 1990.

I

ANEXO 7

EL XXIII CAPÍTULO GENERAL A LOS COOPERADORES SALESIANOS

337

    1. Habla Don Bosco a los cooperadores y cooperadoras: «He aquí, pues, cuál debe ser más directamen­te el objetivo de los cooperadores salesianos; he aquí en qué deben ocuparse... ¿Queréis hacer una cosa buena? Educad a la juventud. ¿Queréis .hacer una cosa santísima? Educad a la juventud. ¿Queréis hacer una cosa divina? Educad a la juventud. Más aún, esto es lo más divino de las cosas divinas» (Turín, 16 de mayo de 1878; MB XIII, 629).

    2. El XXIII Capítulo General de los Salesianos, al clausurarse tras haber considerado detenidamente el tema de la educación-de los jóvenes en la fe, os invita a todos, cooperadores y cooperadoras, a responder con solicitud, generosidad y entusiasmo a la voz insis­tente de san Juan Bosco, que hoy, a la puerta del tercer milenio, os exhorta a trabajar apostólicamente.

    ¡Quiera Dios que oigan esta llamada particularmen­te los más jóvenes de vosotros y la reciban con ale­gría, para ser misioneros de sus coetáneos! Es el mis­mo san Juan Bosco quien, por medio de este Capítulo General, os alienta de nuevo a asociaras a su trabajo de educación, sobre todo de educación de los jóvenes en la fe, siendo para ellos evangelio vivo. (cf. RVA 13).

   3. El Evangelio es imprescindible como el agua, el fuego, el amor... Sin Evangelio, la sociedad se deshu­maniza. La prueba histórica documentada de esta ver­dad la tenemos ante nuestros ojos. Es, por tanto, ur-­

218

Anexd

gente hacer que crezcan los valores evangélicos en los jóvenes, porvenir de la sociedad y de la Iglesia.

Hay que preparar «ciudadanos honrados y buenos cristianos» para el ya cercano tercer milenio. Es ur­gente garantizar la presencia transformadora de la fe cristiana en los ambientes, en los, mecanismos humano-históricos, en los centros estratégicos de los sistemas y en las estructuras socioeconómicas y socioculturales, evangelizando los signos de los tiempos: tal es la nueva evangelización a que nos invita el papa Juan Pablo II.

4. La fe no vive sin encarnarse en las actividades y culturas que hacen crecer al hombre, no vive sin servir a la humanidad para cimentar su esperanza y en­tender su amor. Por consiguiente, es necesario «rehacer en todas partes el entramado cristiano de la sociedad humana» (ChL 34). Esta encarnación constituye lo específico de vuestra vocación secular: en virtud de la participación en el oficio profético de Cristo, estáis plenamente implicados en esta tarea de la Iglesia (cf. ChL .34). Lo dice claramente el segundo capítulo del Reglamento de vida apostólica cuando expone la amplia gama de vuestro quehacer en la Iglesia y en el mundo.

5. Puesto que san Juan Bosco quiso injertar vuestra secularidad en la vocación religiosa de los Salesia­nos e Hijas de María Auxiliadora, no estáis solos en esta labor inmensa: vivimos en comunión, somos familia movilizada apostólicamente, en el Espíritu San­to y en la Iglesia, para depositar semillas de cielo en los surcos de nuestra tierra.

Comprendemos que a los Salesianos nos falta mu­cho para llegar a un ejercicio efectivo de nuestra incumbencia y responsabilidad de animación y para contribuir a la formación y al desarrollo de vuestra' misión seglar. Más que en el ámbito de la eficiencia organizativa, vuestra presencia hay que verla en la línea de complementariedad apostólica: los Coopera­-

¡

338

El XXIII Capítulo General

219

dores, mediante lo específico de vuestro ministerio, participáis en el cumplimiento de la única misión salesiana; sois parte de nosotros mismos.

6. Permitid, pues, que este Capítulo, alentado por el magisterio del Papa acerca de los seglares (cf. exhortación apostólica Christifideles laici) y convencido de la identidad salesiana (cf. Constituciones SDB y circular del Rector Mayor sobre los Cooperadores), haga, por fidelidad a vuestro y nuestro Fundador, un llamamiento a todos los salesianos a crecer en esta dirección: es uno de las tareas esenciales para el pró­ximo sexenio.

7. Es, pues, de nuevo Don Bosco quien nos manda codo a codo, hermanos en la unidad de su familia espiritual y «dispuestos no a hacer promesas, sino a dedicar hechos, solicitudes, esfuerzos y sacrificios»

(MB XJII, 262; MBe XIII, 230), a los jóvenes, especial­mente «a los pobres, abandonados y expuestos al peli­gro» y a contribuir constructivamente y de diversos modos, mediante la índole genial del propio carisma, al quehacer apostólico de la Iglesia y comunicando a los jóvenes y a cuantos hallemos en nuestro camino el amor inconmensurable del Padre del cielo.

    Miremos al nuevo beato, Felipe Rinaldi, que nos enseña a afrontar con autenticidad salesiana las exigencias propias del correr de los tiempos« (E. VIGA­

NÓ, en ACG 332, pág. 61).

Los miembros del XXIII Capítulo General

                Roma, 5 de mayo de 1990.

ANEXO 8

EL XXIII CAPÍTULO GENERAL A LOS ANTIGUOS ALUMNOS/AS SALESIANOS

339

 
 

    1. Recibid, queridos antiguos alumnos/as, nuestro saludo acompañado de nuestra gratitud por vuestro mensaje.

    En los meses de nuestra reflexión capitular, los miembros del XXIII Capítulo General, llegados de to­dos los continentes, hemos sentido con fuerza que estamos llamados a dar, siguiendo a san Juan Bosco, respuesta a los grandes retos que proceden del mun­do de los jóvenes y de los múltiples contextos socio­culturales donde viven. La amplitud y la urgencia de esta empresa implican a toda la familia salesiana.

    Por ello apelamos también a vosotros, antiguas alumnas y antiguos alumnos salesianos. Os vemos trabajar en nuestras obras y en todos los ámbitos de la sociedad como colaboradores calificados y comprometidos a vivir como san Juan Bosco la misión, atra­yente y difícil, de educar a la juventud.

    Al renovaros nuestra confianza, os enviamos algu­nas directrices de marcha para compartir la misma tarea educativa.

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    2. En primer lugar, somos conscientes de que esta tarea requiere hoy un esfuerzo profundo: recuperar la pasión por los jóvenes. Esto nos lleva juntos a di­versos frentes.

    Los jóvenes son la esperanza de un futuro nuevo, y llevan en sí, como insertas en sus anhelos, semillas de bien y semillas del Reino. Con ellos es posible edificar una comunidad humana más auténtica.

El XXIII Capítulo General

221

    Esta convicción nos impulsa a mirar cada vez más a los jóvenes con los ojos de san Juan Bosco, a amados como los amaba él y a estar cerca de ellos, según indicaban los antiguos alumnos del oratorio en el sueño-carta de Roma (1884).

    Sabemos que Dios educa a su pueblo mediante una pedagogía que sabe adaptarse a las múltiples circuns­tancias caminando al paso de los pueblos. Por ello trabajamos entusiastas con todos los jóvenes de cual­quier condición social, cultural y religiosa, a fin de ayudarles a construir su vida en la solidaridad, en el compromiso y en la alegría. Sin embargo, estamos convencidos -los días de nuestro Capítulo lo han subrayado de modo especial- de que la plenitud de este camino de educación únicamente se logra cuan­do los jóvenes pueden realizar la síntesis expresada en el binomio que tanto gustaba a san Juan Bosco: «ciudadanos honrados y buenos cristianos».

El Estatuto renovado de vuestra Confederación, que recibimos durante el Capítulo, habla de este com­promiso vuestro.

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    3. Los antiguos alumnos y antiguas alumnas estáis llamados, en virtud de la educación recibida, a ser en la sociedad testigos y portadores de una misión ju­venil.

    Los que de vosotros tenéis el don de la fe cristiana participáis también en la actividad educadora de la Iglesia, pues en virtud de la dignidad bautismal todo fiel es corresponsable de esta tarea.

    La presencia activa de vuestra Confederación po­drá extenderse a una multiplicidad de formas y actividades, y podrá desplegarse tanto en estructuras ecle­sial es o ambientes civiles y sociales, donde a menudo falta atención a los problemas juveniles, como en obras propias de nuestra familia.

    Especialmente en las instituciones salesianas ve­mos la importancia de lograr una auténtica comuni­dad educativa, es decir, una comunidad que implique

222

An

a  jóvenes, padres de familia y religiosos, y a todos los colaboradores, junto con vosotros, antiguos alumnos y antiguas alumnas; una comunidad educativa que sea vivencia de comunicación y corresponsabilidad antes que instrumento de organización y eficiencia.

Ello requiere, como es obvio, preparar una estrategia de implicación de todos, según la variedad de sus competencias, en clima de corresponsabilidad.

De vosotros, en particular, esperamos la aportación de vuestra experiencia de seglares que actúan con el espíritu y la magnanimidad de san Juan Bosco, intensificando el cambio de mentalidad que piden los tiempos.

4. La sociedad, con sus constantes y profunda: transformaciones, nos reta: urge recuperar y vivir con profesionalidad cultural, pedagógica y espiritual los compromisos que impone la responsabilidad en la familia de san Juan Bosco. Estamos, pues, llamado con sentido de seriedad y concreción a realizar un camino sistemático de actualización y crecimiento en la capacidad educativa.

 Los Salesianos somos conscientes de la tarea que nos encomienda la Congregación para acompañaros y ayudaros en este camino de formación humana, espiritual y salesiana.

Todos debemos mejorar: los jóvenes nos necesitan maduros y competentes en lo específico de nuestro servicio.

5. Queridos antiguos alumnos y antiguas alumnas, el momento histórico que vivimos es tiempo de gra­cia. Hicimos memoria de san Juan Bosco durante el centenario de su muerte; ahora, en nuestro Capítulo, hemos asistido a la beatificación de don Felipe Rinaldi, heredero de la paternidad y sabiduría pedagógica del Fundador, primer organizador de los exalumnos y

342

343

El XXIII Capítulo General

223

cxalumnas. Son signos proféticos que infunden alien­to y esperanza.

Que, la solicitud materna de María Auxiliadora y la intercesión de los santos de nuestra familia nos ob­tengan el don de amar a los jóvenes y saberlos edu­car, caminando juntos, hasta lograr que se, encuen­tren con quien es la plenitud de la vida.

Cordialmente Y con esperanza,

Los miembros del XXIII Capítulo General

                                                                                                     Roma, 5 de mayo de 1990.

ANEXO 9

DISCURSO DEL RECTOR MAYOR DON EDIGIO VIGANÓ

EN LA CLAUSURA

DEL XXIII CAPÍTULO GENERAL

344

Queridos hermanos capitulares:

El primer sentimiento que brota del corazón, a la hora de clausurar nuestro trabajo, es el agradecimiento sincero al Señor, que nos ha acompañado en estos meses de búsqueda y convivencia fraterna. Ha sido una experiencia de comunión fecunda y activa que debemos llevar a los salesianos y hacer que fruc­tifique en las casas.         

Nuestro agradecimiento se extiende también mutuamente a nosotros mismos, de los unos hacia los otros; lo dirigimos de manera especial al sacrificado y hábil regulador, Francisco Maraccani, a los miembros de la Intercomisión, especialmente a su presidente, Juan Edmundo Vecchi, y a su portavoz, Antonio Martinelli; a los salesianos de la casa generalicia, que nos han atendido con bondad servicial; y, de modo particular, a las beneméritas religiosas y sus jóvenes que nunca han dejado de rezar por nosotros y nos han dado de comer y cuidado de los modos más diversos con humilde, desinteresada y laboriosa amabilidad. La Eucaristía final será verdaderamente para todos nosotros una acción de gracias muy viva y compartida en fraternidad jubilosa.

Permitidme ahora algunas reflexiones sobre nues­tro XXIII Capítulo General, a fin de subrayar la fuerza de tracción que proporciona a la Congregación, para el próximo sexenio.

Discurso del Rector Mayor

225

Mensaje del XXIII Capítulo General

    Uno de vosotros ha comparado nuestro documento capitular a la famosa carta de Don Bosco de 1884: un mensaje desde Roma para volver a los orígenes en la modalidad salesiana de educar a los jóvenes en la fe.

    En nuestra asamblea se ha respirado la convicción de la hora acelerada que viven los pueblos en este último retazo del segundo milenio de la fe cristiana. Se ha comprendido con mayor profundidad que el verdadero carisma fundamental regalado a la Iglesia en la segunda mitad de este siglo fue el concilio ecu­ménico Vaticano 11, que nos introdujo en el misterio de Cristo y de la Iglesia y en el misterio del hombre y de la historia, pues los pastores -como afirmó Pa­blo VI-, precisamente por amor a Cristo, se dirigie­ron, que no se desviaron, hacia el hombre.

    Así, por obra del Espíritu Santo, comenzó en la Iglesia una era de nueva evangelización. Las noveda­des producidas han sido considerables. Pero toda no­vedad en el devenir se ha de confrontar con la nove­dad suprema: la Pascua dé Cristo. Nace, por tanto, para los discípulos del Señor, una amplia tarea de reflexión, de creatividad, de nuevo comienzo.

    Yo diría que a los Salesianos de Don Bosco se nos asigna, en esta reflexión creativa, la responsabilidad de refundar el oratorio, pues, de acuerdo con lo que nos sugieren las Constituciones, sabemos que «al cumplir hoy nuestra misión, la experiencia de Val­docco sigue siendo criterio permanente de discer­nimiento y renovación de toda actividad y obra» (art. 40).

    Debemos considerar la nueva evangelización entre los jóvenes con el criterio oratoriano del Fundador.

Explosión de las culturas

Demos una mirada, aunque sólo fugazmente, a lo

226

que ocurre en la sociedad. El hombre, y por tanto su cultura, existe de hecho, después de Cristo, en Situación escatológica: cuanto más se camina hacia adelante, más se refracta el sentido del futuro absoluto hacia el futuro histórico. Sólo Jesucristo resucitad revela al hombre lo que el hombre es de verdad hacia dónde va. Prescindir de su Evangelio producto carencias, desvíos y mutilaciones en las culturas; la más evidente y dañosa es la pérdida del sentido de pecado, camuflada bajo racionalizaciones pseudo-científicas. El ocaso de ciertas ideologías a que esta1 mos asistiendo es una advertencia desconcertante; para todos y una fuerte invitación a llenar el vacío que dejan, proclamando los grandes ideales evangélicos acerca del hombre en su totalidad.

Un peligro para la naciente cultura suele fluir del, progreso científico-técnico, lleno de dinamismo y promesas positivas, es cierto; pero que hace creer con facilidad a los no creyentes que es el único motor de la historia, favoreciendo así una mentalidad pos religiosa. Es obvio que la ciencia y la técnica son bienes magníficos; pero no explican el significado de la existencia ni hablan de las grandes finalidades del hombre. Son progreso de civilización, pero no poseen las verdades transcendentes. Llevan fácilmente a concepciones, en definitiva, materialistas.

    Es urgente bautizar este dinamismo providencial mediante una nueva evangelización que favorezca, en la sociedad, el nacimiento de una cultura intrinsecamente posmaterialista.

En la actualidad hay que saber evangelizar desde las raíces, colaborar en el inicio de un nuevo humanismo, ser, en cuanto creyentes, operadores de cultu­ra, artífices de una convivencia humana más acorde con la dignidad de las personas.

Aportación de lo específico cristiano

    Pero, ¿qué aporta de específico el creyente con su

347

Discurso del Rector Mayor

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fe cristiana a la cultura? He ahí la pregunta clave. Los jóvenes eran su respuesta no tanto en expresiones verbales o de razonamiento, cuanto en el testimonio de vida y en la praxis real.

    La respuesta es: El creyente aporta a la cultura los valores del  misterio de Cristo. Para quien vive de fe, como para san Pablo, «la vida es Cristo» (Flp 1,21); sabe que en Cristo es «criatura nueva» (2 Cor S, 17) Y que en el proyecto del Creador figura el plan de «re­capitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra» (Ef 1, 10). Es decir, sabe que, en la historia del hombre, Cristo es el vértice absoluto, el alfa y la ome­ga, y que la victoria que vence al mundo es la fe.

    Cristo no es fundador de una religión más, ni es fe un iniciador de movimiento religioso que, procediendo del­ hombre, asciende hacia Dios. Baja de Dios a los hombres y hace historia con los acontecimientos de su existencia humana, mostrando así por qué es segundo Adán, Cabeza del cuerpo y Señor.

    Ante él,, más que de religión se habla de fe. De modo que el cristianismo no es simplemente la forma mas sublime de religión humana, sino el dato de hecho mas inefable de la encarnación de Dios. Por ello, la fe cristiana es historia: historia de la salvación, injertada, indisolublemente en la historia humana. La fe, por consiguiente, es más que religión: es contacto solidario,  es alianza, es actitud vital que eleva y purifica las  mismas expresiones de religiosidad humana que  necesariamente la acompañan y revisten. Esta cristiana fe es, por sí misma, energía del devenir, como lo es la encarnación del Verbo, que da principio al hombre nuevo; esta fe crece en los pueblos a lo largo de los siglos para transformar la sociedad y preparar la construcción del Reino; cuando se vive con autenticidad, es exactamente lo contrario de la religión opio del pueblo. Esta objetividad de la fe cristiana nos lleva a formular  un principio que nos interesa sumamente como educadores en la fe, pues el misterio de se hace medida y luz de una antropología verdadera­

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Anexo

y cabal. Y, dado que la antropología es el sustrato de toda cultura, esta fe -por obra de la evangelización- presta a la cultura el servicio más alto.

    He ahí por qué, en la nueva evangelización, debe estar con fuerte presencia la capacidad profética del proclamar y testimoniar el misterio de Cristo, la luz de su Evangelio y sus hechos históricos para salvar  la humanidad. Ahí está el centro y el vértice de la educación en la fe.

Originalidad de la evangelización de la juventud

    La formación de los jóvenes en la fe es parte vital de la nueva evangelización; ofrece aspectos peculiares: exige una nueva educación.

    San Juan Bosco, suscitado por el Espíritu para esta tarea, dejó en herencia a su familia un camino original que le ha merecido, en la Iglesia, el título de padre y maestro de la juventud. Su manera de hacer une indisolublemente evangelización y educación. No es sencillo -nos ha recordado el Papa-; lleva consigo riesgos. En su realización hay muchos elementos distintos entre sí, clasificables en dos polos en tensión, que es preciso saber armonizar.

    He aquí, a título de ejemplo, una breve lista de tales elementos:

    - un polo: educar (acción cultural); otro: educar en la fe (acción eclesial);

    - un polo: tener profesionalidad pedagógica; otro: I poseer competencia pastoral;

    - un polo: hacer promoción humana; otro: cultivar el crecimiento cristiano;

    - un polo: estar con los jóvenes; otro: vivir unido a Dios;

    - un polo: inculturarse constantemente; otro: evangelizar la cultura con valentía;

    - un polo: apreciar los valores de la laicidad; otro: recapitular todo en Cristo;

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Discurso del Rector Mayor

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- un polo: favorecer el oratorio como casa, escue­la y patio; otro, tener el arte sintético de hacer parroquia; etcétera.

       La síntesis viva entre ambos polos es posible por una fuerza de lo alto, que -como también nos recor­dó el Papa- se llama gracia de unidad. Se vive con una espiritualidad -o sea, mediante una participa­ción en el amor vivo y presente del Espíritu Santo­ que llamamos caridad pastoral y que vincula inseparablemente entre sí el estar unido a Dios y el vivir con los jóvenes. Es un aspecto de la continuación del mis­terio de la encarnación. Si en Navidad nació el hom­bre que introdujo en la vida un dinamismo nuevo, en Pascua se manifestó en plenitud su novedad de conte­nido. Apareció el novísimo absoluto de la historia, introduciendo en la cultura una misteriosa situación escatológica. En Navidad la Palabra se injertó en la cultura humana; en Pascua lanzó, mediante el don de sí mismo en la cruz, la evangelización de tal cultura. Entre inculturación del Evangelio y evangelización de la cultura hay una distinción neta y una correla­ción mutua que, en Cristo, une dos aspectos que en sí son diferentes: pertenecer a la cultura y corregir la cultura.

La caridad pastoral sigue el mismo camino con el ardor de una espiritualidad vivida con conciencia cada vez más clara.

   Al empezar el Capítulo nos hicimos una pregunta: ¿De qué fe se trata? Ahora podemos decir que se trata de una fe que es energía histórica que, para nosotros, se traduce a una espiritualidad concreta que facilita la síntesis existencial entre valores de la cultura y va­lores del Evangelio, forja al salesiano como educador y hace que el joven madure y crezca como ciudadano de cuerpo entero. Por ella el salesiano se hace educa­dor competente porque es verdadero pastor, y el jo­ven se hace ciudadano honesto porque es buen cris­tiano. Este doble porqué no es reductivo, sino causal:

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Anexa.

subraya la fuerza de nuestra espiritualidad salesiana en cuanto expresión dinámica y cotidiana de la gracia de unidad.

Fisonomía oratoriana

de la praxis de Don Hosco

     He hablado de refundar el oratorio de Don Bosco. Para nosotros, la nueva evangelización pasa y crece: por el criterio oratoriano.

No me detengo a explicar sus aspectos complementarios ni las múltiples riquezas que lo hacen particu­larmente valioso. Hago observar que tal criterio está intrinseca e indisolublemente ligado al sistema pre­ventivo. En el discurso inaugural del Capítulo hablé de este sistema como fruto y fuente de espiritualidad salesiana, subrayando la óptica del artículo 20 de las Constituciones. Es un «modo de vivir y trabajar, para 1\ comunicar el Evangelio y salvar a los jóvenes con  ellos y por medio de ellos. Este sistema informa nuestras relaciones con Dios, el trato personal con los de­más y la vida de comunidad en la práctica de una caridad que sabe hacerse amar». Este artículo veinte, junto con el cuarenta, que habla del oratorio, nos ofrece las directrices de fondo para nuestra actividad: en la nueva educación. La espiritualidad del ardor pastoral asume la praxis de la pedagogía de la bondad, para hacer del salesiano un agente eficaz de la  nueva evangelización.

Os decía, al inaugurar nuestro trabajo, que el calificativo de 'ordinario' dado a este Capítulo no debía considerarse como algo sectorial, pues el tema elegido proyectaba las metas alcanzadas en los capítulos anteriores -que habían considerado nuestra identi­dad eclesial- sobre el terreno práctico de la labor educativa: tenía que servir para aplicar cada vez me­jor los principios enunciados. Este XXIII Capítulo General centra la identidad y fidelidad a san Juan ~osco en la educación de los jóvenes en la fe. Debe­

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Discurso del Rector Mayor

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mos crear en el mundo una manera de estar con los jóvenes que sea como un gran oratorio, por encima de las estructuras, siempre necesarias; manifestará de modo concreto la verdad y el genio del corazón de Don Bosco, su amistad y presencia educativa en me­dio de los jóvenes y su preocupación central de salva­ción.

Quizá hemos vivido no pocos años un tanto ence­rrados estáticamente en obras evidentemente válidas. El criterio oratoriano no derriba estructuras, sino que va más allá: requiere fantasía y dinamismo, esti­mulados siempre por el anhelo pastoral del respirar por las almas, según expresión fijada por el beato Felipe Rinaldi.

El documento capitular subraya varios aspectos de esta movilización oratoriana, tanto en el camino que se ha de recorrer, como en la energía con que hay que hacerlo. Recordemos las cuatro áreas, con sus amplísimos espacios; recordemos la espiritualidad sa­lesiana con sus raíces en la atractiva corriente del gran san Francisco de Sales y la peculiar aplicación juvenil y popular de san Juan Bosco. Me parece que este XXIII Capítulo General nos regala, en su docu­mento, un rico panorama de orientaciones y sugeren­cias que debemos cuidar y acrecentar; su puesta en práctica devolverá a las inspectorías el dinamismo imprescindible para quien acomete un camino de fe que desea avanzar al paso de la actual aceleración de la historia. Es como si se nos invitara a refundar, de cara al tercer milenio, el carisma del oratorio.

Vibrante llamamiento

a la comunidad inspectorial y local

Como es natural, el relanzamiento oratoriano tiene 351

un sujeto directamente responsable de su éxito. Si el sujeto no responde al insistente llamamiento, nuestro hermoso documento capitular se quedará en papel de

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biblioteca. Dicho sujeto es, precisamente, la comunidad inspectorial y local.

    Las orientaciones operativas del Capitulo son explicitas y exigentes; pero no hacen más que afianzar propósitos tomados en la solemne renovación de la profesión salesiana hecha por todas las comunidades  en mayo de 1988. Nuestro documento capitular señala, pues, con autoridad cuál es el camino que hay que recorrer. .

    El Rector Mayor con su Consejo, y los inspectores ~ directores, están llamados a renovar todo un estilo del animación. La comunidad no debe girar en torno a si misma sólo por afán de observancia religiosa, sino que debe sentirse objetivamente acuciada por las interpelaciones del contexto juvenil. La naturaleza de nuestra consagración es apostólica; se nutre, por tanto, intrínsecamente del clamor de los destinatarios., Es la educación en la fe y son los mismos jóvenes quienes, con sus anhelos y carencias, exigen a la comunidad estar llena del espíritu de san Juan Bosco.

Dado que es condición intrínseca de éxito, la caridad pastoral le hará programar el camino de fe siempre, con el objetivo del ardor de la espiritualidad. De ahí la necesidad imperiosa de que la comunidad armonice vitalmente, entre sí, metodología y espiritualidad, que son como el cuerpo y el alma de la labor pedagógico pastoral.

    En el Capitulo se ha hablado con frecuencia de formación permanente, no sólo como cursillo intermitente para algunos -realidad ciertamente válida-, sino como actitud constante madurada por medio de iniciativas inspectoriales y locales que ayuden a lle­var a la práctica, en las casas y cotidianamente, las directrices capitulares.

Quiero decir, al respecto, que en toda inspectoría, se han de planificar oportunamente un conjunto de iniciativas para conocer y asimilar este XXIII Capítu-,

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lo General, y formular, así, propósitos adecuados a la condición juvenil del propio ambiente.

No es preciso repetir aquí lo que ya ha dicho autorizadamente el Capítulo. Simplemente me gustaría po­der exorcizar la tentación de desaliento. Todo lo que ofrece el documento es muy hermoso; pero, ¿con qué salesianos hacerlo, por ejemplo, en esta casa? Porque sin duda hay dificultades concretas que debemos afrontar.

       Hay que reaccionar comenzando por uno mismo' convencerse de que en toda casa hay muchas más posibilidades de lo que a veces se piensa; sobre todo hay que aumentar la fe en la presencia verdadera; activa del Espíritu, en la energía de la resurrección proporcionada por Cristo en los sacramentos, en la ayuda materna y constante de María, en la interce­sión de san Juan Bosco, de nuestros santos y de toda la Iglesia celestial.

Es verdaderamente necesario renovar el ardor de la fe que triunfa sobre el mundo y hace milagros. En­tre nosotros es urgente recuperar la interioridad ge­nuina.

En relación con la comunidad inspectorial, quiero añadir algo sobre la utilidad y corresponsabilidad de nuevas propuestas interinspectoriales. Uno de los as­pectos interesantes a que hemos asistido en nuestra convivencia capitular ha sido la convicción de mayor apertura de los responsables a los dinamismos del de­venir y a los muchos y vastos problemas que superan las fronteras de una inspectoría y de las Iglesias loca­les. Esta tendencia hacia una intercomunión más am­plia es ciertamente un signo de los tiempos, captado con particular inmediatez y simpatía por los jóvenes.

Hemos visto, por ejemplo, a los capitulares de Eu­ropa interesarse por la famosa casa común o también por las propuestas del plan 'Alpeadria'; hemos visto a quienes trabajan en África hablar de mayor interco­munión de presencia en el continente; hemos visto

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Anexo

crecer la fraternidad y las posibilidades de colaboración entre las inspectorias de una región o de un país. Es una tendencia de hecho que abre nuevas perspectivas a la pastoral juvenil e invita a crecer en la propia talla y a dirigir la .mirada a horizontes más vastos que influyen concretamente, y mucho, en la educación de los jóvenes en la fe.

Esta amplitud interinspectorial existe ya, por ejemplo, en el sector de la formación, y conviene favorecerla aún más; pero aquí lo característico es que se I nos invita a incrementarla en el ámbito de la pastoral juvenil.

Hay que saberla cultivar con inteligencia y median­te programaciones adecuadas que involucren tam­bién a otros grupos de nuestra familia. Esto hará I circular aire fresco y llevará a dar nuevos pasos ade­lante. El éxito depende de la adhesión de todos a las I orientaciones que hemos concretado en este Capítulo.

Sin embargo, el elemento que más va a mover a los grupos juveniles a sintonizarse mutuamente, siendo como la aurora de una esperanza inédita y envolven­te, será la comunión de todos en la espiritualidad que con razón se llama 'salesiana' y que hará percibir vi­talmente los vínculos de una especie de parentesco personalizan te.

Implicación laical

Un punto que vale la pena subrayar es la implica­ción de los seglares con vistas a la educación de los jóvenes en la fe. Toda comunidad debe poder animar I1 a un número creciente de seglares, sean de nuestra  familia (cooperadores, antiguos alumnos), o colaboradores en nuestras obras. Es una exigencia de la eclesiología conciliar, sobre la que han insistido recientemente el Papa y el episcopado. Tal implicación supone no sólo una mentalidad eclesial más actualizada en los salesianos -meta que urge alcanzar-

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Discurso del Rector Mayor

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sino también conciencia de la originalidad de nuestro espíritu, vivido como bien que hay que transmitir a otros con comunicabilidad contagiosa. También esto requiere cambio de mentalidad y conversión de cora­zón. Pero, ¿será posible en las comunidades actuales? Es una pregunta inquietante que nos hace pensar en la indispensabilidad de iniciativas bien cuidadas.

Me parece importante hacer observar que la forma­ción del laicado es, en la Iglesia, una prioridad pasto­ral de máxima urgencia; supera el compromiso por parte de los seglares, como si sólo ellos estuvieran implicados en él, pues afecta igualmente al clero, a los religiosos y a las religiosas.

Sabemos que en el sector de los religiosos y religio­sas -también entre nosotros- falta al respecto sen­sibilidad conciliar. Debemos abrimos más a esta área de formación: nos hará madurar en nuestra vocación. Recordemos que el concepto de formación ha experi­mentado, en estas décadas, un fuerte desplazamiento de significado a causa de los acelerados cambios cul­turales. Ahora la formación se mide por la capacidad de adecuación permanente o continua. Por la forma­ción permanente se juzga y se programa incluso la formación inicial. Quiere decir que el verdadero con­cepto de formación hoy comporta una ductilidad existencial, una preocupación diaria y una tarea que dura toda la vida.

Si, para realizar esta tarea, consideramos la estruc­tura de la exhortación apostólica Christifideles laici, vemos que el crecimiento cristiano de los seglares tiene cuatro grandes objetivos: identidad bautismal (cap. 1.°), comunión eclesial (cap. 2.°), nuevas fronte­ras de la evangelización (cap. 3.°:) y complementarie­dad de las distintas vocaciones (cap. 4.°). El punto que nos interesa a nosotros específicamente aquí es el capítulo tercero -nuevas fronteras de la evangeli­zación-, sobre todo del número 36 al 44.

Hoy día se usa fácilmente la expresión 'nueva evan­gelización'; pero quizá no siempre se hace con la vi­

sión concreta de sus interpelaciones, que son mucha y desde diversos sectores. En los mencionados números se señalan las principales fronteras de la laicidad de las que brotan numerosos aspectos de novedad interpelación: dignidad de la persona, derecho inviolable a la vida, libertad religiosa, la familia célula de la sociedad, amor de solidaridad en los distintos niveles, responsabilidad política, dimensión económica  social y, por último a modo de síntesis, la cultura y las culturas de los pueblos.

Son fronteras a las que se asoma ampliamente una actualizada programación para educar a los jóvenes en la fe.

Dimensión social de la caridad

Un punto manifiestamente vinculado a la nueva evangelización es la dimensión social de la caridad. I El documento capitular lo ha hecho objeto de consideración, estudiando tres de los principales elementos clave de la educación en la fe. Me parece importante subrayar bien, con relación a ello, dos aspectos"

El primero es insistir en que hay que poseer verdadera competencia en la doctrina social de la Iglesia.

Esto exige una dedicación atenta, que comporta cambios de mentalidad en no pocos salesianos. Es urgente adquirir una idea clara de esta doctrina, sin dejarse  arrastrar por complejos de moda surgidos en ciertos ambientes y que aún circulan en algunas partes,  como si se tratara de una especie de mediación ideológica, unilateral y conceptual. La encíclica Sollicitudo reí sociales  especifica, en el número,  su identidad: no es ni tercera vía ni ideología, sino interpretación de la realidad con la óptica del Evangelio. Pertenece -dice la encíclica- al campo «de la teología, especialmente de la teología moral». Su difusión y enseñanza «forman parte de la misión evangelizadora de la Iglesia». Versa propiamente sobre el I aspecto ético de los problemas, aunque teniendo tamo

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bién en cuenta los aspectos técnicos. Es mediación de la sabiduría evangélica con que la Iglesia se pre­senta al mundo como especialista en humanidad y madre valiente de la verdad que hace libre.

    El segundo aspecto es la autenticidad salesiana de las iniciativas y tareas que se toman en este ámbito. Ciertamente en nuestra Congregación hay que hacer más y progresar. El artículo 33 de las Constituciones nos lo pide, aunque con un discernimiento claro que garantice la identidad de nuestro carisma. En este campo es fácil quedarse atrás o pasarse; lastimosa­mente, lo hemos experimentado también aquí y allí en la Congregación: defectos de un aburguesamiento inmóvil en su situación o exageraciones de sabor ideológico lanzadas de forma arbitraria. Desnaturali­zar, en uno u otro sentido, nuestra vocación y misión específica seria traicionar a los jóvenes pobres.

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    Ciertamente el clamor de la juventud pobre y nece­sitada nos debe interpelar siempre y movemos, inclu­so con sacrificio, a iniciativas valientes. Es importan­te que las inspectorías sepan conservar, en todas nuestras presencias, el equilibrio de compromiso que nos caracteriza como amigos y educadores de los jó­venes del pueblo, recordando lo que decía nuestro Fundador: «Me basta que seáis jóvenes para que os quiera con toda mi alma». Es una afirmación que siempre orienta nuestra evaluación. De todos modos, la presencia en medio de los jóvenes pobres y con los aprendices del mundo del trabajo nos apremia sin ce­sar a crecer como comunicadores especiales, para ellos, de la enseñanza social de la Iglesia.

Aliento apostólico del Santo Padre

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    Hemos recibido, casi como final del Capítulo, la entusiasmante visita de sucesor de Pedro. Para noso­tros ha sido un regalo extraordinario, que podemos ver como acontecimiento histórico que se ha de leer

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en relación con el significado de actualidad que posee el carisma de san Juan Bosco en la Iglesia.        i

Juan Pablo 11 ya había hablado al Consejo General

-el 4 de febrero de 1989 con motivo de la clausura: de las celebraciones del centenario- sobre la importancia del tema elegido para este Capítulo. Al inaugurar nuestro trabajo capitular nos mandó un. mensaje estimulante. Ahora, con generosa bondad, ha querido tener la iniciativa de venir a hablamos en nuestra sede capitular. Habría querido hacerlo la tarde del domingo 29 de abril, tras la solemne beatificación de don Felipe Rinaldi, pero no fue posible. Vino el uno de mayo, memoria litúrgica de san José obrero, y no sólo nos habló del tema capitular, sino que se entre­tuvo afablemente con nosotros, nos saludó a todos uno por uno, compartió nuestra mesa y participó con I simpatía en nuestro estilo de alegría familiar. Su mensaje, su discurso y su coloquio en el comedor guiarán el estudio y la asimilación de las orientacio­nes capitulares.

Pero nuestro compromiso de educar a los jóvenes en la fe halla, también en otras importantes interven­ciones suyas, luces especiales y directrices concretas para vivir con actualidad y fidelidad nuestra vocación salesiana. No podemos dejar de recordar su inestima­ble carta Juvenum Patris, que seguirá siendo para no­sotros la invitación más autorizada a relanzar, con fidelidad a san Juan Bosco y a nuestra época, el crite­rio oratoriano mediante la praxis educativa del sis­tema preventivo. La meditación de esta carta nos ayudará a profundizar con claridad y garantía los as­pectos más comprometedores del camino de fe.

También la iniciativa tomada por el Santo Padre de conferir oficialmente a san Juan Bosco, en la Iglesia, el título universal de Juventutis pater et magister, nos debe estimular constantemente a la contemplación del don que el Espíritu del Señor quiso hacer a la juventud del mundo con la vivencia oratoriana de nuestro Fundador.

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No podíamos tener una señal de estima y un aliento más autorizados acerca de la urgente necesidad de entregamos con todas las fuerzas a vivir con nuevo ardor apostólico nuestra vocación y hacemos amar por los jóvenes en cuanto «signos y portadores [para ellos] del amor de Dios». La generosa dedicación a la tarea de educarlos en la fe será la demostración prác­tica de la utilidad del carisma salesiano en un pueblo de Dios que camina hacia el tercer milenio.

Tan inolvidable visita fortalecerá nuestra sincera y recia adhesión al ministerio de Pedro, según nos la describen las Constituciones (artículos 13 y 125); es uno de los grandes valores que heredamos de san Juan Bosco.

Nuestro Fundador presentó a la Santa Sede, el 23 de febrero de 1874, un resumen sobre la vida e identi­dad de la Pía Sociedad de san Francisco de Sales, donde afirma: «El principal fin de la Congregación ha sido siempre, desde el principio, apoyar y defender la autoridad de la Cabeza suprema de la Iglesia en me­dio de la clase menos acomodada de la sociedad, par­ticularmente de la juventud que vive expuesta al peli­gro» (Opere edite, reimpresión anastática, vol. XXV pág. [380]: núm. XV).

Nuestra confianza en María

Termino dirigiendo un pensamiento a la Santísima  Virgen María, Auxiliadora y Madre de la Iglesia, estrella de la evangelización, la mayor maestra de fe para todos los tiempos: la que creyó.

Nuestra Congregación se puso en sus manos solem­nemente el 14 de enero de 1984, al inaugurar el XXII Capítulo General. Dicen las Constituciones que tal entrega nos ayuda a «ser, entre los jóvenes, testi­gos del amor inagotable de su Hijo» (art. 8). El XXIII Capítulo General quiere encomendarle a ella, de modo especial, dos grandes valores que hemos vis­

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to crecer durante la experiencia de trabajo de estos meses: la comunión en la identidad fraterna de todas las inspectorías y el relanzamiento de una verdadera espiritualidad juvenil.

En primer lugar, la fraterna comunión en una sólida unidad de todas las inspectorías entre sí y con el Rector Mayor y su Consejo. «El Capítulo General -dicen nuestras Constituciones- es el principal, signo de la unidad de la Congregación dentro de su diversidad. Es la reunión fraterna donde los salesianos reflexionan comunitariamente para mantenerse, fieles al Evangelio y al carisma del Fundador, y sensi­bles a las necesidades de los tiempos y lugares» (art. 146). Encomendamos a María Auxiliadora el precia­do estilo de familia con que san Juan Bosco nos ense­ñó a vivir la unidad de la Congregación; también el Papa lo alabó en su grata visita. Pidamos a María que avive en nosotros no sólo los sentimientos de fraterni­dad genuina, sino también el estilo jubiloso de manifestarlos para ser sus portadores a todos los salesianos del mundo. Todo capítulo general está llamado a ser siempre acontecimiento que robustezca la unidad familiar. ¡Sed sus portadores a todas las casas!

En segundo lugar ponemos en manos de María nuestro propósito de avanzar por el camino de la fe intensificando el cultivo y profundización de la espiri­tualidad salesiana. Le pedimos que nos ayude a com­partir con los jóvenes el patrimonio espiritual propio de la órbita del humanismo cristiano de san Francis­co de Sales, ratificado magistralmente por san Juan Bosco en favor de la juventud popular. María guió personalmente a nuestro Fundador en esta vivencia educativa y le enseñó a llevar a los jóvenes hacia la santidad.

Considero un auspicio profético el hecho de con­cluir nuestra tarea capitular precisamente en la fiesta de santo Domingo Savio. Es una coincidencia provi­dencial que nos indica la meta a que deseamos llegar:

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¡un modelo vivo de espiritualidad juvenil y de asocia­cionismo apostólico protagonizado por jóvenes!

    Cuando en septiembre de 1988 se realizó solemnemente en los Becchi la beatificación de Laura Vicu­ña, el Santo Padre llamó a aquel querido lugar sale­siano 'colina de las bienaventuranzas juveniles', en medio de un fragoroso aplauso de decenas de miles de adolescentes y jóvenes que confirmaban su acepta­ción entusiasta. ¡Que desde, allí se difunda por el mundo la espiritualidad de las bienaventuranzas juve­niles!

    Como materna respuesta a nuestra entrega, esperamos de la intercesión de María el don de la plenitud del Espíritu Santo, que garantice, en nosotros, un co­razón verdaderamente oratoriano para ser en el mun­do válidos educadores de los jóvenes en la fe.

Gracias, y hasta la vista.

ANEXO 10

CARTA A LOS JÓVENES

La Asamblea capitular, al concluir su reflexión sobre el camino de fe, durante la que miró constantemente a los jóvenes con la simpatía y el amor de san Juan Bosco, pidió al Rector Mayor, sucesor del Santo, que escribiera a los jóvenes una carta-mensaje, interpretan­do los sentimientos de los capitulares y de todos los salesianos.

La carta, enviada oportunamente a las inspectorías, se publica ahora entre los documentos capitulares.

A vosotros, jóvenes,

a ti, que lees esta carta:

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Tengo la alegría de ponerme en contacto con cada uno de vosotros en nombre de Don Bosco, padre, maestro y amigo.

Soy portavoz de los numerosos salesianos esparci­dos por los cinco continentes, cuya patria y compañía sois los jóvenes.

El Señor ha infundido en el corazón salesiano una gran pasión: estar con los jóvenes, comprenderlos en lo más íntimo de su ser y compartir sus fatigas y espe­ranzas, sus sueños y proyectos. Don Bosco es el ge­nial modelo de este corazón que late por los jóvenes: transformó su predilección por la juventud en mi­sión, haciéndola la razón de ser de su existencia y lanzó el método de la bondad, manifiesto por el que todo salesiano apuesta su trabajo en favor de los jó­venes.

Cartas a los jóvenes

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1. Tú, querido amigo, tratas de abrirte cada día a las maravillas de la vida: exploras el mundo que te rodea, te entregas a la amistad, saboreas la alegria de existir, construyes tu futuro, que deseas feliz, y te comprometes en las cosas que valen. Sí, quieres realizar en plenitud el don de la vida.

Pues bien, precisamente por eso, Don Bosco se hizo tu amigo. Pero su generosa pasión se remonta al supremo Maestro de amor que da sabor, sentido y energía a la vida de todos. La amistad de Don Bosco con los jóvenes, y también la nuestra, tiene su raíz en la fascinante personalidad de Jesucristo, que vino y viene con el poder de Dios a hacer nuevas todas las cosas, a llenar el devenir humano de esperanza, de justicia, de grandes ideales y valores y de felicidad verdadera. En él se intuye la grandeza del hombre: es el Dios cercano que se hace compañero de viaje y se convierte realmente en camino, verdad y vida nueva.

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2. Sin embargo, ahora la humanidad está viviendo cambios profundos. También los jóvenes os pregun­táis por los numerosos y grandes problemas que afli­gen a personas y sociedades.

Asistimos a algo imprevisto: se desploman mitos que tenían decenios de vida, se derrumban ideologías que hasta ayer eran moda; al mismo tiempo aparecen en lontananza preocupantes fenómenos que, a pesar de todo, seducen. No pocos jóvenes son los primeros en sacudirse las cargas que oprimen su libertad y no dejan que florezca la vida: buscan nuevos caminos para proclamar valores que hay que robustecer.

Pero están al acecho nuevos ídolos y recientes es­pejismos que cautivan: hay que tener una conciencia vigilante y un corazón atento, para que no triunfe lo efímero, el placer, la violencia, el deseo de dominio, la indiferencia o el desaliento. Se impone, pues, una búsqueda seria y un discernimiento valiente.

Vuestras reacciones, jóvenes, son acicate para los educadores. Ante tantas novedades, los salesianos no

se resignan a ser simples espectadores que miran desde la ventana. Por eso, han tenido una iniciativa, que han llamado XXIII Capítulo General, o sea, asamblea mundial, celebrada en medio de un trabajo intenso durante los meses de marzo y abril. A ella han acudido de todos los continentes para reflexionar, confrontarse y proyectar en torno a un tema que les parece urgente: cómo educar a los jóvenes en la fe en este nuestro tiempo. Ha sido un acontecimiento cuyas proyecciones operativas quieren implicaros también a los jóvenes: nos gustaría que suscitase en nosotros en vosotros un vigoroso impulso para renovar nuestra amistad y estimulamos a caminar juntos hacia los ideales del verdadero proyecto de hombre.

Ahora bien, los contextos juveniles de los pueblos son distintos. Frente a tanta complejidad, era importante comprender las culturas, captar los anhelos juveniles e individuar los retos que brotan de las principales situaciones. Hemos visto que la fe en Cristo n se conoce ni se valora en su original aspecto de historia de salvación, es decir, de hecho central para todos. Ni siquiera en los países de tradición Cristiana es ya posible darla por descontada.

Los salesianos sentíamos la necesidad de preguntamos por el modo de vivir como creyentes en el Señor, apasionados por la causa de su Reino y dedicados en cuerpo y alma a proclamar su Buena Noticia entre los jóvenes, como ser creíbles hoy; que camino hacer con vosotros, jóvenes, para crecer en la vida nueva; qué estilo de convivencia realizar en las comunidades educativas (oratorio, colegio, grupo), siempre prontos para dar razón de nuestra esperanza a quien nos la pida (cf. 1 Pe 3, 15).

Como veis, los interrogantes no son de poca monta. Nos los planteamos con sinceridad, y hemos intentado darles respuesta, trazando el camino que nos gustaría recorrer a vuestro lado y concretando la meta que pretendemos alcanzar.

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Cartas a los jóvenes

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3. La primera cosa evidente sobre la que reflexionar es el diagnóstico de la salud y capacidad de visión de vuestros ojos juveniles: dónde se clava vuestra mi­rada, vuestra sensibilidad, vuestros anhelos y vuestras preocupaciones.

Actualmente los jóvenes advertís, mejor que antaño, un crecimiento de conciencia en los valores de cada persona. Estáis convencidos de que siempre y en todas partes cada uno ha de ser considerado digno de vivir: sujeto de su propia existencia y responsable de su destino. De ahí que, si una relación educativa se basara en la falta de interés, en la indiferencia o en la manipulación de los personas, chocaría de frente contra la conciencia de vuestra dignidad.

Jóvenes y adultos nos educamos recíprocamente, aportando cada uno el don de lo que es. No es, por tanto, una fórmula de moda el invitaros a caminar con nosotros; es una exigencia pedagógica de raíces profundas.

En cuanto adultos que trabajan en la educación de los jóvenes, los salesianos sentimos la urgencia de re­novar una especie de pacto educativo con vosotros, para avanzar juntos por el camino de la fe.

Un pacto educativo obliga, pero hace crecer. Proponerse caminar juntos requiere atención y simpatía hacia los compañeros de viaje; pide interés recíproco para sintonizar en la misma longitud de onda, dispo­nibilidad para individuar valores auténticos y deseo de compartir las razones que llenan de sentido la vida.

Para realizar todo esto, los salesianos necesitamos de los jóvenes. A vosotros, a ti, os corresponde, una aportación insustituible: el vigor de la juventud, las ganas de vivir, la ilusión de esperar, la fantasía de buscar, la generosidad de actuar y el entusiasmo por compromisos concretos de acción.

Las áreas de interés son variadas, pero complemen­tarias; no hay monotonía ni uniformidad; se camina hacia una meta común a la que se llegará con veloci­

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dad distinta, pero teniendo siempre clara la ruta. To­dos miramos al objetivo.

El XXIII Capítulo General ha mandado a los salesianos un documento muy interesante, que señala las; diferentes posibilidades de este camino, según las múltiples situaciones de salida. Acércate a alguno de ellos y pídele que te muestre sus valiosas sugerencias, análisis, reflexiones y orientaciones.

Es un don de actualidad para caminar hacia el año dos mil y para enriquecer de juventud la historia, que evidentemente irá más allá, adentrándose con una es­peranza más fuerte en el tercer milenio de la fe cris­tiana.

4.       Pero hay un tema fundamental que ofrezco a tu consideración. Nuestra fe se centra en la historia concreta del hombre: no es en absoluto la religión 'opio del pueblo' ironizada y combatida por ciertas ideologías

 En la época de los antiguos mitos politeístas, se tenía a la fe cristiana como una especie de ateísmo, porque nunca aceptó los dioses del Olimpo ni los ído­los de la ciudad. Más recientemente, en el clima de un ateísmo arrollador, siempre ha profesado un rea­lismo tan fuerte, que salta los estrechos horizontes del materialismo, proclamando nada menos que la resurrección de la carne y la llegada de una tierra  nueva.

Esta fe pone su mirada en el hombre de Nazaret,

Jesucristo, hecho Señor de la historia en Jerusalén mediante la Pascua de la Nueva Alianza. Él nos reveló quién es Dios: ¡amor y sólo amor!  ¡Padre, que creó el mundo para nosotros y nos acompaña con misericordia infinita; Hijo, que se hizo uno de nosotros hacién­dose punto omega de la humanidad por los siglos; Espíritu Santo, que es portador de verdad y potencia de novedad! Un Dios uno y trino, fuente y corona de todo.

Amor, pues, que nos invita a participar como prota-­

!

Cartas a los jóvenes

247

gonistas, para que la creación progrese gracias a nuestro trabajo, con la ciencia, la técnica, la ecolo­gía...; que nos señala la historia como patria de su aventura de donación para luchar junto a él contra el mal a favor de la justicia, la solidaridad, la paz...; que nos acompaña y ayuda a construir el verdadero pro­yecto de hombre mediante el primado de los valores de la resurrección.

Así, el portador de esta fe, el auténtico creyente, aprecia en el mundo los valores de la verdadera laici­dad; en las vicisitudes históricas, los de la genuina liberación; en los cambios y signos de los tiempos, los de la auténtica evolución.

No digas que todo esto resulta difícil y abstracto; es la realidad suprema, tanto más fascinante cuanto más se cala en ella. Aquí está la verdad que anhela la inte­ligencia y que abre vastos horizontes al protagonismo del hombre.

Mira, la fe cristiana tiene los ojos abiertos a todo; no se refugia en la obscuridad ni se complace en ritos ocultos; busca la luz del misterio del Amor y goza participando en sus riquezas. Todo hombre siente en lo profundo de su ser el instinto y la nostalgia de este misterio y de su plenitud de verdad, luz y belleza. Se parece al sol que, aunque no puedes fijar en él tus ojos, ilumina y calienta todo, incitando a celebrar la gran fiesta de la vida.

Te decía que la fe dirige su mirada al acontecimien­to de Cristo. De verdad, Cristo no te es extraño: tiene sumo interés en que te realices plenamente; te inter­pela para hacerte crecer. Te ama: murió y vive para ti; te pide una relación de amistad personal como res­puesta al diálogo empezado por él: diálogo amplio, objetivo e implicante. Estaría de hecho terriblemente distraído quien no se percatara de su amor y de su verdad.

Además, como la amistad de fe no es un mito, fan­tasía o ideología, sino historia, te ofrece ayuda y modelo en una mujer, María, su madre, “la que creyó”,

248

puesta por el Señor mismo como Auxiliadora de todos los creyentes. Ella te acompaña maternalmente a lo largo del camino que se te propone.

    Pero, ¿como po ras avanzar por este camino? Siguiendo las huellas de Don Bosco, el XXIII Capítulo General te ofrece el modo salesiano de hacerla mediante una propuesta concreta de espiritualidad juvenil.

    Aquí tienes el gran secreto del éxito. La espiritualidad es una energía interior que no deja de crecer y te pone gradualmente en sintonía Con el Espíritu del Señor, realmente presente en la vida de cada uno con la suavidad de su poder. Con él se progresa de forma increíble: ¡fíjate en Domingo Savio, Laura Vicuña  y Pedro-Jorge Frassati! Con la energía de una espiritualidad, el Señor te ayuda a realizar y testimoniar aque­lla síntesis de fe y vida que es el contenido propio de la santidad.

Se trata de vivir la fe Sumergiéndose en lo cotidiana como lugar privilegiado donde escuchar con realismo las invitaciones del Espíritu. Lo que Don Bosco, maestro de espiritualidad juvenil, indica peda­gógicamente no es sólo oración o compromiso en co­sas excepcionales, sino propuesta que abarca la tota­lidad de la existencia en sus más diversas y múltiples expresiones.

De ese modo, la vida transcurre en la alegría y en el trabajo, pues el Espíritu no te quiere triste ni extranjero en tu patria. Tu juventud es un gran valor: ¡tiene rasgos de semejanza con su presencia creadora! En tu camino debes conjugar alegría y esperanza, anhelo de donación y responsabilidad, voluntad de preparación a la vida y solidaridad. El tipo de espiritualidad que te ofrece san Juan Bosco educa en la formación de una conciencia personal atenta a la vivencia progresiva del misterio, hasta hacer que brote en energía de vida. Tal es el sentido en que la espiritualidad se hace fuerza impulsara que da dinamismo cristiano a la existencia.

Carlas a los jóvenes

249

En este avanzar evangélico no caminas solo, vas en compañía: el grupo, la comunidad local de creyentes y la Iglesia toda -cuerpo de Cristo y Pueblo de Dios- te acompañan etapa a etapa en tu marcha hacia adelante.

* * *

   6. He ahí la substancia de lo que deseaba comunicarte San Juan Bosco te llama por tu nombre; te propone un proyecto; te ofrece buena compañía; te señala un ideal de santidad juvenil que no es difícil: sencilla y cotidiana, interior y apostólica, alegre y compartida.

Una vez más te hace a ti y a todos los jóvenes una invitación que le sale del alma. Te la transmito con el eslogan 'jóvenes para los jóvenes', inventado por al­gunos de vosotros. Ya has intuido su significado: cul­tivar la amistad con Cristo quiere decir ponerse de su parte, hacerse cargo de su proyecto concreto vivir para los demás, hacer crecer el bien en la sociedad. Las bienaventuranzas del Evangelio, que Son la autobiografía de Jesús, constituyen la verdadera modali­dad interior de comprometerse.

    Las recurrentes formas de muerte, tales como la explotación, la alienación, la prepotencia, la injusti­cia, la discriminación, la intolerancia... son amenazas que hacen declinar la vida y arruinan la historia. ¡Se necesitan luchadores para el triunfo del bien! Así mediante el espíritu de las bienaventuranzas, la fe cristiana aparecerá de verdad como energía de la historia.

    Eres tú, sois vosotros, quienes tenéis que aportar esta fuerza espiritual para transformar el mundo.

  7. Es interesante pensar que a cada generación le corresponde  escribir una historia propia, un evangelio propio; todo nuevo flujo de la juventud es una hora

250

Anexos

de esperanza. Como ha escrito un autor célebre, «si un día se enfriara el ánimo juvenil, el mundo entero comenzaría a tiritar».

    Rezo por ti, rezo por todos vosotros, jóvenes. Lo hacen también los salesianos.        

    Y san Juan Bosco, proclamado por el Papa «padre y maestro de la juventud», intercede, va delante y guía con su ardoroso corazón de discípulo del Señor.

A ti y a todos, mi mejor deseo de que corráis hacia la meta. Con gran simpatía y en nombre de los salesianos,

 

Roma, Pentecostés del Espíritu, 3 de junio de 1990

Egidio VIGANÓ Sucesor de Don Bosco

ANEXO 11

CRÓNICA DEL

 XXIII CAPÍTULO GENERAL

1. Convocatoria y presentación

La carta que convocaba el XXIII Capítulo General llegó a las comunidades de nuestra Congregación en el número 327 de Actas del Consejo General (octubre de 1988). Escribía el Rector Mayor: 'El Capítulo ten­drá lugar en la casa generalicia de Roma -vía de la Pisana, número 1111- a partir del 4 de marzo de 1990 durante un período que, espero, no supere los dos meses». Su principal objetivo será tratar el tema: «Educar a los jóvenes en la fe, tarea y desafío para la comunidad salesiana hoy» (cf. ACG 327, pág. 4-5).

Su preparación ya había comenzado antes, durante el verano de 1988, pues, en el mismo fascículo de Actas, don Francisco Maraccani, que ya tenía el nom­bramiento de regulador, presentaba una serie de pis­tas de reflexión, preparadas por una Comisión técni­ca, formada precisamente para estudiar el método que se podría seguir en el trabajo capitular y ofrecer a comunidades y salesianos algunas pistas de verifica­ción y reflexión sobre los principales aspectos del tema.

De acuerdo con la convocatoria y las pistas de re­flexión, se celebran, de diciembre de 1988 a julio de 1989, los capítulos inspectoriales, momento funda­mental de participación, en que las comunidades inspectoriales eligen a sus delegados para el Capítulo General y estudian su tema, prestando atención a la

252

Ane

situación específica de los jóvenes en su propi zona.

    Según las fechas establecidas, antes de terminar el mes de julio de 1989 las inspectorías mandan a Roma las actas de elección de delegados y sus valiosas aportaciones sobre el tema capitular.

    El mes de septiembre de 1989' se reúne en Roma la Comisión precapitular, nombrada por el Rector Mayor, compuesta por dieciocho miembros -procedentes de quince inspectorías y once naciones- y presidida por el regulador. Esta comisión, después de examinar el abundante material enviado por las inspectorías, en un mes de trabajo intenso prepara un 'dossier' de Esquemas precapitulares, volumen de, más de quinientas páginas dividido en dos secciones: la primera con la llamada radiografía, síntesis adecuadamente ordenada de las aportaciones y propuestas llegadas de los capítulos inspectoriales y salesianos acerca del tema del XXIII Capítulo General; la, segunda sección ofrece el documento de trabajo redactado por dicha comisión y entregado a los capitulares para el debate en la Asamblea y para formular orientaciones operativas destinadas a toda la Congre­gación.

    En diciembre de 1989 se remiten los Esquemas pre­capitulares a los miembros del XXIII Capítulo Gene­ral que así tienen la posibilidad de estudiarlos y de prepararse para su cometido.

2. Llegada de los capitulares y ejercicios espirituales

    El 4 de marzo de 1990, primer domingo de Cuaresma, los capitulares y observadores llegan, de todas las partes del mundo salesiano, a la sede de Roma para empezar la gran asamblea. De los doscientos siete ca­pitulares sólo no pueden acudir los de Vietnam; por primera vez, después de casi treinta años, asisten los

367

Crónica del XXIII Capítulo General

253

inspectores y delegados de Checoslovaquia y Hun­gría. Hay cinco observadores, invitados por el Rector Mayor; más tarde llegará también Santiago Mésidor, de Haití.

A las seis de la tarde se tiene en el aula magna la primera reunión, para recibir el saludo del Rector Mayor y del director de la casa generalicia y las pri­meras comunicaciones del regulador. Desde el prin­cipio se respira clima de la fraternidad y de familia y se saborea la alegría de estar juntos.

Media hora después comienzan los ejercicios espirituales, predicados por el obispo salesiano monseñor Óscar Rodríguez, secretario general del CELAM. Sus meditaciones tocan algunos aspectos cruciales de lo que va a ser tema del Capítulo: los retos de la nue­va evangelización para la educación de los jóvenes, forjadores del tercer milenio.

La palabra cálida, fraterna y competente de Monse­ñor, que orienta la reflexión sobre la tarea de educa­dores en la fe según el designio de Dios y con el estilo de san Juan Bosco frente a los grandes retos de la hora actual, y el clima de recogimiento y oración, demostrado particularmente en las celebraciones co­munitarias, son medio eficaz para entrar en la óptica espiritual que caracteriza al Capítulo. Las buenas no­ches del Rector Mayor, que sellan cada día, contribu­yen en gran manera a reforzar este clima.

3. Inauguración oficial del XXIII Capítulo General

 

El XXIII Capítulo General empieza por la mañana del viernes, 9 de marzo, con la concelebración presi­dida por el Rector Mayor: es la invocación solemne y coral al Espíritu Santo, para que asista con su luz y su fuerza al Capítulo General.

A las diez y media, tiene lugar la ceremonia de inauguración oficial. En el aula magna, además de los

254

capitulares, están presentes el cardenal Juan-Jerónimo Hamer, prefecto de la Congregación de instituto de vida consagrada, los tres cardenales salesianos Alfonso Stíckler, Rosalio Castillo Lara y Antonio Javierre Ortas, los obispos salesianos Óscar Rodriguez, Fernando Legal, la superiora general de las Hijas de María Auxiliadora madre Marinela Castagno con su vicaria, la responsable mayor de las voluntarias de Don Bosco Juana Martinelli, la representante de las Oblatas del Sagrado Corazón, madre Bice Carini, el  coordinador central de los Cooperadores, Pablo Santoni, el presidente de los Antiguos Alumnos José Castelli, la representante de las Antiguas Alumnas de las Hijas de María Auxiliadora Silvana Aloisi, y otros huéspedes.

El regulador constituye, de acuerdo con el Reglamento, la secretaría, y declara inaugurado oficialmente el XXIII Capítulo General.

El Rector Mayor lee el mensaje enviado por S.S. Juan Pablo II, en el que después del saludo augural, indica su deseo de que los salesianos sepan trazar proyectos concretos y actuales para realizar la «síntesis vital entre saber pedagógico y praxis educativa» que san Juan Bosco nos dejó como herencia. En la perspectiva específica del tema capitular, Juan Pablo II subraya dos aspectos que profundizar: la espiritualidad juvenil y la dimensión social de la caridad (cf. Anexo 1).

A continuación interviene el cardenal Hamer, que saluda y transmite su mensaje a los miembros del Capítulo. «Estáis reunidos aquí -afirma- en asamblea de gobierno. Lo que se espera de vosotros son reflexiones y disposiciones que, bien profundizadas, desemboquen en orientaciones precisas...». Al referirse a la misión de los Salesianos en la Iglesia, añade: <<Vuestra misión en la Iglesia es un servicio. Esforzaos por estar espiritual y humanamente preparados y cua­lificados para vuestra aportación a la evangelización de los jóvenes, especialmente, la de los más necesitados

Crónica del XX//l Capítulo General

255

de los más pobres. Y así os ponéis a disposición de quienes, en las distintas diócesis, tienen la responsabilidad de la evangelización como sucesores de los apóstoles» (cf. Anexo 2).

Siguen después los saludos de los representantes de la familia salesiana. Intervienen: la madre general de las Hijas de María Auxiliadora, la representante de las Oblatas, la responsable mayor de las Voluntarias de Don Bosco, el coordinador central de los Cooperado­res, el presidente de los Antiguos Alumnos salesianos y la representante de las Antiguas Alumnas de las Hi­jas de María Auxiliadora.

Toma inmediatamente la palabra al Rector Mayor, que, en su calidad de presidente del Capítulo, lee el discurso programático de inauguración. Presenta el XXIII Capítulo General en su índole de capítulo ordi­nario, después de los capítulos que definieron la iden­tidad del carisma salesiano a la luz del Vaticano 11; se detiene en las incumbencias específicas del Capítulo, entre las que subraya la delicada responsabilidad de las elecciones; presenta algunos aspectos del tema confiado a este XXIII Capítulo General, encuadrán­dolo en la óptica del sistema preventivo y deseando, en particular, que pueda llegarse a perfeccionar el proyecto educativo-pastoral con criterios salesianos para itinerarios de fe y a delinear una espiritualidad juvenil concreta. «Tengo la convicción -asegura el Rector Mayor- de que la síntesis orgánica entre fe y vida que hemos de ayudar a madurar hoy día en los jóvenes... sólo se obtiene mediante la fuerza de una espiritualidad concreta» (cf. Anexo 3).

4. Informe del Rector Mayor

A las cinco de la tarde del mismo día 9 de marzo, el

Rector Mayor presenta a la Asamblea capitular su in­forme sobre el estado de la Congregación, a tenor del artículo 119 de los Reglamentos Generales. El infor­me comprende un volumen de doscientas setenta y

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dos páginas, titulado La Sociedad de san Francisco

Sales en el sexenio 1984-1990, más otro volumen,

como anexo, con Datos estadísticos.                           

Al presentarlo, el Rector Mayor repasa brevemente las partes del informe. La primera ofrece una visión sintética de cada Región salesiana; en la segunda hace una valoración de nivel mundial acerca de las áreas de cada sector central, según las incumbencias de animación que le asignan las Constituciones; la tercera se refiere al funcionamiento de algunos servicios e instituciones de interés general; por último, en la cuarta hace un juicio global, centrando la atención; en algunos aspectos que nos interpelan de modo particular. Es sobre todo aquí, en el análisis de las  situaciones, en los problemas, en los retos y en los motivos de esperanza, donde se detiene la reflexión del Rector Mayor.               I

Tras un día de estudio personal, los capitulares exponen sus observaciones, piden aclaraciones y preguntan con miras al debate previsto en la Asamblea. Ésta se reúne en dos tiempos sucesivos el 12 y el 13 de marzo. El Rector Mayor contesta puntualmente y con claridad a las numerosas interpelaciones sobre los temas más candentes hoy día en la Congregación.

El estudio del informe y la confrontación que le sigue reafirman la convicción de la vitalidad de la Congregación en los diferentes contextos en que actúa, del vasto quehacer desplegado en la misión juvenil, pero,  también hacen ver los grandes retos que las nuevas situaciones plantean hoy a los salesianos que quieran ser fieles a su carisma para bien de los jóvenes.            

5.       Primer debate general

    Concluido el análisis del informe del Rector Mayor, el Capítulo entra inmediatamente en el trabajo sobre el tema que tiene asignado.

    El día 13 de marzo el regulador presenta el Regla­mento del Capítulo e informa amplia y detalladamente­

.

Crónica del XXIII Capítulo General

257

te sobre los Esquemas precapitulares, que los capitu­lares habían recibido anteriormente y que ahora tienen que ser sometidos al discernimiento de la Asamblea. En particular, se examina el documento de trabajo, preparado por la Comisión precapitular, acerca del cual se pide un juicio global.

    El día siguiente, 14 de marzo, después de aprobar el Reglamento y de nombrar los moderadores, co­mienza el primer debate general sobre el documento precapitular. Este debate, que se había preparado con el estudio personal y los trabajos de grupo, continúa el día 15.

    El debate ofrece las primeras indicaciones genera­les para los objetivos de este Capítulo. Ante todo, la Asamblea considera útil el documento precapitular como base de trabajo y, consiguientemente, se toma como punto de referencia para el trabajo posterior de las comisiones.

   Aparecen asimismo algunas líneas precisas para lo que se espera de todo el trabajo de verificación y re­flexión. El documento del Capítulo deberá ser pasto­ral, muy concreto, operativo y dirigido a los salesia­nos en sus distintas situaciones y contextos en cuanto educadores de la fe. Se desea vivamente presentar a san Juan Bosco y su vida de educador y de evangeliza­dor, hablando a los jóvenes sí, pero caminando con ellos. La actitud es de diálogo, escucha y servicio, educando en la fe y educándonos a nosotros mismos en la fe.

6. Comisiones de trabajo

    Aclarados los objetivos principales del Capítulo, se afronta el método de trabajo. El primer punto que se toma en consideración es la formación de las comisiones, previstas por el Reglamento del Capítulo.

    El problema es delicado, pues se quiere un método de trabajo ágil y eficaz, que tenga en cuenta la sólida unidad del tema asignado al Capítulo.

258

El regulador ofrece una hipótesis sobre el método de trabajo, estudiada anteriormente por la Comisión precapitular y también por el Consejo General. Sigue un amplio debate, que sirve para esclarecer muchos aspectos de la cuestión y, especialmente, para lograr la óptica acertada desde la que proceder expedita eficazmente.

    Al final del debate, el 15 de marzo la Asamblea vota la creación de cuatro comisiones que estudien todo el tema del Capítulo. Cada una de ellas podrá dividirse en grupos lingüísticos o por contextos, para agilizar el trabajo. Más tarde se creará una pequeña comisión coordinadora (Intercomisión), que irá recibiendo las indicaciones de las cuatro comisiones y de la Asamblea, a fin de ir redactando el documento capitular.

    Se crea también la quinta comisión, encargada de estudiar las propuestas sobre las Constituciones y los Reglamentos Generales y otros problemas que carácter estructural.

    Formadas las comisiones, cada una elige su presidente, portavoz y secretario.

    Ahora ya es posible organizar la Comisión central de coordinación, de la que forman parte el presidente del Capítulo, el regulador, los moderadores y cinco miembros elegidos por la Asamblea, elección que recae en los presidentes de la comisión.

7. Trabajo intenso y comunión de familia

    Cumplidos, en la primera semana de Capítulo, todos los requisitos generales, muy importantes para la eficacia del trabajo, el lunes 19 de marzo, fiesta de san José, las comisiones pueden entrar de lleno en el análisis del documento de base, confrontado con los resultados de los capítulos inspectoriales y con el intercambio de experiencias en las comisiones y en los grupos.

I

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Crónica del XX/Il Capítulo General

259

Durante tres semanas, el trabajo se desarrolla en las comisiones, que dan cuenta a la Asamblea, pre­sentando observaciones y propuestas a medida que se examinan las diversas partes del tema. Tienen lugar, así, sucesivos y animados debates generales, que pri­meramente definen algunos núcleos de fondo y, des­pués, la estructura y líneas esenciales de las tres par­tes en que se ha dividido el documento.

Trabajo de comisión, de grupo y de asamblea, reu­niones regionales y otras citas llenan el día ordinario del capitular sin solución de continuidad, con sus cuatro tiempos de trabajo: dos por la mañana (de 9 a 11 y de 11:30 a 13) y dos por la tarde (de 16 a 17:30 y de 18 a 19:30 horas).

Pero el Capítulo tiene también otros momentos, en los que se pone de manifiesto el espíritu de familia, la comunicación recíproca, y la alegría salesiana. Un grupo de animación de la vida comunitaria, integra­do por capitulares de distinta procedencia, prepara especialmente algunos entretenimientos después de cenar y otros instantes de fraternidad.

Gran relieve tienen las celebraciones de la oración. Por la mañana se hacen ordinariamente en grupos lingüísticos; antes de cenar, todos juntos, vísperas y buenas noches. Un día por semana, además del do­mingo, hay celebración comunitaria de la Eucaristía, bien preparada por los diversos grupos. A presidir al­gunas de ellas acuden, con ejemplar disponibilidad y fraternidad, nuestros cardenales salesianos: Rosalio Castillo, el día de la Anunciación; Antonio Javierre Ortas, el jueves de Pascua; Alfonso Stíckler, el 25 de abril, y Raúl Silva Henríquez, el 1 de mayo.

Un momento siempre esperado son las buenas noches. La primera semana es el Rector Mayor, que ha­bla de la vida y problemas de la Congregación. Des­pués, cada noche al terminar las vísperas, pasan uno tras otro los inspectores presentando sus respectivas zonas. Es un panorama muy interesante, que se va delineando progresivamente y refleja la vasta actividad­

260

 Anexo

dad de la Congregación, su esfuerzo por responder a las necesidades y esperanzas de los jóvenes y los problemas y dificultades que halla en su camino. Conmovedores son, en particular, los testimonios de los salesianos del Este europeo (Checoslovaquia y Hungría), que cuentan cómo han logrado conservar e incluso, robustecer el carisma de san Juan Bosco en los difíciles años de su historia reciente.

8. La Intercomisión y el final de la primera etapa de trabajo

Apenas comienza el trabajo de las comisiones, se ve  la necesidad de definir la Intercomisión en que se ha­bía pensado como posibilidad para coordinar el tra­bajo de las comisiones y redactar el texto unificado, que luego sería sometido nuevamente a la Asamblea.

Por ello, el 24 de marzo, tras las necesarias explicaciones en la Asamblea para precisar cuáles serían el camino y las incumbencias de dicha Intercomisión, se procede a constituirla. La forman los cuatro porta-voces de comisiones, cuatro miembros elegidos por éstas y otros cuatro seleccionados y nombrados por el presidente del Capítulo.

    La Intercomisión, a su vez, elige como presidente al padre Juan E. Vecchi y como portavoz a don Antonio Martinelli, e inmediatamente se pone a elaborar la primera parte del tema a base de cuanto le pasan las comisiones y lo que emerge en la Asamblea. Muy pronto está en condiciones de ofrecer un borrador de la estructura y realiza algunos sondeos para definir me­jor su contenido.

Con este ritmo de trabajo, tras varias idas y venidas de las comisiones a la Asamblea y de ésta a la Intercomisión, y viceversa, se logra concluir, a primeros de abril, la primera etapa del trabajo. En la Asamblea las comisiones presentan sus informes y tienen lugar los debates sobre cada una parte. La Intercomisión pre­

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1

Crónica del XXIll Capitulo General

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para la estructura general, al menos de las dos prime­ras partes.

Hacia el final de la primera etapa del trabajo. el Rector Mayor, en su calidad de presidente, analiza el momento en que se está y subraya algunos puntos importantes que convendrá tener en cuenta: concien­cia capitular y meta de unanimidad a que se quiere llegar mediante el diálogo fraterno y la confronta­ción; percepción de responsabilidad universal reque­rida por la naturaleza del Capítulo General;' óptica es­pecífica para leer las interpelaciones y retos desde la caridad pastoral, centro del espíritu salesiano; aten­ción que se ha de prestar a las dos recomendaciones del Santo Padre: la espiritualidad juvenil y la dimen­sión social de la caridad.

Se habla también de la duración del Capítulo. En vista de lo cual, la Comisión central de coordinación puede presentar una hipótesis más detallada de la marcha del resto del trabajo.

9. Quinta comisión:

     Constituciones y Reglamentos

Mientras las cuatro comisiones y la Asamblea estudian el tema específico del Capítulo -educar a los jóvenes en la fe-. la quinta examina las observacio­nes y propuestas llegadas de los capítulos inspectoria­les y de varios salesianos acerca de nuestro derecho propio (Constituciones y Reglamentos) y algunos as­pectos de las estructuras de animación y gobierno dela Congregación.

No eran muchas las propuestas de revisión de los textos legislativos, ampliamente considerados por an­teriores capítulos generales y aprobados por el XXII Capítulo General. Sin embargo, para ciertos puntos se piden pequeñas correcciones de carácter jurídico o práctico, y para otros se insiste en sugerencias ya presentadas en dichos capítulos.

Anexos

    La quinta Comisión estudia todas estas cuestiones y las lleva a la Asamblea, para que dé su opinión.

Gracias al debate y a oportunas votaciones de son­deo, se decide admitir únicamente las modificaciones que parecen urgentes y necesarias.

Por esta razón, las modificaciones a las Constitucio­nes y a los Reglamentos que acepta la Asamblea son pocas y no substanciales. Se añaden algunas interpre­taciones prácticas, que el Capítulo sanciona a tenor del artículo 192 de las Constituciones.

Un punto sobre el que la Asamblea reflexiona más despacio es la configuración de las regiones salesia­nas. De la confrontación realizada se deduce la oportunidad de dejar fundamentalmente invariada su con­figuración actual, aunque previendo que, durante el sexenio, convendrá prepararse a un panorama dis­tinto.

Además, la Asamblea aprueba una orientación ope­rativa específica para mejorar la coordinación de la presencia salesiana en África.

10. Elección del Rector Mayor

    Cuando ha transcurrido aproximadamente un mes de Capítulo, llega el momento importante de las elec­ciones. En su discurso inaugural el Rector Mayor ya había subrayado la responsabilidad especial de todos. La convivencia capitular y el intercambio fraterno de ideas habían servido también para conocer a las per­sonas y las incumbencias de cada cargo, con miras al necesario discernimiento.

Con objeto de disponerse inmediatamente a cum­plir esta responsabilidad, toda la tarde del 6 de abril, vísperas del día señalado para elegir al Rector Mayor, se dedica al recogimiento y oración.

El 7 de abril empieza con la concelebración solem­ne de la Eucaristía, en que se implora la luz de Espíri­tu Santo. A las nueve de la mañana comienzan las

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Crónica del XX/Il Capitulo General

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operaciones de voto. Hacia las doce, el gran momento: don Egidio Viganó es reelegido para el tercer sextenio. El cálido aplauso de la Asamblea indica la alegría de todos.

    Don Luis Fiora, capitular de más edad, sube al estrado y, en nombre de la Asamblea, pregunta al elegido si acepta. Contesta brevemente don Egidio: «En nombre de la obediencia religiosa, digo: obedezco». Y dirige unas palabras a la Asamblea. Se repite el aplauso, y los capitulares pasan por la presidencia para felicitar al reelegido.

    La noticia se difunde rápidamente. Después de comer, llegan numerosos salesianos y grupos de la fami­lia salesiana que desean saludar y felicitar al padre Viganó. Por la noche, la comunidad capitular, los miembros de la casa generalicia y las religiosas y jó­venes que les ayudan celebran en torno al Rector Ma­yor una velada de fraternidad y alegría.

11. Elección del Consejo General

    Nada más ser reelegido, había dicho el Rector Mayor, entre otras cosas: «Espero buenos colaboradores».

    Y sus colaboradores, o sea, los miembros del Consejo General, son elegidos del 9 al 11 de abril en Varías sesiones sucesivas de votaciones.

    El día 9 se elige al vicario del Rector Mayor en la persona de Juan Edmundo Vecchi, que dice al aceptar: «Asumo esta incumbencia no sólo con serenidad sino también con entusiasmo, confiando sobre todo en la señal que el Señor me da en la seriedad de Vuestro discernimiento... Me dispongo, pues, a ejemplo de mis ilustres predecesores -beato Miguel Rúa, venerable Felipe Rinaldi y, últimamente, don Cayetano Scrivo-, a colaborar en plena comunión y filial entendimiento con el Rector Mayor, don Egidio Viganó...».

    El día siguiente, 10 de abril, tiene lugar la elección

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de los consejeros de sectores especiales. La Asamblea elije a José Nicolussi para consejero de formación; a Lucas Van Looy, para consejero de pastoral juvenil; a Antonio Martinelli, para consejero de familia salesiana y comunicación social; a Luciano Odorico, para consejero de misiones; a Homero Parón, para ecónomo general. Al aceptar, cada uno de ellos expresa el agradecimiento a quien deja el cargo tras haber servido con entrega a la Congregación.

   Por último, el miércoles 11 son elegidos los consejeros regionales con esta asignación: Carlos Techera, América-Atlántico; Guillermo García Montaño, Amé­rica-Pacífico/Caribe; Martín McPake, la región de len­gua inglesa; Tomás Panakézham, Asia; Antonio Rodrí­guez TalIón, la región Ibérica; Juan Fredigotti, Italia y

Oriente Medio; Domingo Britschu, Norte de Europa y I África Central. La delegación de Polonia estará representada por un delegado del Rector Mayor, que éste I nombrará.

12. Celebración de la Pascua

    La primera etapa del trabajo y las elecciones del Rector Mayor y su Consejo ocupan al Capítulo hasta Pascua.

    Muchos miembros de éste comienzan la Semana Santa en la plaza de San Pedro celebrando el día de la juventud -Domingo de Ramos- junto al Santo Pa­dre. Sin embargo, lo más significativo es, para la co­munidad capitular, la Misa vespertina de la Cena del Señor. El Rector Mayor, a los pocos días de ser reele­gido, preside la Eucaristía y destaca el significado del momento. «Estamos celebrando -dice- esta Euca­ristía en la Cena del Señor como asamblea capitular salesiana. Cada uno de nosotros está aquí represen­tando a los salesianos de las diversas comunidades. Podemos decir que el sentido fraterno, el afecto del corazón, el mandato constitucional y las responsabili­dades capitulares hacen de nuestra asamblea eucarís­

377

Crónica del XXIII Capítulo General

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tica la síntesis viva de la Congregación y el precioso núcleo animador de la gran familia salesiana ... Aquí juntos, participando en el memorial de la Cena del Señor, aseguramos para ,todas las latitudes la identi­dad en el mismo espíritu y en la misma misión, armo­nizamos en comunión orgánica la pluriformidad de nuestras diferencias contextuales, proclamamos la unidad y actualidad del carisma de san Juan Bosco y, alimentándonos juntos del único pan eucarístico, formamos un solo cuerpo con Cristo, para ser signos y portadores de su amor a los jóvenes».

Durante los siguientes días del triduo pascual, el Capítulo se concede una pausa. Varios capitulares, que permanecen en Roma, asisten a las celebracio­nes pascuales en los lugares sagrados romanos, uni­dos al Sumo Pontífice.

La celebración de la Pascua se prolonga durante el tiempo que queda de Capítulo. Entre sus momentos más significativos, recordamos dos: la misa comuni­taria del jueves de la octava de Pascua, presidida por el cardenal Antonio Javierre Ortas, y la original ini­ciativa del 'vía lucis', realizada el 26 de abril, a la caída del sol, en el solar de las catacumbas de San Calixto, con la asistencia del Consejo General de las Hijas de María Auxiliadora. Este ejercicio pidadoso sigue la estructura del vía crucis: catorce estaciones que van marcando el camino pascual de Cristo hasta culminar en el misterio de Pentecostés. A los salesia­nos nos recuerda el artículo 34 de las Constituciones: «Caminanos con los jóvenes para llevarlos a la perso­na del Señor resucitado».

13. Segunda etapa de trabajo

Concluido tan breve descanso, el martes de Pascua se reúne de nuevo la Asamblea para comenzar la se­gunda etapa de trabajo. Los capitulares reciben, casi completo, el documento que, con intensa y sacrifica­

266

Anexos I

da labor, había reparado la Intercomisión, basándose en las propuestas de las Comisiones y de los debates.

Empieza, así, una nueva confrontación, cuyos interlocutores son ahora los grupos, la Asamblea y la Intercomisión. Las diversas partes de documento se analizan preferentemente en grupos regionales o I constituidos en torno a temas específicos; después pasa a la Asamblea para ver el grado de aceptación comunitaria que alcanza y de nuevo va a la Intercomisión, para que incluya las correcciones y añadiduras oportunas.

Los debates de la Asamblea sobre cada una de las partes desembocan en la primera votación del docu­mento, en la que cabe la posibilidad de votar 'iuxta modum', ofreciendo sugerencias que ayuden a defi­nir mejor el texto.

Es una etapa que implica un trabajo asiduo y nada fácil. A menudo ocupa tiempo de trabajo fuera del horario normal, sobre todo para poder determinar las disposiciones y orientaciones concretas que deberán guiar a las comunidades.

14. El esperado día de la beatificación de don Felipe Rinaldi

Caminando poco a poco en la confrontación y re­flexión para dar respuesta a los grandes temas que hoy plantea la nueva evangelización, el Capítulo llega al suspirado día de la beatificación de don Felipe Ri­naldi, tercer sucesor de san Juan Bosco.

¡Fecha anhelada! Ya en los ejercicios espirituales el ejemplo de don Felipe había brillado ante los capitu­lares como faro luminoso que señala la meta de un camino de santidad recorrido en la escuela del Fun­dador. Durante el Capítulo era frecuente y espontá­nea la referencia a don Felipe al hablar del método de la bondad y de la espiritualidad.

Ahora que ha llegado el día, éste se muestra más

Crónica del XXIlI Capítulo General

267

rico en gracia y más desbordante de alegría de cuanto se esperaba.

Por la mañana, en la plaza de San Pedro, donde la multitud es numerosísima, se experimenta a la vez emoción y alegría al oír al Santo Padre que proclama beato a este humilde servidor que había dado todo por los jóvenes y por sus hermanos. Es hermoso contemplarlo junto a otros beatos que habían testimonia­do la misma caridad hasta la prueba del martirio.

    Por la tarde, en nuestra Universidad, los capitulares asisten a un solemne acto académico en honor del nuevo beato. El cardenal Rosalio Castillo Lara hace la conmemoración oficial. Pero hay también otros testi­monios, entre los que sobresalen el conmovedor de la religiosa salvada por el milagro, Carlota de Noni, y la alegría incontenible por el don hecho a la familia salesiana y a la Iglesia.

15. Visita del Papa

    El uno de mayo será un día inolvidable no sólo para los capitulares, sino para toda nuestra Congregación. Juan Pablo II, a quien se le había pedido que los reci­biera en audiencia, con un gesto exquisito de amistad quiso desplazarse él para visitar al Capítulo en su sede.

    Es la una menos cuarto cuando a los capitulares; reunidos en asamblea, se les anuncia que ha llegado el Papa. Después de algunos minutos, en los que el Santo Padre ora ante el Tabernáculo de nuestra capi­lla y saluda a los salesianos de la casa generalicia, entra en la sala del Capítulo, acogido con un aplauso emocionado y el canto del Oremus pro Pontífice. Le acompañan, además de su secretario personal y mon­señor Monduzzi, nuestros cardenales Raúl Silva Hen­ríquez, Alfonso Stíckler, Rosalio Castillo Lara y Anto­nio Javierre Ortas, el obispo de la diócesis monseñor

Anexos'

Diego Bona, y los obispos salesianos Pedro Carretto,  Ignacio Velasco y Óscar Rodríguez.

    ¡Es un acontecimiento histórico! «Nos admira y llena de gratitud este su gesto paterno -saluda emocio­nado el Rector Mayor- de querer venir a visitamos y hablamos en la sede de nuestro Capítulo General» (cf. Anexo 4).

    «Queridos capitulares de la Sociedad Salesiana de san Juan Bosco -responde Juan Pablo 11-, tengo la alegría de estar con vosotros en una circunstancia tan significativa, en la luz jubilosa de la elevación al honor de los altares de vuestro hermano don Felipe Rí­naldi, al que precisamente anteayer tuve la dicha de proclamar beato. Os saludo afectuosamente y agra­dezco tan cordial acogida a cada uno de vosotros, que representáis a toda la familia salesiana».

    Terminado el discurso, de unos diez minutos (cf. Anexo 5), el Papa, que se halla en el estrado, invita a los capitulares a subir a él, y los saluda uno a uno con un apretón de manos y unas palabras, Los fotógrafos fijan cada instante, mientras la Asamblea canta la 'Vir­gen Negra'... Después, el Papa desciende del estrado y se coloca en el centro del salón para la foto recuerdo.

    Pero hay más. El Santo Padre se queda a comer con la comunidad capitular, compartiendo así un mo­mento característico de alegría familiar. Hay júbilo y entusiasmo, que se manifiestan en un saludo amisto­so y con algunos cantos bien seleccionados por los grupos regionales.

    Al final, el Papa toma la palabra y en tono familiar recuerda y agradece. He aquí sus palabras, tal como fueron grabadas:

«Dicen que un hombre, al iniciar el septuagésimo año de su vida, se hace más retrospectivo. Me doy cuenta de que también en mi se produce esa mirada hacia atrás, pues, al encontrarme aquí, vuelvo a otro ambiente, a otro lugar salesiano de mi ciudad y de mi parroquia, de donde salí: la parroquia de san Estanislao­

1

268

Crónica del XXIlI Capítulo General

26~

de Kostka, de Cracovia [aplauso]. En ellas pasé mi juventud, difícil a causa de la guerra, pero también llena de inspiraciones gracias a la parroquia y a las personas que conocí allí durante la ocupación nazi. He vuelto varias veces: como sacerdote, para cele­brar la primera misa; como obispo, también para la primera misa; como arzobispo de Cracovia y como cardenal... Siempre he vuelto a vivir estas primicias en aquella su iglesia, que era mi iglesia parroquial (no la única, porque antes estuvo la de Wadowice). Y después, siempre había un recibimiento y una comi­da, igual que aquí. ¡Tengo que decir que las comidas se parecen todas! También esta atmósfera salesiana de las comidas es similar, la de Roma y la de Craco­via. Pero, ¡aquí en Roma hoy está una síntesis salesia­na de todo el mundo!

Os agradezco una vez más esta invitación salesiana, en un día en que en el Vaticano se llama 'día libre' [aplauso]. En un día dedicado litúrgicamente a san José, se celebra la fiesta del trabajo dejando de traba­jar. Me parece justo: creo que está en la línea del Génesis. También nuestro Creador nos dio ejemplo en este sentido: ¡celebrar el trabajo dejando de traba­jar! Gracias por esta fiesta del trabajo vivida con los representantes de la gran familia salesiana de todo el mundo.

Quiera Dios que continuéis siempre en esta misma línea. Si he hallado en este comedor, aquí en Roma -¿estamos en Roma o fuera de Roma? [aplau­so], nos hallamos en una diócesis suburbicaria de Roma la continuación del ambiente de Cracovia, quiere decir que existe la continuidad de un principio orgánico, que pasa a todos los ambientes salesianos, estén donde estén.

Esto pertenece al espíritu de familia. La familia aspira siempre a estar junta. Aunque vivan lejos (los miembros de la familia), aspiran a vivir la misma vida, el mismo ambiente, las mismas costumbres

270

Anexos'

Esto es muy bueno para una familia humana, pero no lo es menos para una familia religiosa.

¡Qué numerosa es vuestra familia! Verdaderamente la Providencia os ha bendecido de verdad; ha bendeci­do la obra de vuestro Fundador, don Juan Bosco, dán­dole gran capacidad de atraer, Vuestra vocación es siempre atrayente. Siempre van juntos él  -Don Bos­co-, los salesianos y los jóvenes, No se pierde este punto de atracción entre ellos, no debe perderse, por­que los jóvenes necesitan de alguien que los ame y, también nosotros, los sacerdotes, religiosos y pastores, necesitamos amar, amar a los jóvenes. Naturalmente, no sólo a ellos; están también los ancianos, los pobres, los que sufren y otras muchas categorías de personas.

No obstante, yo diría que es muy importante con­servar este vínculo orgánico con los jóvenes. Son ri­cos, tienen una gran potencialidad -más o menos desarrollada-, pero siempre potencialidad real. Si emplean bien sus talentos, sus potencialidades, se ha­cen verdaderamente ricos y pueden enriquecer a los demás. Enriquecer, como enriqueció Jesucristo, que siendo rico se hizo pobre para enriquecemos (cf. 2 Cor 8, 9). Se trata de esta pobreza y de esta riqueza.

Pero los jóvenes pueden imitar al hijo pródigo, per­diendo y despilfarrando todo. De ahí que enseñarles el modo de enriquecer a los demás y no malgastar su propia persona, sus riquezas y potencialidades es una gran obra de caridad, obra pastoral, obra de Cristo. Aquí está también el genio de san Juan Bosco, que debe ser siempre vuestro carisma.

¡Haga el Señor que sigáis por esta línea, la línea del carisma salesiano de san Juan Bosco! Gracias.

El cálido y prolongado aplauso de todo el comedor fue signo de la gratitud y alegría por tan paterno y generoso gesto de su visita al Capítulo.

Tras saludar a las Hijas de María Auxiliadora y a las jóvenes que colaboran con ellas en la casa generali­cia, el Santo Padre regresa al Vaticano.

,.­

Crónica del XX/Il Capítulo General

271

El histórico encuentro será siempre un estímulo a ser cada vez más fieles a la vocación y misión salesia­na en la Iglesia.

16. Votación del documento capitular

Concluidas, en la última semana de abril, las primeras votaciones con posibilidad de mandar sugeren­cias, la Intercomisión, tras un intenso trabajo para examinarlas e incluirlas en el texto, prepara la redac­ción definitiva del documento. El lunes, 30 de abril, lo entrega, casi completo, a los capitulares, a fin de que puedan leerlo de nuevo y controlarlo antes de la votación definitiva. Sólo faltan pequeñas aclaraciones y retoques, que la Intercomisión logra presentar a la Asamblea con admirable solicitud.

Se llega así al viernes, 4 de mayo, día establecido para la votación final. Se votan cada una de las partes y cada uno de los capítulos del documento, agrupan­do oportunamente sus números; en particular, se vo­tan una por una las disposiciones capitulares y las orientaciones operativas. Es grande la satisfacción al ver que en todos los puntos hay convergencia, muy superior a la mayoría requerida. Al final se vota glo­balmente el documento: la aprobación del texto es acogida con un aplauso de contento.

Conviene decir que ya anteriormente la Asamblea había aprobado las pequeñas modificaciones a las Constituciones y a los Reglamentos, así como otras disposiciones acerca de las estructuras.

17. Saludos, mensajes y una propuesta

El XXIII Capítulo General camina hacia su final. Antes de terminar, la Asamblea piensa en algunos gestos de saludo y buenos deseos, mediante los que expresar su fraternidad y aliento.

Los primeros en que se pensó fueron los grupos de

272 .

la familia salesiana -Cooperadores/as y Antiguos Alumnos/as salesianos- que habían enviado al Capítulo su saludo. Para ambos, la comisión central de coordinación había encargado a varios capitulares que prepararan un breve mensaje, que se hizo ver a  los capitulares, para que opinaran y transmitieran sus, observaciones y sugerencias. Ahora los mensajes, oportunamente revisados, vuelven a la Asamblea, que: da parecer favorable (cf. Anexos 7 y 8).

Hay, sin embargo, un acontecimiento que los capitulares desean destacar de modo especial: el próximo mes de septiembre las Hijas de María Auxiliadora celebran su XIX Capítulo General con un tema muy cercano al del nuestro XXIII Capítulo General. La Asamblea pide, por ello, que se envíe a la Madre General y a las capitulares un saludo y augurio que les, asegure la cercanía fraterna y la oración por el buen resultado de tan gran acontecimiento (cf. Anexo 6).

¿Y los jóvenes? Indudablemente han estado presentes en nuestro Capitulo, y cabe decir incluso que, en muchos aspectos, han sido sus protagonistas. Se pregunta: ¿Cómo hacerles oír la voz de la Congregación reunida en Capítulo? Entre las propuestas que se hacen, la Asamblea prefiere una: que el Rector Mayor, en su calidad de sucesor de san Juan Bosco, escriba una carta a los jóvenes, en la que se haga portavoz de los salesianos, que por los jóvenes quieren, igual que Don Bosco, dar toda su vida (cf. Anexo 10).

    Por último, entre estos mensajes no hay que olvidar una iniciativa singular, promovida por un grupo de capitulares: proponer a san Juan Bosco como patro­no especial de los deportistas, incluidos los profesio­nales

18. Clausura del XXIII Capítulo General

Finalmente, el sábado 5 de mayo, a los cincuenta y ocho días de su inauguración oficial, el XXIII Capítu­lo General llega a su clausura. Por la tarde, reunidos

Crónica del XXIII Capítulo General

273

por última vez en asamblea general, los capitulares cumplen los últimos requisitos previstos por el Reglamento. Después, cuando capitulares y observadores han firmado al pie de la última acta de sesión, el Rec­tor Mayor pronuncia su discurso final: es una mirada autorizada al camino recorrido, a las metas logradas y al quehacer que se le abre a la Congregación para el próximo sexenio.

Al trazar el mensaje del XXIII Capítulo General, el Rector Mayor repasa algunos puntos más sobresalien­tes de la reflexión capitular que han pasado a ser indi­caciones operativas: la explosión de las culturas, la aportación de lo específico cristiano, la originalidad de la evangelización de la juventud, la fisonomía oratoriana de la praxis de san Juan Bosco, un vibrante llamamiento a la comunidad inspectorial y local, la implicación de los seglares, la dimensión social de la caridad. El Rector Mayor termina volviendo su pensa­miento a la Santísima Virgen María, Auxiliadora y Madre de la Iglesia, estrella de la evangelización. «Nuestra Congregación -recuerda- se puso en sus manos solemnemente el14 de enero de 1984, al inau­gurar al XXII Capítulo General. Dicen las Consti­tuciones que tal entrega nos ayuda a 'ser entre los jóvenes testigos del amor inagotable de su Hijo' (Const. 8). El XXIII Capítulo General quiere enco­mendarle a ella, de modo especial, dos grandes valo­res que hemos visto crecer durante el trabajo de estos meses: la comunión en la identidad fraterna de todas las inspectorías y el relanzamiento de una verdadera espiritualidad juvenil» (cf. Anexo 9).

Un vibrante y prolongado aplauso asegura al Rec­tor Mayor la gratitud y el afecto de todos los capitu­lares.

A las seis de la tarde, la solemne concelebración de la Eucaristía, en que se conmemora anticipadamente a santo Domingo Savio, robustece aún más los víncu­los de unidad espiritual y de compromiso apostólico. Y, precisamente como broche de la celebración euca-­

274

Anexos

rística, el regulador, don Francisco Maraccani, decla­ra clausurado oficialmente el XXIII Capítulo General.

Cada uno regresa a su inspectoría, vuelve a sus jóvenes, para reanudar con los salesianos y con los jóvenes el camino de fe que el Capítulo ha querido ilus­trar a la luz del proyecto de santidad juvenil que san Juan Bosco testimonió y nos dejó como herencia.

1

ANEXO 12

RELACIÓN

DE LOS P ARTICIP ANTES

EN EL XXIII CAPITULO GENERAL

 Consejo General

1. P. Egidio Viganó

Rector Mayor

2. P. Cayetano Scrivo

Vicario

3. P. Pablo Nátali

Consejero de formación

4. P. Juan Edmundo Vecchi

Consejero de pastoral juvenil

5. P. Sergio Cuevas León

Consejero de FS y CS

6. P. Lucas Van Looy

Consejero de misiones

7. P. Hornero Parón

 Ecónomo general

8. P. Luis Bosoni

Consejero regional

9. P. Domingo Britschu

Consejero regional

10. P. Martín McPake

Consejero regional

11. P. Tomás Panakhézam

Consejero regional

12. P. José Antonio Rico

Consejero regional

13. P. P. Carlos Tec.hera

Consejero regional

14. P. Francisco Maraccani

Secretario y regulador

15. P. Luis Fiora

Procurador general

 Región América-Atlántico

16. P. Juan Cantini

Inspector: Argentina-Buenos Aires

17. P. Santiago Negrotti

Delegado: Argentina-Buenos Aires

18. P. Benjamín Stochetti

Inspector: Argentina-Bahía Blanca

19. P. Benito Santecchia

Delegado: Argentina-Bahía Blanca

20. P. Juan Antolin Briones

Inspector: Argentina-Córdoba

21. P. Wálter-Luis Jara

Delegado: Argentina-Córdoba

22. P. Hugo Izurieta

Inspector: Argentina-La Plata

23. P. LuisTimossi

Delegado: Argentina-La Plata

24. P. Mario del Degan

Inspector: Argentina-Rosario

25. P. Mario Persig

Delegado: Argentina-Rosario

26. P. Decio Zandonade

Inspector: Brasil-Belo Horizonte

27. P. Cleto Caliman Camatta

Delegado: Brasil-Belo Horizonte

 28. P. José Marinoni

Inspector: Brasil-Campo Grande

29. P. José Foralosso

Delegado: Brasil-Campo Grande

30. P. Benjamín Morando

Inspector: Brasil-Manáus

 31. P. Juan Sucarrats

Delegado: Brasil-Manáus

32. P. José Juvencio Balestieri

Inspector: Brasil-Porto Alegre

33. P. Marcos Sandrini

Delegado: Brasil-Porto Alegre

34. P. Orsini Linard Nuvens

Inspector: Brasil-Recife

35. P. Raimundo Costa

Delegado: Brasil-Recife

36. P. Luis Gonzaga Piccoli

Inspector: Brasil-Siio Paulo

37. P. Nivaldo Luis Pessinati

Delegado: Brasil-Siio Paulo

38. P. Ascensio Zabala

Inspector: Paraguay

39. P. Bienvenido Maciel

Delegado: Paraguay

40. P. Victor Reyes

Inspector: Uruguay

41. P. Claudio Muniz

Delegado: Uruguay

 Región América-Pacifico-Caribe

42. P. Ángel Soto

Inspector: Antillas

43. P. Julio Soto

Delegado: Antillas

44. P. Carlos Longo

Inspector: Bolivia

45. P. José Iriarte Aguirrezábal

Delegado: Bolivia

46. P. Luis Ricardo Chinchilla

Inspector: Centroamérica

47. P. Óscar Julio Vian Morales

Delegado: Centroamérica

48. P. Ricardo Ezzati

Inspector: Chile

49. P. José Nicohissi

Delegado: Chile

50. P. Alfredo Videla

Delegado: Chile

51. P. Carlos Julio Aponte

Inspector: Colombia-Bogotá

52. P. Camilo CastrelIón

Delegado: Colombia-Bogotá

53. P. Juan Bautista Calle

Inspector: Colombia-Medellin

54. P. Marcos Barón

Colombia-MedelIln

55. P. Germán Delgado

Inspector: Ecuador

56. L. Gregorio Pérez

Delegado: Ecuador

57. L. Luis Ganis

Delegado: Ecuador

58. P. Pascual Chávez

Inspector: México-Guadalajara

59. P. José Luis Plasencia

Delegado: México-Guadalajara

60. P. Guillermo García M.

Inspector: México-México

61. P. Fco. Javier Altamirano

Delegado: México-México

62. P. Carlos Giacomuzzi

Inspector: Perú

63. P. Carlos Cordero

Delegado: Perú

64. P. Juan Pablo Perón

Inspector: Venezuela

65. P. José Ángel Divassón

Delegado: Venezuela

 Región de lengua Inglesa

66. P. Patricio Lonergan

Supo Visit.: África Meridional

67. P. Juan Coleman

Delegado: África Meridional

68. P. Julián Fox

Inspector: Australia

69. P. Norman Ford

 Delegado: Australia

70. P. Ricardo Authier

Slp. Visitad.: Canadá Este

 71. P. Nino Cavoto

Delegado: Canadá Este

72. P. Miguel Winstanley

Inspector: Gran Bretaña

73. P. Jaime Gallagher

Delegado: Gran Bretaña

74. P. José Harrington

Inspector: Irlanda

75. P. Juan Finnegan

Delegado: Irlanda

76. P. Ricardo McCormick

Inspector: Estados Unidos Este

77. P. Patricio Angelucci

Delegado: Estados Unidos Este

78. L. Emilio Dubé

Delegado: Estados Unidos Este

79. P. Tomás Prendiville

Inspector: Estados Unidos Oeste

80. P. Ricardo Wanner

Delegado: Estados Unidos Oeste

 Región Asia

81. P. Juan Bautista Zen

Inspector: China

82. P. Savio Hon Tai-Fai

Delegado: China

83. P. Tomás Thai-Fai

Sup. Visit.: África Este

84. P. Luciano Odorico

Delegado: África Este

85. P. Francisco Pánfilo.

Inspector: Filipinas

86. P. Francisco Gustilo

Delegado: Filipinas

87. P. Mario Baclig

Delegado: Filipinas

88. P. Bautista Massa

Inspector: Japón

89. 'P. Francisco Mizobe Osamu

Delegado: Japón

90. P. Loddy Pires

Inspector: India-Bombay

91. P. Joaquín D'Souza

Delegado: India-Bombay

92. P. Sebastián Alancheril

Inspector: India-Calcuta

93. P. Tomás Polackal

Delegado: India-Calcuta

94. P. Luciano Colussi

Delegado: India-Calcuta

95. P. Scaria Nedumala

Inspector: India-Dimapur

96. P. Tomás Mulayinkal

Delegado: India-Dimapur

97. P:Juan Kalapuraputhenpura

Inspector: India-Guwahati

98. P. Domingo Jala

Delegado: India-Guwahati

99. P. José Thelekkat

Delegado: India-Guwahati

100. P. José Thekedathu

Inspector: India.Bangalur

10 1. P. Pablo Puthanangady

Delegado: India-Bangalur

102. P. Jacob Malayatti

Delegado: India.Bangalur

103. P. Vicente Durairaj

Inspector: India.Madrás

104. P. José RajJaswant

Delegado: Indla-Madrás

105. P. Juan-Pedro Sathiaraj

Delegado: India.Madrás

106. P. Marcos Cuvelier

Sup. Visitad.: Corea

107. P. Pablo Hwang

Delegado: Corea

108. P. Tito Pedrón

Inspector: Tailandia

109. P. José Banchong

Delegado: Tailandia

110. –

Sup. Visilad.: Vietnam

111.-

Delegado: Vietnam

112. P. David Bernardo

Inspector: Portugal

113. P. Simón Pedro Cruz

Delegado: Portugal

114. P. Miguel Carabias Flores

Inspector España-Barcelona

115. P. Antonio Doménech 

Delegado España-Barcelona

116. P. Francisco Ríu Rovíra

Delegado: España-Barcelona

117. P. Ricardo Arias Gómez

Inspector: España-Bilbao

118. P. Ángel Miranda Regojo

Delegado: España-Bilbao

119. P. Arcadio Cuadrado

Delegado: España-Bilbao

120. P. Antonio Rodrlguez Talión

Inspector: España-Córdoba

121. P. Eusebio Muñoz Ruiz

Delegado: España-córdoba

122. P. Filiberto Rodrlguez

Inspector: España-León

123. P. J. Antonio Sanmartfn

Delegado: España-León

24. P. Antonio Garcfa Martfnez

Delegado: España-León

125. P. Aureliano Laguna Vegas

Inspector: España-Madrid

126. P. Manuel Castro Barco

Delegado: España-Madrid

127. P. Eugenio Alburquerque

Delegado: España-Madrid

128. P. Francisco Yázquez

Inspector: España-Sevilla

129. P. Antonio Calero

Delegado: España-Sevilla

130. P. M. Asurmendi Aramendfa

Inspector: España-Valencia

131. P. Cándido Orduna Abadia

Delegado: España-Valencia

 Región Italia-Oriente Medio

132. P. Cayetano Galbusera

Inspector: Italia-Adriática

133. P. Dalmacio Maggi

Delegado: Italia-Adriática

134. P. Ángel Yiganó

Inspector: Italia-Central

135. L. Silvano dalla Torre

Delegado: Italia-Central

136. P. Fausto Perrenchio

Delegado: Italia-Central

137. P. Amaldo Scaglioni

Inspector: Italia-Lombardo Emiliana

138. P. Enío Ronchi

Delegado: Italia-Lombarda Emiliana

139. P. Eugenio Ríva

Delegado: Italia-Lombarda Emiliana

140. P. Pascual Liberatore

Inspector: Italia-Ligur Toscana

141. P. Vicente Savio

Delegado: Italia-Ligur Toscana

142. P. Antonio Martinelli

Inspector: Italia-Meridional

143. P. Yíto Orlando

Delegado: Italia-Meridional

144. P. Nicolás Palmisano

Delegado: Italia-Meridional

145. P. Carlos Filippini

Inspector: Italia-Novara Suiza

146. P. Julián Palizzí

Delegado: Italia-Novara Suiza

147. P. Hilario Spera

Inspector: Italia-Novara Suiza

148. P. Juan Luis Pussino

Delegado: Italia-Romana

149. P. Antonio Petrosino

Delegado: Italia-Romana

150. P. José Casti

Sup. Visitad.: Italia-Cerdeña

151. P. Juan Lilliu

Delegado: Italia-Cerdeña

152. P. Yictorio Costanzo

Inspector: Italia-Sicilia

153. P. Yíto Luis Perrelli

Delegado: Italia-Sicilia

154. P. Humberto Romeo

Delegado: Italia-Sicilia

155. P. Luis Basset

Inspector: Italia-Subalpina

156. P. Luis Testa

Delegado Italia-Subalpina

157. P. Juan Ghiglione

Delegado: Italia-Subalpina

158. P. Juan Filippin

Inspector: Italia-Véneta Este

159. P. Luis Zuppini

Delegado: Italia-Véneta Este'

160. P. Alberto Trevísan

Delegado: Italia-Véneta Este

161. P. Juan Fredigotti

Inspector: Italia-Véneta Oeste

162. P. Adrián Bregolin

Delegado: Italia-Véneta Oeste

163. P. Alfredo Picchioni

Inspector: Oriente Medio

164. P. Victorio Pozzo

Delegado: Oriente Medio

 Región Norte de Europa y África Central

165. P. Juan Dingenen

Inspector: África Central

166. P. Juan Pedro Tafunga

Delegado: África Central

167. P. José Keler

Inspector: Austria

168. P. Bernardo Maier

Delegado: Austria

169. P. Luciano Desmet

Inspector: Bélgica Norte

170. P. Enrique Biesmans

Delegado: Bélgica Norte

171. P. Miguel Doutreluingne

Inspector: Bélgica Sur

172. P. Gerardo Durieux

Delegado: Bélgica Sur

173. P. José Kaiser

Inspector: Checoslovaquia-Bratislava

174. P. Andrés Dermek

Delegado: Checoslovaquia-Bratislava

175. P. Ladislao Vik

Inspector: Checoslovaquia-Praga

176. P. Francisco Kunetka 

Delegado: Checoslovaquia-Praga

177. P. Morando WiI1h

Inspector: Francia-Lyón

178. P. Edmundo Klenk

Delegado: Francia-Lyón

179. P. Gerardo Balbo

Inspector: Francia-Pans

180. P. ¡vo Réaudin

Delegado: Francia-Pans

181. P. Reinhard Helbing

Inspector: Alemania-Norte

182. P. Juan Pablo Müller

Delegado: Alemania-Norte

183. P. Augusto Brecheisen

Inspector: Alemania-Sur

184. P. José Grünner

Delegado: Alemania-Sur

185. P. Juan Schoch

Delegado: Alemania-Sur

186. P. Estanislao Hoéevar

Inspector: Yugoslavia-Liubliana

187. P. Franco Skrabl

Delegado: Yugoslavia-Liubliana

188. P. Mirko Barbarié

Inspector: Yugoslavia-Zagreb

189. P. Marcos Pranjic

Delegado: Yugoslavia-Zagreb

190. p, Andrés Asmd

Inspector: Holanda

191. P. Berto Van Vliet

Delegado: Holanda

192. P. Juan Pásztor

Inspector: Hungría

193. P. Juan Baji

Delegado: Hungría

 Delegación de Polonia

194. P. Zdzislaw Weder

Inspector: Polonia-Varsovia

195. P. Alejandroo Janeczek

Delegado: Polonia-Varsovia

196. P. Zbigniew Malinowski

Delegado: Polonia-Varsovia

197. P. Estanislao Skopiak

Inspector: Polonia-Pifa

198. P. Estanislao Styrna

Delegado: Polonia-Pifa

199. P. Juan GliscilÍski

Delegado: Polonia-Pifa

200. Adán Smigielski

Inspector: Polonia-Breslau

201. P. José Wilk

Delegado: Polonia-Breslau

202. P. Pedro Biegus

Inspector: Polonia-Cracovia

203. P. Mariano Dziubiñski

Delegado: Polonia-Cracovia

204. P. Francisco Krasoñ

Delegado: Polonia-Cracovia

 Visitaduría Universidad Pontificia Salesiana

205. P. Adrián Van Luyn

Supo Vis.: UPS

206. P. Tarsicio Bertone

Delegado: UPS
 Casa generallcla

207. L. Renato Romaldi

Delegado: RMG
 Observadores

1. P. Agustin Dzidziel

Deleg. del Rector Mayor para Polonia

2. L. Cipriano Dusabeyezu

África Central

3. L. Fernando Martín

México-México

4. L. Nelo Valeri

India-Guwahati

5. L. Pedro Vespa

Italia-Roma

6. P. Santiago Mésidor

Haiti
Secretarios adjuntos

P. Jacinto Aucello

Casa generalicia

P. Francisco Castellanos

Casa generalicia  

P. Mario Mauri

Casa generalicia

Afectos a la traducción

P. Nicolás Merino Urién

Español

P. Jaime O'Halloran

Inglés

P. Lamberto Petit

Francés

P. Jorge WilIiams

Inglés

1. Sustituido por José Kopecky desde el 15 de abril.